6 ago 2009

Amarrando la paciencia a un árbol


La poesía en más de una ocasión nos puede resultar indescifrable, situación que, si fuera ese el caso, muchos dirían y para qué descifrar ese pequeño cajón de palabras que algo pretende –ojo, y estoy de acuerdo. La sonoridad, la cadencia, pudiera ser un par de elementos con los cuales la poesía se regodea más allá de las normas (¿la poesía tiene norma, al menos la que está fuera de los cánones de la rima, la que se aleja de todo aspecto decimonónico?), pero cuando va más allá de eso –lo cual no le resta valor– y lo que transmite, su sentido, su semántica, lo que quiere decir, es lo que le da fuerza a cada palabra, a cada imagen como resultado de una profunda reflexión, es cuando estamos frente a una poesía pensada y madurada en su contenido, labrada tal vez en un día o tal vez en años, aflorando seguramente como una contumaz revelación. Este es el caso de la poética de Mharía Vázquez Benarroch, que después de una larga espera, ve publicada su antología Amarrando la paciencia a un árbol –y vaya que el nombre del libro se honra a sí mismo.

Esta antología está compuesta por cinco libros que son: Guerrero llevado adentro (1979-1983), As de corazones (1984-1987), Balada de los 40 años (1992-1998), Estirpe de lobos (1996-2002) y Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006). El brevísimo acercamiento que trataré de hacer a cada uno de ellos, no va con la idea de crear una orfandad literaria entre ellos, de desligarlos, no; sino más bien con el firme propósito de evidenciar la inmensa coherencia de la que está compuesta dicha antología, la cual posee un ritmo acompasado en su estructura y una agradable dinámica expuesta a través de la sensibilidad y su evidente ars poética. Esta empresa siempre será ardua puesto que si hay algo en el mundo que se jacta de subjetividad es la poesía. No obstante y esto debo decirlo, últimamente me he acercado por razones fortuitas a otros textos que dejan mucho qué desear si de poesía se trata. Por algo el tiempo conserva en la memoria de los días presentes a voces lejanas que aún reafirman su contundencia, su pasión y su verdadera entrega poética en sus versos. Cómo olvidarnos de María Calcaño, Eugenio Montejo y Hanni Ossott por sólo mencionar tres voces fundamentales que ya partieron a otra dimensión pero que aún retumban con sus voces. Y el comentario va en el sentido de manifestar la entrega que un poeta da en sus palabras como si fuera la última oportunidad que tuviera de expresarse. Aquellas voces, las que no se entregan, sencillamente no sobrevivirán a lo efímero de uno que otro verso y a la implacable vara con la que los lectores suelen castigar a los textos.


Guerrero llevado adentro (1979-1983), poemario que lleva consigo tres premios de suma importancia incluyendo el Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (1984), abre la antología desde un lado intimista y reflexivo, reflejando la fuerza poética de su autora y el coraje con el que se enfrenta a los diversos obstáculos que la vida y los quehaceres periodísticos le ofrecieron en algún momento de su historia personal. En su poema “Alquimia” dice:


Toda esta maquinaria es inútil si no hay aire de

por medio, si la libertad no existe, si no soy

capaz de forjar este sueño, como quien templa

su alma con el brillo del oro y el centro del hierro.


Aquí la poeta hace honor a ese guerrero que intitula y a la palabra que forja en la caldera de su imaginación. Es Hefesto labrando su obra, el herrero que cualquier dios mitológico necesita para armar un ejército que pretende la libertad, sin ella, nada más sirve, nada vale la pena. Esa maquinaria que posiblemente sea un arma cargada de balas o un helicóptero que pasa rasante sobre una selva tupida en Centroamérica (pocos saben que Mharía también fue reportera de guerra), ahora es palabra, es poesía, es sueño y alma templada. Más adelante lo dice en “Imago” cuando soberbia sentencia que “la poesía no es para los apátridas”. Y es que para la poeta, la poesía es casa, hogar y patria. Es un lugar en donde no hay descanso y por ello está “atada a la escritura para no morir…(y sigue así) adherida a la pluma” como bien dice en “Cuerpo”.

El aspecto reflexivo va deslizándose a través de sus poemas y como todo acto intimista resulta inevitable llegar a parajes oscuros y dolorosos, así como los que despierta la ciudad en que vive y a la cual no puede obviar en su poesía:


Estado de sitio

Yo canto, es mi suelo y mi dolor.

Este país en donde vivo está despedazado, sus calles

siguen tomadas por los amos.

nuestros huesos hablarán de nosotros

no habrá salida

el futuro llega y nos quema.


Sorprende la madurez de sus versos más si recordamos que para el momento de los referidos poemas Mharía Vázquez Benarroch a penas rondaba la veintena de años. Ya bien lo dice en el cierre de su primer libro en donde su “Oficio” se hace homólogo de su poesía a lo largo de una dilatada carrera como escritora de diversos campos del saber y la cultura:


Sé que perfectamente que

no se invocan fantasmas ni espejos gratuitamente,

pues de mi oficio muchos han delirado y absuelto,

respirando un olor propio de la santidad y el vicio.


As de corazones (1984-1987) por partida doble también fue reconocido por el Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1986) y el Premio de Poesía Miguel Hernández, Sevilla-España (1986). Más allá de los premios los cuales siempre son fuente de polémicas, este libro habla por sí mismo si de criterio, formación y estilo poético se refiere. Aquí se extiende en las apetencias emocionales sobre las que la poesía es más que tradición. Parte de una simple baraja sin importar si son negros o rojos esos corazones, pero que en determinados momentos el aspecto cromático puede ser más que confuso, despertando un daltonismo de pecho por el cual todos algún día atravesamos. Su “Hayku de la soledad” abre la puerta a este poemario utilizando un título de Carson McCullers: el corazón es un cazador solitario. En el caso de Mharía Vásquez Benarroch nada es fortuito o casual, sino más bien, causal, dado que McCullers es recordada por ser una especie de niña prodigio de las letras norteamericanas y precisamente aquella su primera obra la escribió entre los veintitrés y veinticuatro años, edad que por cierto era cercana a la de la poeta cuando escribió su As de corazones. Más allá de esta simpática especulación en donde pudiera intuirse un atisbo auto comparativo de prodigios en las letras que pudiera hacer la poeta y que seguramente apunta es en dirección de rendir honores a quien lo merece con fina humildad, está la brevedad y la contundencia de lo que dice, lo que pretende con la palabra ya se palpa a través de ese “cazador solitario”, que es antonomasia de la propia soledad que avecina pasión y desamor, frustración ineludible que alguna vez toca a cualquiera. Tal vez por ello en su poema “Así que esto es el amor”, traspasando los mil pensamientos que nacen de un sencillo hayku precedente y distanciándose del propio poema como una voz testigo, ya el título despierta suspicacia por el ligero toque sarcástico que produce. En una primera instancia va la afirmación del amor y luego cierra con lo frustrante que puede llegar a serlo:


