4 ene 2016

La montaña mágica

Nada más difícil que comentar un gran libro, un clásico como La montaña mágica de Thomas Mann. Qué decir sobre un texto que resulta ser una enciclopedia de lo humano; un libro que para resumirlo en una sola palabra, sólo se me ocurre decir “libertad”, porque entre muchas cosas más, esta obra maestra de la literatura universal es eso, un canto a la libertad. De hecho, el libro culmina de la manera más épica posible, pues su protagonista, “nuestro héroe”, “el aventurero”, “el pequeño”, “mediocre, en uno de los sentidos más honrosos del término”, “el niño mimado”, como le dice el narrador, termina haciendo lo que jamás y nunca se le hubiera ocurrido al lector que pudiera hacer, por ello impacta e impresiona: termina haciendo lo que debió hacer su primo Joachim Ziemssen. Obviamente no les diré qué. Son, en mi edición de Edhasa, 1048 páginas que me llevaron tres meses menos cinco días de lectura, finalizando el 1ero de enero de 2016, inmejorable fecha para concluir y más aún con el sonido del mar al fondo.



El ingeniero Hans Castorp, tímido pero simpático, llega al Sanatorio Internacional Berghof para pasar apenas unos días mientras visita a su primo, y como la simple lógica se impone a cualquiera, su estadía se prolonga más de lo previsto. ¿Cuánto tiempo? Asunto que dejo al lector curioso e interesado en pasearse por estas páginas llenas de reflexiones, exquisitos diálogos, paisajes de fantasía, estudios sobre economía, filosofía, biología y medicina, botánica, música y pare usted de contar. El tiempo, entonces, “esa enfermera muda”, recorre toda la obra y al parecer, tal como comenta Joachim “no pasa de ningún modo, aquí no hay tiempo, no hay vida”, pero es precisamente la vida y el rescate de ésta lo que quiere cada uno de los internos del sanatorio. Por algo, entre otra cosas, cada vez que muere alguien limpian a profundidad la habitación dejándola resplandeciente para su próximo habitante, encubriendo lo inevitable y ocultando sistemáticamente a la muerte.
La obra está pletórica de pintorescos personajes, muchísimos, como el sorprendente Pieter Peeperkorn o la joven médium Ellen Brand,  pero debo destacar dos en particular que son una delicia para la lectura: el francmasón Settembrini y su antagonista, el judío converso al cristianismo, Leo Naptha, “un hombre con la cabeza bien amueblada”. Ambos se transforman en los tutores improvisados del joven Castorp y es testigo de los más apasionantes debates de toda índole intelectual. En ocasiones calla, alelado antes el tropel de palabras e ideas de cada uno, y en otras, interviene como el que más; a veces es refrendando por el par de sabios, y otras, le ordenan callar. Va aprendiendo, va asimilando las ideas de estos mientras su salud va empeorando, no así su interés por absorber cada vez más la sabiduría de tan notables señores.

Por otra parte, el narrador va preparando al lector para las cosas que se va ir encontrando capítulo a capítulo, marcando distancia, excusándose con elegancia sobre los hechos que a continuación nos encontraremos en aquel remoto lugar de los Alpes suizos. Este lugar, siempre cubierto de nieve, divide el entorno entre los de arriba —los habitantes del sanatorio—, y los de abajo —los que están en la ciudad—, creando no solo la división geográfica del lugar, sino más bien, un marcado antagonismo entre seres que parecieran venir de planetas distintos, tanto los unos como los otros. Mención aparte merece la nieve que rodea al sanatorio, un frío perenne que incluso en  verano, hace frío, pues “aquello no era una nevada, era un caos de oscuridad blanca, una monstruosa locura…esos cristalitos hexogonales perfectos”.

Y es que el Sanatorio Internacional Berghof da la impresión de cualquier cosa, menos la de un lugar de sufrimiento: sus pantagruélicas comidas así como sus fiestas, dan fe de ello. Pero es obvio que los momentos de tristeza, enfermedad y dolor están allí marcando la lectura. Al principio Hans vive en un constante estado de negación de su enfermedad, pues su presencia en el sanatorio obedece a la caritativa visita que le hace a su primo Joachim, pero a medida que se avanza en la historia, termina hipocondríaco y orgullosamente enfermo, pues el código de honor del lugar es estarlo cada vez más y más, y con ello subir el estatus, el escalafón social dentro del sanatorio: a peor estado de salud, pues mayor respeto y dignidad se escala en aquella sociedad de medio pulmón. Incluso al principio, Hans, con su constante temblor de cabeza (herencia de su abuelo),  fue víctima de bulling por parte de los demás internos cuando su temperatura no excedía los 37,6 grados, lo cual era una insignificancia y poco decoroso para estar interno en el prestigioso sanatorio.

