4 abr 2008

Sigamos esperando a Godot

Dependiendo del día en que usted desconocido lector se anime a leer estas líneas, pudiera comenzar de las siguientes tres maneras este acercamiento: el próximo 13 de abril se cumplirá un día más del natalicio de Samuel Beckett; hoy 13 de abril se cumple un día más del natalicio de S.B.; o, el pasado 13 de abril se cumplió un día más del natalicio de S.B. premio nóbel de literaruta del año 1969. Esta es un pequeña aproximación a Esperando a Godot.


Ver cosas donde no las hay seguramente nos remite a un caso patológico que apunta a la paranoia, al desenfreno. Lo más curioso de ello es que se justifica día a día con las cosas que vivimos y que sin querer nos hacemos testigos de otras. Motivos pueden sobrar, pero entre ellos tenemos: el poco tiempo para compartir con los nuestros, la carrera irreversible por conseguir dinero para subsistir y toda la secuela de hechos agobiantes dentro de la sociedad: hambre, inseguridad y desconsuelo.

Todas estas situaciones han hecho que el hombre moderno se tenga que armar de valor e inteligencia para aligerar la carga, y una de las herramientas que ha empleado inconciente o concientemente para sobrellevar la vida y sobrellevarse a sí mismo ha sido la ironía, porque a través de ella, consigue refutar muy sutilmente lo que le incomoda y transgredir lo que en mucho de los casos no se puede lograr con la palabra directa. El tiempo se ha encargado de dejar pruebas, que la ironía como tal, se utilizaba como intermediario entre lo que se decía y lo que se pretendía comunicar, por ejemplo Sócrates y su Mayéutica, en donde el que sabía terminaba reconociendo su ignorancia y el que no sabía, irónicamente, era el erudito en la materia; o también las obras de Aristófanes, cargadas de sátiras políticas o literarias con una fuerte tendencia irónica.

Uno de los escritores de nuestro siglo que se ha destacado por utilizar dentro de sus obras literarias el recurso irónico fue Samuel Beckett, el cual toma de la decadencia moderna el punto de partida para su obra Esperando a Godot: aquí el absurdo se engalana de actor de principio a fin en la voz de todos sus personajes y la mejor manera que halló Beckett para conseguir su objetivo, fue utilizando la ironía como recurso para suplir el vacío que fecunda a pasos agigantados en el mundo.

Beckett Barclay Samuel, considerado por críticos y no críticos como el más o uno de los más importantes autores del vanguardismo moderno. Nace en un pueblo cercano a Dublín llamado Foxrock el 13 de abril de 1906. Realiza estudios en importantes academias irlandesas frecuentadas también por Oscar Wilde. Hacia el año 1928 viaja a París y es en la Escuela Normal Superior donde conoce a Ezra Pound y a James Joyce, con quien entabla una larga amistad haciéndose secretario del genial escritor.

Sus primeras novelas cortas o noveletas fueron publicadas en la revista Fontaine. Acto seguido publica un ensayo sobre Marcel Proust con el cual despierta cierto interés en algunos eruditos en la materia. Una vez que estalla la Segunda Guerra Mundial se adscribe a la resistencia y se refugia en Vaucluse, lugar éste donde empieza a escribir extendidamente.

Atrevimiento personal de darle un perfil psicológico a los personajes de Esperando a Godot.

Vladimir (Didi): busca conducir a la mesura a su compañero. Inseguro de las cosas que dice por ello siempre Gogo lo hace dudar. Es reflexivo con respecto a la situación que vive.

Estragón (Gogo): Sarcástico y totalmente desesperanzado. De grandes problemas existenciales, que para solventarlos, siempre busca los medios para divertirse. Es un personaje evasivo de las situaciones.

Pozzo: personaje de mala memoria, muy cruel y siempre se hace suplicar. Muchos de los diálogos de Pozzo son irónicos. Es violento y autoritario.

Lucky: de presencia animalesca. Siempre atento a los mandatos de Pozzo. Ironiza en su totalidad al ser humano y al absurdo del mundo. Representa la humanidad que muere.

El Niño: mensajero de Godot, personaje sumiso y temeroso ante todo aquel y aquello que se le presente.


La obra gira en torno a una espera inútil que nunca se concreta. Mientras Didi y Gogo se impacientan, éstos deciden divertirse, "matar el tiempo" en banalidades que refuerzan más la idea del autor, la cual se centra en afirmar lo absurdo de la vida y de la imperiosa necesidad que siente el hombre de apartarse de un mundo cada vez más hostil e inhabitable.

A lo largo de la obra Estragón siempre hace dudar a Vladimir y pone a prueba la conciencia de éste con sus constantes preguntas y actitudes; por otro lado, Vladimir procura darle un hálito de esperanza a Estragón (el cual ni él mismo posee) con su incesante: "Esperamos a Godot", como si esto solventara la angustia de éstos y su propia indigencia.

La presencia de Pozzo y Lucky reitera aún más el absurdo que engloba la obra, bien sea por la mala memoria que tiene aquel, la sumisión incondicional de Lucky ante su "amo" o porque ambos entran en el círculo pueril y vicioso que arman Didi y Gogo.

Entre todos los personajes se presenta lo que Phillippe Adrien (dramaturgo francés) llamó "variaciones de la relación amo-esclavo", e incluso se da por igual con el Niño que sirve de mensajero a Godot.

La historia total de Esperando a Godot se podría considerar como "la nada", como el reflejo mismo de la humanidad en la cuerda que lleva Lucky del cuello; la desesperanza del hombre en medio de una obra que padece el complejo de Sísifo, por ello mismo el segundo acto parece repetir el primero, y así, Didi y Gogo proponen ahorcarse una vez más para acabar no con sus vidas, sino con el tedio, pero sabemos que no lo harán porque siguen esperando a Godot.

¿Hay o no ironía? Reconstrucción de la ironía en la obra.

La mayor ironía que hay dentro de la obra se presenta en su enunciación total y se refiere a que los personajes (Didi y Gogo) esperan a alguien o a algo que no conocen y que nunca aparece. Dicho en otras palabras, la ironía como tal se construye sobre una espera tediosa que los personajes transforman en fantástica, es decir, la disfrazan para combatir el aburrimiento: pretenden ahorcarse, discuten por la zanahoria y los nabos, la escena en que entran Pozzo y Lucky, entre otras situaciones, acentúan el absurdo y la contradicción en que viven Vladimir y Estragón.

El proceso que Wayne Booth llamó "reconstrucción" de la ironía, comienza cuando el lector rechaza todos los diálogos inútiles que entablan Vladimir y Estragón, y el rechazo -creo que unánime- de que alguien espere algo o a alguien que no conoce y por consiguiente, que realice acciones ridículas e incoherentes con lo que sería el acto de "esperar".

Luego, como producto de la necesidad de descifrar por qué dos personas actúan y hablan estupideces, comenzamos a preguntar quién o qué diablos es Godot para tratar de canalizar y darle una explicación a una espera vacua y sin sentido, y a través de esta especulación de ideas poder presumir que Beckett pretende mostrar algo que está oculto en medio de la obra misma. Entonces nos decimos a nosotros mismos : -no creo que el autor piense en la posibilidad de que dos personas que esperan a alguien hagan tantas y cuales idioteces.

Por último, en este proceso de reconstrucción, existe un significado paralelo a la obra misma y es el que a priori refleja el absurdo del mundo que plasmó Samuel Beckett dentro de Esperando a Godot, además, lleva consigo (la obra) una especie de mofa contra la existencia misma.