Te desnudaste frente a su cama

y oyó tus palabras de amor y deseo

y por primera vez en mucho tiempo

el amor no fue fiera melancólica

ni bestia agazapada

ni cuero acuchillado

ni botín y mercancía

ahora

el teléfono marca y suena ocupado

ocupado

ocupado

como su corazón


De su poética no se descarta el humor como una herramienta que denota suspicacia e inteligencia, tal como se puede apreciar en “Elogio equívoco”, en donde dice:


siempre que un hombre comienza diciéndole

es una magnífica mujer

prepárese

pues luego viene la frase

es una lástima pero debíamos separarnos


como tampoco deja de un lado el reconocimiento de la pena, del dolor propio que llega a ser el de muchos, “áspera sabiduría” como bien dice más adelante, en un acto reflexivo en donde el olvido es imposible:


Breve descripción del olvido

ese perro ciego

enloquecido

mordiéndote el corazón


Balada de los 40 años (1992-1998). Imposible no mencionar que este poemario recibió los siguientes premios: Primer Premio II Segundo Concurso de Poesía en español y el Premio Queen Mary and Westfield Collage, London University, Inglaterra. Pueden ir sacando sus propias conclusiones si subimos el peldaño de los premios para llegar al de mérito propio. De este poemario destaco el aspecto evocativo, de la remembranza que siempre tintinea en el recuerdo. Cruzar la edad, pasar los años, llegar a ese número de cuatro décadas que trae consigo momentos irrepetibles en la memoria con lo bueno y lo malo que llegaron a ser. Todo esto está plasmado en el poema homólogo en donde más allá que melancolía, hay aceptación y sabiduría. Poema además dedicado a dos grandes escritores e intelectuales venezolanos como lo son (y lo digo en presente) Julio César Mármol y José Ignacio Cabrujas:


Mira amor

ya no me importa si soy vieja

o soy joven

si mis pechos se caen

por la más antigua y respetable de las leyes

la gravedad

todos lo saben

no descuenta porcentajes


Hago un paréntesis para comentar que en otro post haré una brevísima reflexión sobre Cabrujas, puesto que leyendo un artículo de su autoría del año 1973, quedo gratamente sorprendido al ver cuán vigente sigue su pensamiento en el 2009, más cuando dicho artículo, titulado “Compañero presidente”, es tan, pero tan ajustable al actual presidente de Venezuela. Volviendo a la Balada de los 40 años, no tengo mucho qué agregar puesto que el poema habla por sí mismo y lucho por hacerle honor a la brevedad que ya se me escapa de las manos.


Estirpe de lobos (1996-2002) Poemario inscrito en un estado de madurez absoluta, en donde lo sublime del espíritu que ronda el trabajo de la poeta, se exterioriza en la carne y en el deseo; en un delicado erotismo que a su vez no renuncia a su tajante irreverencia poética como a lo irónica que pudiera ser consigo misma, con el ser humano que escribe y con el yo lírico que canta y busca reflejarse en los lectores, dándole oportunidad a los demás en reconocerse en sus versos, en darle valor a los otros. Bien lo decía Octavio Paz: “La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia…percibir en lo uno lo otro, devolverle al lenguaje su virtud metafórica: darle presencia a los otros. La poesía: búsqueda de los otros, descubrimiento de la otredad”.

Dice en “Estirpe de lobos”:


Te escucho en este viejo blues

obstinada en tu memoria

donde tu piel grave y oscura

me acaricia

fugaz…

todo mi cuerpo tiembla

ante el esplendor

de tu piel…


Es su amante, su compañero, diana de sus versos. Es sobre el otro, y siendo más abstracto, lo otro a quien va dirigido su canto. En “Estrecha jaula del abrazo”, ya la pasión se transforma en animal y desborda en imágenes lo más elemental y primitivo del hombre:


Como un saurio que bebe

en el fondo oscuro y vegetal de tu sexo

como lobo de paso

así revive

mi hambre imposible de tu cuerpo

lengua de sal

y gemido oscuro de la carne…


Luego en “Trampas de la rutina” hace un breve alto sobre esa animalidad punzante que genera la carne y reflexiona:


No deja de asombrarme

cómo te prolongas en mí cada mañana obscenamente

razón tenía el poeta

la sabiduría consiste

en saber desaparecer a tiempo


Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006) cierra este quinteto de libros antologados en orden temporal. No obstante y después de la respectiva lectura, puede notarse con claridad no tanto la evolución de la poeta puesto que desde muy joven su madurez y lo precoz de su pensamiento era más que evidente, sino más bien el tránsito por diversas instancias que la vida le puso en su camino, situaciones por las cuales todos pasamos en algún momento, cosas más cosas menos. Por ello al principio hablaba sobre una coherencia en el orden de la antología y no de una escisión conceptual de su trabajo poético y sus libros. Coherencia que va en la misma dirección de los avatares que la vida va dejando a su paso, que además permite la grata auto identificación del lector y por ello mismo mencionaba el valor sobre la otredad como elemento que incorpora e integra, que respeta y no divide en su función poética. Bien lo decía Mariano Picón Salas que “la literatura no es tanto el “para qué se hace” sino el “cómo” se realiza la obra”, ya que la misma, la obra, bien sea poesía, narrativa o cualquiera de sus manifestaciones, tiene una ineludible función social puesto que es la palabra esa herramienta con la cual se comunica, es sentido, es forma y la misma llama a la conciencia y a la reflexión. Creo que las siguientes palabras de este admirado pensador venezolano son más que elocuentes: “cuando la obra ofrece no sólo el engranaje misterioso de los sueños del artista, su estructura de formas únicas, sino también un lenguaje que hiere o conmueve a otros hombres…el arte parece descubrirse por primera vez”. Es estar claramente frente a una función que va más allá de lo estético, que se clava en lo humano y por tanto en la palabra y el pensamiento. Así el artista, en este caso el poeta, revive “esa lucha que acontece en el subconsciente del hombre con sus potencias o sus sueños entrañables” (dixit).