Con el tiempo entonces los roles entre primos se invirtieron: el visitante, Hans, pasó a ser el  inquilino fijo, y Joaquín, a ser el convidado, en medio de diatribas, profundas reflexiones de todo tipo e incluso darle cabida al amor, pues “nuestro joven protagonista estaba perdidamente enamorado de Clvdia Chauchat”. ¿Qué pasó entrambos? Averígüelo usted amigo lector, el único riesgo que se toma al leer La montaña mágica es terminar haciendo como sus distinguidos habitantes: tomarse la temperatura cuatro veces al día mientras descansa en una confortable tumbona y se envuelve en la una cálida  manta contra el frío.
  

Algunas frases memorables:

A veces pienso que estar enfermo y morir no son algo tan serio, sino una especie de paseo sin rumbo.

La maldad es el espíritu de la crítica, y la crítica es el origen del progreso y la ilustración.

No hay que desposeer a los humanistas de su función de educadores…, no se les puede arrebatar, pues son los únicos depositarios de una tradición: la de la dignidad y de la belleza humana.

El tiempo en realidad, no presenta ninguna cesura, no estalla ninguna tormenta ni suenan las trompetas cada vez que se inicia un nuevo mes o un nuevo año, ni siquiera cuando se trata de un nuevo siglo; son los hombres quienes disparan cañonazos y tocan las campanas para celebrarlo.

Para el enamorado el juicio estético de la razón es tan poco justo como el juicio moral.

La costumbre hace que la conciencia del tiempo se adormezca o, mejor dicho, quede anulada.

La palabra: vehículo del espíritu, el instrumento, el resplandeciente arado del progreso.

El arte es moral en la medida en que despierta a las personas.

El amor reprimido no muere; vive y, aún en la más secreta oscuridad, aspira a realizarse.

Escribir supondría pensar bien, y esto no está muy lejos del obrar bien.

La única manera sensata y religiosa de contemplar la muerte es considerarla y sentirla como parte integrante, como la sagrada condición sine qua non de la vida y no separarla de ella mediante alguna entelequia.

Se cree en la proximidad de la guerra cuando no se la abomina lo bastante.

La democracia no tiene otro sentido que el de consolidar un correctivo individualista frente a cualquier forma de absolutismo del estado.

La confesión es un acto de violencia, y cuanto más grande es la resistencia que se le opone, mayor es el placer que proporciona.

La muerte no es ni un fantasma ni un misterio, es un fenómeno sencillo, racional, fisiológicamente necesario y deseable.

Las contradicciones pueden conciliarse. Sólo las mediocridades y las medias verdades son imposibles de conciliar.

Las convicciones no perviven si no tienen ocasión de luchar.

La tolerancia se convierte en un crimen cuando se tiene tolerancia con el mal.

Nuestra muerte es más un asunto de los que habrán de sobrevivirnos que propiamente nuestro.

La humanidad comienza allí donde la gente sin ingenio imagina que acaba.

Uno no puede liberarse de la tortura del deseo carnal más que a condición de satisfacerlo, no hay otro modo, no hay otro camino.

31 dic 2015

Resumen de lecturas 2015

La anécdota para acompañar mi resumen de lecturas 2015, la tomo de una escena entre una niña de unos 7 u 8 años y su madre. Esto fue en el boulevard de Sabana Grande, Caracas, dos días después de la Navidad. Entiéndase que la niña venía llorando, no, gritando a moco suelto con espesos y pastosos lagrimones mientras la madre tiraba de su brazo con rabia mientras caminaba aceleradamente:

—Pero mamiiiiii
—¡Ya, te dije que no lo sé!
—¿Por qué el niño Jesús siempre me trae muñecas? ¡Yo quiero librooos!
—…
—¡Nunca me los traeeeeeeeeeeeeee! 