Aferrarse a ciertas conjeturas no implica una ausencia total del error, es decir, si atribuyo a esta obra un significado como el descrito anteriormente fue porque se tracé una línea operativa que me ayudó a darle lógica a todos y a cada uno de los actos de sus personajes; dicho significado estaba basado en cierto sentido común que todos compartimos: ¿ acaso esta situación es posible en la vida real? -no, no creo.


Nodriza: ...Y ¿para quién guardáis

Devorada de angustias ese esplendor oculto

vano misterio de nuestro ser?

Herodías: para mí.

Nodriza:Triste flor solitaria, sin otras emociones

que contemplar su sombra en el agua, con pasmo.

Herodías:Guárdate tu piedad junto con tu ironía.

Stéphane Mallarmé

Juego de palabras y falta de lógica.

La obra beckettiana en lineas generales presenta dentro de su contenido un constante fluir de elementos irónicos que al lector a simple vista desconcierta, pero la importancia irónica que recubre a los "juegos de palabras" apunta hacia una aceptación superficial de lo que se está comunicando, esto es, consentir un determinado precepto en lo que podríamos llamar su "armazón" para continuar el proceso de reconstrucción de la obra, a sabiendas aún, que lo que leemos es ilógico. Así, en Esperando a Godot hay un eterno juego de palabras entre los personajes, como por ejemplo cuando se pone en duda si es de día o noche: al principio de la obra, según la acotación, está anocheciendo, pero se reitera que es de día y en determinadas ocasiones se pone en duda si es de día o de noche:

Vladimir: Aún es de día. [-Y más adelante Estragón señala]:

Estragón: Bueno... la oscuridad... la fatiga... la debilidad... la espera... confieso... creí... por un momento...

Esta "oscuridad" remite a que ya es de noche o que por lo menos ese "aún es de día" no puede ser posible, y en atención a lo que se señalé anteriormente en cuanto a aceptar el juego como parte de la reconstrucción, esa "oscuridad" vuelve a ser refutada con la luz:


Pozzo: (...) Supongamos que se vayan ahora, cuando aún es de día, pues a pesar de todo aún es de día.


Si bien resulta confusa toda esta situación -el hecho de si es de día o de noche- la aceptamos como se presenta en su fase más elemental, es decir, en su superficie, siendo este uno de los tantos puntos donde el absurdo rompe el fluir de la causalidad y niega toda razón teleológica para colocar al lector o al espectador en el vértigo del sin sentido, de la negación de un orden homogéneo y continuo donde reconocerse y guarecerse.1

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1.Bravo, Víctor: Ironía de la literatura. Dirección de cultura de la Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela. 1993. p.21

Igualmente el notable absurdo que es una constante general en la enunciación total de la obra, se verá entremezclado con todos y cada uno de los elementos que pudiera llamar herramientas de la ironía, con lo cual se logra o el autor logra el efecto buscado:

Vladimir (levanta la mano): ¡Escucha! (Escuchan grotescamente inmóviles)

Estragón: No oigo nada.

Vladimir: ¡Pssst! (Escuchan. Estragón pierde el equilibrio, casi se cae. Se agarra del brazo de Vladimir, quien se tambalea...) Yo tampoco...

En esta situación en que Vladimir manda a hacer silencio a Estragón para poder escuchar algo y luego dice que él tampoco escucha nada, se ven mezclados como dije anteriormente, los elementos de la ironía, bien sea, el absurdo, lo lúdico de las palabras o la falta de lógica como verán a continuación. Lo más complicado en el tratamiento de la ironía, no es el simple hecho de reconocerla, no; sino desligar las modalidades que de ella se pueden apreciar. Por ello he insistido en la mezcla de las herramientas irónicas, con lo que quiero indicar, que en un enunciado donde se halle la ironía, puede hablarse de un juego de palabras, de un absurdo, de una falta de lógica, etc.

En primer lugar es preciso señalar que la falta de lógica como herramienta irónica es meramente intencionada, es decir, si hallamos un contradicción evidente entre lo que dice un personaje ahora con lo que dice después o el sujeto lírico después de afirmar algo se contradice posteriormente, sólo podemos pensar en dos cosas: o el autor se descuidó en el tratamiento de su obra, o intenta decirnos algo de una manera oculta:

"La falta de lógica deliberada puede ser una pista sobre los pensamientos falaces de un personaje o una invitación a unirnos al autor en la denuncia de lo absurdo de las cosas."2

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2.Booth, Wayne: Retórica de la ironía. Editorial Taurus, España. 1986. p.114

El hecho de reconocer, además, momentos en una obra donde hay una falta de lógica, también implica un proceso que por su obviedad, a veces no nos damos cuenta de ella, y es el simple hecho de lo que por convención reconocemos como cierto o falso, es decir, si por ejemplo encontráramos una frase como "¡ Qué bella está la noche, mira como brilla el sol !", resulta de inmediato el rechazo hacia este enunciado, porque todos sabemos que es imposible dicha afirmación.

Pueden verse diversos ejemplos de esta "falta de lógica" en Esperando a Godot. Insisto en el tema de "la noche" porque me resulta diáfano para la explicación: como señalé anteriormente, Vladimir se presenta como un ser vacilante e inseguro; éste se pregunta constantemente si la noche llegará pronto:

Vladimir: ¿No llegará nunca la noche?

hecho que sugiere que es de día, pero luego él mismo afirma que es de noche cuando se dirige a Pozzo aludiendo a la obediencia de Lucky:

Vladimir: sin embargo, esta noche hace lo que le pide.

Si bien aquí se nota lo contradictorio en lo que dice Vladimir, más adelante se corrobora la falta de lógica en lo que éste dijo, ya que en una de las acotaciones, después de una larga tertulia entre los personajes, se afirma la presencia de la noche, así:

(La luz se extingue bruscamente. La noche cae de pronto. Sale la luna al fondo...)

El efecto que produce este hecho contradictorio es precisamente lo que busca la ironía como objetivo final: insinuar, contraponer ideas, crear incertidumbre, dislocar, o como lo planteó Víctor Bravo, lograr una lucha contra esa ceguera (la del mundo) y el develamiento de otras vertientes de lo real, acaso abismales, acaso contradictorias, pero siempre cercanas al estremecimiento de lo bello o lo siniestro,3 con lo que se consigue exaltar esa fuerza oscura de la ironía y donde el sin sentido cobra forma para la reconstrucción de ésta.

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3.Bravo, Víctor: Op.cit. p.68

"Del azur que es eterno, la serena ironía con indolencia bella, abruma cual las flores al poeta importante que en su genio no fía a través de un desierto, estéril de dolores."

Stéphane Mallarmé

Pistas para la ironía y contraste de estilos.

Empiezo por lo más elemental ya que el título de la obra resulta una pista, porque automáticamente preguntamos quién o qué será Godot. Quizás al principio no sea tan obvia esta pista como en la Modesta proposición (...) de Swift, pero una vez leída la obra reiteramos que el título es más incitante de lo que parece. Lo que he denominado Pistas para la ironía, no aclara por completo si una obra determinada presenta como cimiento a la ironía como tal, es decir, se ha de concluir que en un enunciado particular hallamos una "pista" por el contexto mismo de la obra y porque en el transcurso mismo de la enunciación total se ha ido sumando información que apunta al reconocimiento irónico. De esta manera se van agregando significaciones al entendimiento de Esperando a Godot y la debida reconstrucción que la obra misma impone con el apoyo de esas insinuaciones que ya he denominado "pistas".

