Venía escuchando en mi IPOD imaginario una canción de Sentimiento Muerto, aquella que dice “una extraña sensación de soledad, una extraña sensación…”, ¿Recuerdan? Bueno, lo del IPOD imaginario es tal cual, ficticio, puesto que el hampa me lo tomó prestado con un cañón en la frente ¿o fue en la sien? En fin, para aclarar esta duda pueden irse a mis crónicas.
Lo cierto es que me vino a la mente la canción porque estaba recordando a la defensora del pueblo (mejor llamada la defensora del puesto) Gabriela Ramírez, cuando dijo que el tema de la inseguridad es una cuestión de sensación. Creo que el diputado Pedro Lander -que como diputado es mejor actor (¿o viceversa?)- dijo algo parecido, que aquí no estaba pasando nada. Qué caradurismo, qué cinismo, o como dirían nuestros nuevos socios económicos del sur, qué boludez. Es que hasta quedé tentado en releer la triste crónica del secuestro Express que vivimos mi familia y yo, para ver si no es que aquello fue una sensación de remake de una película de Tarantino o alguna joda excéntrica de Robert Rodríguez al mejor estilo de El Mariachi. Y es que el cuento de la delincuencia es una apología del desgobierno que parece eternizarse per secula seculorum, muy a lo Sherezade o a lo Penélope que deshilvanaba todas las noches el sudario que tejía para Laertes, su suegro, pero tuvo la mala suerte de ser descubierta por una criada y en el mejor léxico caraqueño le echó gramita, césped, paja pues… y la historia ya todo el mundo la sabe. Coño, ¿no podremos tener nosotros la misma mala suerte que Penélope, que alguien en la asamblea –a parte de Ismael García- se le vaya el yo-yo? Y digo allí, en ese templo de inigualable estulticia en donde se va pudriendo el futuro del país, en la asamblea, puesto que en los medios se está haciendo un esfuerzo por decir las verdades que tanto le duelen al estado y por ello las mordazas, la inevitable autocensura de tantos y los cierres indiscriminados de emisoras de radio y canales de televisión.
He pensado seriamente: ¿no será que tengo –y tenemos– una terrible sensación de cierre? Dios nos libre de una sensación de cierre intestinal porque eso sí que es grave. Y lo digo porque a una persona que conozco, si no es porque el seguro no le pasa ya que la reconocida empresa del estado en la cual labora no le ha pagado a la aseguradora, le echaban cuchillo por una supuesta apendicitis y resulta que no era eso, sino un literal cierre intestinal.Lástima hermano, esto da lástima, porque mientras los medios de comunicación y el gremio periodístico lucha por sacar la verdad a flote, como por ejemplo la vivida en días recientes con los torrenciales aguaceros que azotaron a la capital, la gobernante de facto, la que le impusieron al alcalde de Caracas que fue elegido legítimamente por los votantes, ella, la Jacqueline Farias, decía en televisión que no había ninguna laguna en Caracas. Joder! si bien es sabido por todos que aquí mea un zancudo y se inunda la ciudad, cómo pudo decir semejante barrabasada. Tal vez fue una sensación de llovizna por la que atravesamos los caraqueños en esa ocasión, o que aquello fue la prueba de un nuevo sistema de riego para conservar el verdor del Ávila y otros verdes citadinos, con la firme intención de incentivar la fotosíntesis de los cultivos organopónicos.
Todo es una cuestión de sensación, como por ejemplo la vivida (y fíjense que no digo “sufrida”, puesto que la sangre vista en las cámaras era de utilería) por doce periodistas que en su pleno derecho a manifestar pacíficamente fueron agredidos por hordas salvajes afectas al gobierno. Están las fotos de los tipos y las tipas –entre ellas “La Chirly”– en toda la prensa nacional y no pasa nada, no los detienen, ni los averiguan un poquito. Ni la policía en su deber de mantener el orden público les soltó un peinillazo, nada, a ellos no, a los gorilas no; pero pregúntenlea los opositores que conformados por profesores y estudiantes dignos recibieron botellazos, pedradas y palazos. Incluso hasta a una periodista en pleno ejercicio de sus funciones, amén de ser golpeada, fue robada delante de todos por uno de estos delincuentes cuando la amenazó con una pistola… Estimados lectores, esto fue una sensación de enfrentamiento. No se vayan a creer. Tal vez Oliver Stone está haciendo un casting secreto para ver quién lanza más carajazos en una trifulca con miras a una futura película que pudiera llamarse A new sensation con soundtrack de INXS y Paul Gillman. Bien lo decía Cabrujas en su artículo “La Veredita” publicado el 29 de septiembre de 1991 en el Diario de Caracas: “los venezolanos hemos adquirido la conciencia de la inutilidad de las leyes y la consideración de lo jurídico como una pose, cuando no como un disimulo”. Tengo la sensación que José Ignacio Cabrujas era un adelantado, una mente exageradamente brillante. Más adelante comenta que el propio Arturo Uslar Piertri sostenía que “el país necesitaba otra Corte Suprema de Justicia, porque aquellano era más que una Dirección de Protocolo del partido de gobierno”.De lo que se salvaron Uslar y Cabrujas, si aquello fue en 1991, lo que de por sí ya dice mucho sobre nosotros en el peor de los sentidos, qué no dirían ahora,en donde el país se parece mucho al divertidísimo JENGA, ese juego que al menor error de los participantes la torre se viene abajo.