Me frené a ver el episodio. La verdad me conmovió la niña, tanto por el llanto, como por el petitorio. ¿Qué será más costoso en nuestro país: un libro o una muñeca? Claro, la respuesta tiene la típica arista del “depende” y de los bolsillos de cada Niño Jesús en particular. Ojalá que la vida le traiga todos los libros posible a esta niña. En la imagen ven el libro con el que abriré mi ciclo de lecturas 2016: El diario de Géza Csáth: el psiquiatra seductor. Por otra parte, como muchos y  buenos lectores ya han publicado sus cinco libros favoritos del año 2015, entonces yo haré todo lo contrario, no diré nada sobre mi “top five” para honrar a los 60 libros que pasaron por mis ojos, pero queda claro que leí unas verdaderas maravillas tanto locales como extranjeras. Fin del cuento, aquí lo que leí y feliz 2016 de lecturas para todos:



  1. El entierro de cortijo de Edgardo Rodríguez Julia
  2. La isla que se repite de Antonio Benítez Rojo
  3. Saoco salsero de Ángel Quintero Rivera
  4. 35 relatos de Nelson Cordido Rovati
  5. La escribana del viento de Ana Teresa Torres
  6. Los encantamientos del duende de Jesús Sierra
  7. Y nos pegamos la fiesta de Víctor Alarcón
  8. La cultura del milenio de Joaquín Ortega
  9. Los tiempos cambian de Luis Ugueto
  10. La muerte tiene muchos rostros de Juan Carlos Sosa Azpúrua
  11. Lugar de tránsito de Flavia Pesci
  12. Travesías I de Rafael Castillo Zapata
  13. Fosa común de Miguel Marcotrigiano
  14. Historia de una novela de Mario Vargas Llosa
  15. El viaje vertical de Enrique Vila-Matas
  16. Los siglos imaginantes de José Balza
  17. Contigo en la distancia de Eduado Liendo
  18. Prohibido entrar sin pantalones de Juan Bonilla
  19. Amantes de Rafael Cadenas
  20. Ponzoña de paisaje de José Pulido
  21. De amores y domicilios de Arnoldo Rosas
  22. La importancia de llamarse Daniel Santos de Luis Rafael Sánchez
  23. Santiago se va de José Urriola
  24. La leyenda del santo bebedor de Joseph Roth
  25. El alcohol y la nostalgia de Mathías Enard
  26. Mente en blanco de Samantha Sánchez Miralles
  27. Fragmentos naranjas de José Antonio Parra
  28. La barata de Santos López
  29. Venezolanos excepcionales de Rafael Arráiz Lucca
  30. Caracas mortal de Claudia Noguera Penso
  31. Constancia de la lluvia de Ricardo Ramírez Requena
  32. A la sombra de los destellos de Mario Amengual
  33. Identidad compartida de Rafael Baralt Lovera
  34. Desnuda inclinación de Nubia González
  35. Daño oculto de Georgina Ramírez
  36. Domingo Félez: veterano de tres guerras, de Laura S. Leret
  37. Íntimo, el espejo de Graciela Yáñez Vicentini
  38. Sin mover los labios de Alfredo Chacón
  39. La criolla principal de Inés Quintero
  40. Cuentos regresivos de   John Montañez Cortez
  41. El libro del desasosiego de Fernando Pessoa
  42. 39 grados de cielo en la tierra de Hernán Zamora
  43. Buitres en la sabana de Marisol Marrero
  44. La memoria de los trenes de Victoria Benarroch
  45. Encuentros con el silencio de Miguel Génova
  46. El tiempo recobrado de Marcel Proust
  47. Sabina y el viaje a Virtuosia de Sándor Gerendas
  48. En el jardín de Kori de Carmen Verde
  49. Los Quiénes y las ánimas de Dunfaurlin de Juan Carlos Rodríguez
  50. Bitácoras imposibles de Saúl Rojas Blonval
  51. Nube de polvo de Krina Ber
  52. Ciudad de azul y vientos de Lidia Salas
  53. Sombra de paraíso de Claudia Sierich
  54. Nido de tordos de Eleonora Requena
  55. En lugar del corazón de Silda Cordoliani
  56. Desde la orilla de Miriam Marrero
  57. Háblame, háblame…Iolanda de Francisco Arévalo
  58. El Dios de la intemperie de Armando Rojas Guardia
  59. Patria o muerte de Alberto Barrera Tyszka
  60. Macbeth de William Shakespeare

