18 jun 2009

Bartleby y compañía


El “No” como motivo, tal vez como herramienta grandilocuente que arrastra a muchos escritores a un abandono total del oficio, como si después de haber publicado un texto exitoso o no, ya siendo un primogénito o la sucesión de varios trabajos, es lo que aborda Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas.

En tono de ensayo, el autor nos muestra la historia de un personaje que se traumatiza por causa de su padre puesto que éste decide no escribir más después de publicar su primera novela. Con argumentos, algunos verídicos y otros seguramente inventados, el autor desarrolla una especie de vademécum mundial del “No” literario, que más allá de incitar al juego aclaratorio de cierto o falso, de la eterna dicotomía literaria de lo ficticio y lo real, pareciera que lo más importante es detallar el andamiaje con el que sustenta su idea a través del camuflaje vilamatiano que se da entre el autor y la voz narrativa: “Siempre me ha funcionado bien este sistema de viajar a la angustia de otros para rebajar la intensidad de la mía”. Salta la duda: quién lo dice, el por qué resulta irrelevante.

Ese viaje angustioso, yo diría más bien literario, se va formando gracias a la espléndida visita que hace Vila-Matas al inventario mundial de voces que marcaron un hito importante con sus obras para confirmar su teoría: desde Camus y Sartre, hasta Rulfo y Borges; pasando por los premios nobel Canetti y Saramago, hasta Stendhal y Cervantes, Rimbaud y Valèry, por mencionar sólo algunos.

Bartleby y compañía, inspirado en un personaje de Herman Melville, es envolvente porque incita a retomar voces fundamentales de la literatura o acercarse a ellas si jamás se les han oído. En la obra, el narrador confiesa lo azaroso de su trabajo, lo fragmentario de su acercamiento a hombres prominentes de las letras que resolvieron entregarse al olvido literario: “tema laberíntico que carece de centro, pues hay tantos escritores como formas de abandonar la literatura, y no existe una unidad de conjunto y ni tan siquiera es sencillo dar con una frase que pudiera crear el espejismo de que he llegado al fondo de la verdad que se esconde detrás del mal endémico, de la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes”.

El síndrome de Bartleby es aquel que libera a la mente literaria del incontrolable impulso de testimoniar todo sobre el papel en cualquiera de sus formas narrativas o poéticas. En esta obra se marca claramente una obsesión por el tema de la imposibilidad de escribir, de la literatura como una pandemia, que irónicamente, pudiera generar otros estilos o tendencias, “danza de las que podrían estar ya surgiendo nuevas construcciones de la sensibilidad”.

El texto va de la abstinencia escritural como resultado de alguna misteriosa decisión que lleva a los escritores a decir basta, no escribo más. Síndrome que afectó sin duda alguna al padre del narrador y que por el contrario, no ha afectado a Vila-Matas cuya extensa obra habla por sí misma. Quizás por ello el autor camufla su voz con la del contrariado copista para descubrir junto a él los motivos que llevaron a su padre al mutismo literario absoluto, unificando sus voces incluso para reconfortarse del exigente trabajo: “He trabajado bien (quién, el copista o Vila-Matas) puedo estar contento de lo hecho. Dejo la pluma porque anochece...Mi mujer y mi hijo están en la habitación contigua, llenos de vida. Tengo salud y dinero suficiente. ¡Dios mío qué infeliz soy! Pero qué estoy diciendo, no soy infeliz. No he dejado la pluma, no tengo mujer, no tengo hijos…no tengo dinero suficiente, no anochece”.

Extraordinario libro que no tiene desperdicio.

17 jun 2009

Claxon

Hay un claxon en mi pecho
suena
revienta
un duro esputo quiebra el silencio

tamborilean mis pulmones
en un instante de duda
mientras mis manos son felices
en los vértices del llanto

migran las tiernas arañas de su escondite
y en su lugar queda
el estertor de mis adentros:

pinceladas verdes
dolor de siglos
recuerdos.

12 jun 2009

Gomorra


Lo más duro al leer Gomorra fue hallar infinitas similitudes entre la bota de Europa y Venezuela. El caos, el miedo y el terror de lo que allí se vive es el mismo, o al menos muy parecido, al que enluta nuestros hogares. Tal vez en Italia eso haya cambiado un poco, no lo sé, puedo presumir que no considerado que Roberto Saviano sigue siendo amenazado y vive itinerante dentro de su propio país y el mundo, al mejor estilo de Salman Rusdie. Allá es la mafia, la Camorra, aquí le llamamos hampa organizada y común; allá son los “killers” quienes llevan la muerte por encargo, aquí hemos adoptado a los “sicarios”, que en Colombia y ahora en Venezuela, forman parte de un negocio rentable junto al secuestro Express o el de modalidad prolongada; allá son los “boss” aquí son los “cabecillas”…


Hablo de similitudes porque la impunidad sale a toda hora a las calles y no hay nadie que haga nada, a menos que sean los mismos mafiosos que acaben con sus adversarios, los cuales pugnan tanto como aquellos por el poder absoluto: en el tráfico de drogas; en el tráfico de armas, cuyo tentáculo abraza hasta la propia milicia del estado italiano; en la manufactura ilegal de las mejores prendas de vestir coronadas con las marcas más prestigiosas de la moda italiana y mundial; extorsión y explotación laboral; despeje ilegal de desechos tóxicos de importantísimas empresas. En fin, toda esta problemática está explícita y de buena fuente en Gomorra, en donde el propio autor es el testigo de las atrocidades allí expuestas, asumiendo el riesgo que implica “la inútil batalla en la que estás seguro de desempeñar el papel del derrotado”, en donde “hay algo que debes preservar y saber. Debes estar seguro de que se reforzará gracias al derroche de tu compromiso, que tiene el sabor de la locura y de la obsesión”.


En este libro se entabla la guerra contra un monstruo omnipotente que compra bolsillos y conciencias, que paradójicamente desaparece cuando la ley quiere apresarlo: “Camorra es una palabra inexistente (para la) policíaes una palabra que hace sonreír a los afiliados…un término elocuente, un mecanismo más que una estructura”. Los adeptos y suscritos al macabro club se refieren al mismo como al “Sistema”, dejando a los estudiosos la utilización del término camorrista. Gomorra en un libro sumamente crudo, en donde página a página los trazos de crueldad son inimaginables. Nápoles, una ciudad atravesada por la mafia, epicentro de una industria violenta que se expande a muchísimos países más allá del continente europeo, que según el propio Saviano es “el lugar con más muertes por asesinato de Europa” (así como Caracas lo es en Latinoamérica), ve morir a sus jóvenes con pasmosa indolencia y conversar de un tema que antaño era menester de ancianos. El autor atestigua la siguiente conversación:


-Yo quiero morir como esta señora. En la cabeza, pam pam…y se acaba todo.