Tengo una sensación de que estoy terminando y en mi IPOD imaginario salta Héctor Lavoe diciendo “todo tiene su final…” y recuerdo que recientemente el ínclito Laureano Márquez en uno de sus magníficos textos cerró diciendo: “Venezuela es un país sen-sa-cio-nal”.
Con el fin de promover el uso de las nuevas herramientas tecnológicas en la creación literaria y el uso de estas herramientas entre los escritores, los portales literarios venezolanos Ficción Breve Venezolana (www.ficcionbreve.org) y Panfletonegro (www.panfletonegro.com), con el apoyo de la Editorial Planeta de Venezuela, han decidido instaurar el Primer Concurso de Microcuentos en Twitter (@1cmct), en el que podrá participar todo el que tenga una cuenta en esta red social, indistintamente de su nacionalidad y lugar de residencia dentro del continente americano.
Los interesados en participar deberán enviar un mensaje público a @1cmct con su microcuento de hasta 133 caracteres, dentro del período comprendido entre el 1º de agosto y el 15 de septiembre de 2009. Los premios consistirán en lotes de 10, 7 y 5 títulos, respectivamente, de las diversas colecciones literarias de la Editorial Planeta (entre ellos las más recientes novedades del Premio Planeta, Planeta Casas de América, Seix Barral y otros), y el jurado estará conformado por los editores de ficcionbreve y panfletonegro, Héctor Torres y Daniel Pratt respectivamente, así como del editor de letralia.com: Jorge Gómez Jiménez, el director de Mercadeo de Planeta de Venezuela, Miguel Vargas; y el narrador e investigador venezolano Ángel Gustavo Infante.
Los ganadores, que no podrán ser declarados desiertos, se darán a conocer el 10 de octubre (10/10) en la clausura del evento «1010 Literatura en formato digital: retrospectiva y propuestas», ciclo de charlas para conmemorar el décimo aniversario de ambos portales literarios.
Si de títulos se trata creo que esta novela se debería llevar un premio. En buen léxico marabino diría, “¿¡cómo es la verga!?” Sí, Un vampiro en Maracaibo, qué molleja, para mejor referencia idiomática. Olvídense de las capas soberbias estilo Bela Lugosi o Christopher Lee. Nada qué ver. Este ser macabro debe andar mínimo en guayabera y de ser posible en pantufla para aguantar el intenso calor de la ciudad que ni de noche se salva. Norberto José Olivar, de una manera no menos que simpática, recorre los miedos de sus personajes ante la inminente situación vampírica que corre por las calles. El buen humor (en muchas ocasiones “negro”) y lo pavoroso se dan la mano para hacer de la lectura un nudo en la garganta mientras los borbotones de sangre hacen lo suyo durante la trama de la novela: “lo que vi fue espeluznante: calaveras, huesos… trozos de ropa, porque a uno cuando se muere lo ponen bonito, pa qué coño no sé…la vida es una vaina seria…y como uno está muerto y no te puedes mover de ahí de donde te han puesto, te tienes que calar todo ese lloriqueo”. La historia retrocede en el tiempo para hallar verdades, fundamentos que ayuden a Ernesto a aclarar la situación. Para ello recurre a un viejo ex PTJ retirado que orondo, le va contando parte de lo que él investigara mientras estuvo activo en sus labores policíacas. Aparece así el intrépido inspector Jeremías Morales, que como bien lo llama el autor, “es una especie de Van Helsing maracucho…teólogo y cañero de alto calibre”. Y pregunto: ¿cómo no reírse? Olvídense de Crepúsculos y otro largo etcétera de libros que van en la onda draculesca –mi respeto a la señora Meyer puesto que no he leído su libro para saber si es bueno o no. No obstante, sí puedo decir que Un vampiro en Maracaibo, tiene muy claro el norte que sigue en su carácter literario, y es el de desmitificar el vampiro que la historia se ha encargado de instalar en la memoria de todos, haciéndonos sentir miedo, terror –porque sí lo logra- y luego reír con pintorescas situaciones, disfrutar de lo lindo cuando conseguimos a este vampiro famélico, flaco, desgarbado y feo, que pareciera no poder chuparle la sangre ni a un tubo de ensayo. Por otra parte, el texto tiene una serie de reflexiones religiosas dentro del entramado de la novela, pensamientos que van camuflados tras la voz de estos seres oscuros chupadores de sangre e incluso en la propia voz de Ernesto, que se trasnocha para documentarse sobre vampiros con la ayuda de fuertes dosis de Red Bull: “…desde pequeño se nos hace un lavado cerebro que extirpa la muerte de nuestros planes, y cuando aparece es siempre accidental, impertinente y casi que extraterrestre, como si la hubieran inventado en ese preciso instante pa jodernos nomás”. También vale la pena destacar las numerosas referencias literarias que hace Norberto José Olivar en su trabajo: Thomas Mann, Benedetti, Lovecarft, Poe, Stephen King, entre otros, para darle el corpus temático a la historia, que en un sentido más dramático y llevado por las manidas historias que hasta hoy día se siguen haciendo sobre vampiros, tal vez el final de Un vampiro en Maracabibo, pudiera haber sido de otra manera, el esperado, el de siempre, pero precisamente el despliegue de humor y muerte, de seriedad y desparpajo, justifica su propio desenlace. La novela no tiene nada qué envidiarle a la escenografía aquella en que el fallecido Maicol Yakson (sí, escrito así) danza entre muertos. Como dije líneas atrás, el humor dentro de la novela es fundamental y más aún cuando toda la ambientación en donde se desarrollan los hechos, se da en una ciudad que se caracteriza por riqueza humorística, por la ocurrencia y la chispa natural de sus habitantes, que para variar, ahora tienen su propio Drácula.