Ya diversos críticos han sembrado multiplicidad de interpretaciones con el nombre Godot por el valor lexemático que implica: God/ot (Dios en inglés). De allí la exégesis planteada sobre esta polémica obra que indica, entre otras explicaciones, el sin valor de la vida sin Dios, la indigencia del ser humano cuando pierde su fe, etc.; significaciones muy valederas cuando todos sabemos que a través del tiempo no se han alcanzado los valores de la humanidad y la utopía platónica no se ha concretado, colocando "al hombre en los años finales del siglo en la perplejidad de una pura natividad, de un puro sin sentido"4.

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4.Ibid. p.58

Otra pista puede verse en el personaje Lucky y en el significado literal que su nombre refleja: "afortunado". Se puede afirmar que esta es la pista más clara que el autor ofrece para insinuarse sobre el absurdo que quiere resaltar. Lucky es azotado implacablemente por su amo (Pozzo), hasta el punto que la presencia de Lucky con la soga al cuello evoca al animal peor tratado.

En la relación Lucky-Pozzo existe ese elemento irónico que se presenta constantemente y es el hecho de los innumerables insultos que infiere Pozzo a Lucky: "eres un cerdo" -le dice en todo momento. Pero la realidad es que el verdadero "cerdo" es Pozzo: cruel, canalla, miserable. Lucky es el reflejo perfecto de Pozzo y la humanidad destrozada, corroida por la enfermedad, atrapada en una red de donde no puede escapar:

Pozzo: En otro tiempo bailaba la farándola, la almea, el bamboleo, la giga, el fandango e incluso el Hornpipe. Saltaba. Ahora ya sólo hace eso.¿Saben cuál es su nombre?.

Estragón: La muerte del lampista.

Vladimir: El cáncer de los ancianos.

Pozzo: La danza de la red. Se cree apresado en una red.

Sin duda alguna la suerte de Lucky no es muy buena que se diga. Resulta inquietante, si se quiere, verlo obedecer incondicionalmente a Pozzo, a pesar del maltrato que éste le infiere a lo largo de toda la obra y de lo irónico de que Lucky no huya de Pozzo cuando éste se queda ciego. Beckett trastoca las cualidades de estos dos personajes para indicar lo que ellos representan verdaderamente, es decir, Lucky resulta poco afortunado ante todo lo que vive y Pozzo es presentado con ínfulas de grandeza para contraponerlo con lo que él realmente es: un miserable.

Partiendo de este punto puede hablarse del contraste de estilo que precisamente se nota en las actitudes de Pozzo, lo cual da vestigios de un tratamiento irónico en la obra. Como he dicho en varias ocasiones, Pozzo es un canalla sin misericordia, un desalmado; convención que se afirma cada vez más con las acciones repugnantes que éste realiza. ¿No resulta contradictorio que en ciertas oportunidades quiera hacerse sentir como el mártir de la obra? Efectivamente. Y es aquí donde comparo tal situación para indicar que el autor quería enseñar otros motivos distintos a los que a primera vista ofrecía: ese que apunta al absurdo de la vida misma:

Pozzo (Gime, se lleva las manos a la cabeza): ya no puedo... ya no puedo soportarlo más... lo que hace... no pueden ustedes saber... es horroroso...

Más adelante señala:

Pozzo (solloza): En otro tiempo... era amable [¿acaso ya no lo es cuando cumple todo lo que le indica?] me ayudaba a ser mejor... ahora... me ha asesinado.

Pozzo después de gemir y sollozar reconoce que él mismo no es capaz de sufrir, que todo ha sido una mentira:

Pozzo (tranquilo): Señores, no sé qué ha sucedido. Les pido perdón... ¿Parezco yo un hombre a quien se le puede hacer sufrir?. ¡Vamos!...

Aquí la voz de Pozzo da un vuelco distinto a su forma natural de hablar. Ha de notarse lo que Wayne Booth llamó "cambio de estilo" en el momento en que el personaje en cuestión se hace la víctima ante el indefenso Lucky. Sin necesidad de ser impuesto o señalado de alguna manera, se puede establecer una comparación entre lo que dijo Pozzo en determinado momento con lo que dijo después para comprobarnos a nosotros mismos que estamos frente a una acción paradójica, absurda e irónica.

"Ignoro en la medida en que sé... Es lo que llevo de desconocido en mí lo que me hace ser yo."

Paul Valéry

La alegoría como elemento irónico.

El primer efecto que produce la ironía en los lectores es el de rechazo inmediato a pesar de que el enunciado que contenga lo irónico sea coherente consigo mismo. Desde este punto de vista la alegoría como tal no es en su totalidad irónica, ya que ésta no nos arrastra hacia una negación de su significado, sino más bien, hacia la adquisición de información adicional para la reconstrucción de la ironía. Es plausible añadir que la lectura de una frase alegórica en comparación con una que sea irónica, resulta más literal por el hecho de conservar –lo digo de esta manera- su estructura formal de significado/significante, esto es, mantener literalmente lo que dice.

A grosso modo la mayor alegoría de Esperando a Godot apunta hacia la condición actual del ser humano, pues bien es sabido que hasta el siglo XIX aún se creía en el orden, en el proceso de industrialización como el eje básico para el bienestar de la sociedad, el cual sin duda alguna postulaba la paz en todo el mundo. El tiempo se ha encargado de demostrar lo contrario y es esto mismo lo Beckett con gran acierto logra plasmar en esta obra a través de sus personajes, cruzando de un punto a otro la desesperanza del hombre.

Bien es sabido que Beckett estuvo refugiado durante la Segunda Guerra Mundial en Vaucluse, quizás por ello mismo en la voz de Vladimir alude a este lugar:

Vladimir: Sin embargo, hemos estados juntos en el Vaucluse, pondría la mano en el fuego. Hicimos la vendimia, sí señor, en caso de un tal Bonelly...

Y más adelante señala:


Vladimir: ¡Pero allí todo es rojo!

Ha de suponerse que ese "rojo" no alude tan sólo al color de la uva, no a esa alegoría Dionisíaca de la vendimia, porque además, el color de la uva no es el "rojo" exactamente, sino más bien, a la sangre y al dolor humano que significó aquella guerra que aún está latente en el recuerdo de muchos y que Beckett presenció muy de cerca. Aceptar la vendimia como una imagen alegórica quizá pueda ubicarnos en un mejor entendimiento de Esperando a Godot:

"La mejor manera de descubrir la intención del escritor es aceptar ese papel de interlocutor, pronunciarse, pues, sobre la eventual precisión de los argumentos sostenidos por el escritor."5

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5.Todorov, Tzvetan: Crítica de la crítica(1984). Monte Avila Editores, Venezuela. 1991. p.134

La suma de todos y cada uno de los elementos que he mencionado, bien sea las pistas para la ironía, los contrastes de estilos, la alegoría, la falta de lógica y los juegos de palabras, será fundamental para llegar a determinar que en una obra existe ironía como estilo demarcativo en su construcción. Si se tomara sólo una de las herramientas señaladas para dilucidar si hay ironía o no, es posible que no se llegue con seguridad a reconocerla, ya que la ironía en sí, requiere del encuadre total de la enunciación para visualizar su poder connotativo. El hecho de aferrarse, por ejemplo, al contraste de estilo de un personaje solamente para afirmar que hay ironía en una obra, es ceñirse directamente a un enunciado y esto sería erróneo a la hora de querer demostrar cuál es el tratamiento que se le está dando a la obra estudiada.