-Pero le han dado en la cara, y en la cara es peor

(…)

-Es mejor que te den en el pecho, no?

(…)

-No, en el pecho hace daño, mucho daño, y tardas diez minutos en morir. Tienen que llenarse los pulmones de sangre, y además, el impacto es como si te clavaran un alfiler de fuego y te lo removieran dentro. Hace daño hasta en los brazos y en las piernas. Ahí es como un mordisco fortísimo de serpiente…En la cabeza es mejor; así no te meas encima y no se te escapa la mierda. No te pasa media hora agitándote en el suelo…


Este libro es como una versión escrita de alguna película de Tarantino pero sin actores, con personas de verdad, curtidas en la mafia y la muerte, que impacta porque lo contado se escapa de un guión cinematográfico para reiterarse como verídico, como cierto. Estas situaciones retumban en la mente del lector más aún si se vive en una ciudad tan violenta como Nápoles. Lamentablemente Caracas y muchas otras se dan la mano en este triste sentido. Gomorra estresa y preocupa, no es una lectura para el relax.


Si quieren leer algo “venecamorrista” visiten:

http://www.eluniversal.com/2009/06/12/sucgc_art_la-psicologa-recorri_1428269.shtml

11 jun 2009

Octavo capítulo: El poeta del Mar de las Perlas

(Los capítulos anteriores en el tag Neftalí Noguera Mora).

Se entiende y arquea la cúpula del cielo, sentimos el ondulante puente debajo de nuestros pies...los acentos de misterio invisible, las vagas y vastas sugestiones del mundo oceánico, las sílabas líquidas que se derramen.

Walt Whitman.




Desde Amberes tengo a un poeta de poetas como insustituible vecino de noches y alboradas marineras: es Pedro Rivero, huésped del buque “Nueva Esparta”, en el camarote número 2. Después de salvar la corriente plomiza del Escalda, entramos en la zona portuense de la ciudad de Rubens, en una mañana excepcionalmente clara y fresca. Son lluviosos, húmedos y oscuros los días en las ciudades flamencas de Bélgica; pero este de nuestro arribo -24 de julio- es un día integralmente venezolano, de cielos claros, de sol envolvente y de luz profunda, de esa luz enigmática que sólo se da en los trópicos y nos mantiene en lucha con la naturaleza, mientras el párpado herido se contrae y la pupila pugna por derramarse como la misma luz sobre el imperio de todas las cosas. Me hace recordar, con nostalgia, el poema “Enigma de la luz tropical” de Pablo Rojas Guardia. No hemos olvidado que es una fecha de amor patriótico.

Encima del “ondulante puente” del Escalda y del sobrepuente del navío viajero, nuestros ojos tratan de sorprender difícilmente entre aquella monstruosa estructura de concreto y de hierro, que es el gran puerto, la figura amiga que se nos ha anunciado para recibirnos al arribo. Y allí está, por fin. Pedro Rivero en el muelle 186, con la mañana creciendo en su bondad y una rosa solitaria agonizando en el ojal de su americana.

Enfermo y cansado, más en el espíritu que en la materia, que no es siempre el pan cotidiano el que alimenta a los poetas verdaderos, el artista de “El mar de las perlas”, hijo de marinero y de una isla marinera como ninguna –marino él también– llega hasta el barco de su pueblo como quien escapa de un naufragio hacia su vieja tabla salvadora. ¡Ah, Pedro Rivero, hondo poeta y hombre, buscando la nave de su Margarita, que “el corazón abisma en lo profundo”, para transportar la carga de sueños hacia la costa nutricia de su noble sensibilidad! Ha comprendido su mal Pedro Evaristo, el Capitán, tan marinero y tan margariteño como el poeta de su barco y de su tierra. Por eso, desde un día de verano sobre el puente del barco que lleva el nombre de la isla, empezaron a acomodar los vientos y los sueños, cual navegantes de altura, un capitán y un poeta de La Margarita, encontrados como la ola y la playa sobre los muelles del flamenco puerto mercader.

Pedro Rivero vivía en Europa por la piedra y por el mundo de la piedra. De él recibí la lección del tiempo, de la densidad y la realiza del tiempo, en la admiración nocturna de las viejas catedrales, que tanto apasionara a Rodin. Costaría olvidar la de Sainte Gudule, en Bruselas, cuando la vimos sobre la medianoche, como el ánima en gracia de pretéritas edades. En su pátina impresionante, nacía para el poeta otra catedral: la del sueño. Vivíamos su obsesión del diálogo solitario con la piedra en el encanto antiguo de Brujas, de Lieja, de Malinas y de Amberes, el solar de Rubens y de su arte. ¿Cuál otra constancia viva queda, en efecto, de viejas civilizaciones, en aquellas tierras, escogidas por el destino para escenario de los más contradictorios hechos de la historia? Ninguna otra que no sean, a mi modo de ver, las huertas de Malinas, que parecen haber nacido con la ciudad y los encajes de Brujas, que emulan la eterna telaraña de la niebla tejida finamente para adorno clásico de la ciudad, por los días fundamentales del invierno. Todos estos pequeños y grandes primores tienen ya un largo camino andado en el mundo del poeta. A su lado, la penumbra obsesionante de la Gran Plaza, en la capital belga, con la casa del Rey y del Duque de Alba y el Hotel de Ville, me pareció más lejana y más embrujadora. La gravedad del tiempo que allí se mide nos saturó como a las esponjas los vinos añejos.

Hay en realidad mucho de fantasmas sombríos en el arte circundante de la majestuosa morada, desde donde Felipe II erigiera su torvo imperio de fanatismo e intolerancia. De aquella pira inquisitorial parecen levantarse acusadoras las sombras de los Condes D’Egmont y D’Hornes. Pero el tiempo y su medida son inagotables en la popa de la carabela de los tercios de Flandes, que corona la noble arquitectura de una de la nobles moradas de la Gran Plaza. Civilización y barbarie afloran al recuerdo en estos monumentos. Bajo la obra limpia del artista, se elabora el designio turbio del inquisidor. Sobre la elocuencia muda de la piedra, se perpetúa la acusación doliente contra la crueldad. Sobre la misma piedra que unió con argamasa el vasallaje.

Si para hablar de Rivero, me acojo a estos recuerdos, se debe a la razón de haberle penetrado más profunda y emotivamente en este arrobamiento de lo secular, en ésta su recogida meditación ante la pátina. En aquella Europa sufrida, engañada, incrédula e insegura de su porvenir que dejó la guerra, el poeta quizás vería en la discreta luz de la pátina, que producen las catedrales del Viejo Mundo, el camino iluminado hacia el amor, la justicia y la bondad del credo cristiano, con el que se siente tan reconciliado en esta apacible ensenada de su vida.