La poesía en más de una ocasión nos puede resultar indescifrable, situación que, si fuera ese el caso, muchos dirían y para qué descifrar ese pequeño cajón de palabras que algo pretende –ojo, y estoy de acuerdo. La sonoridad, la cadencia, pudiera ser un par de elementos con los cuales la poesía se regodea más allá de las normas (¿la poesía tiene norma, al menos la que está fuera de los cánones de la rima, la que se aleja de todo aspecto decimonónico?), pero cuando va más allá de eso –lo cual no le resta valor– y lo que transmite, su sentido, su semántica, lo que quiere decir, es lo que le da fuerza a cada palabra, a cada imagen como resultado de una profunda reflexión, es cuando estamos frente a una poesía pensada y madurada en su contenido, labrada tal vez en un día o tal vez en años, aflorando seguramente como una contumaz revelación. Este es el caso de la poética de Mharía Vázquez Benarroch, que después de una larga espera, ve publicada su antología Amarrando la paciencia a un árbol –y vaya que el nombre del libro se honra a sí mismo.
Esta antología está compuesta por cinco libros que son: Guerrero llevado adentro (1979-1983), As de corazones (1984-1987), Balada de los 40 años (1992-1998), Estirpe de lobos (1996-2002) y Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006). El brevísimo acercamiento que trataré de hacer a cada uno de ellos, no va con la idea de crear una orfandad literaria entre ellos, de desligarlos, no; sino más bien con el firme propósito de evidenciar la inmensa coherencia de la que está compuesta dicha antología, la cual posee un ritmo acompasado en su estructura y una agradable dinámica expuesta a través de la sensibilidad y su evidente ars poética. Esta empresa siempre será ardua puesto que si hay algo en el mundo que se jacta de subjetividad es la poesía. No obstante y esto debo decirlo, últimamente me he acercado por razones fortuitas a otros textos que dejan mucho qué desear si de poesía se trata. Por algo el tiempo conserva en la memoria de los días presentes a voces lejanas que aún reafirman su contundencia, su pasión y su verdadera entrega poética en sus versos. Cómo olvidarnos de María Calcaño, Eugenio Montejo y Hanni Ossott por sólo mencionar tres voces fundamentales que ya partieron a otra dimensión pero que aún retumban con sus voces. Y el comentario va en el sentido de manifestar la entrega que un poeta da en sus palabras como si fuera la última oportunidad que tuviera de expresarse. Aquellas voces, las que no se entregan, sencillamente no sobrevivirán a lo efímero de uno que otro verso y a la implacable vara con la que los lectores suelen castigar a los textos.
Guerrero llevado adentro (1979-1983), poemario que lleva consigo tres premios de suma importancia incluyendo el Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (1984), abre la antología desde un lado intimista y reflexivo, reflejando la fuerza poética de su autora y el coraje con el que se enfrenta a los diversos obstáculos que la vida y los quehaceres periodísticos le ofrecieron en algún momento de su historia personal. En su poema “Alquimia” dice:
Toda esta maquinaria es inútil si no hay aire de
por medio, si la libertad no existe, si no soy
capaz de forjar este sueño, como quien templa
su alma con el brillo del oro y el centro del hierro.
Aquí la poeta hace honor a ese guerrero que intitula y a la palabra que forja en la caldera de su imaginación.Es Hefesto labrando su obra, el herrero que cualquier dios mitológico necesita para armar un ejército que pretende la libertad, sin ella, nada más sirve, nada vale la pena. Esa maquinaria que posiblemente sea un arma cargada de balas o un helicóptero que pasa rasante sobre una selva tupida en Centroamérica (pocos saben que Mharía también fue reportera de guerra), ahora es palabra, es poesía, es sueño y alma templada. Más adelante lo dice en “Imago” cuando soberbiasentencia que “la poesía no es para los apátridas”. Y es que para la poeta, la poesía es casa, hogar y patria. Es un lugar en donde no hay descanso y por ello está “atada a la escritura para no morir…(y sigue así) adherida a la pluma” como bien dice en “Cuerpo”.
El aspecto reflexivo va deslizándosea través de sus poemas y como todo acto intimista resulta inevitable llegar a parajes oscuros y dolorosos, así como los que despierta la ciudad en que vive y a la cual no puede obviar en su poesía:
Estado de sitio
Yo canto, es mi suelo y mi dolor.