La mejor manera de hacer honor a la brevedad que no pude conseguir, es cerrar con un hayku de este libro para que esa paciencia del lector no se desprenda de su árbol como un perro furibundo:


Hayku del testamento sumario

mi vida ha sido

suave melodía que se extingue

tan sólo viento entre los maizales


La paciencia aún continúa amarrada a un árbol: en nuestros días es una virtud y una necesidad hacerlo.

6 de agosto, natalicio de Andrés Eloy Blanco


¿Cuántas estrellas tiene el cielo?


La última noche que pasamos juntos,

lo preguntó:

-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?

- Trescientas cincuenta mil.

-¿A que no?

-¿A que sí?


- Cállate. Esta noche

no quiero que preguntes esas cosas.

Esta noche, si quieres preguntar

cuántas estrellas tiene el cielo,

o cualquier otra cosa,

pregunta algo así como ¿me quieres?

¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?


Esta noche, pregunta algo que sea

contestado en el mundo sin palabras.

Interroga con toda tu sangre

algo en que toda la vida del mundo

esté preguntando,

algo así como ¿quién llora?

¿hace falta algo?


Y verás cómo todo hace falta

y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo

cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella

para cada momento,

porque con una que se pierda

dará un paso de sombra la luz del Universo.

4 ago 2009

Cruz Salmerón Acosta en La Historia que Cuenta mi Pueblo




Supe de este video gracias a "jodreman" que pasó de visita en mi post anterior "Andrés Eloy Vs. Ramos Sucre". Que lo disfruten.

30 jul 2009

Andrés Eloy Vs Ramos Sucre


Hay ciudades que se niegan a morir o siendo más implacable, que nunca llegaron a serlo. Espacios que por más que se esforzaron en alcanzar cierta urbanidad, no pasaron de estar atrapados en la densa neblina de lo rural, lugares detenidos en el pasado que rememoran en el presente los pasos de un progreso que llegó torcido, que nunca se aprovechó o que pasó de largo. Esto aplica a muchas ciudades del país, y como venezolano que soy, creo que tengo le derecho de decirlo sin máscaras y con una profunda tristeza. Hablo del caso particular de Cumaná, capital del Estado Sucre para mayor referencia (de vez en cuando algún amigo de otro país me lee, por eso el comentario geográfico).


Si partimos de los elementos más fundamentales de la economía de un estado, conseguimos que en Cumaná el turismo debería ser bandera, punta de lanza y fruta madura para el consumo humano, si me permiten la imagen. Para todos los que conocemos medianamente el país, y Sucre para ser más específico, sabemos que sus playas son de las mejores del mundo. No obstante y a pesar de esta bendición de la naturaleza, el turismo no ha sido aprovechado como sí lo han hecho pequeñas islas tales como Curaçao y Aruba tan cercanas a Venezuela, en donde la atención y las infraestructuras hoteleras, entre otras, nos superan en términos escandalosos. Caemos nuevamente en el lugar común: la gente esto, la gente aquello. Es así. A nadie pareciera importarle cuidar un poco lo que tiene, aunque sea con algo tan tonto –para algunos –como recoger los restos de lo que se consume a la orilla de una playa.


Pero volvamos a la ciudad. Si esto sucede en las playas de la entidad sucrense, que se supone que son el lugar predilecto para el disfrute y esparcimiento de propios y ajenos, qué puede esperarse para otras fuentes de turismo que no impliquen bronceador, arena y agua de mar. Rodando por las calles de Cumaná se puede atestiguar, uno, el pésimo estado de la vialidad y dos, la cantidad de indigentes que pululan en las calles (ojo, y alguien que es de aquí me comentó que hay menos indigencia que antes gracias a ciertos planes aplicados por la gobernación. Bravo). Al mismo tiempo pueden verse algunas construcciones y remodelaciones que parecen perpetuarse en el tiempo, puesto que si bien es cierto que tenía más de dos años que no venía por estas tierras, nunca terminas de ver la ciudad armada, ordenada, con atisbos de un mediano progreso. Insisto que esto es lo que yo percibo y que a la vez se solapa con el comentario de habitantes de la región que opinan exactamente igual. Esto más que aliviarme por la fatídica coincidencia en el sentido de no haberme equivocado, lo que hace es causarme frustración como venezolano.


Después de los compromisos de rigor pude ir a dos lugares pendientes en mi agenda personal, por ello en parte todas las líneas anteriores. Entré a la casa natal de Andrés Eloy Blanco, uno de los mejores poetas y escritores de Venezuela. Me impresioné por la historia, por los objetos, por las estupendas fotografías como huella indeleble de lo que ha sido nuestra cultura y nuestras letras. Cómo olvidarme de esa foto en donde Andrés Eloy posaba junto a un par de amigos: Rómulo Gallegos y Mariano Picón Salas. Casi nada. Hay un largo etcétera que pudiera enumerar. No obstante, en este sentido apocalíptico con el cual me dio por escribir hoy, lo que quiero destacar es el mal estado en que está la casa, no en su fachada externa puesto que está impecable, sino en su parte interior. El piso, las paredes y un sin fin de cosas más dan lástima. Incluso observé una habitación llena de trastes, desechos, porque no tiene otro nombre, en donde había cualquier cantidad de cuadros, pinturas, que de seguro alguna vez fueron parte de la decoración. Quién controla esto, quién tiene la noble tarea de darle vida a una casa que hoy pudiera ser un lugar de interés para muchos, en términos históricos, culturales y turísticos. Por qué no se le ha dado el trato merecido a este lugar que vio nacer a un ilustre venezolano de las letras. Estas interrogantes me retumbaron mucho más en el pensamiento, cuando al lado de la casa del referido poeta, está la rimbombante gobernación del Estado, que de seguro e intuyo puesto que no entré, ha de ser una tacita de plata.

Más allá, en sentido hacia la iglesia Santa Inés, a penas a una cuadra de distancia, está la casa Ramos Sucre. Por fin pude entrar a la casa de nuestro ilustre suicida, poeta fundamental para la historia literaria venezolana. Aquel lugar es un oasis en medio del sofocante clima cumanés. Es perfecto para hacer memoria y cuenta de lo que fuimos y somos hoy día como venezolanos y de acercarse en un viaje imaginario al mundo que rodeó al poeta José Antonio Ramos Sucre. Esta casa, a diferencia de la de Andrés Eloy Blanco, está finamente cuidada. Cada detalle, cada baldosa en el piso, fotos, muebles y un sin fin de cosas más, están

embalsamados por la magia del lugar y el cuidado evidente de quienes allí trabajan. La cama en donde nació en la misma posición de hace más de un siglo; el closet de casi dos siglos que le perteneció a su abuela y la foto de la mujer que desbordó pasiones en el poeta y sentidos poemas están en esta casa. Esto ya justifica la visita aunque hay muchas cosas más.