Hemos reanudado el diálogo en los días largos y esperanzados del mar. Lo siento ahora más poeta y más profundo que lo conociera antes. Ama cierta poesía activa del sacrificio y de la abnegada aventura. Tal, por un lado, la titánica lucha con lo temporal en Charles Foucauld y la victoriosa refriega de Arthur Rimbaud contra la frustración. El apóstol del desierto africano realiza, como santo, una de las conquistas básicas del arte: la perfección del espíritu por el desprendimiento. Y Rimbaud, prematuro renegado de la belleza, también la realiza en el misterio de su diabólica transfiguración.

Alguna noche, acodado sobre la baranda del puente, con sordo acompañamiento de olas, me ha hablado del poeta como de “la fantástica criatura, sabia a la par que loca”, exaltada de Emerson. Pero ha sido en el mar, solamente en su mar y junto al trepidante corazón de las islas donde me he hecho comprender la razón poética de Rimbaud “lanzando uvas ardientes sobre las bahías”.

Pedro Rivero es –habrá de ser por siempre –el poeta del mar y las ciudades. Si “El mar de perlas” define su gran mundo nativo de belleza, ya danzan en la marea de su espíritu yodado y salitroso “Las islas en flor” y “Las ciudades”. Islas que sólo florecen para sus ojos y ciudades, oh! Las ciudades que sólo responden al llamado de su infatigable alma viajera.

Como en Europa me inició en el idioma de la piedra y de la pátina, sobre el mar, el lúcido habitante del camarote número dos me ha venido enseñando la geografía sentimental de los cielos estrellados, merced a la vieja herencia noble del navegante que fue su padre, el Capitán de Navío. Para estas noches en las que sólo la profundidad de una estrella sobre el cielo o bajo el mar ennoblece el hastío, ha escrito el encanecido navegante esta oración:

Asciende así la voz a la luz bella
como al santuario de impasible amante:
-Estrella azul, pizca de sol: diamante;
diamante azul, celeste lis: estrella…

Y lírica en los ámbitos destella
La dulce maravilla fascinante,
suspiro del poniente y del levante,
deidad remota de irisada huella.

En alas del silencio voló el grito.
La voz ferviente alcanza lo infinito.
Y los cielos responden la querella

en lo inaudible de su voz distante:
-Estrella azul, pizca de sol: diamante;
diamante azul, celeste lis: estrella…”


Quizás, por primera vez en la historia de esta publicación, la “Guía de Bruselas”, compilada y organizada por buenos poetas belgas, trae la colaboración de un venezolano. En la edición de este año, aparece un delicado poema de Rivero al “Manneken Pis”, uno de los más pequeños pero originales monumentos que la ciudad ofrece a la curiosidad viajera y que, por lo conocido, huelga describirlo. En detalles, tan imperceptibles como éste, se traduce el sibaritismo del artista en la interpretación de su mundo circundante.

En el mar he logrado convencerme cómo Pedro es un verdadero poeta del mar. Llega insomne hasta el país de la madrugada, de pies junto al puente de la nave, como acechando el más leve movimiento de la ola y el pestañear lejano de una estrella. Viejo timonel de la armonía, sostenido en pie por embrujo de la noche y por la antigua ración de fortaleza de la brisa. Ahora es cuando parece que estuviera caminando su invocación:

Dame la plenitud de mi destino.
Nací del mar. Sucumbiré marino.
Devuélvame la gracia de tus dones.
Aparta las sirenas de tu mundo.
Y déjame luchar con los tritones
en tu misterio de zafir profundo.

Menos enfermo y cansado que al comienzo del viaje –quizás con el contacto de sus gentes –regresa Don Pedro Rivero a su tierra, archipiélago florecido de cantos, desandando el camino por donde llegaran a la tierra firme las noticias de la cruz, hace tiempo enraizada en su espíritu, como un coral de luz en el fondo del mar.

Mar Atlántico, agosto de 1946,
a bordo del “Nueva Esparta”


9 jun 2009

Talleristas arrasan en los inéditos de Monte Avila 2009



A parte de ser ganadora de la vida, por madre y profesional, mi compañera Linsabel Noguera (pomarrosasycerezos.blogspot.com) ganó el Concurso para Autores Inéditos 2009 de Monte Avila Editores en la mención poesía. Es un honor compartir los micrófonos de Librería Sónica con Lin y ahora más que nunca cuando ha recibido tan merecido premio por su trabajo. El jurado comentó sobre su poemario que con un “tono íntimo, de confidencia, se conforma la propuesta escritural de Linsabel Noguera en Poética doméstica, en la que lo femenino, la evocación de la infancia, de los afectos, se entrelazan con un presente donde lo cotidiano lacera o construye un universo nuevo. Y en este corpus, no están ajenos los lugares en los que se transita, haciendo así una simbiosis de lo amoroso en la que participa el sujeto amado pero también la ciudad y sus avatares.”

A parte de esta gratísima noticia, amasa más, tenemos que la otra ganadora en la misma categoría poética fue Acuarela Martínez (acuaspace.blogspot.com), que según el jurado el poemario Incluso cuando nada digo “aborda lo amoroso sin cortapisas, la sensualidad se expresa en una voz donde lo femenino se hace cuerpo de una poética. El verbo se alza desde la contundencia, con imágenes limpias, despojadas de ripios y retórica.” Ambas poetas, más allá del evidente trabajo y compromiso con la palabra que las une, del oficio necesario para concretar la imaginería que se busca con ahínco, a veces con un esfuerzo inimaginable en tiempo y pensamiento, comparten actualmente el taller de poesía “Imago Mundi 2009” dictado por la poeta venezolana Mharía Vázquez Benarroch, que al parecer, le ha dado por tallar poetas, untando quién sabe qué néctar sobre sus lápices para producir ganadores, y es que en la edición pasada de los premios inéditos de la reconocida editorial las ganadoras Beatriz Calcaño y Dayana Fraile, también formaron parte del exigente y productivo taller. Tuve la suerte y el honor de participar como invitado en el taller “Imago Mundi”, allí conocí a Acuarela y a su poética y corroboré por mí mismo, que allí se trabaja, que allí se labra el verso esquilmando palabra tras palabra. Siguen en aumento mis lecturas pendientes, mis felicitaciones poetas.