4 oct 2015

El incoloro éter de los años

El primer libro que leí de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust lo hice en el año 2009, una empresa que me propuse cumplir y que llegó a buen término un 3 de octubre de 2015 con la lectura de El tiempo recobrado su séptimo y último tomo, lo que en promedio resulta a un libro exacto por año. El empeño nació del encuentro con pequeños fragmentos; de la lectura de la parte biográfica del autor y, desde luego, de la conversación sostenida con las únicas dos personas que conozco que han leído también esta obra monumental. Incluso uno de ello la ha releído en su totalidad.
“Por lo demás”, utilizando la alocución de Proust,  dejarse llevar por estas líneas -para el que quiera aventurarse- es atestiguar la genialidad literaria del autor. No obstante, debo decirlo, no todos los días se puede leer. Es necesario un reposo, no meterse en estas páginas un día cualquiera si no se está dispuesto por completo, pues su lectura es exigente, requiere de la atención absoluta para ir viendo sin pérdida alguna el entramado, la ilación sostenida y delicada de las ideas que se van formando libro tras libro, hasta que en esta última entrega, con memoria prodigiosa, vuelve a cada uno de los recuerdos de sus personajes: Swann, Albertina, Gilberta, Saint-Loup, los Guermantes (que además fue en casa de estos donde se le ocurrió la idea de escribir su obra), la abuela, Argencourt –su enemigo personal-,  entre tantos otros (son más de doscientos personajes), para contrastar con delicada prosa y melancolía la juventud de todos y la inevitable vejez y la muerte ya en tiempo presente: “Entonces la vida nos parece el cuento de hadas en el que vemos de acto en acto al niño volverse adolescente y hombre maduro y curvarse hacia la tumba…Ocurre con la vejez lo mismo que con la muerte. Algunos las afrontan con indiferencia, no porque tengan más valor que otros, sino porque tienen menos imaginación”.
Pero El tiempo recobrado cobra mayor profundidad puesto que desarrolla, entre otros temas, el relativo a la guerra contra los alemanes “la única cosa que entonces me interesaba” dice, incluyendo la tortura al Sr. de Charlus; se combina en las primeras páginas con la lectura que hace Proust del “diario inédito de los Goncourt”, manuscrito que leyera la última noche que pasara en casa de Gilberta, y del cual reflexiona y concluye: “la lectura nos enseña, al contrario, a realzar el valor de la vida, que no hemos sabido apreciar y de cuya grandeza sólo nos damos cuenta por el libro”; retoma el hoy día famoso recuerdo de  la magdalena mojada en una infusión; no deja de lado las profundas reflexiones sobre la literatura, la música y todo el arte en general; la inevitable sorpresa por el pasar de los años, la ineludible muerte y el tiempo… siempre el tiempo.
Vargas Llosa dice que “no todo el mundo puede leer a Proust”, cuya comentario casi axiomático lo refiere no por ser elitista sino como una simple realidad. Dicho por él, esto suena a una verdad infranqueable. Empero, yo no soy un gran lector, terco en la lectura sí, muy terco. Trato de terminar de leer lo que comienzo y ese fue el caso de En busca del tiempo perdido, que a mi juicio, se torna magistral del cuarto tomo en adelante. La imagen que tengo de ello para explicarme mejor es la de una montaña rusa que va subiendo poco a poco desde Por el camino de Swann hasta El mundo de Guermantes y desde el cuarto tomo Sodoma y Gomorra hasta El tiempo recuperado comienza el raudo descenso hasta el final. Curiosidad aparte, desde el cuarto libro en adelante las publicaciones se hicieron post mortem. ¿Influyó en algo esto o simple sugestión de mi parte? En fin…
Proust interpela al lector en varias ocasiones, “Recuerde el lector…” dice, para enlazar las memorias que va colocando sobre la mesa como naipes que representan sus vivencias, sus amores, sus encuentros con la alta sociedad, su enfermedad (el asma que lo torturó desde muy niño) y la diversidad de pasiones que forman parte del hombre, pues el gran leit motiv de En busca del tiempo perdido es mostrar tal como son las pasiones humanas a través de este inmenso ejercicio literario, narrativo, cuyo principal miedo de Proust era “que los ojos del lector no fuesen aquellos a los que mi libro conviniera para leer bien en sí mismo”. Como sutiles campanazos siempre manifestaba tal preocupación en  medio de su quehacer creativo, la duda de si el receptor final de su obra estaría en conexión con lo que el autor quería transmitir, inquietud natural de todo aquel que exprese sus palabras por escrito: “¿acaso se puede abrigar la esperanza de transmitir al lector un placer que no se ha sentido?”
Aunque suene poco modesto por parte de Proust, insisto en que hay que reconocer la grandeza de su obra, pues como él mismo señala “Yo sabía muy bien que mi cerebro era una rica cuenca minera, en la que había una extensión inmensa y muy diversa de yacimientos preciosos”, teniendo siempre a la vista una inminente y prematura muerte que le vendría a causa de su enfermedad (murió de 51 años), tema que siempre estuvo presente a lo largo de toda su obra y que en este último y séptimo tomo se ve potenciado por razones obvias: “la idea de la muerte me hacía una compañía tan incesante como la del yo”. Solo en algo se equivocó Proust en su obra cuando afirmó que “seguramente mis libros, como mi ser de carne, acabarán muriendo algún día, pero hay que resignarse a morir”. Pues está claro que ese día aún no ha llegado, y mientras haya lectores tercos que quieran afrontar el reto de leerlo, esto nunca pasará.
Como he hecho a lo largo de las siete reseñas de En busca del tiempo perdido, aquí les dejos algunas frases memorables de Marcel Proust en El tiempo recobrado:

“Es que muy pocos son los éxitos fáciles y los fracasos definitivos”.

“Las clases de mentalidad no tienen nada que ver con la cuna”.

“Leemos los periódicos como amamos: con un velo en los ojos”.

“Un general es como un escritor que quiere componer determinada obra, determinado libro, y al que el libro mismo, con los recursos inesperados que revela aquí, el atolladero que presenta allá, hace desviar extremadamente del plan preconcebido”.

“Siempre he honrado a quienes defienden la gramática o la lógica”.

“Nunca se sabe, cada uno de nosotros corre todas las noches el riesgo de ser el suceso del día siguiente”.

“Siempre es el apego al objeto lo que propicia la muerte del posesor”.

“La verdadera propaganda falsa nos la hacemos a nosotros mismos mediante la esperanza”.

“La lógica de la pasión, aunque esté al servicio de la mayor razón, nunca es irrefutable para quien  no está apasionado”.

“El patriotismo obra ese milagro, se está a favor del país propio como a favor de uno mismo en una disputa amorosa”.

“La mentira y la astucia no bastan para hacer caer en el prejuicio a un buen corazón”.

“Las mentes estrechas resultan aplastadas no por la belleza, sino por la enormidad de la acción”.

“En las personas a las que amamos, hay –inmanente a ellas-  cierto sueño que no siempre sabemos discernir, pero que perseguimos”.

“Es que el instinto dicta el deber y la inteligencia brinda los pretextos para eludirlo”.

“La impresión es para el escritor lo que la experimentación para el científico”.

“Solo procede de nosotros mismos lo que sacamos de la obscuridad que está en nosotros y los demás no conocen”.

“El arte verdadero nada tiene que ver con tantas proclamaciones y se plasma en silencio”.

“El gusto del café con leche matinal nos brinda esa vaga esperanza de un día hermoso”.

“Un gran escritor no debe inventar, en el sentido corriente, ese libro esencial, el único libro  verdadero, puesto que ya existe en cada uno de nosotros, sino traducirlo. El deber y la tarea de un escritor son los de un traductor”.

“Escribir es para el escritor una función sana y necesaria cuyo desempeño hace feliz, como a los hombres físicos el ejercicio, el sudor, el baño”.

“Allí donde la vida amuralla, la inteligencia perfora una salida”.

“Es que sólo la felicidad es saludable para el cuerpo, pero la pena es la que desarrolla las fuerzas espirituales”.

“Nuestras pasiones son las que esbozan nuestros libros y el descanso en intervalo el que los escribe”.

“En realidad, cada uno de los lectores es,  cuando lee, el propio  lector de sí mismo”.

“Los relojes interiores asignados a los hombres no están todos regulados con la misma hora”.

“El tiempo, que cambia a las personas, no modifica la imagen que hemos conservado de ellas”.