Ahora, la pregunta de rigor: por qué la casa Ramos Sucre luce intachable con respecto a la de Andrés Eloy; por qué en una se nota el esfuerzo y el cariño por preservar la memoria de un poeta como elemento enriquecedor de la historia y la cultura de un país y en la otra no. Aclaro que no es que se esté cayendo a pedazos la casa del creador de Píntame angelitos negros, no. Es que después de entrar a la casa Ramos Sucre la diferencia y la comparación es inevitable. Por ello hablaba del tema turístico, puesto que son un par de lugares que aún no han sido explotados como se debería y porque en palabras de alguien que allí trabaja y que prefiero omitir su nombre, me dijo “esto se lo pasa solo”. Es decir, que casi nadie va, uno que otro estudiante y uno que otro loco como yo que viene a enterarse un poco de la historia literaria del país. Tan es así el tema de la poca planificación turística en el Estado, que un imponente castillo ubicado en las alturas de Cumaná, construido posiblemente en el siglo XVII, estaba vacío, cerrado, cadenas de por medio en plena época vacacional y ni siquiera tenía una placa que dijera el nombre del castillo, al menos no en su interior. Puede inferirse que hasta eso pudieran robarse. Por fuera se aprecian algunas ergástulas, las mismas que empleó Ramos Sucre en su imaginario poético tal vez inspirado en éstas y sentir el olor del mar mientras los viejos cañones siguen apuntándole a filibusteros ya fantasmas.


Para terminar como hecho curioso, dicen, cierto o falso pero hermoso, que todas las mañanas la cama del poeta amanece con un delicado y fresco rocío sobre las sábanas blancas como muestra de su eterna visita al lecho y a la cama que lo vio nacer. Hay muchas cosas por hacer en esta tierra, en esta ciudad, y una de ellas es rescatar la memoria de quienes fueron nuestras primeras voces universales.


A manera de post escrito, un corolario irresistible:

Todo lo anterior lo escribí la noche previa a mi retorno. Me pareció que cerrar con la frase “primeras voces universales” quedaba de perla, pero como a mí me persiguen ciertas situaciones a donde quiera que vaya, no puedo dejar de contarles que, y atendiendo al orden de ideas en el plano turístico, que en el Aeropuerto “Internacional” Antonio José de Sucre (las comillas van con la mayor sorna posible), no funciona el aire acondicionado. ¿Pueden imaginarse el deslave sudorífico que emanábamos todos los allí presentes? Sí creo, háganlo. Hay que llegar mínimo dos horas antes para hacer los respectivos chequeos y se podrán figurar aquel sauna inmenso. Qué inhumano trabajar bajo esas condiciones y ofrecer una sonrisa a los viajeros, cuando la ciudad arde a la sombra a treinta y seis grados centígrados. Lo crucial es que ya son “ventiun días sin aire acondicionado” tal como me dijo el señor que amablemente me atendió en el restorante. ¿Esto es turismo? No me joroben.

-Consomé de guacuco y luego un pargo frito con ensalada, arroz y tajada, barato…

-Entrar a la casa Ramos Sucre, totalmente gratis…

-Vista de la bahía cumanesa desde el castillo, espectacular…

-Un aeropuerto con aire acondicionado, no tiene precio…

27 jul 2009

10 espejos de Meneses


En el proceso de relectura que hiciera recientemente de El falso cuaderno de Narciso Espejo, me hallé con subrayados que hice hace mucho tiempo y que hoy compartiré en estos escombros. Acercarse nuevamente a la obra de Guillermo Meneses siempre deja un grato sabor en la memoria a través de su magistral narrativa. Es mantener viva la palabra de un venezolano ilustre de las letras cuya prosa desborda luminosidad y fino estilo. El trabajo de este notable narrador será siempre fundamental para todos los amantes de las letras nacidos en Venezuela y una ventana extraordinaria por medio de la cual amigos de otras latitudes puedan aproximarse al “cronista de Caracas” como también se le conoce.


Diez subrayados extraídos de El falso cuaderno de Narciso Espejo.


  1. Soy, en cierta manera, escritor. Digo en cierta manera, porque no es la literatura actividad de la cual derive mis medios de subsistencia; ni siquiera he logrado esa aldeana seguridad que produce la pequeña gloria formada por las favorables opiniones de la ciudad donde hemos nacido.

  1. He negado la imagen de Dios manchada de humanas apetencias igual que he negado el místico ímpetu de ascensión hacia lo divino apoyado en podrida materia. Temo frecuentemente que fango y misticismo continúan acompañándome.

  1. En esto me parezco a otro amigo –José Vargas– contra el cual, además, guardo definidos rencores, por actos que no tengo por qué relatar aquí.

  1. Solterón, escritor en cierta manera, comentarista de la obra ajena, los movimientos de mi razón y de mi sentimiento se corresponden en un pequeño mundo fabricado a mi medida, sin precisa relación con esa serie de apariencias a las que llaman realidad.

  1. Toda falsificación supone un original, interesante –entre otras razones– porque mereció corrección y engaño.

  1. Al menos los labios de Narciso se movían como si dijese secretos de amor sobre la piel del agua.

  1. Los sueños son los espejos del futuro.

  1. Bien podía ser lo cierto que fuera yo el chico que nació en el pesebre de Belén, con derecho a ser adorado por todas las gentes del mundo.

  1. El cambio de la palabra en los juegos de la sintaxis. Me parecía que podía tocar el fino movimiento de las preposiciones en sus ataques contra el sustantivo, cuando lo hacían cambiar de lugar, de tiempo y metían dentro de él o corrían a su lado o se apartaban en lejanía.

  1. Sí. Yo había escuchado muchas veces esos razonamientos conforme a los cuales Dios era un personaje capaz de valerse de una serie de artimañas para imponer su voluntad en el corazón del hombre y luego, cuando ya éste sentía como propios los designios divinos, el personaje sonreía sarcástico, complacido de su astucia.