2 abr 2008

Primer capítulo: Cuadernillo del aire


El día 9 de julio de 1946, el avión de la línea aérea Aeropostal Venezolana salió de Miami a las 8 de la mañana. Aterrizó a las 2 de la tarde en e aeródromo de la Guardia de Nueva York. A las cuatro de la tarde despegó de Nueva York en vuelo continuado a Canadá por encima de las regiones de los Pequeños y Grandes Lagos. A las 12 de la noche aterrizó en la base militar de Goose Bay (Bahía de Los Gansos), donde comieron los viajeros y se tomó combustible. Esta base es utilizada frecuentemente para aterrizaje de aviones de tránsito para Europa. A la una de la madrugada del día 10, el avión se elevó para hacer la travesía del Atlántico Norte, rumbo a Islandia, volando siempre a una altura oscilante entre los 8.000 y los 10.000 pies. A las 9 y 30 de la mañana comenzó a surcar los cielos de Groenlandia. Con una mañana despejada, los pasajeros pudieron distinguir y admirar los grandes glaciares del país, habitado en la parte sur. Se divisó como una intensa franja de carretera a lo largo de la playa. A las 2 de la tarde, hora de Islandia, el cuatrimotor aterrizó en el aeródromo de Reykjavik, que desde la guerra ha servido de base militar inglesa. La marinería y fuerzas de aviación (Reales Fuerzas Aéreas) la estaban abandonando desde el sábado 6 de julio, según convenio con el gobierno islandés. Recibieron el avión venezolano oficiales de las Reales Fuerzas Aéreas y funcionarios islandeses en el aeropuerto. Después los pasajeros se dirigieron en vehículos del Comando de las RAF al restaurante especial que éste tiene. Almuerzo, baño y paseo por la ciudad. La llegada de la marinería venezolana a Islandia, uniformada y en grupo, provocó en Reykiavik una curiosidad inusitada. Por primera vez en la historia de Islandia, llegaba un avión suramericano con marinos. Mejor dicho, nunca había llegado un avión de Indoamérica a estas tierras. Las gentes de la pequeña, pero bella ciudad, se amotinaban al paso de los venezolanos, escudriñándolos de arriba hacia abajo. Islandia es una nación independiente, constituida en República con régimen parlamentario. La fecha de la independencia es el 17 de junio (1944). La capital tiene 50.000 habitantes y todo el país 130.000 habitantes. Fue un emocionante espectáculo la presencia de los 36 venezolanos en Islandia. Como dato curioso, debemos señalar el hecho de haber encontrado en el restaurante de las Reales Fuerzas Aéreas una ciudadana danesa que estuvo en Venezuela hace 18 años. Su nombre: Elizabeth Sitwell. Se emocionó profundamente al reconocer la bandera venezolana en la cucarda de los kepis de la marinería y la oficialidad. Los venezolanos visitaron toda la ciudad, algunos periódicos, restaurantes y, especialmente, los salones del Parlamento islandés, donde fueron recibidos con gran simpatía.

De Reykiavik coló el cuatrimotor a las 10 de la noche, hora de Islandia. Noche clara como el día. En los meses de verano, los días son continuados. Las gentes escogen las horas para hacer la noche o para laborar el día. Es una impresión curiosa para los habitantes de los trópicos.

Por el mar del norte, el avión enrumbó con una regular visibilidad. Alrededor de la 1 y 30 am, del día 11, pasó lentamente sobre Escocia. A las 3 y media de la mañana, comenzó a volar sobre las tierras escandinavas a muy poca altura. Los viajeros pudieron distinguir en toda su plenitud el paisaje escandinavo: las pequeñas penínsulas y los cabos, las rompientes de la mar, los pueblos costaneros y la infinidad de pequeños lagos. Volando por la parte más estrecha de la salida del Báltico Noreste, pudieron verse frente a frente las costas noruegas y danesas. Temperatura en general muy agradable. Como la de Timotes en Venezuela. Alrededor de las cinco y media de la mañana, el avión descendió en el aeropuerto de Gotemburgo, la segunda ciudad de Suecia. Allí permaneció cerca de una hora a fin de hacer las diligencias de aduana y visación de pasaportes.

A todos los pasajeros les dieron las autoridades suecas del aeropuerto los cupones de racionamiento por una semana. Aún cuando en Suecia hay alimentos en abundancia, sin embargo se mantiene el sistema de guerra, en su forma tolerable. Es decir, se llenan más las fórmulas que la realidad. No se permiten exportaciones de alimentos pero la organización del Estado da la oportunidad para que todos los habitantes y residentes en Suecia puedan proveerse de todo el género de abastecimientos sin mayores dificultades. Los estados vecinos, Dinamarca, Noruega y Finlandia están en la primera y más dura etapa de reconstrucción de su economía.

A las 8 y media de la mañana, después de un vuelo admirable sobre las llanuras y praderas suecas, por encima de los lagos Vanern, Hjalmaren y Vatern, el avión comenzó a volar sobre Estocolmo, en cuyo aeródromo aterrizó minutos después. Fue una verdadera fiesta la llegada del primer avión suramericano en vuelo directo a Estocolmo. El YV-AJI, la bella nave de la línea Aeropostal Venezolana, con la bandera tricolor pintada al costado y el nombre de la empresa al otro lado, suscitó la más viva curiosidad en los habitantes de la bella capital sueca: la ciudad de los canales y los parques de pinos y abetos. El Ministros de Venezuela, Cristóbal Loscher Blanco, el Secretario de Legación, señor Carrasqueño y el doctor Nieves Emilio Navarro, Ingeniero Naval de Venezuela, quien lleva en Suecia ocho meses en el negocio de los barcos, representantes de todos los periódicos suecos y del comercio, la industria y el gobierno, esperaban a los pasajeros venezolanos. El primero en descender fue el capitán Antonio Maldonado, del YV-AJI. Luego el navegante, pilotos y tripulación del avión. Finalmente el grupo de oficiales y tripulantes de la Marina Mercante encabezado por el Teniente de Navío Cerveleón Fortoul Pineda. Hubo un largo aplauso para la misión venezolana. Luego vinieron los interrogatorios de los periodistas, en inglés, las fotografías y demás aspectos periodísticos. En general, el reportero sueco es menos activo que el nuestro. Menos fotografías. Más preguntas. Vimos varias muchachas periodistas. Todos con una gran curiosidad: el tipo suramericano no había sido visto en tanta diversidad y número en Estocolmo. Con la compra de los barcos y las noticias recibidas sobre la actual transformación del Estado venezolano, ha nacido un gran interés por nuestro país. En días pasados, llegó a Estocolmo una artista venezolana: Aída de los Ríos. Una revista publicó su fotografía con esta leyenda: “Una artista del país más feliz del mundo: Venezuela”. En Gotemburgo el nombre de Venezuela es familiar. Muchachas y niños suecos llevan banderitas prendidas al pecho con los colores mirandinos. En la prensa existe marcada simpatía por el país. Hay en Gotemburgo dos ciudadanos que sienten casi un afecto de nativos por nuestra patria: el señor Bratt, quien ha servido durante veinte años al Consulado honorario de nuestro país con probada eficacia y el señor Adolfo Goldbek, de la firma naviera “Pegol”, que vendió los cuatro barcos a Venezuela. Han sido muy útiles a nuestra misión. Bien merecen estos caballeros alguna distinción del Gobierno de Venezuela.