Este país en donde vivo está despedazado, sus calles
siguen tomadas por los amos.
…
nuestros huesos hablarán de nosotros
no habrá salida
el futuro llega y nos quema.
Sorprende la madurez de sus versos más si recordamos que para el momento de los referidos poemas Mharía Vázquez Benarroch a penas rondaba la veintena de años. Ya bien lo dice en el cierre de su primer libro en donde su “Oficio” se hace homólogo de su poesía a lo largo de una dilatada carrera como escritora de diversos campos del saber y la cultura:
Sé que perfectamente que
no se invocan fantasmas ni espejos gratuitamente,
pues de mi oficio muchos han delirado y absuelto,
respirando un olor propio de la santidad y el vicio.
As de corazones (1984-1987) por partida doble también fue reconocido por el Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1986) y el Premio de Poesía Miguel Hernández, Sevilla-España (1986). Más allá de los premios los cuales siempre son fuente de polémicas, este libro habla por sí mismo si de criterio, formación y estilo poético se refiere. Aquí se extiende en las apetencias emocionales sobre las que la poesía es más que tradición. Parte de una simple baraja sin importar si son negros o rojos esos corazones, pero que en determinados momentos el aspecto cromático puede ser más que confuso, despertando un daltonismo de pecho por el cual todos algún día atravesamos. Su “Hayku de la soledad” abre la puerta a este poemario utilizando un título de Carson McCullers: el corazón esun cazador solitario. En el caso de Mharía Vásquez Benarroch nada es fortuito o casual, sino más bien, causal, dado que McCullers es recordada por ser una especie de niña prodigio de las letras norteamericanas y precisamente aquella su primera obra la escribió entre los veintitrés y veinticuatro años, edad que por cierto era cercana a la de la poeta cuando escribió su As de corazones. Más allá de esta simpática especulación en donde pudiera intuirse un atisbo auto comparativo de prodigios en las letras que pudiera hacer la poeta y que seguramente apunta es en dirección de rendir honores a quien lo merece con fina humildad, está la brevedad y la contundencia de lo que dice, lo que pretende con la palabra ya se palpa a través de ese “cazador solitario”, que es antonomasia de la propia soledad que avecina pasión y desamor, frustración ineludible que alguna vez toca a cualquiera. Tal vez por ello en su poema “Así queesto es el amor”, traspasando los mil pensamientos que nacen de un sencillo hayku precedente y distanciándose del propio poema como una voz testigo, ya el título despierta suspicacia por el ligero toque sarcástico que produce. En una primera instancia va la afirmación del amor yluego cierra con lo frustrante que puede llegar a serlo:
Te desnudaste frente a su cama
y oyó tus palabras de amor y deseo
y por primera vez en mucho tiempo
el amor no fue fiera melancólica
ni bestia agazapada
ni cuero acuchillado
ni botín y mercancía
ahora
el teléfono marca y suena ocupado
ocupado
ocupado
como su corazón
De su poética no se descarta el humor como una herramienta que denota suspicacia e inteligencia, tal como se puede apreciar en “Elogio equívoco”, en donde dice:
siempre que un hombre comienza diciéndole
es una magnífica mujer
prepárese
pues luego viene la frase
es una lástima pero debíamos separarnos
como tampoco deja de un lado el reconocimiento de la pena, del dolor propio quellega a ser el de muchos, “áspera sabiduría” como bien dice más adelante, en un acto reflexivo en donde el olvido es imposible:
Breve descripción del olvido
ese perro ciego
enloquecido
mordiéndote el corazón
Balada de los 40 años (1992-1998). Imposible no mencionar que este poemario recibió los siguientes premios: Primer Premio II Segundo Concurso de Poesía en español y el Premio Queen Mary and Westfield Collage, London University, Inglaterra. Pueden ir sacando sus propias conclusiones si subimos el peldaño de los premios para llegar al de mérito propio. De este poemario destaco el aspecto evocativo, de la remembranza que siempre tintinea en el recuerdo. Cruzar la edad, pasar los años, llegar a ese número de cuatro décadas que trae consigo momentos irrepetibles en la memoria con lo bueno y lo malo que llegaron a ser. Todo esto está plasmado en el poema homólogo en donde más allá que melancolía, hay aceptación y sabiduría. Poema además dedicado a dos grandes escritores e intelectuales venezolanos como lo son (y lo digo en presente) Julio César Mármol y José Ignacio Cabrujas:
Mira amor
ya no me importa si soy vieja
o soy joven
si mis pechos se caen
por la más antigua y respetable de las leyes
la gravedad
todos lo saben
no descuenta porcentajes
Hago un paréntesis para comentar que en otro post haré una brevísima reflexión sobre Cabrujas, puesto que leyendo un artículo de su autoría del año 1973, quedo gratamente sorprendido al ver cuán vigente sigue su pensamiento en el 2009, más cuando dicho artículo, titulado “Compañero presidente”, es tan, pero tan ajustable al actual presidente de Venezuela.Volviendo a la Balada de los 40 años, no tengo mucho qué agregar puesto que el poema habla por sí mismo y lucho por hacerle honor a la brevedad que ya se me escapa de las manos.