21 jul 2009

Presentación del poemario Skirlas


Gracias al poeta Frank Ziccarelli por darme el honor y la oportunidad de dar una breves palabras en el bautizo de su libro. Esto fue lo que dije:


Quisiera comenzar estas breves palabras haciendo un par de preguntas, incógnitas que siempre me asaltan cuando intento escribir, bien sea poesía u otra cosa: ¿Qué es aquello que diferencia a un poeta de un no poeta? ¿De qué herramientas se vale para subir un peldaño más dentro de la sensibilidad humana y conquistar con dicho avance, un verso, un poema –si no perfecto– al menos que satisfaga el propio yo poético? La primera respuesta que se me ocurre, aplicable a cualquier instancia en la vida, es la humildad, virtud que sin duda alguna le sobraba a uno de nuestros grandes poetas como lo fue Eugenio Montejo –para mayor referencia– y que es una de las características del poeta Frank Zicarelli; la segunda respuesta, la cual más de uno ya debe intuir y resulta más que obvia, es la palabra, herramienta temible, implacable, que una vez proferida no tiene reversa y en su alud de significados puede ser avalancha mortal para algunos o suave caricia para otros.


El poeta como entidad que transpira una imagen romántica de la vida, es un ser humano como cualquier otro, ni más ni menos. La única diferencia entre estos seres humanos, esto es, entre un poeta y un no poeta, es el oficio, el ejercicio temerario de no dejarse vencer por el cansancio mental, que en ocasiones, pudiera privarlo de fantásticas metáforas e imágenes. Esta labor, esta entrega del poeta, es un acto estrictamente devocional sobre el cual forma su estilo y su propio camino, en resumen, debería ser un gran disciplinado "en" y "por" la palabra.


Husmeando como siempre en una reconocida librería de la capital, conocí al poeta Zicarelli entre cafés y tertulias literarias. Nos paseamos por recomendaciones narrativas y poéticas hasta entrar en una confianza ganada por el tiempo y los gratos y repetidos encuentros en la misma librería. Llegó el momento entonces de leer su poemario Garabatos y de tenerlo como invitado el primer domingo del año 2009 en el espacio “Librería Sónica”, que valga decir, se transmite todos los domingos a las 11 de la mañana en Radio Caracas Radio 750 AM desde el año 2007. Este, su primer poemario al menos impreso, me llamó la atención por su forma y luminosidad, la misma que se evidencia en su poemario Skirlas, y es que, uno de los elementos que más desborda en ambos textos es su personalidad y su estilo bien definido, que en la gran mayoría de los casos, me resulta enigmático a través de su recurrente desacralización del lenguaje, en donde la lectura nos deja en un grato limbo irresuelto de imágenes, que resuenan y perduran en la memoria más allá de la lectura. En su poema “La epístola” incluido en sus Garabatos, dice:


Cuando tacho la palabra / queda el hueco / El vacío silente / El espacio único / queda en fuego omnisciente.


Ya lo decía Octavio Paz: “El silencio mismo está poblado de signos”. Ese tachar de palabra, ese hueco, no es más que ejercicio poético, es, y valga el término, la poeticidad del poema que busca autosatisfacerse como obra de arte, hecho sobre el cual Ziccarelli tiene un largo trecho recorrido, puesto que más allá de la poesía, su espíritu está enriquecido por la pintura, el teatro y la escultura, situación que, hace de su trabajo escritural una amalgama de herramientas artísticas. El arte, valga decir, es un misterio que ha trascendido a través de todos los tiempos y uno de sus principales atributos más allá de cualesquiera de sus representaciones, es la capacidad que tiene de ocultar y develar lo que transmite, lo que dice, y a la vez, de mantenerlo en sus entrañas como epicentro enigmático de significados. En el poema “Bahía postmortem” de Skirlas dice:


Para el poeta / que transporta su alma / con la cautela de los vientos / no está claro / cuando escribe de los tormentos / de la noche


Aquella tachadura de palabra que deja una vacío, “un hueco” y por tanto una incertidumbre, referida en su poema “La epístola”, halla su inevitable correspondencia cuando dice que el poeta "no está claro / cuando escribe de los tormentos / de la noche" en su poema “Bahía postmortem”. Asume y se responsabiliza del riesgo de su acto poético al transportar su alma “con la cautela de los vientos”. Como bien dijo otra de nuestras voces poéticas fundamentales como la de Hanni Ossott:

“La poesía es riesgo puesto que es alma…Todo en ella es aparentemente inconcluso, provisional, equívoco, sombrío. La moralidad no entra en ella. Por eso la poesía es amoral, carnal, sangrante, doliente…Quienes se entregan al alma y a la poesía trabajan desde la imagen del marinero que lucha en el mar”.


Para terminar, debo decir que “Skirlas” es un poemario, que más allá de alcanzar contundentes imágenes poéticas, arriesgadas en la mayoría de los casos, es un hermoso homenaje que el poeta rinde a sus ancestros más cercanos a través de sus heterónimos y me llama poderosamente la atención la recurrente presencia de dos animales: Mamuts y gatos. Tal vez y asumiendo ese riesgo poético al que se refiere Hanni Ossott, me atrevo a decir que los Mamuts están presentes por la trascendencia que pretende e intenta alcanzar todo poeta al hacer su trabajo, para dejar su huella en el tiempo, tal como hicieron aquellos mastodontes; y de los gatos por su astucia, el sigilo y la osadía, la misma que Zicarelli imprime en sus versos. Frank, en su poema “Ready made exquisito”, dice que pretende ser “un duende imaginario / que reflota / x la paz de los huesos /eso sí / full equipo". Y creo que lo logró, que es duende, y va full equipo con su poesía.

Esta cosecha de labios

La poeta y amiga Mharía Vázquez Benarroch publicó en su feisbuk un poema de mi autoría, cosa que se agradece, mucho más considerando el abultado número de ¿amigos? ¿socios? ¿seguidores? de su red social, la cual valga decir, está conformada en su mayoría por personas allegadas a las letras. Para mi sorpresa, me hizo llegar un comentario que hiciera el reconocido periodista Carlos Pérez Ariza el cual transcribo a continuación:


"Mharía, leo esto y me reconforta la poesía de un joven (supongo) que crece en el marasmo venezolano, probando que nada puede extinguir el canto supremo de un poeta..."


Para mayor referencia Carlos Pérez Ariza es Periodista y Escritor. Licenciado en Comunicación Social (Universidad Católica Andrés Bello Caracas, Venezuela), Doctor en Periodismo (UEADE/ University of Wale , Málaga - España) y un largo etcétera que pueden ver en http://www.malagaes.com/carlos_ariza/index.html

Gracias a Mharía por el gesto de publicar mi poema en perfecta combinación con un Modigliani y, claro está, a Pérez Ariza por sus palabras.