“Nada es más doloroso que esa oposición entre la alteración de las personas y la fijeza del recuerdo, cuando comprendemos que lo que ha conservado tanto frescor en nuestra memoria ya no puede tenerlo en vida”.

“Esa poesía de lo incomprensible que es un efecto del tiempo”.

“Mi libro no sería  sino como esos cristales de aumento que entregaba a un comprador el óptico de Combray y, gracias al cual yo les proporcionaría el medio de leerse a sí mismos”.

“La inteligencia tiene sus paisajes, cuya contemplación se le permite solo durante un tiempo”.

“Una condición de mi obra, tal como la había concebido un poco antes en la biblioteca, era la profundización de las impresiones que primero se debían recrear mediante la memoria”.

28 ago 2015

El libro del desasosiego


La palabra “desasosiego” ya encierra en su propia sonoridad, lo que devela su dura, melancólica y triste acepción.  Un estado de inconformidad e intranquilidad absoluta del alma, los sentidos e incluso del cuerpo. Ahora imagínense  un libro en donde se condensan los pensamientos más intensos, profundos y discordantes de una de las voces poéticas más excelsas del siglo XX, la de Fernando Pessoa en su Libro del desasosiego, una lectura pendiente, como tantas otras, que no quise postergar más.


Asistimos en este libro a un conjunto de ideas, reflexiones, imágenes, razonamientos aforísticos, poesía, narrativa, prosa poética y cuantos calificativos  se puedan imaginar, de un hombre reconocido mundialmente por su heteronimia, es decir, al uso de heterónimos para separarse imaginariamente de su propio trabajo o producción literaria. En el caso de El libro del desasosiego quien escribe es Bernardo Soares y en la fragmentación de este maravilloso libro inconcluso, destacan también las divagaciones del poeta, así como una suerte de diario del propio Soares, un oficinista que lo menos que siente por su trabajo, su entorno y la vida es tedio.  
Es un libro que hay que leer con verdadera calma y paciencia, pues así como puede elevar al lector al encuentro con estupendas imágenes a través de una prosa prodigiosa, del mismo modo te puede lanzar al encuentro con el piso y más abajo, con ese estado de cansancio espiritual, de un “tedio” irremediable por la vida que se repite constantemente a lo largo del libro. Esto, además, se ve potenciado con esa doble personalidad imaginaria que recorre las páginas.
Lo fragmentario es aquí, entre otras cosas, lo que precisamente lo hace más atractivo, pues justo en esos párrafos inconclusos, en el inevitable pensamiento de “¿qué vendría allí?” que cualquier lector se pudiera plantear, saltan las suposiciones, el ejercicio mental por darle un final a esos puntos suspensivos que quedaron para la historia del mundo literario. Su complejidad no es menos que atractiva, y esa falta de “devoción” que siente el autor por el día a día que vive, por las cosas y el entorno que lo rodea, a mi juicio, no es más que una trampa en la que el lector cae irremediablemente para seguir anclado a cada una de las ideas que se van imbricando una tras otra.
Pessoa murió sin ver publicado El libro del desasosiego, y creo que precisamente por ello, el mismo está impregnado de un halo de misterio, de una sensación apócrifa de quien presintió en vida lo monumental que llegaría a ser su obra, tanto esta, como su poesía en general. Un trabajo duro para sus editores quienes tuvieron que ordenar el maremágnum de textos para darle el corpus a lo que hoy día disfrutamos.
Soares el oficinista, o su ortónimo, Fernando Pessoa, dice dentro de las primeras páginas de su libro, “Considero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo… La vida me disgusta como una medicina inútil”. Esto es tan solo una mínima muestra de ese extraño y ¿fingido? desapego que ronda las líneas de un texto sin duda complejo, pero fascinante.
Sería interminable traerles aquí algunas citas de El libro del desasosiego, pues cada una puede resultar mejor que otra. La intensión de estas breves palabras es que se acerquen a este maravilloso libro con la disposición de quien se encontrará con un objeto curioso, distinto, único. No obstante, y en honor al juego de heterónimos que manejó a la perfección Fernando Persona (Pessoa en portugués), cierro así: “Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí”.

17 jul 2015

La fugitiva

Sufría de un amor que ya no existía, como a los amputados, en ciertos cambios de tiempo, les duele la pierna que han perdido.
Marcel Proust.