Estirpe de lobos (1996-2002) Poemario inscrito en un estado de madurez absoluta, en donde lo sublime del espíritu que ronda el trabajo de la poeta, se exterioriza en la carne y en el deseo; en un delicado erotismo que a su vez no renuncia a su tajante irreverencia poética como a lo irónica que pudiera ser consigo misma, con el ser humano que escribe y con el yo lírico que canta y busca reflejarse en los lectores, dándole oportunidad a los demás en reconocerse en sus versos, en darle valor a los otros. Bien lo decía Octavio Paz: “La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia…percibir en lo uno lo otro, devolverle al lenguaje su virtud metafórica: darle presencia a los otros. La poesía: búsqueda de los otros, descubrimiento de la otredad”.
Dice en “Estirpe de lobos”:
Te escucho en este viejo blues
obstinada en tu memoria
donde tu piel grave y oscura
me acaricia
fugaz…
todo mi cuerpo tiembla
ante el esplendor
de tu piel…
Es su amante, su compañero, diana de sus versos. Es sobre el otro, y siendo más abstracto, lo otro a quien va dirigido su canto. En “Estrecha jaula del abrazo”, ya la pasión se transforma en animal y desborda en imágenes lo más elemental y primitivo del hombre:
Como un saurio que bebe
en el fondo oscuro y vegetal de tu sexo
como lobo de paso
así revive
mi hambre imposible de tu cuerpo
lengua de sal
y gemido oscuro de la carne…
Luego en “Trampas de la rutina” hace un breve alto sobre esa animalidad punzante que genera la carne y reflexiona:
No deja de asombrarme
cómo te prolongas en mí cada mañana obscenamente
…
razón tenía el poeta
la sabiduría consiste
en saber desaparecer a tiempo
Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006) cierra este quinteto de libros antologados en orden temporal. No obstante y después de la respectiva lectura, puede notarse con claridad no tanto la evolución de la poeta puesto que desde muy joven su madurez y lo precoz de su pensamiento era más que evidente, sino más bien el tránsito por diversas instancias que la vida le puso en su camino, situaciones por las cuales todos pasamos en algún momento, cosas más cosas menos. Por ello al principio hablaba sobre una coherencia en el orden de la antología y no de una escisión conceptual de su trabajo poético y sus libros. Coherencia que va en la misma dirección de los avatares que la vida va dejando a su paso, que además permite la grata auto identificación del lector y por ello mismo mencionaba el valor sobre la otredad como elemento que incorpora e integra, que respeta y no divide en su función poética. Bien lo decía Mariano Picón Salas que “la literatura no es tanto el “para qué se hace” sino el “cómo” se realiza la obra”, ya que la misma, la obra, bien sea poesía, narrativa o cualquiera de sus manifestaciones, tiene una ineludible función social puesto que es la palabra esa herramienta con la cual se comunica, es sentido, es forma y la misma llama a la conciencia y a la reflexión.Creo que las siguientes palabras de este admirado pensador venezolano son más que elocuentes: “cuando la obra ofrece no sólo el engranaje misterioso de los sueños del artista, su estructura de formas únicas, sino también un lenguaje que hiere o conmueve a otros hombres…el arte parece descubrirse por primera vez”. Es estar claramente frente a una función que va más allá de lo estético, que se clava en lo humano y por tanto en la palabra y el pensamiento. Así el artista, en este caso el poeta,revive “esa lucha que acontece en el subconsciente del hombre con sus potencias o sus sueños entrañables”(dixit).
La mejor manera de hacer honor a la brevedad que no pude conseguir, es cerrar con un hayku de este libro para que esa paciencia del lector no se desprenda de su árbol como un perro furibundo:
Hayku del testamento sumario
mi vida ha sido
suave melodía que se extingue
tan sólo viento entre los maizales
La paciencia aún continúa amarrada a un árbol: en nuestros días es una virtud y una necesidad hacerlo.
Hay ciudades que se niegan a morir o siendo más implacable, que nunca llegaron a serlo. Espacios que por más que se esforzaronen alcanzar cierta urbanidad, no pasaron de estar atrapados en la densa neblina de lo rural, lugares detenidos en el pasado que rememoran en el presente los pasos de un progreso que llegó torcido, que nunca se aprovechó o que pasó de largo. Esto aplica a muchas ciudades del país, y como venezolano que soy, creo que tengo le derecho de decirlo sin máscaras y con una profunda tristeza. Hablo del caso particular de Cumaná, capital del Estado Sucre para mayor referencia (de vez en cuando algún amigo de otro país me lee, por eso el comentario geográfico).
Si partimos de los elementos más fundamentales de la economía de un estado, conseguimos que en Cumaná el turismo debería ser bandera, punta de lanza y fruta madura para el consumo humano, si me permiten la imagen. Para todos los que conocemos medianamente el país, y Sucre para ser más específico,sabemos que sus playas son de las mejores del mundo. No obstante y a pesar de esta bendición de la naturaleza, el turismo no ha sido aprovechado como sí lo han hecho pequeñas islas tales como Curaçao y Aruba tan cercanas a Venezuela, en donde la atención y las infraestructuras hoteleras, entre otras, nos superan en términos escandalosos. Caemos nuevamente en el lugar común: la gente esto, la gente aquello. Es así. A nadie pareciera importarle cuidar un poco lo que tiene, aunque sea con algo tan tonto –para algunos –como recogerlos restos de lo que se consume a la orilla de una playa.