ESTA COSECHA DE LABIOS


he sembrado un beso

en el patio de tu boca

en la fosa cóncava de caña brava

donde tus ebrios soldados de marfil

le sonríen al tacto

abonando caricias en el rescoldo de tu cuello

donde sumerjo la tibia y diminuta semilla del deseo

a pico y pala de gomosas lenguas

que se abrazan en la humedad de su secreto


y comienzo la cosecha de sus frutos

desconcho la tela madura que te viste

dejando a la intemperie la tersa blancura

la firme redondez

y el misterio de tu pecho

17 jul 2009

Primavera en Baltimore


Después de muchos años de investigación llego a uno de sus poemas, y valga decir, al último poema que escribiera el poeta Neftalí Noguera Mora antes de morir. No miento cuando digo “años”, puesto que en el transcurrir del tiempo, conseguí su más hermoso libro Alegría y llanto de Europa, el cual me di a la tarea de transcribirlo por esta vía y lo pueden leer pinchando en el tag que ven a su izquierda con el nombre del autor. Me faltan pocos capítulos para terminar con esta labor, por cierto. Este libro, que contiene sus crónicas de viaje por Europa recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, va más allá de los hechos anecdóticos y se inscribe en una prosa poética inigualable y que por razones que ya no vendrían al caso, fue quedando en el olvido de nuestras letras. Aquí, en estos escombros, podrán degustar de su palabra.

Vale mencionar que dentro de sus amistades estaban las plumas más destacadas de Venezuela, hablo por allá en los cuarenta, dentro de los cuales estaban Rómulo Gallegos, Santiago Key Ayala, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Mariano Picón Salas, entre otros. Su libro insignia está prologado por Pedro Emilio Coll y esto es lo que dice:

Caracas 15 de octubre de 1946

Distinguido amigo y compatriota:

Con encanto y admiración leo las crónicas viajeras que viene publicando en El Nacional, con el título de “Alegría y llanto de Europa”. A mi entender, ninguno, en su generación, le supera hoy en ese género literario. Limpidez y gracia del estilo, fina y profunda emoción del paisaje, delicada visión de los seres que encuentra en su camino, todo ello, para mi gusto, destaca a usted entre los mejores escritores jóvenes de Venezuela.

Con tal motivo, permita que le felicite y abrace cordialmente, su viejo amigo, Pedro Emilio Coll.


A penas fue ayer cuando llegué a “Primavera en Baltimore”, que como mencioné al principio, fue el último poema que escribió. Espero poder conseguir más poesía de este venezolano conmemorado por varios países por su labor cultural y diplomática; ver su nombre dentro de su propia poética más allá del honor que le hicieron otros escritores y poetas cuando encabezaron sus trabajos –y son varios– diciendo In Memorian, Neftalí Noguera Mora.


Primavera en Baltimore


Vespertina de abril en primavera
yo tomo el sol de Baltimore enfermo.
Hospital de John Hopkins, la ventada de
tu celda también abrióme el fuego,
porque en Ménfis ayer asesinaron a Luther
King, el manso apóstol negro.
Siempre mueren heridos de violencia
los que su corazón llevan más tierno.
Miro la tarde en la muchacha rubia hundida
en la color de los cerezos, sus corolas de
rosa en primavera que mi pasión besa
de lejos.
Yo volveré al calor porque hoy se fueron
los gélidos mensajes del invierno.
¿Llora mi juventud? No he perdido.
Sólo que acaso sienta la agonía del último
crepúsculo de olvido en la materna aldea de
mi vida.
Más si aquí florecieran mis amores, mi dulce
madre, mi mujer mis hijos, mis hermanos de angustias
y pasiones, con mi savia abonara mis plantíos.
Pero hoy mi soledad es un recuerdo de pasado,
quizás nunca vivido. El sol de Baltimore y los cerezos
en flor de primavera son testigos; y hasta
la sombrade Edgar Allan Poe quien de este pueblo
fue canción y ritmo.
Hijos, esposa, madre y mis hermanos; que en esta
primavera , San Isidro haga del hijo el fruto renovado
y alegre el corazón entristecido.

Neftalí Noguera Mora
Baltimore, Maryland, U.S.A
Abril 10 de 1968

14 jul 2009

Tu alegría en pizzicato

mañana cumples años

no sé cuántos

ni recuerdo la fecha

pero sé que es mañana


me siento en diciembre

pero el calor me invade junio


cuántas velas tendrá tu pastel

qué canción contagiará

tu alegría en pizzicato


a qué sabrán los ebrios aplausos

que celebran tu vida


cuál será el regalo inútil

que agradecerás con sonrisas


qué vestido derretirá

tu piel en las miradas


mañana cumples años


y no sé cuántos

10 jul 2009

El niño con el pijama de rayas


En esta ocasión comencé a la inversa: vi la película y luego leí el libro. No fue adrede. El asunto es que mi país el tema de conseguir algunos libros foráneos es harto difícil. Al punto que el libro de la gráfica me lo prestaron, no vayan a creer que lo conseguí.

Si hay un libro conmovedor, tal como la película, es El niño del pijama de rayas. Salvando los ajustes evidentes que hay del traspaso del libro a la pantalla, escenas que se omiten del original, invenciones del guionista y el director para crear el ambiente en la pantalla, ambas experiencias fueron fabulosas.



Uno de los elementos más resaltantes del texto es que John Boyne logró darle a sus personajes principales una voz propia muy particular, en especial a los dos niños protagonistas, Bruno y Shmuel (¿hace falta decirles cuál es el niño judío y cuál no?) los cuales a través de su imaginación y de sus inocentes diálogos, el lector pudiera entrar en un estado de desespero al ver la ingenuidad de Bruno, el cual ignora lo que está pasando y pareciera vivir en un mundo paralelo. Su mayor preocupación –entre otras– era que su antigua casa en Berlín era de cinco plantas, y la casa nueva, cuya vista daba a un inmenso cercado, era tan sólo de tres plantas; caso contrario a Shmuel, el niño judío que vive tras el cercado en donde el holocausto está en pleno desarrollo, que sabe lo que sucede y que halla en Bruno a un amigo junto al que emprenderá la ¿aventura? de hallar a su padre.


En esta trágica y conmovedora historia están presentes los típicos roces entre hermanos, protagonizados por Shmuel y su hermana mayor Gretel; el complejo que a tan corta edad produce la falta de estatura y ese deseo por crecer; las contradicciones y desacuerdos que hay en las familias, que en este caso, se dan entre la abuela Nathalie y su hijo Ralf, el comandante nazi, padre de Bruno: “quizás me equivoqué en eso, ¿no crees, Ralf? –le dijo–. Quizás las obras que te hacían interpretar cuando eras niño te condujeron a esto. A disfrazarte como una marioneta… cuando te veo con ese uniforme me dan ganas de arrancarme los ojos…”.