El 11 de julio a las 8 y media de la noche, la misión de Marina Mercante llegó a Solvesburgo, después de siete horas de viaje en el tren Estocolmo-Malmo-Copenhague, a través del hermoso territorio sueco. Tomó nuevos trenes de trasbordo en Haasleholm y Kristianstand. Oficiales y tripulantes llegaron directamente a los barcos, ya preparados: el “Nueva Esparta” y el “Táchira”, con la bandera venezolana, flameante por vez primera en puerto sueco en un barco, esperaban la marinería. La alegría de los marinos, en su mayoría margariteños, al pisar la escalerilla de los barcos, fue inusitada. El capitán Pedro Evaristo Guerra, Jefe de la misión en Suecia, quien fue a recibir a los marinos a Kristianstand asumió los poderes de manos del Capitán Fortoul y comenzó la labor de acomodación con el personal a bordo. El día 12 en la noche, ya estaban funcionando la cocina criolla en las dos bellas naves.

Los barcos son pequeños, pero modernísimos. No falta un detalle de comodidad ni técnica. Las estaciones radiotelegráficas son lo más moderno en su género. El salón de máquinas es una estructura perfecta. Los comedores, pasillos y camarotes, están limpios y lujosos. Los muebles son de maderas de pinos suecos. Todas las tardes, la bahía de Solvesburgo es visitada por los parroquianos, quienes acuden a ver los barcos y a los venezolanos. Conversan con éstos y tratan de serles agradables. Es la gente más hospitalaria y simpática que hemos conocido hasta ahora. Pese a la enorme distancia que los separa del trópico, tienen un carácter similar al suramericano.

Ya la misión está en Solvesburgo. Los médicos venezolanos de los barcos, doctores Rómulo Landes y Martínez Herrera aprovechan su tiempo entre la atención a su labor y el conocimiento profesional del país. Nuestra marinería recorre las calles y los muebles de Solvesburgo ante las miradas de simpatía y curiosidad de las gentes. A pocas millas se divisan las otras dos unidades de Venezuela: el “Anzoátegui” y el “Falcón”. La amable acogida dispensada a Venezuela en los miembros de su misión de Marina Mercante, podría condensarse en el esfuerzo de aprendizaje que hizo una señorita de Gotemburgo para decirnos al paso por las calles de Solvesburgo: “Venezolanos, bienvenidos seáis a nosotros”.

(De una carta)

Solvesburgo, julio 1946

1 abr 2008

Introducción a Alegría y llanto de Europa


Como en los últimos días he andado en el tema de los descubrimientos y los redescubrimientos, crearé un nuevo apartado, o como suele decirse en este medio, un nuevo “tag” que llamaré Neftalí Noguera Mora. Con justa razón preguntarán quién es este señor y mi respuesta va en dos vertientes. La primera, un reconocido narrador, poeta y cronista de finales de los treinta y parte de la década de los cuarenta; la segunda queda supeditada a la transcripción literal pero resumida que haré de la solapa del único que libro que hallé del mencionado autor después de años de búsqueda:

Aún cuando desde la adolescencia sus trabajos literarios aparecen en revistas y periódicos de provincia y de Caracas, el merideño Neftalí Noguera Mora puede ser ubicado en las promociones de intelectuales de Venezuela entre los años 1940 y 45.

Hasta 1947, cuando ingresó al servicio diplomático, llevó en Caracas una vida literaria muy activa, en comunicación con las figuras sobresalientes de distintas generaciones intelectuales. Así, frecuentó la amistad de Pedro Emilio Coll, Santiago Key Ayala, Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Mariano Picón Salas, Ramón Díaz Sánchez (entre muchos otros).

Sin estar adscrito a cenáculos literarios, su inquietud lo llevó a compartir a la animada tertulia de los más interesantes: La peña viernes…el Grupo Presente y… Contrapunto

Ha publicado los siguientes libros: Newman, lucha y pasión de una vida (Caracas 1940); La generación poética de 1918 (Bogotá 1950) y Alegría y llanto de Europa (Caracas 1947)…

Miembro de la Asociación de Escritores Venezolano del Ateneo de Puerto Rico, del Centro Literario “Insula” de Lima, y del Pen Club Internacional… Como funcionario diplomático dirigió “Heraldo de Venezuela” y “Cuadernos venezolanos” en Colombia y “Gacetilla Venezolana” en Lima donde sirvió su última misión diplomática como Ministro Consejero. Dentro de sus otras obras también están y forman parte de mi búsqueda Cielo y suelo de Haití, Imágenes de Venezuela, Diálogos con la historia y Genio y figura.

Comienzo la transcripción de este hermoso libro que quiero compartir por este medio, claro, en medida del tiempo y de las posibilidades que el día a día me permita, para sacar del olvido a este notable intelectual venezolano. Alegría y llanto de Europa comienza con una “carta-prólogo” de su amigo Pedro Emilio Coll, seguida por otra carta que le deja Neria, madre del Neftalí, en el lobby del hotel en que éste pernoctaba en Suecia. Espero que les guste.


Caracas 15 de octubre de 1946

Distinguido amigo y compatriota:

Con encanto y admiración leo las crónicas viajeras que viene publicando en El Nacional, con el título de “Alegría y llanto de Europa”. A mi entender, ninguno, en su generación, le supera hoy en ese género literario. Limpidez y gracia del estilo, fina y profunda emoción del paisaje, delicada visión de los seres que encuentra en su camino, todo ello, para mi gusto, destaca a usted entre los mejores escritores jóvenes de Venezuela.

Con tal motivo, permita que le felicite y abrace cordialmente, su viejo amigo, Pedro Emilio Coll.


LA OPINION MATERNA

Hotel Malmen

Stockolmo / Sweden

Estocolmo, Julio 13 de 1962

Querido Neftalí:

No puedo prescindir de hacerte desde aquí esta cartica, que te causará entre todo, risa y al mismo tiempo satisfacción al pensar en el atrevimiento mío para llegar hasta esta gran ciudad, tan distante de todos mis hijos que Dios quiera estén bien.

Al llegar anoche, no hice más que recordarte, con tu libro Alegría y llanto de Europa. En realidad, Estocolmo es una ciudad muy bella y muy acogedora; lo poco que hemos conocido nos ha gustado mucho. No creo equivocarme, a menos que yo esté viendo Europa bajo la emoción del libro de mi hijo. Aquí estaremos hasta el lunes 16, cuando tomaremos un tren para llegar a Munich y Viena y, después, para volver a Suiza, donde pasaremos ocho días, pues Alirio, Chucho y Pepita, viajan conmigo. Saldremos para Caracas los primeros días de agosto, si Dios quiere. Todo el recorrido lo estamos haciendo en tren, que resulta mejor, por pintoresco y cómodo.

En Londres estuve 15 días. Vine con Alirio a París, donde nos reunimos a Chucho y Pepita (sic). Pasamos tres días allí y seguimos a Hamburgo, con escala en Bruselas, durante otros tres días. Madre tuya al fin, que no puede rehuir la tentación del viaje, nos dimos otra escapa a Copenhague, que es una de las capitales escandinavas más bellas y alegres.

En Londres te escribí una cartica que supongo hayas recibido. En ella te daba las impresiones de la patria de nuestros abuelos. Si yo no escribí Alegría y llanto de Europa, lo estoy aprovechando como mapa e itinerario. Y gracias a Dios, que, sin confundir el llanto con la tristeza que a ratos me acosa por la ausencia de los míos, me ha acompañado siempre la alegría con la que tú viajaste y escribiste por este Viejo Mundo, que a mí me parece nuevecito.