Para mayor información sobre los ganadores en las demás categorías visita www.monteavila.gob.ve

4 jun 2009

William Ospina, ganador del Premio Rómulo Gallegos XVI


Entre polémicas generadas en la opinión pública, bien sea por los miembros del jurado o por el irrefrenable tema político que forma parte de los ingredientes culinarios venezolanos, tan fundamentales como el pimentón porque nunca falta en cuanta sopa y consomé se prepare, se dio a conocer el ganador del prestigioso premio Rómulo Gallegos en su XVI edición. William Ospina, periodista, poeta y ensayista colombiano, que también obtuviera en 1992 el primer Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura, se llevó los laureles del éxito por su novela El país de la canela. Es curiosa la variopinta opinión de muchas personas ligadas a la literatura sobre el veredicto: algunos reconocen que su trabajo es excelente y que se merece el premio más allá de que simpatice con el mandatario venezolano; otros, dejan de lado el aspecto literario para enfocarse en el machacado tema político, de donde se supone, hubo alguna preferencia para la deliberación final del jurado.
Más allá de esto, es una lectura pendiente y si es por trayectoria y trabajo, supongo que el autor ganó merecidamente y en buena lid el premio.

Rajadura

Soy rajadura porque así lo quieres

ese palpitar que ahora es mío

así lo reza

reverberando en mi ausencia

que te duele


ya tus ojos estreñidos

no ven la luz

en este cabaret de lenguas

que en el fondo resguarda

tus papilas infinitas de tundra ardiente


va un golpe de cuero

que hincha la piel

y del latigazo la batahola


su onomatopeya perfecta


espoleando el terciopelo desgarrador

de tus entrañas.

3 jun 2009

Bisexual


Calor, mucho calor, por decir lo poco, produce la lectura de la novela erótica Bisexual, de la autora cubana radicada en Venezuela Vivian Stusser. El texto, inmerso en dicha categoría logra su objetivo: mover el morbo y la imaginación sexual.
Elena, tras superar el trauma que le supuso el divorcio, da rienda suelta a los fueros de la pasión, de la carne por la carne sin mayores pretensiones sentimentales. No obstante, el destino se empeña en llevarla nuevamente a vivir –y a revivir– lo que sucedió con su esposo, pero en otros cuerpos que descubre en el transcurso de la novela. Más allá de que su yo conciente le reproche su lujuria, termina viéndose envuelta en una tripartita que al principio se le antoja grotesca y que como era de esperarse disfruta al máximo. Marcos y Enrique serán los encargados de explorarla y de hacerla llegar a límites desconocidos por ella. Con un lenguaje directo, propio de la sexualidad humana cuando se entrega en la intimidad, la autora detalla cada momento de intensidad con precisión.
Vivian Stusser nos acompañará muy pronto en Librería Sónica para hablar de
Bisexual.

1 jun 2009

Poetas ex-inéditas


Ironías de la vida: después de hacer la dura lectura en digital de los poemarios Expediciones e Imposible de lugar, recibí los libros por cortesía de la Editorial Monte Avila. Y digo dura porque se me hace insoportable estar encallado al monitor para leer. En todo caso, mi agradecimiento a la editorial por hacerme llegar el material literario.

Beatriz Calcaño gana en la mención poesía en la VI Edición del Concurso para Autores Inéditos 2008 Monte Ávila Editores Latinoamericana con Expediciones, un poemario en el cual se nota el trabajo, el paso seguro por talleres –yo no diría de poesía– sino de trabajo, de oficio, en donde la palabra ha de ser esquilmada para mostrar su mejor sentido. Una muestra de ello es el poema epigrafiado (si vale el término) por unos versos de la poeta Mharía Vázquez Benarroch en evidente homenaje a ésta en el poema “Cien dagas”, poeta que ofrenda uno de los mejores talleres de poesía en Venezuela.

Amén de esto, el poemario está embalsamado por fantásticas voces poéticas que abren las puertas a varios de los poemas de Calcaño: Márgara Russotto, Vázquez Benarroch, Patricia Guzmán, Gerbasi, entre otros.

Expediciones, en su poema homónimo, habla de un arrepentimiento que viene de la sabiduría, de la verdad que siempre inoportuna, golpea, hace despertar: “regreso siempre / más sabia / a veces arrepentida”. La poeta va en su propia expedición interna a través de la cual hace reconstrucción de la memoria, de sensaciones y momentos: “encontrar la belleza / aún en la aridez”. Estos poemas son el regalo de encontrarse a sí misma en su propia expedición, como bien dice hacia el final del poema “Regalo”.

Claudia Sierich también recibió honores en la mención poesía por su trabajo Imposible de lugar, del cual el reconocido crítico literario, profesor y poeta Rafael Castillo Zapata me hizo saber que para él es “un verdadero hallazgo y la presencia de una voz muy particular”. La autora, reconocida por sus traducciones de varios autores venezolanos al alemán, entre ellos Rafael Cadenas y Leonardo Padrón, pone en ejercicio su propia palabra poética. Ambas poetas estarán visitándonos en Librería Sónica próximamente.

29 may 2009

Qué calor (todo en una sentada)

Capitolio:
Ocho de la mañana y ya arde el sol con furia loca, como si el astro rey supiera que tiene los días contados y despachara sus últimos rayos. Subo al transporte público y el reguetón increpa mis oídos con sus bofetadas rítmicas y su escueto mensaje de siempre. El chofer tamborilea el volante cuando el locutor anuncia la hora y dice que la temperatura ya va por los veinticinco grados. Cornetazos, caos y entra el primer protagonista con un micrófono-audífono presto a expandir sus ondas sonoras a través de un pequeño amplificador colgado de la correa, sube el volumen:

-Buenos días. Hoy vengo a ofrecerles estos “simpáticos” cepillos de dientes. Vienen en varios colores, azul, rojo y verde. Totalmente sellados, no piensen que los usé yo. No, no, no…Además, lo mejor para estar frescos y combatir este calor es cepillarse bien los dientes…
El equipo produce un agudo feedback y el hombre cierra su promoción:
-Son Tres por diez bolívares, una ganga, buenos días!

Plaza Miranda:
Sale de escena el vendedor de cepillos dentales y entra un joven de braga azul que en la espalda luce un gracioso pingüino con uno de esos helados tubulares de colores en la pata:
-Bueno señores, aquí lo que hay es “calol”, así que cero charla. Tengo de guanábana y mango, lo último! Cero colita… Vaya “chofel” agarra ahí… ¿Nadie? ¿Ustedes como que no tienen calol?”

Equina de Maderero:
De un brinco el vendedor de helados cilíndricos salta del vehículo en pleno movimiento y seca su frente sudorosa con el dorso de su mano. Acto seguido se lleva uno de sus productos a la boca. Luego le grita al conductor: -aguántalo ahí pana!
Éste se detiene y entra en escena un personaje que no se ve de buen ánimo. Antes de hablar sisea a un par de señoras que vienen conversando haciendo ademán de silencio con su mano:

-shh shh shh, por favor señoras voy a hablar.