Pero volvamos a la ciudad. Si esto sucede en las playas de la entidad sucrense, que se supone que son el lugar predilecto para el disfrute y esparcimiento de propios y ajenos, qué puede esperarse para otras fuentes de turismo que no impliquen bronceador, arena y agua de mar. Rodando por las calles de Cumaná se puede atestiguar, uno, el pésimo estado de la vialidad y dos, la cantidad de indigentes que pululan en las calles (ojo, y alguien que es de aquí me comentó que hay menos indigencia que antes gracias a ciertos planes aplicados por la gobernación. Bravo).Al mismo tiempo pueden verse algunas construcciones y remodelaciones que parecen perpetuarseen el tiempo, puesto que si bien es cierto que tenía más de dos años que no venía por estas tierras, nunca terminas de ver la ciudadarmada, ordenada, con atisbos de un mediano progreso. Insisto que esto es lo que yo percibo y que a la vez se solapa con el comentario de habitantes de la región que opinan exactamente igual. Esto más que aliviarme por la fatídica coincidencia en el sentido de no haberme equivocado, lo que hace es causarme frustración como venezolano.
Después de los compromisos de rigor pude ir a dos lugares pendientes en mi agenda personal, por ello en parte todas las líneas anteriores. Entré a la casa natal de Andrés Eloy Blanco, uno de los mejores poetas y escritores de Venezuela. Me impresioné por la historia, por los objetos, por las estupendas fotografías como huella indeleble de lo que ha sido nuestra cultura y nuestras letras. Cómo olvidarme de esa foto en donde Andrés Eloy posaba junto a un par de amigos: Rómulo Gallegos y Mariano Picón Salas. Casi nada. Hay un largo etcétera que pudiera enumerar. No obstante, en este sentido apocalíptico con el cual me dio por escribir hoy, lo que quiero destacar es el mal estado en que está la casa, no en su fachada externa puesto que está impecable, sino en su parte interior.El piso, las paredes y un sin fin de cosas más dan lástima. Incluso observé una habitación llena de trastes, desechos, porque no tiene otro nombre, en donde había cualquier cantidad de cuadros, pinturas, que de seguro alguna vez fueron parte de la decoración. Quién controla esto, quién tiene la noble tarea de darle vida a una casa que hoy pudiera ser un lugar de interés para muchos, en términos históricos, culturales y turísticos. Por qué no se le ha dado el trato merecido a este lugar que vio nacer a un ilustre venezolano de las letras. Estas interrogantes me retumbaron mucho más en el pensamiento, cuando al lado de la casa del referido poeta, está la rimbombante gobernación del Estado, que de seguro e intuyo puesto que no entré, ha de ser una tacita de plata.
Más allá, en sentido hacia la iglesia Santa Inés, a penas a una cuadra de distancia, está la casa Ramos Sucre. Por fin pude entrar a la casa de nuestro ilustre suicida, poeta fundamental para la historia literaria venezolana. Aquel lugar es un oasis en medio del sofocante clima cumanés. Es perfecto para hacer memoria y cuenta de lo que fuimos y somos hoy día como venezolanos y de acercarse en un viaje imaginario al mundo que rodeó al poeta José Antonio Ramos Sucre. Esta casa, a diferencia de la de Andrés Eloy Blanco, está finamente cuidada. Cada detalle, cada baldosa en el piso, fotos, muebles y un sin fin de cosas más, están
embalsamados por la magia del lugar y el cuidado evidente de quienes allí trabajan. La cama en donde nació en la misma posición de hace más de un siglo; el closet de casi dos siglos que le perteneció a su abuela y la foto de la mujer que desbordó pasiones en el poeta y sentidos poemas están en esta casa. Esto ya justifica la visita aunque hay muchas cosas más.
Ahora, la pregunta de rigor: por qué la casa Ramos Sucre luce intachable con respecto a la de Andrés Eloy; por qué en una se nota el esfuerzo y el cariño por preservar la memoria de un poeta como elemento enriquecedor de la historia y la cultura de un país y en la otra no. Aclaro que no es que se esté cayendo a pedazos la casa del creador de Píntame angelitos negros, no. Es que después de entrar a la casa Ramos Sucre la diferencia y la comparación es inevitable. Por ello hablaba del tema turístico, puesto que son un par de lugares que aún no han sido explotados como se debería y porque en palabras de alguien que allí trabaja y que prefiero omitir su nombre, me dijo “esto se lo pasa solo”. Es decir, que casi nadie va, uno que otro estudiante y uno que otro loco como yo que viene a enterarse un poco de la historia literaria del país.Tan es así el tema de la poca planificación turística en el Estado, que un imponente castillo ubicado en las alturas de Cumaná, construido posiblemente en el siglo XVII, estaba vacío, cerrado, cadenas de por medioen plena época vacacional y ni siquiera tenía una placa que dijera el nombre del castillo, al menos no en su interior. Puede inferirse que hasta eso pudieran robarse. Por fuera se aprecian algunas ergástulas, las mismas que empleó Ramos Sucre en su imaginario poético tal vez inspirado en éstas y sentir el olor del mar mientras los viejos cañones siguen apuntándole a filibusteros ya fantasmas.