Bueno, hijo. Recibe la bendición de tu mamá con muchos abrazos y besos,

Neria.

28 mar 2008

Casas Muertas / Oficina Nro. 1


Tengo días redundando en el mismo tema, por qué razón no lo sé. No todo tiene una explicación lógica. Tal como le comenté en días recientes a la poeta o poetiza Mharía Vásquez Benarroch, meterse de nuevo en una lectura que tenía milenios sin pasar por tus ojos es un “verdadero redescubrimiento”. Aludo a Casas muertas y a la lectura corrida que hiciera de Oficina Nro. 1 Impresiona darse cuenta cómo una obra escrita hace más de cincuenta años –la primera- sigue más vigente que nunca. Si bien es cierto que Caracas pudiera ufanarse de moderna en muchos aspectos, cosa innegable y haciendo la vista gorda de cosas no precisamente tan modernas, sobran las ciudades y pueblos del interior del país que siguen anclados en un pasado que no termina de deslastrarse nunca, de la miseria, de la precariedad escindida del paludismo que azotó a Ortiz pero negando en todo momento el correr del tiempo.

Las imágenes literarias dan fe de una narrativa envidiable de Miguel Otero Silva. Desde unas ávidas agujas de la noche (los mosquitos) que azotaron a un pueblo derrotado, carcomido por el abandono, sumando fantasmas en cada casa, hasta un turbio muro de plata (la lluvia) que trajo consigo más desolación, tristeza y muerte, encontramos una obra exquisita y plurivalente en todo sentido, y a un autor imprescindible dentro de la literatura nacional e iberoamericana. Ambas novelas, ahora más que nunca, son de ineludibles lectura para el enriquecimiento de nuestro espíritu, y sobre todo, para el entendimiento de las desventuras que aún nos afectan como nación.

25 mar 2008

La desmemoria del tiempo


En días recientes tuvimos el gusto de conversar con Judit Gerendas a propósito de su visita al programa radial Librería Sónica. Nos enfocamos en su última novela la cual fue merecedora del Premio Municipal de Literatura: La balada del bajista. Tocamos varios temas de interés –siempre con la novela en la mirada- tratando de sacarle el mayor provecho a la hora radial que termina transformándose en 45 minutos por compromisos varios de la estación. Como siempre, el tiempo fue escaso, efímero.

De la afable conversación con Gerendas, situación que inevitablemente me llevó a los pasillos universitarios, a sus seminarios que terminaban siendo un canto a la cultura, tocamos un punto que trajo a colación la estupenda escritora, que ha estado rondándome los sesos en los últimos días. Las razones pudieran ser muchas, más cuando el proceso de lectura de los textos que te embelezan, te atrapan o te cautivan, termina siendo más gratificante de lo que esperabas. Es como si despertaras nuevamente y en el reciente parpadear te hallaras con una nueva visión del mundo, configurado por nuevas imágenes o por ideas mancilladas, trilladas, pero delineadas de una manera distinta. Lo curioso de tales aspectos es que en muchas ocasiones, ese reciente “despertar” viene de palabras olvidadas en el tiempo, de autores que han quedado relegados a una historia enmohecida que nadie retoma, que nadie recuerda o pero aún, que conocen muy pocos.

Hablamos del gran olvido en la que caen los autores, y particularmente, los venezolanos, y esto en cualquier rama cultural. No quiero aludir a otros autores hispanohablantes, vivos o muertos, ya que sería llover sobre mojado mencionar voces que siempre serán emblemas, símbolos de nuestra cultura. Existe una gran desmemoria por los hechos y los autores que hicieron de la palabra su espíritu, que parece tomar asiento y desde la borda observa el correr de los años, sin que nada ni nadie paralice ese cause indiferente.

Qué hay de la cuentística de Alfredo Armas Alfonso, de la poesía de Rafael Angel Barroeta, de un Manuel Díaz Rodríguez que en su momento recibiera elogios de Unamuno y Rubén Darío por su novela Sangre patricia, sólo por nombrar algunos. El arsenal del olvido es extenso si como se dice en buen criollo “le meto cabeza al asunto”. El punto es que, respetando, aplaudiendo y reconociendo el mérito indudable de las voces de Rómulo Gallegos –duélale a quién le duela- y Arturo Uslar Pietri, nuestra proyección histórica literaria pareciera supeditarse a estos dos grandes de las letras –y no olvido a Don Andrés Bello para no caer en ridículo más de lo necesario. Con vil descaro dejé de mencionar otras voces que sin duda, ustedes amables lectores, tienen en mente. Confieso mi ruindad y mi propia “desmemoria”. Pero, cómo hacer para combatirla, para traer al ruedo nuevamente ese pasado que sin duda, por el mecanismo que sea, fueron los pioneros de lo que hoy pudiera llamarse nuestra literatura contemporánea, nacional o como quieran llamarla. Cómo podemos honrar a los que abrieron la senda literaria a punta de machete sobre una maleza inhóspita e inexplorada. Sólo me atrevo a dar una opción, de seguro hay muchas más: leer y releer, leer y releer; pero para ello, aunque no necesariamente, sería de gran utilidad que alguien nos diga, “visita estas líneas”, “conoce a este autor”, “te recomiendo tal libro”. En gran parte es nuestra responsabilidad al menos intentarlo con aquellos que medianamente, así como tú, así como yo, disfrutamos del encuentro con la palabra escrita.

Hoy día cuando repunta cierto interés por nuestra producción literaria, en donde gratamente nos estamos leyendo más entre nosotros mismos –según mi parecer y el de otros colegas-, amén de que nos están leyendo fuera de nuestras fronteras, pareciera ser el momento oportuno para renovar los votos con esa literatura dormida, cubierta por sábanas de polvo en cada repisa bibliotecaria, lo que llamara Gisela Kozak La narrativa engavetada, en un artículo de su puño y letra que leyera en una revista especializada.

En todo caso -y no sé si se trata de una positiva coyuntura editorial en donde día a día consigues nuevas publicaciones nacionales en las librerías, incluso hasta en las farmacias-, impresiona ver cómo los libros fatto in casa e importados, compiten no sólo entre ellos mismos para ganarse un bolsillo comprador, sino con el tiempo de exposición, es decir, por los días y las noches que han de pasar tras una vitrina antes de que expire su derecho de ser exhibido. Claro, estoy hurgando en otro tema digno de una reflexión a parte: el marketing, las editoriales, las ventas, etc.; pero cómo evitar que los continuos tirajes no sepulten cientos de textos que de seguro son unas joyas; cómo recobrar nuevamente la memoria de los autores y los libros que algunas vez fueron el boom del momento.

En días recientes quedé sorprendido cuando al abordar el metro de caracas me hallé en el vagón a tres personas que iban leyendo el mismo libro. ¿Qué leían? La última edición de la saga Potteriana. Será que nos hace falta un poquito de magia, algo más de marketing, algunas píldoras para combatir la amnesia, no lo sé… Yo iba absorto en mi propia lectura, en un libro lleno de tanta magia como los escritos por J.K Rowling, tratando de combatir la desmemoria que nos ataca a todos –a unos más a otros menos, claro- intentando traer al presente una obra de 1955 que se me antoja más actualizada que nunca ante la indolencia de los gobernantes de turno –también harina de otro costal. Leía Casas muertas con el gusto con que se come un delicioso plato de comida, en donde el último bocado por razones tal vez inexplicables y que guardas para el final, es el más sabroso. Tal como dije, leer y releer para combatir la desmemoria que trae el tiempo en su bolsillo. Si hay otras maneras, go ahead, make my day.