Todo lo dicho anteriormente sumado a otros elementos que les conmino a explorar, tal como haría Bruno puesto que eso era lo que más le divertía, “explorar”, hacen de esta lectura una remembranza del suceso más abominable de la humanidad, con un final espeluznante que en el libro está matizado por el tiempo y que en la película no puedo decir menos que impactante. Cierro con esta cita: “Bruno frunció el entrecejo. Pensó en la gente del pijama de rayas y se preguntó qué estaba pasando en Auchviz. A lo mejor algo no funcionaba bien, porque la gente tenía un aspecto muy poco saludable. No entendía nada, pero tampoco quería seguir mirando la mano de Shmuel…”

7 jul 2009

Siempre fragmentos


Del poeta, librero y amigo Javier Marichal me llegó el poemario Siempre Fragmentos de Tadeusz Różewicz. Un grato hallazgo y una evocadora revelación que me hizo conocer Javier dentro de sus acostumbradas y excelentes recomendaciones de lectura.

Este escritor de origen polaco se engalana de una poesía metafórica y sobre todo dramática dada a su experiencia de vida durante la II Guerra Mundial. El estilo de sus variopintos poemas, van desde la sobriedad de su palabra para crear su imaginario poético, hasta un estado de terrible desesperación por ser testigo de los horrores de la guerra y por la propia decadencia del ser humano. Różewicz es considerando como uno de los mejores poetas polacos de la post Guerra y el año pasado estuvo nominado al NBCC (National Book Critics Circle Award) por su poemario New Poems, título nada creativo pero que lleva el peso de una vida y una trayectoria poética. Aquí una pequeña muestra.



La trenza

Cuando ya habían afeitado

a todas las mujeres del transporte

cuatro obreros barrieron

y apilaron el cabello

con unas escobas de madera de tilo


bajo los cristales limpios

yace el cabello rígido de las asfixiadas

entre las cámaras de gas

entre el cabello hay agujas para el pelo

y peines de hueso


no deja que se entrevea la luz

no lo mece el viento

no lo acaricia una mano

ni la lluvia ni unos labios


en grandes cajas

se amontona el cabello seco

de las asfixiadas

y una pequeña trenza gris

con su lazo

de la que tiran en la escuela

los chiquillos traviesos.

Museo de Auschwitz, 1948

26 jun 2009

Beso alado

Hallé esta foto
en el torrente amaderado de mis recuerdos
en la primera gaveta de arriba hacia abajo
justo donde se esconde el otoño y su tristeza
sabes bien que no eres tú
pero hoy quiero que lo seas
más allá del beso alado
frugal y tierno
que extraviaste en mi boca.

El país de la canela


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La polémica siempre es atractiva porque reclama por parte de los espectadores –y en ocasiones también por parte de los protagonistas del dilema –una resolución: el descubrimiento del por qué causa escozor en el pensamiento de pocos o de muchos algún punto de vista, una decisión. En el caso de la literatura siempre sucede lo mismo cuando el jurado falla a favor de uno y no de otros escritores. Este es el caso particular de William Ospina quien recientemente ganó el Premio de Novela Rómulo Gallegos, uno de los más importantes de nuestra lengua. La polémica salta la talanquera puesto que el autor ha manifestado su simpatía por el actual gobierno venezolano. Incluso, reconocidas voces literarias venezolanas han manifestado su convencimiento de que el premio se ha politizado y de que el estado consiguió la fórmula para el otorgamiento de dicho galardón, pero marcando la respectiva distancia del tema político versus el literario y después de haber leído El país de la canela, no tengo más que decir “bien merecido” y que el hombre nacido en Tolima, Colombia, halló en este premio un justo reconocimiento en todo sentido por su dedicación y años de paciente investigación.


Casualmente acabo de releer Los detectives salvajes de Roberto Bolaño con la idea de refrescar las aventuras de Arturo Belano, Ulises Lima y compañía para ver qué tal resulta la ambiciosa adaptación al cine, novela que ganó el mismo premio hace diez años atrás (1999), tal como si aquella y El país de la canela las separara una década que se contara en segundos. La novela de Ospina ahora forma parte del selecto grupo de ganadoras y si bien es cierto que la relectura referida me llevó un buen tiempo, El país de la canela me atrapó de tal manera que concluí su lectura en apenas cinco días.

La impresionante historia de la novela nace de una carta que recibe el heredero de Marcos de Medina, conquistador de El Cuzco, en donde se relata gran parte de los hechos de la conquista sobre el reino incaico, casi medio siglo después de que Colón apareciera por tierras desconocidas. Esto ya presagia desde un principio mucha sangre e impunidad española sobre los indios: “se alargaban en fragmentos de batallas, una cuchillada súbita en un rostro, dedos saltando al paso de la espada de acero, un cuerpo que se encoge al empuje de la daga en el vientre, sangre que flota un instante cuando la cabeza va cayendo en el polvo”.

Esta situación se ve revertida en muchas ocasiones cuando el temerario grupo de europeos –en su afán de riquezas coronadas de oro y canela– se ve en la necesidad de atravesar grandes ríos en donde sucumben en terribles emboscadas repletas de cerbatanas y por la inclemencia de una naturaleza que les era ajena: “nosotros en la selva necesitamos armaduras, cascos, viseras y miles de cuidados para protegernos de los insectos, de las plagas, del agua y del aire. Vemos amenazas en todo…los indios se mueven desnudos en esa misma selva, se lanzan a sus ríos devoradores y salen intactos de ellos…La selva los acepta porque ellos son la selva”.
El país de la canela nos lleva de viaje a un pasado remoto, a un espacio y a un tiempo en donde comenzaron a germinar nuestros pueblos. Imposible leer esta novela y no sentir la presencia del Inca Gracilaso, sobre todo cuando hacen acto de presencia en las “planicies amarillas”, Manco Cápac y Mama Ocllo Huaco quienes alcanzan en palabras del poeta, así como en la novela referida, dimensiones indiscutibles de nobleza, tanto por sus actos, como por ser “hijos del sol”; de igual modo el trabajo de Juan de Castellanos –quien brevemente es mencionado como “el poeta”– halla en el relato de Ospina un digno eco de sus crónicas y versos en nuestra actualidad, para que aquellas voces primordiales nunca caigan en el olvido.