Para terminar como hecho curioso, dicen, cierto o falso pero hermoso, que todas las mañanas la cama del poeta amanece con un delicado y fresco rocío sobre las sábanas blancas como muestra de su eterna visita al lecho y a la cama que lo vio nacer. Hay muchas cosas por hacer en esta tierra, en esta ciudad, y una de ellas es rescatar la memoria de quienes fueron nuestras primeras voces universales.
A manera de post escrito, un corolario irresistible:
Todo lo anterior lo escribí la noche previa a mi retorno. Me pareció que cerrar con la frase “primeras voces universales” quedaba de perla, pero como a mí me persiguen ciertas situaciones a donde quiera que vaya, no puedo dejar de contarles que, y atendiendo al orden de ideas en el plano turístico, que en el Aeropuerto “Internacional” Antonio José de Sucre (las comillas van con la mayor sorna posible), no funciona el aire acondicionado. ¿Pueden imaginarse el deslave sudorífico que emanábamos todos los allí presentes? Sí creo, háganlo. Hay que llegar mínimo dos horas antes para hacer los respectivos chequeos y se podrán figurar aquel sauna inmenso. Qué inhumano trabajar bajo esas condiciones y ofrecer una sonrisa a los viajeros, cuando la ciudad arde a la sombra a treinta y seis grados centígrados. Lo crucial es que ya son “ventiun días sin aire acondicionado” tal como me dijo el señor que amablemente me atendió en el restorante. ¿Esto es turismo? No me joroben.
-Consomé de guacucoy luego un pargo frito con ensalada, arroz y tajada, barato…
-Entrar a la casa Ramos Sucre, totalmente gratis…
-Vista de la bahía cumanesa desde el castillo, espectacular…
-Un aeropuerto con aire acondicionado, no tiene precio…
En el proceso de relectura que hiciera recientemente de El falso cuaderno de Narciso Espejo, me hallé con subrayados que hice hace mucho tiempo y que hoy compartiré en estos escombros. Acercarse nuevamente a la obra de Guillermo Meneses siempre deja un grato sabor en la memoria a través de su magistral narrativa. Es mantener viva la palabra de un venezolano ilustre de las letras cuya prosa desborda luminosidad y fino estilo. El trabajo de este notable narrador será siempre fundamental para todos los amantes de las letras nacidos en Venezuelay una ventana extraordinaria por medio de la cual amigos de otras latitudes puedan aproximarse al “cronista de Caracas” como también se le conoce.
Diez subrayados extraídos de El falso cuaderno de Narciso Espejo.
Soy, en cierta manera,escritor. Digoen cierta manera, porque no es la literatura actividad de la cual derivemis medios de subsistencia; ni siquiera he logrado esa aldeana seguridad que produce la pequeña gloria formada por las favorables opiniones de la ciudad donde hemos nacido.
He negado la imagen de Dios manchada de humanas apetencias igual que he negado el místico ímpetu de ascensión hacia lo divino apoyado en podrida materia. Temo frecuentemente que fango y misticismo continúan acompañándome.
En esto me parezco a otro amigo –José Vargas– contra el cual, además, guardo definidos rencores, por actos que no tengo por qué relatar aquí.
Solterón, escritor en cierta manera, comentarista de la obra ajena, los movimientos de mi razón y de mi sentimiento se corresponden en un pequeño mundo fabricado a mi medida, sin precisa relación con esa serie de apariencias a las que llaman realidad.
Toda falsificación supone un original, interesante –entre otras razones– porque mereció corrección y engaño.
Al menos los labios de Narciso se movían como si dijese secretos de amor sobre la piel del agua.
Los sueños son los espejos del futuro.
Bien podía ser lo cierto que fuera yo el chico que nació en el pesebre de Belén, con derecho a ser adorado por todas las gentes del mundo.
El cambio de la palabra en los juegos de la sintaxis. Me parecía que podía tocar el fino movimientode las preposiciones en sus ataques contra el sustantivo, cuando lo hacían cambiar de lugar, de tiempo y metían dentro de él o corrían a su lado o se apartaban en lejanía.
Sí. Yo había escuchado muchas veces esos razonamientos conforme a los cuales Dios era un personaje capaz de valerse de una serie de artimañas para imponer su voluntad en el corazón del hombre y luego, cuando ya éste sentía como propios los designios divinos, el personaje sonreía sarcástico, complacido de su astucia.