18 mar 2008

Di parole al obblio (canzone)


Senza ugne o preso la mia chitarra

A pesare che la sono abandonata

E ho messo la corda che li resta al re


E del polvere o visto come si muovano

I ricordi che fanno ronda nel suo interiore

Al avvicinarsi a la bocca uno ha chiesto chi sono, non so


Sempre esiste il momento en che si puo

Muovere tutte le corde senza temore

Strappando il leño che agita piu forte el mio cuore


Per vedere como si muovano

Le parole que hanno dormito senza fermarsi

Per vedere altre che arrivano

A salvare ogni minuto del mio essere


Sta bene come te ha andato e dove stai

Ogni verso non fa piu che repetirsi

La necessitá di credere en te e in me


Non ostante questo lo ho mascherato molto bene

Tutto apunta in una sola direzione

Quella che mi conduce come un cieco col bastone


Per vedere como si muovano

Le parole que hanno dormito senza fermarsi

Per vedere altre che arrivano

A salvare ogni minuto del mio essere



Sta bene come te ha andato e dove stai


Ogni verso non fa piu che repetirsi


La necessitá di credere en te e in me

14 mar 2008

En la cuerda floja

Te piso en tu anchura breve

te humillo

me humillo al hacerlo



Ardo en llamas

me regodeo en ellas

bramo en tu vientre



Gimo en el vértice de tu sonrisa

tiemblo, me aferro nuevamente

al delgado filo de tu alma



Sobre ti camino

pisando las olas de tu mar rabioso

inhiesto soberbio altanero



Mis dedos se aferran a tu cornisa

al bisturí fileteado de mi vértigo

pero no caigo



Sigo en pie arrebatador

mirando hacia final

el abismo sublime en tu mirada



Tal vez así

caiga raudo y eterno

sólo en un vil recuerdo.

13 mar 2008

Relectura: el monstruo de la mano verde


Para todas aquellas personas que nos gusta leer, encarar un libro frente a frente y tomar de él algo, alguna frase, alguna revelación por básica que nos resulte; que nos sirva para degustar otra manera de ver el mundo, el acto de lectura que a priori puede resultar la acción más sencilla del mundo, representa siempre una especie de reencuentro con uno mismo, con la imaginería que tenemos y, mejor aún, con la que no tenemos. El libro se vuelve un espejo que nos deja ver lo que no sabemos, aunque lo que nos esté diciendo, forme parte de nuestros conocimientos. Este sentido paradójico viene dado de un compromiso tácito, que como lectores, nos tranzamos con cada aparato de papel, como diciéndole “te escucho, te creo”. Uno se predispone a aceptar lo que está por venir, en este caso, en lo que estamos por leer.

Tal vez sea a esto último a lo que nos aferramos para dejarnos llevar línea tras línea, palabra tras palabra, cuando nuestra mirada se agudiza sobre el texto y la avidez de un conocimiento nuevo pudiera dejar el cuarto de los secretos, para darnos ese algo adicional que aprendemos día a día. Y si no es el acto materialista y concreto de decir “aprendimos algo”, resulta incluso hasta superior si nos entregamos por simple placer a la marea envolvente de cada historia, de cada relato, sea ficcional o no. Si para Flaubert el proceso de escritura era un oficio de perros, la lectura termina siendo su complemento, su otro yo, lo que alimenta las palabras para darles vida, arrastrando el objeto leído hacia el revivir de lo que nos dice, digámoslo de una vez: la lectura es ese hueso que persiguen los canes, pero sólo se dejará roer con la mirada y el pensamiento.

Ahora bien, aunque parezca lo mismo, leer es una cosa y releer es otra. Aunque mecánicamente –en términos físicos- siga siendo similar, cognitivamente es distinto. Imaginemos por un minuto que usted está frente a una gran montaña rusa, sin conocimiento previo de lo que es esa gran máquina de metal. Este juego mecánico es nuestro libro para el ejercicio. En su inocencia usted se sienta en el pequeño tren que lo sacudirá por –digamos- un minuto. Una vez montado no hay vuelta atrás, sólo le queda resignarse al vértigo al cual fue sometido por su ingenuidad. La pregunta: ¿se volvería a montar? Ese es el quid del asunto. Cuando tomamos por segunda vez un libro para desarrollar una relectura, en teoría ya deberíamos estar prevenidos de lo que nos viene, recordamos tal vez en donde va a aparecer la curva más pronunciada que nos hará subir y bajar nuestro aparato intestinal del ombligo a la boca, de la boca al ombligo. Pero nos encontramos en muchas ocasiones que aquella curva no fue tan vertiginosa como la primera vez y que aquel llano ligero en donde podíamos respirar con calma, resultó un torbellino de ideas, de imágenes que anteriormente no habíamos visto. El libro termina siendo el que busca al lector y no el lector al libro, sus razones internas tendrá. Es como un gran monstruo de mano verde que dice “ven, léeme. Y ahora, ¿qué opinas?”. El ejemplo más cercano que tengo a mano en cuanto a relectura se refiere a Casas Muertas del autor venezolano Miguel Otero Silva. Aquella detestable novela que leí en la adolescencia, me resultó ahora todo un hallazgo, ese salto al vacío ante la belleza descubierta: una narrativa precisa en su adjetivación, sublime en cuanto a las imágenes utilizadas, el manejo del tiempo de los hechos narrados, entre otras cosas. En otro momento haré una breve reseña del mismo.

En algunos casos la relectura termina siendo entonces mucho más grata que la lectura inicial. Quizás esto resulte exagerado, dado que, y es muy factible, que el primer encuentro con un texto nos sea muy grato, muy bueno. Pero, ¿han pensado que si un libro llega a nuestras manos por segunda vez demandando atención, es porque ya pasó el nivel de exigencia de cada quien, por el amolador de gustos individuales? Sólo un temerario haría relectura de un libro que no le haya gustado y en ocasiones se da lo que sucedió en mi caso: me atrapó el monstruo de la mano verde. ¿Lo ha atrapado alguna vez a usted?

10 mar 2008

Maite, siempre Maite...

Voy en orden cronológico, primero fue el viernes 7 de marzo:

Avenida Baralt, congestión y no precisamente nasal. Si la cola pudiera aligerarse con un par de gotas nasales sería fantástico, pero como he dicho en otras ocasiones, aquí mea un zancudo y se tranca la autopista.

Un señor con rostro afable se sube al colectivo que viajaba al ritmo de Mark “hasta en la sopa” Anthony. Hey, pero lo prefiero mil veces antes que el detestable reguetón (lo escribo como suena). Con una educación envidiable el hombre comienza a dirigirse al público cautivo, estornuda, toce y pide disculpas. El discurso fue más o menos así: “Buenas tardes señores pasajeros, mi nombre es Fernando Vallejo...” Automáticamente me fui para el lado que me gusta, el literario. Si Fernando Vallejo –el escritor colombiano- supiera que su otro yo anda por las calles de Caracas pidiendo limosna. “…Soy portador del Síndrome de Inmune Deficiencia Adquirida…” La señora que estaba más cercana al narrador soltó un “Dios mío” y casi a gritos pidió la parada. Vallejo al ver la reacción de la señora le comentó: “…señora no se preocupe, esto no se pega con estornudos ni tos. Señores, tengo SIDA y les suplico una ayudita”. La mujer reflexionó, se calmó, se sentó y Mark continuaba con su “Valió la pena, lo que era necesario para estar contigo amor, eres una bendición”. Esto último me hizo recordar a La Virgen de los sicarios, a la cual muchos se han encomendado. Pido por esa virgen a favor de Vallejos.