No pude evitarlo, estallé en risas. Me pareció el colmo, alguien entra a pedir ayuda, a mendigar, a vender, y manda a callar a las personas, esto es único. Las señoras callan y otros pasajeros se suman a mi risa.

-Señores buenos días. El gobierno me ayuda con algunas medicinas, no con todas, por esa razón vengo a pedirles una ayudita porque tengo SIDA. Chofer por favor bájele volumen a la música.

Se hizo un prolongado silencio y sin embargo otros pasajeros continuaban conversando.

-Shh shh shh, hey allá atrás, por favor hagan un poco de silencio. Es que el SIDA afectó mis cuerdas vocales y no puedo hablar muy alto.

En este segundo intento por callar a la gente que venía en el colectivo, otros rieron por el atrevimiento del personaje en su insistencia por llamar la atención y alcanzar un ansiado silencio que nunca llegó del todo, menos aún en una avenida tan congestionada y bulliciosa.

-Bueno, a mí me dio esto no por santo y aquí me ven. ¿Señora qué calor no? –le dijo a una de las señoras que mando a callar segundos antes. El hombre bajó tristemente sin una sola moneda extra en su haber.

Quinta Crespo:

El último personaje que entró a escena me parecía conocido, cosa que pude constatar cuando lo tuve cerca y me extendió la tarjeta que ven arriba:

-Hermanos, buenos días. En estos tiempos de infortunio, en donde la miseria nos abruma y el Apocalipsis llegó para quedarse, un grupo de cristianos nos dimos a la tarea de dirigirles la palabra a ustedes para darles aliento y esperanza. Sintonízanos, no dejes de oírnos que con nosotros hallarás la paz…

José Gregorio, así se llama, recordé. Compañero de clases de primer y segundo grado, cuyo nombre hace honor al venerable Doctor José Gregorio Hernández, quien –según me contara su madre– le salvó la vida cuando estando encinta, se envolviera en el cordón umbilical hasta casi estrangularse a sí mismo al momento de su nacimiento. Me miró, nos miramos, nos reconocimos, me extendió su tarjeta y bajó del transporte diciendo:

-Este calor es del demonio!

26 may 2009

Escozor


Que esta lágrima no llegue a su destino

puesto que de lunas sé muy poco

como tampoco de soles

ni de versos hermosos ni precisos


tan sólo mi mano se engulle soledades

y su escozor de pétalos

va limando olvidos

que de mi gaznate cuelgan temerosos


padezco de un herpes literario

florido entre mis dedos

ya es metástasis

palabra horrenda

definitiva.

25 may 2009

Una ola tras otra


Toda novela de viaje nos invita a ser testigo de una transformación, de cambios que a través de lo narrado se pueden constatar de capítulo a capítulo. Pero, de qué van dichos cambios, esas transformaciones que hacen de sus personajes entidades casi paradigmáticas del ser humano, prestas a sufrir las más variopintas emociones para sintetizar en un corpus y en un alma los avatares que implican una salida y una llegada, tal vez con un rumbo a seguir pero sin un tiempo determinado. Esto es lo que hace el personaje principal –Andrés- en Una ola tras otra de Eli Bravo.


El simbolismo del viaje es referido línea tras línea haciéndose reflejo en un mar inmenso que va representando la mayor aventura para un hombre que busca en parte descubrirse a sí mismo, tal vez replantearse un rumbo que cree perdido en su vida y que va redefiniendo a medida que salta de puerto en puerto. Andrés va haciendo memoria de sí mismo, de su vida, a medida que va interactuando con culturas propias y ajenas, como las halladas en los pueblos dominicanos y puertorriqueños, o en las islas francesas, holandesas e inglesas. No obstante, más allá de poder interactuar con otros habitantes del mar Caribe en diversas lenguas en donde la mayor compañía fue la soledad en medio de pintorescos azules o del negro inequívoco de noches estrelladas, la incertidumbre del hombre frente al mar siempre estuvo presente pero con la esperanza haciendo las veces de ancla: “Con los ojos cerrados y la piel tibia, sentí que este viaje era algo que sobrepasaba mi comprensión, como si en lugar de dirigirme hacia alguna parte, en realidad estaba siendo conducido. En el mar, en el aire, en el sol, en alguna parte estaban las claves de lo que me esperaba, y que no tenía prisa de descubrir”.



Este viaje va del mar, de apacibles oleajes que de pronto profanan la tranquilidad para estallar en lluvia y terribles tormentas, sin respeto al sol o la luna, en donde el velero (el Pelic), no es más que un simple y diminuto trozo de madera a merced de los elementos. Andrés –así como el propio autor– tuvo claro que “este viaje era para levar anclas y navegar mares hondos, hacerse líquido, llegar a un estado donde no importase lo que había sucedido antes o vendría después, perder el miedo a alcanzar lo que en el fondo deseaba, llegar a ese lugar que existía en alguna parte y hacia donde debía poner proa”.



En Una ola tras otras el autor -¿o Andrés?– pone en evidencia sus conocimientos navieros a pesar de que en todo momento, tal vez en un aspecto de extrema humildad, no se acepta como un marinero avezado sino como un navegante fortuito que por razones inexplicables llegó a la mar. Justo la pericia que implica dominar un velero, corrientes de mar y aire, mapas, coordenadas y hasta la maravilla moderna del GPS, quiebra por instantes el extenso elemento reflexivo del personaje –y de la novela- cuando éste viene entregado a los recuerdos que traen a bordo viejos amores, amistades, familiares y su recordada patria golpeada por turbios momentos políticos. Andrés pasa muchos días sin abrir la boca salvo para alimentarse. Eventualmente se dice algo a sí mismo para recordar el sonido de su voz y evitar que las cuerdas vocales se le peguen. Al mejor estilo de la película “Cast Away” cuando Tom Hanks llama a un balón de volibol como Sr. Wilson, Andrés personifica cosas en medio de su soledad, bautizando a su timón con el apócope perfecto de Tim: “les había tomado tanto cariño (incluye a su GPS) que ya conversábamos y Tim siempre respondía con su voz eléctrica, girando la rueda un poco a la derecha, luego a la izquierda. Eran mi única compañía a bordo…”



Esta es una novela que va más allá de una “mudanza de piel” como bien señala en algún momento su personaje principal. Es la historia de un hombre que sin buscarlo cae en su propia metamorfosis de viaje, haciéndose cosa, elemento, casi barco, para lograr en medio de sus propios temores, pequeñas y eufóricas victorias que se resumían en alcanzar muelles desconocidos: “flotaba, navegaba, avanzaba, la brisa me llevaba hacia donde apuntaba. Podía sentir el velero como una extensión de mi cuerpo…”. Una ola tras otra también va de amor, del mismo que eventualmente ayuda a mostrar “el rostro cóncavo de la esclavitud del deseo”; muestra a nuestro continente, América, camuflado en un personaje del mismo nombre, logrando la simbiosis elemental que la hace mujer en medio de los extremos de la prosperidad reflejada en islas paradisíacas visitadas por el jet set mundial, hasta el polo tristemente opuesto, dominado por el caos y la miseria que se da en el fin del viaje al pisar Caracas. Una ola tras otra es una magnífica novela que le deja el duro compromiso al autor de superarla para cuando venga el segundo intento. Andrés dice que “lo que sucedió después es parte de otra historia que algún día contará”, ¿habrá que esperar por él o por Eli?