La descripción de la naturaleza, la narrativa de aquella odisea en el nuevo mundo a través de montañas nevadas, de inmensas planicies y de imponentes ríos, hace que la lectura sea una experiencia adictiva. Pensar en esos hombres atrapados por mares de agua dulce, que aún en nuestros días, son símbolos de una naturaleza virginal indomable, agita la imaginación lectora. El libro tiene además al principio un mapa que traza el recorrido de estos ambiciosos aventureros y llevar la lectura siguiendo la mencionada cartografía, deja en claro que aquello no fue más que una locura y una gran suerte que salieran con vida pocos hombres. Curiosamente el oro pasó a un segundo plano en el desenfreno y en la codicia que causaba, puesto que la canela, alcanzó niveles de deseo como si fuera el mayor de los tesoros: “la riqueza tiene todas las formas, pero ninguna para mí más extraña que esa corteza roja que altera las bebidas y da a los alimentos una dulzura exótica. La canela: oro, sí, pero astillado en aromas, el túmulo de leños que hace siglos borraba en sus humaredas los palacios del Tíber…Buscando canela habían venido las tres pequeñas barcas…como tres cascarones de nuez embanderados por un niño y arrojados sobre un azul sin bordes, pero hasta entonces la canela del Nuevo Mundo no había aparecido.”
La crueldad de estos hombres que fueron “residuos de una expedición arrogante”, ofuscados por una riqueza que nunca llegó y que cuando la hubo fue desperdiciada y perdida por los enfrentamientos, rayó en la insensatez cuando acabó incluso con las vidas de los únicos capaces de descifrar los laberintos de la selva, de conseguir gracias a los árboles y arbustos a través de la lectura perfecta del variado matiz del verde infinito, el sustento alimenticio del día: “como quien despierta de una embriaguez, sólo cuando los indios no eran más que carnaza humeante Pizarro comprendió que ahora no teníamos quien nos llevara la carga, que nos era forzoso a los españoles…avanzar pesadamente por arboledas que se hacían cada vez más impracticables…La expedición, flamante y ostentosa al principio, se había ido diezmando por la fatalidad, como si otro perro invisible devorara sus miembros”.

Los hechos fundacionales de nuestros países están muy bien relatados en El país de la canela, con toda la crudeza que ello representa, con sus masacres y hechos fantásticos producto de la imaginación desesperada de hombres que salieron del viejo mundo con la intención de llenarse de gloria, la cual sólo pudieron alcanzar gracias a las historias alucinantes que justificaron la conquista, la invasión o el saqueo. Esta novela es el recuento de nuestro pasado, contado con la destreza necesaria para camuflar la realidad con la ficción, trabajo encomiable que realiza a la perfección William Ospina, mezcla de su investigación y de una narrativa espléndida, tal como por ejemplo, se desprende de observar con detenimiento la naturaleza: “la montaña es más generosa y más grande que los hombres, y también a veces hace cosas ciegas, como arrojar llamas por sus pezones de piedra, como hacer cruzar lenguas de rayos por el cielo aborrascado, como traer en vuelo temible las bandadas de cóndores que presagian cambios turbulentos”.

Todo lo antes mencionado es apenas una muestra de lo que está inmerso en El país de la canela, una lectura necesaria para todos los hispanohablantes. Habrá que leer el texto precedente, Ursúa y esperar por el cierre de la trilogía con La serpiente sin ojos, que se insinúa hacia el final del texto: "Demuestra que vale más tu voluntad que la serpiente sin ojos en la que se refleja el abismo..."

25 jun 2009

Soy la trampa...


Y además una posible salvación, no sé de qué, pero salvación al fin. Puedo ser esa tormenta que aprieta en los días nublados y hasta el más radiante sol que ilumina tus días. Quizás un pañuelo para abrazar tus lágrimas o las mismas lágrimas pletóricas de alegría.


Sigo siendo una trampa, no sé si tuya, no sé si para mí misma. Pero ¿una trampa de qué? ¿Será que ya caíste en ella o mejor dicho, en mí, puesto que soy yo la trampa? ¿O será que fui yo el que cayó en la trampa, o en mí misma? ¿Esa “trampa” tendrá otra manera de llamarse? Tal vez averiguarlo sería precisamente lo que ella quiere, que caigamos en la trampa o en ella o en mí.


No hay prudencia alguna en cada pensamiento puesto que en tal libertad, la del pensamiento, hacemos la mejor de las películas, con el final perfecto, con el encuadre perfecto, con la fotografía perfecta, y por sobre todas las cosas, con los protagonistas perfectos: tú y yo siendo víctimas de la trampa.


Soy trampa porque así me llamaste tú, porque más diáfano imposible. Soy trampa porque entramos en un juego que comenzó y se torna volcán. Trampa porque irónicamente tus pasos se alejan de mí y se acercan a otro, quizás se acercan a otra trampa de la cual ya eres dulce víctima.


Me visto de luces para hacerte reír y sigo siendo trampa. Me antojo de nublar tu buen talante y ¿adivina qué? Soy la misma trampa. No hay nada que salga de mí que al final no sea una cruel pero tierna trampa. También esto que te digo forma parte de ella, y por encima de todo, cada palabra que no te he dicho por temor de caer en la trampa. La música, las canciones, el ambiente, el aire, la silla que te aguanta, las manzanas de a diario, los 5 minutos a tu casa, todo, absolutamente todo, es una trampa.


La pregunta es, ¿habrá algo que no forme parte de esta terrible trampa? Prefiero no tener respuesta a ello. Al fin de cuentas todos caemos en ella alguna vez, en mí misma. No queda más que hacer libaciones a los Dioses para honrar este vicio, esta tortura, este grillete en el tobillo, esta trampa que no sólo pende del pie sino del pecho, del alma. La trampa es saber que pudimos escaparnos de ella y no lo hicimos. Y como trampa al fin, te pido que no creas en nada de lo que te he dicho, recuerda, soy una trampa y ambos estamos atrapados en todo y en nada.


La trampa al final es creer que conseguimos lo que siempre perdimos y nunca hallamos a tiempo. Es jurar que la perfección existe en un determinado segundo, en un cruce de miradas que fulminan a cualquiera. Es creer que más nunca, bajo ninguna circunstancia y bajo ningún pretexto, volveremos a caer en ella. Pero ella es impredecible, aparece cuando menos te lo esperas y se torna tan poderosa, que cualquier trampa anterior, pasa a ser libertad, rutina y tedio. La trampa es así, te eleva y luego te deja caer, es implacable. Al final todos somos una trampa en la cual juramos no caer otra vez, pero allí estamos, luchando por salir y deseando caer en ella.