Lunes 10 de marzo, 6.55am, Metro de Caracas.

Iba cómodamente sentado en dirección contraria a mi destino, claro, esto para poder sentarme y entregarme a la plácida lectura que me aísla del mundo por treinta minutos. Estaba inmerso en el paludismo que azotó a Ortiz, un pueblo hirsuto, triste y abandonado que intentó cobrar vida en Casas Muertas de Miguel Otero Silva. De pronto, como una tromba el mar de gente en la estación final se avalancha a la conquista de un asiento. Mi cuerpo se estremeció y las Casas Muertas dieron giros en el aire hasta sucumbir ante la ley de la gravedad y estrellarse en el piso. Una mujer blanca, robusta, se sentó a media nalga encima de mi cuerpo mientras peleaba con la otra, la que sí logró ganarle la partida para tomar el codiciado trofeo: el puesto. La mujer que estaba mejor sentada que la otra, pequeña, piel blanca y tan bien vestida cual oficinista, comenzó a increpar a su contendiente. Palabras gruesas iban y venía, pero sin insultos, contenidos ante un público expectante que esperaba algo más. Yo parecía el réferi, el árbitro, pero quedé pasmado ante el accionar de la más pequeña, que rauda y veloz, haló la blusa de su oponente de un tajo haciendo que estallaran todos los botoncitos contenedores de las protuberantes siliconas que quedaron al descubierto a pocos centímetros de mi cara. Aquellos rosáceos pezones aún dormían, no se habían levantado de su letargo.

Maite otra vez hizo acto de presencia como en aquella crónica que llamé “El número 2”, pero esta vez ofreciendo jamón endiablado en una valla dentro del tren. Maite…Maite, quién te viera en el metro escuchando un “perra maldita” a las siete de la mañana. Ese es el único insulto que puedo transcribirles por no caer en lo vulgar, aunque también se dijeron «“$·(/&%۹» y también «ƒՊ۹𝽁æ̜Ӫ» He de suponer que la “perra maldita” sería de la especie poodle por lo pequeña, lo blanca y lo peleona; y la otra, la que tenía media nalga sembrada sobre mi muslo izquierdo, una imponente samoyedo, por su tamaño y su color. En resumen: que viva la cirugía estética!

7 mar 2008

Ética para Amador que no le viene mal a nadie


Tuve la suerte de viajar toda la semana en metro. Y digo suerte no porque sea una cosa esplendorosa soportar los mares de gente que debes sortear para poder ingresar al vagón, entre otros infortunios. La suerte viene porque viajé con un señor que me hizo pensar un poco en ética y moral. Fernando Savater se llama. Comenzó a charlarme sobre un libro que le dedicó a su hijo adolescente para ponerlo a pensar un poquito en la vida, en el mundo. Mientras me hablaba fue incontenible pensar que esa palabra agradable al oído, “ética” -bueno a mí me suena sabrosa- esté tan ausente en nuestros días y hablo sólo en el caso que me compete, el que vivo a diario cruzando las calles caraqueñas.

En la prensa revienta la noticia entre la Clinton y el jaguayano Obama (me disculpan la transcripción fonética), y claro está, le tensión reinante entre dos países que por años han sido y hemos llamado “hermanos”. Al punto: ¿Ego Chávez –como le dice Teodoro- tiene la moral para hablar de “ética” cuando quiere propiciar una guerra absurda? Critica la intervención de un ejército que no es suyo en territorio ecuatoriano para dar con temibles guerrilleros que han cercenado miles de vidas, pero él –y ahora debo decir “nosotros”- les damos cobijo a estos abominables individuos en tierras venezolanas. ¿Esto es ético? Qué inmoralidad tan grande! Bueno disculpen, lo mío no es la política, hace falta mucha cabeza para eso y me falta bastante.

Lo cierto es que Savater me acompañó y fue muy grato. La ética vista desde un lado humano, sin mayor acepción básica del “saber vivir” sin llevarse a nadie por el medio, aplastando y humillando, por esto mismo es que me desvié hacia el tema anterior. «Amador ha de sentirse orgulloso de un padre como usted» Le dije. A lo que me respondió: «Pues no sé, habría que preguntarle tío». Y se despidió citando algo de Sthendal que ni dentro de un vagón del metro queda fuera de lugar: “Adiós amigo lector; intenta no ocupar tu vida en odiar y tener miedo”. Veremos a quién me consigo la semana que viene.


PD. Como esta breve reflexión la dejé en “borradores” antes de publicarla, me pasó por al lado un entusiasta mendigo antes de volver a sentarme frente a la computadora que gritó: “Patria, socialismo y hambre…moriremos”.

6 mar 2008

El ser de la concha

Se movía en sus adentros con su carne aprisionada en la concha. Sus antenitas encorvadas en el espacio reducido hacían espirales para sentirse más a gusto. De vez en cuando echaba una mirada a ver en dónde estaba, porque a la marea a veces le daba por ajustarlo a una piedra en algas peinadas. Se arrastraba pausadamente sin ánimos de moverse, como si el poco movimiento que hacía laceraba la frágil arena testigo del tiempo. Su presencia era casi imperceptible como el atrevimiento fantasmal de los muertos. La luz que deja ver una pequeña porción de su cuerpo se adhiere sin medida a su savia pegajosa.

De pronto vino otra ola que de un tajo lo sumió en la corriente. El instinto innato de su ser lo redujo al tamaño mismo de su concha, pareciendo no lo que era, sino una insignificante piedrita devastada, brillosa. Los espirales casi marmóreos se multiplicaron en su revuelta formando un remolino sobre sí mismo. El agua salobre que ansiaba sus adentros, los adentros de aquella piedrita, horadó fallidamente lo que no pudo conocer en semejante oportunidad. Sólo este privilegio le compete al oceánico eco que se apodera del pasado mismo de la carne que un día reinó en sus entrañas. Si tienes corazón y cerebro, ¿por qué te entregaste tan fácilmente? Debiste usar tu invertebrado cuerpo para zafarte de los vidrios que ahora te sirven de soporte y el ligero vaivén que sientes en tu armadura -que te extraña tanto por su débil embestida- viene del agua mansa desconocida de tu vientre. Ahora obsérvate a ti mismo en la absurda tranquilidad de esta pecera. Todos te admiran por limpiarla en su interior con la paciencia de un desahuciado. Pasas todo el día en ir y venir de un borde a otro. Los peces ni te huelen ya. Eres un caracol igual a todos: inmensamente aburrido.

4 mar 2008

Sólo quiero que amanezca


Los relatos inmersos en Sólo quiero que amanezca del autor venezolano Oscar Marcano, están repletos de realidad, del día a día ominoso de cada uno de sus personajes. A través de un lenguaje directo, terrenal, las diversas historias van conformándose en una gran uniformidad semántica, que hacen del texto, una lectura innovadora que no te suelta hasta el final. Como bien señaló en su momento el ya fallecido Adriano González León: “Lo fascinante de este libro es el sobresalto de la realidad”. Como corolario, no puedo dejar de mencionar que Sólo quiero que amanezca recibió el Premio Internacional Jorge Luis Borges. Bien ganado.