Bravo!

21 may 2009

Presentación de "Cautiva"


En el día de ayer fue presentado bajo la Editorial Norma el libro Cautiva de la abogada colombiana Clara Rojas. Las palabras iniciales estuvieron a cargo del Sr. Raúl Canal, presidente de la empresa Carvajal en Venezuela, seguidas de la periodista Gracia Elena Candela. Las palabras de ambos oradores fueron sin duda alguna bien pensadas, abarcando en todo momento el sentido conciliatorio y fraternal entre dos naciones hermanas como son Colombia y Venezuela, y repudiando la demencia e inhumanidad de las FARC. La periodista venezolana aprovechó la Justificar a ambos ladosocasión para citar algunos párrafos de Cautiva, asomando brevemente con ello, aquel sufrimiento, aquel pedazo de infierno que se desvaneció una vez que, montada en el helicóptero, Clara Rojas recobrara su libertad, y por tanto, su vida.
Estas palabras, escogidas con pinza, dieron paso a la protagonista de un libro que en palabras del presidente de Carvajal Venezuela, “pretenden volver un bestseller”. Como todos saben, Clara fue brutalmente torturada en todos los sentidos por más de seis años en algún lugar recóndito de la selva colombiana y lo que más sorprende, al menos en lo que a mí respecta, es la sobriedad, la entereza, y sobre todo, la paz y la tranquilidad que emana esta valerosa mujer a través de sus palabras. Me sorprendía tenerla a escasos metros, puesto que en todo momento, pensaba que esa mujer que estuvo al borde de la muerte por tanto tiempo, estaba allí, visiblemente emocionada y feliz por poder contar su historia en un libro que de seguro debe impactar por su realismo y crudeza. No abordó detalles sobre éste ya que está al alcance de todos en las principales librerías del país. No obstante, recordó que hubo situaciones y momentos durante su cautiverio que lamentablemente no pudo plasmar en su libro, remembranzas que llegaron a su mente cuando ya el mismo estaba en imprenta y manifestó su intención de seguir la senda escritural a la cual poco a poco se ha ido integrando.
Vale la pena mencionar que en el evento también estuvieron presentes la embajadora de Colombia, la economista María Luisa Chiappe y la embajadora de Noruega Ingunn Klepsvik.
Lectura pendiente.

20 may 2009

Cuando bajaron las aguas



Dicen por ahí que para todo hay una primera vez. Y es así. En este caso lo aplico a mi primera lectura digital, en un archivo pdf, viendo el monitor pues… No obstante digo: me quedo con el libro. El tacto, el sonido del pasar hojas y el olor, están lejos de conseguirse en términos virtuales.

En todo caso, digo esto porque llegó ¿a mis manos?, o mejor aún, a mi computadora, el archivo digital del texto Cuando bajaron las aguas gracias a la gentileza de su propio autor Gabriel Payares, quien fuera ganador de la VI Edición del Concurso para Autores Inéditos 2008 Monte Ávila Editores Latinoamericana en su mención narrativa. Lamentablemente mis infinitos correos y llamadas telefónicas solicitando el material a la editorial no surtieron efecto salvo que para hacerme llegar textos de índole política y revolucionaria. ¿Qué pasaría?

Lo cierto es que me centré en la lectura y el contenido de lo que leía me hizo dejar de lado lo incómodo que me resulta leer directamente de la pantalla. Por algo en el acto de entrega de los premios a Gabriel Payares lo comprometieron cuando le llamaron “el heredero de Meneses”. Con un lenguaje trabajado y sin mayores pretensiones que contar, el autor se entrega a una narrativa que se focaliza en la franqueza humana de lo que dice y de lo que transmiten sus personajes. Este libro de cuentos comienza con “Génesis (la noche antes del diluvio)” en donde la muerte es el artífice –ni tan oculto- de la historia, porque a ésta, a la muerte, “tanto como al espejo, nadie logra nunca escaparse”. Luego viene el cuento “Los herederos”, donde el autor reafirma la franqueza en la palabra a través de un cuento muy duro sobre la vejez y la ceguera. Sucesivamente la lectura independiente que puede hacerse de cada cuento, va uniformándose para lograr un todo semántico bien definido logrando una coherencia propia de un narrador de oficio. Hago una mínima referencia de los siguientes cuentos obviando a un par de ellos dado a un extravío involuntario de mis notas:

“Cuando bajaron las aguas”. Un padre que se va y una madre desconsolada y abatida por la tragedia (humana y natural). Un cuento con un final espeluznante, un ente ¿imaginario? que persigue al protagonista.

“El duro”, el autor despliega un fino humor para contarnos la triste historia de un mendigo y sus penurias. Un cuento en donde la tristeza va creciendo en cada línea.

“Timbalero”, la típica frustración de alguien que quiere tocar un instrumento y no puede. De este cuento se desprenden unas espléndidas imágenes como: “las curvas abruptas de la guitarra”, “la pálida escalera del piano”, “las venas enredadas del trombón” y sobre el final del cuento “el eructo seco del timbal”.

“Con miedo a los perros”, lo terrible del olvido, el miedo a los perros que al final del cuento se transforma en libertad.

“Ícaro de papel (éxodo)”, hermosa descripción sobre la pasión de volar aviones y la tristeza de un padre separado de su hijo por cumplir con su profesión de piloto.

“Nota de suicidio”, en este cuento se entremezclan la voz narrativa, la que cuenta, con la del propio autor. Con este último cuento el autor logra un cierre poéticamente suicida mientras va haciendo referencia a los relatos previos.