Gracias al poeta Frank Ziccarelli por darme el honor y la oportunidad de dar una breves palabras en el bautizo de su libro. Esto fue lo que dije:
Quisiera comenzar estas breves palabras haciendo un par de preguntas, incógnitas que siempre me asaltan cuando intento escribir, bien sea poesía u otra cosa: ¿Qué es aquello que diferencia a un poeta de un no poeta? ¿De qué herramientas se vale para subir un peldaño más dentro de la sensibilidad humana y conquistar con dicho avance, un verso, un poema –si no perfecto– al menos que satisfaga el propio yo poético? La primera respuesta que se me ocurre, aplicable a cualquier instancia en la vida, es la humildad, virtud que sin duda alguna le sobraba a uno de nuestros grandes poetas como lo fue Eugenio Montejo –para mayor referencia– y que es una de las características del poeta Frank Zicarelli; la segunda respuesta, la cual más de uno ya debe intuir y resulta más que obvia, es la palabra, herramienta temible, implacable, que una vez proferida no tiene reversa y en su alud de significados puede ser avalancha mortal para algunos o suave caricia para otros.
El poeta como entidad que transpira una imagen romántica de la vida, es un ser humano como cualquier otro, ni más ni menos. La única diferencia entre estos seres humanos, esto es, entre un poeta y un no poeta, es el oficio, el ejercicio temerario de no dejarse vencer por el cansancio mental, que en ocasiones, pudiera privarlo de fantásticas metáforas e imágenes. Esta labor, esta entrega del poeta, es un acto estrictamente devocional sobre el cual forma su estilo y su propio camino, en resumen, debería ser un gran disciplinado "en" y "por" la palabra.
Husmeando como siempre en una reconocida librería de la capital, conocí al poeta Zicarelli entre cafés y tertulias literarias. Nos paseamos por recomendaciones narrativas y poéticas hasta entrar en una confianza ganada por el tiempo y los gratos y repetidos encuentros en la misma librería. Llegó el momento entonces de leer su poemario Garabatos y de tenerlo como invitado el primer domingo del año 2009 en el espacio “Librería Sónica”, que valga decir, se transmite todos los domingos a las 11 de la mañana en Radio Caracas Radio 750 AM desde el año 2007. Este, su primer poemario al menos impreso, me llamó la atención por su forma y luminosidad, la misma que se evidencia en su poemario Skirlas, y es que, uno de los elementos que más desborda en ambos textos es su personalidad y su estilo bien definido, que en la gran mayoría de los casos, me resulta enigmático a través de su recurrente desacralización del lenguaje, en donde la lectura nos deja en un grato limbo irresuelto de imágenes, que resuenan y perduran en la memoria más allá de la lectura. En su poema “La epístola” incluido en sus Garabatos, dice:
Cuando tacho la palabra / queda el hueco / El vacío silente / El espacio único / queda en fuego omnisciente.
Ya lo decía Octavio Paz: “El silencio mismo está poblado de signos”. Ese tachar de palabra, ese hueco, no es más que ejercicio poético, es, y valga el término, la poeticidad del poema que busca autosatisfacerse como obra de arte, hecho sobre el cual Ziccarelli tiene un largo trecho recorrido, puesto que más allá de la poesía, su espíritu está enriquecido por la pintura, el teatro y la escultura, situación que, hace de su trabajo escritural una amalgama de herramientas artísticas. El arte, valga decir, es un misterio que ha trascendido a través de todos los tiempos y uno de sus principales atributos más allá de cualesquiera de sus representaciones, es la capacidad que tiene de ocultar y develar lo que transmite, lo que dice, y a la vez, de mantenerlo en sus entrañas como epicentro enigmático de significados.En el poema “Bahía postmortem” de Skirlas dice:
Para el poeta / que transporta su alma / con la cautela de los vientos / no está claro / cuando escribe de los tormentos / de la noche
Aquella tachadura de palabra que deja una vacío, “un hueco” y por tanto una incertidumbre, referida en su poema “La epístola”, halla su inevitable correspondencia cuando dice que el poeta "no está claro /cuando escribe de los tormentos / de la noche" en su poema “Bahía postmortem”. Asume y se responsabiliza del riesgo de su acto poético al transportar su alma “con la cautela de los vientos”. Como bien dijo otra de nuestras voces poéticas fundamentales como la de Hanni Ossott:
“La poesía es riesgo puesto que es alma…Todo en ella es aparentemente inconcluso, provisional, equívoco, sombrío. La moralidad no entra en ella. Por eso la poesía es amoral, carnal, sangrante, doliente…Quienes se entregan al alma y a la poesía trabajan desde la imagen del marinero que lucha en el mar”.
Para terminar, debo decir que “Skirlas” es un poemario, que más allá de alcanzar contundentes imágenes poéticas, arriesgadas en la mayoría de los casos, es un hermoso homenaje que el poeta rinde a sus ancestros más cercanos a través de sus heterónimos y me llama poderosamente la atención la recurrente presencia de dos animales: Mamuts y gatos. Tal vez y asumiendo ese riesgo poético al que se refiere Hanni Ossott, me atrevo a decir que los Mamuts están presentes por la trascendencia que pretende e intenta alcanzar todo poeta al hacer su trabajo, para dejar su huella en el tiempo, tal como hicieron aquellos mastodontes; y de los gatos por su astucia, el sigilo y la osadía, la misma que Zicarelli imprime en sus versos. Frank, en su poema “Ready made exquisito”, dice que pretende ser “un duende imaginario / que reflota / x la paz de los huesos /eso sí / full equipo". Y creo que lo logró, que es duende, y va full equipo con su poesía.
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