Después de haber leído Cuando bajaron las aguas, el texto por sí mismo da cuenta de por qué fue ganador del prestigioso premio. Considero importantísimo que estas actividades sigan en pie y en pleno gerundio, puesto que más allá de las diferencias políticas que tanto mal nos ha hecho en la última década a los venezolanos, lo que se debe valorar son los talentos literarios que evidentemente abundan en nuestro país. Reitero mi agradecimiento al autor por el material y desde ya les invito a escucharlo en el mes de junio en Librería Sónica. Vendrá además acompañado por los ganadores de otras categorías.


17 may 2009

Mario Benedetti


A través de un mensaje de texto al celular la poeta venezolana Mharía Vázquez Benarroch me hizo saber que Mario Benedetti había fallecido. Mharía no puede soltar la vena periodística que en un tiempo la tuvo como corresponsal de guerra en algún país de Latinoamérica.

En alguna época leer a Benedetti se me hacía obligatorio. Tal vez entrando a los veinte, tal vez un poco antes. No recuerdo. Lo cierto es que después de algunos descubrimientos poéticos que siempre saltan a los ojos –leer es un eterno descubrimiento- dejé de leerlo. No obstante, cuando por alguna razón volvía a sus poemas y particularmente a sus inolvidables “Inventarios” que forman parte de los sobrevivientes de mi biblioteca masacrada por miles de polillas, me reencontraba con su palabra fresca, limpia y sensible que hacía anclarme por días en sus textos, sobre todo si mi espíritu no se hallaba de buenas.

La noticia me hizo pararme frente a mi pequeña biblioteca y dejarme llevar un rato por la poética de Mario. Y lo digo con la confianza propia de amigo que de seguro el poeta le brindara a quien conocía, algo así como hacía nuestro Eugenio Montejo, comentario coincidente de quienes lo conocieron.

Sólo dos cosas para terminar: recordé que en mis tiempos de estudios musicales compuse una canción inspirándome en su hermoso poema “Hombre preso que mira a su hijo” y que el amor se vale de cualquier herramienta para arrimar a su corazón a esa mujer que te ha vuelto loco. Quién no ha dedicado algún poema propio o prestado para lograrlo. Recuerdo cuando me robé esta “táctica” y funcionó a la perfección.


TÁCTICA Y ESTRATEGIA
.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

15 may 2009

País

Este país construido a veradas

con la solidez de papagayo herido

vuela

sigue volando

con ciega y torpe insistencia

nosotros

sus hijos apabilados

vamos tensos

soportando

el viento iracundo de la trampa

evitando que se pierda para siempre

14 may 2009

La casa de papel


Gracias al bloguero Bond, Luís Bond (luisbond.blogspot.com) llegó a mis manos en calidad de préstamo el libro La casa de papel. Hasta el día de ayer me era totalmente desconocido el autor de dicho libro: Carlos María Domínguez. En la respectiva y ligera investigación del mismo, a parte de hallar sus orígenes en Argentina, descubrí que ha sido merecedor de varios y destacados premios literarios. Más allá de éstos, importantes para unos, irrelevantes para otros, quedé sorprendido por la belleza del texto referido, y más aún, por haber logrado todo el efecto imaginario, simbólico y reflexivo que puede generar la literatura, en un brevísimo y extraordinario relato que se lee en algo más de un par de horas. Intenté parar la lectura para dejar otro tanto para el día siguiente pero me fue imposible.

La trama, la incorporación de escritores y referencias literarias de todas partes del mundo, los sorprendentes paralelismos y asociaciones que en determinado momento refiere el personaje Carlos Brauer, un ávido lector y bibliófilo empedernido que decide crear un nuevo sistema de categorización de su inmensa biblioteca a través de fractales, son dignos de admiración. En algún momento reflexiona y dice: “Durante siglos hemos utilizado un sistema pedestre, insensible al orden real de las afecciones. Quiero decir que Pedro Páramo y Rayuela son dos obras de autores latinoamericanos, pero para seguir el camino de una es necesario ir a William Faulkner y la otra nos lleva a Moebius. O para decirlo de otro modo: Dostoievsky acabó siendo más afín a Roberto Arlt que a Tolstoi. O para insistir, Hegel, Víctor Hugo y Sarmiento merecen estar más juntos que Paco Espínola, Benedetti y Felisberto Hernández”.

La casa de papel es de aquel tipo de libro que después de leído te deja hambriento, con ganas de seguir surcando más hojas en un vano intento por extender una historia que ya llegó a su fin. Y sobre todo en este caso particular, cuyo sorprendente final te demuestra qué tanto se puede hacer con un libro en medio de la nada. Esta es la perfecta lectura sin desperdicio, sin párrafos y hojas demás, digna para entregarse al viaje imaginativo de la palabra. La voz narrativa lo dice mucho mejor dentro del texto: “un lector es un viajero por un paisaje que ha sido hecho”.

12 may 2009

El Telémaco


Una de las tantas satisfacciones que me ha traído llevar al aire aquel proyecto que estuvo engavetado por años llamado “Librería Sónica”, ha sido la aceptación de la gente y su consecuente acercamiento de escritores conocidos y desconocidos para participar en el programa. El caso más reciente ha sido la entrevista que logramos gracias a Raúl Esquivel, un fiel oyente del programa que a parte de gustarle la literatura y los libros, se desempeña dentro del tren gerencial de una reconocida empresa del sector entretenimiento/telecomunicaciones. Gracias a él logramos entrevistar a Ángel Suárez Padilla, escritor del libro El Telémaco, el último viaje.


Este libro, debo decirlo, es un canto a la vida y sobre todo a la democracia. Un libro que califiqué como una excelsa bitácora de viaje en donde se reflejan las penurias de 171 seres humanos que navegaron por más de treinta días huyendo de la dictadura franquista llevando como equipaje tan sólo la esperanza y bidones repletos de agua con sabor a combustible. 170 hombres y 1 mujer para ser exactos, Doña Teresa, que aún vive entre nosotros en el oeste de la capital y que por su avanzada edad y estado de salud no pudo acompañarnos en la grabación del programa, el cual ustedes podrán disfrutar el 31 de mayo a partir de las 11:00am y por internet a partir del 01 de junio.



Esta brevísima reflexión sobre El Telémaco, el último viaje, viene a cuento porque es sorprendente -al menos a mí me sorprende- ver cómo Venezuela en aquellos años era vista como la tierra del futuro, la tierra en donde la democracia era la punta de lanza por encima del petróleo. Lamentablemente más de medio siglo después nuestra propia decadencia produce el efecto contrario: todo el que puede, parte, se larga de aquí. Si usted le pregunta a cualquier venezolano: ¿te irías de aquí? la respuesta sin empache sería “sí”, aunque después pueda entrar en un estado reflexivo para medir las consecuencias de irse a otras tierras. Esa precisamente fue la situación de las personas que partieron de las Islas Canarias, siendo más específico desde La Gomera, las cuales tomaron un rumbo incierto pero que por suerte y destino llegaron a buen término. Muchos lograron echar raíces en esta tierra alcanzando un futuro que se veía incierto; prosperaron trabajando con mano incansable, haciendo camino al andar como bien dijo Machado.

Una breve muestra del texto:


“-¿Por qué tuviste que embarcar clandestinamente para Venezuela?
-La desesperación ante una vida sin perspectivas de nada, trabajando todos los días del año en esos terrenos para malvivir. Tenía 28 años y hambre. Lo que se dice hambre no pasaba, pues si no había gofio, había una batata, siempre se conseguía algo. Ganas sí, de muchas cosas; uno andaba todo el día con la ropa remendada, descalzo, como mucho unas alpargatas para los días señalados. Coño, ¿esa es la herencia que les voy a dejar a mis hijos? Consideraciones como esta fueron las que me empujaron a correr el riesgo…Ahora, le digo una cosa: si yo sé todo lo que iba a pasar no me embarco, pero me embullé con los muchachos y me fui”.


Debo decir que la agradable visita de Ángel Suárez Padilla nos dejó cautivado a todos, porque amén de haber leído el libro, escuchar las historias de su propia voz rememorando a su padre quien tuvo la dura tarea de ser el timonel del barco, de El Telémaco, soportando tormentas, hambre, frío y demás calamidades, fue todo un lujo. Lamentablemente este libro, el cual se llevó treinta años de paciente investigación para lograr el corpus necesario, no se consigue en Venezuela y por ello los invito a escuchar el programa puesto que estaremos obsequiándolo a través de nuestra mensajería de texto. Este barco, cuyo nombre encierra toda una mitología propia y ajena, no podía naufragar y mucho menos dejar en cualquier rincón del mar a estas almas que aquí consiguieron su libertad, la misma que hoy día pareciera estar pendiendo de un hilo y por la que muchos estamos bregando para mantenerla.

7 may 2009

Flecha

De flecha

no tengo ni el filo de su borde

sólo minutos furtivos de algo etéreo

húmedo

casi fantasmal


soy veneno punzante

que te recorre por las noches

haciendo de ti un océano profundo

de fracasos tan míos


un simple copular en el silencio


he mellado tu angustia con un verbo

mientras tu codicia carnal

duele

a pesar de una láctea rigidez

que punza de placer en tus manos

duele.

4 may 2009

Premio de la crítica


El portal literario Ficción Breve Venezolana ha anunciado la recepción de obras para el Premio de la Crítica a la novela del año, galardón que este portal está organizando con el patrocinio del grupo de empresas Econoinvest y el apoyo del Centro Cultural Chacao. Este concurso, el cual se encuentra en su primera edición, tiene como uno de sus objetivos incentivar el mercado editorial venezolano, aprovechando el interés de nuestros lectores por la literatura que se está produciendo en el país. De igual manera, otro de sus objetivos es reivindicar la figura del crítico especializado, como actor fundamental del desarrollo y crecimiento de la actividad literaria del país, la cual requiere del concurso de todos los entes involucrados: autores, editores, promotores, libreros, críticos y, por supueto, los lectores, para su consolidación.

Para tal fin, Ficción Breve Venezolana instaura este premio para obras publicadas, el cual tendrá una periodicidad anual y premiará la novela que, a juicio del jurado (conformado por investigadores venezolanos de literatura), sea considerada como la más relevante del año objeto del concurso. Podrán participar todas las novelas publicadas durante el año 2008, para lo cual se deben enviar tres ejemplares de la novela junto a un sobre con los datos y señas de contacto del autor. Las postulaciones podrán ser efectuadas por el autor o por la editorial. El galardón se lanza en su primera edición con novela porque es el género que ha adquirido más interés del público lector, pero que la intención es, en los próximos años, ampliarlo a otros géneros, tales como libros de cuentos y poemarios. El Premio de la Critica, en su mención Novela, está dotado de una bolsa de Bs. 5.000,00 (cinco mil bolívares) y recibe postulaciones desde este lunes 27 de abril hasta el 5 de junio del presente año. El jurado para esta edición está conformado por los investigadores académicos Carlos Sandoval (UCV), Mariana Libertad Suárez (USB) y Arnaldo Valero (ULA). El premio será entregado en un acto especial en el marco de los 10 años de este portal literario.

BASES DEL PREMIO DE LA CRÍTICA, organizado por Ficción Breve Venezolana

Con el fin de promover la obra novelística venezolana contemporánea, y apoyar el trabajo de autores y editoriales locales, así como reivindicar la figura del crítico especializado, el portal literario Ficción Breve Venezolana, conjuntamente con el Grupo de Empresas Econoinvest y con el apoyo del Centro Cultural Chacao, ha decidido instaurar el

Premio de la Crítica a la novela del año, el cual tendrá un carácter anual y se regirá por las siguientes bases:

1.- Podrán participar todas las novelas de autores venezolanos, editadas en el país durante el lapso comprendido entre el 01 de enero y el 31 de diciembre del año 2008.

2.- Las novelas participantes podrán ser postuladas por el autor o por la editorial. Podrán participar obras publicadas por todas las editoriales con sede en el país, sean estas comerciales, internacionales, alternativas, gubernamentales, universitarias e, incluso, ediciones de autor.

3.- La obra ganadora recibirá un premio en metálico de Bs. 5.000,00 (cinco mil bolívares), el cual será indivisible y no podrá ser considerado desierto. De igual manera, el jurado podrá otorgar una o dos menciones honoríficas, si así lo considera pertinente.

4.- Los interesados en participar deberán consignar tres (3) ejemplares de la novela (junto a un sobre con sus datos personales y de contacto), a la siguiente dirección: Centro Cultural Chacao, Av. Tamanaco, El Rosal, detrás del Centro Lido, en horario comprendido entre las 2:00 y las 5:00 pm. Las obras serán recibidas entre el 27 de abril y el 05 de junio del presente año.

5.- El jurado de la presente edción estará conformado por los investigadores: Carlos Sandoval (UCV), Mariana Libertad Suárez (USB) y Arnaldo Valero (ULA).

6.- El Premio será entregado en un acto especial, en el marco de la celebración de los 10 años de Ficción Breve Venezolana, el cual será oportunamente anunciado por los organizadores.Justificar a ambos lados
7.- Todo lo no establecido en las presentes bases será resuelto por el Comité Organizador en conjunto con los Miembros del Jurado.

La nota con las bases se puede leer aquí: http://www.ficcionbreve.org/site/contenido.php?id=1531