«¡Mademoiselle Albertina se ha marchado!» ¡Que lejos va el dolor en psicología! Más lejos que la psicología misma… Así abre el sexto tomo de En busca del tiempo perdido: La fugitiva de Marcel Proust. Cómo no comenzar con esta cita si precisamente el ¿dolor? por su partida es evidente, latente, aunque te hace dudar sobre su tristeza cuando se entera de su fuga. Se expande como de costumbre con sus ideas y más adelante te hace ver que no le importa que se haya largado, pero luego reflexiona con su potente narrativa dejando en evidencia que sí, que la extraña y le duele: “La verdad es que yo ya no tenía más valor para renunciar a ella como lo tuve con Gilberta… Quería que volviera sin demostrar yo que me interesara que volviera”. Es entonces el orgullo de ¿Proust? —o del protagonista— un sentimiento presente a lo largo de esta obra, manejado con destreza para no quedar como un patán por sus comentarios, tal vez producto de sus “innumerables y humildes yos de los que estamos hechos”, según señala, de los cuales él precisamente deslumbra por su variopinta cantidad: el protagonista orgulloso, enamorado y entregado, celoso en ocasiones e indiferente otras tantas:

Yo no era un solo hombre, sino el desfile de un ejército completo, en el que había apasionados, indiferentes, celosos —ninguno de los cuales estaba enamorado de la misma mujer—.

Empero, ese orgullo se va al traste cuando en medio de su desesperación le envía un telegrama a Albertina suplicándole que vuelva,  bajo las condiciones que sea, “que sólo pediría besarla un minuto tres veces por semana antes de acostarse”. La obsesión por ella va creciendo página a página y la distancia ignota, ese lugar desconocido al que partió, lo desespera y enloquece. Pero es capaz de cavilar sobre su desenfreno y termina por reconocer que “sea por las condiciones sociales o por las previsiones de la prudencia, no tenemos ningún poder sobre la vida de otra persona”.

Todo gira en torno a La fugitiva, es decir, Albertina, quien se las trae, pues hasta se presume de un affaire con una lavandera —entre otras—, y que tras la imaginación de Proust, aquella le respondía ante sus caricias “¡Qué gusto me das!”, pero descubrir si Albertina sigue viva o no, es la prioridad durante toda la historia más allá de sus apetencias carnales. Empero, y mientras se entrega a un constante devaneo en cuanto a sus emociones, constantemente busca en otras mujeres el reflejo de Albertina, viéndola en otros cuerpos tan disímiles como distintos.

Todo el drama posible está en La fugitiva circundando a cada personaje con sus frustraciones y penurias, pero también con lo que alegra el espíritu de cada uno de éstos a la manera de aquellos tiempos, en una época en donde la sociedad y pertenecer a esa pequeña élite acomodada era lo más importante para muchos. Por otra parte, el texto también deja claro lo significativo de mantener intacto el honor ante la vista de todos, conservarlo con dignidad y decoro como una manera de vida.

Hacia el final de La fugitiva, Proust reflexiona —entre otras cosas— sobre la mentira, en lo que ha sido para la humanidad este proceder o manera de reaccionar ante la diversidad de situaciones que se presentan en la vida. La mentira para salvarse el pellejo; la que utilizan los amantes entre sí; la mentira inmersa en la sociedad, bien para subir peldaños o para evitar una estrepitosa caída. Todo esto circundando a la desaparecida Albertina y su tendencia lésbica, sin dejar de lado, la homosexualidad de su amigo Saint-Loup quien decidió salir del closet; sobre matrimonios por conveniencia entre pares sociales para mantener el statu quo; sobre un clasismo prepotente e irritante de los aristócratas de la Francia posterior a la Primera Guerra Mundial y otras tantas cosas que Marcel Proust describe a la perfección.
Aquí les dejo una muy pequeña muestra de algunas frases memorables mientras tomo aire para entregarme al séptimo y último tomo de En busca del tiempo perdido: El tiempo recobrado.

Se desea más a la persona que va a entregarse; la esperanza anticipa la posesión; la añoranza es un amplificador del deseo.

A veces hay palabras que ponen una realidad diferente en el mismo lugar que la que está frente a nosotros, palabras que nos aturden como un vértigo.

El infinito amor, o su egoísmo, hace que la fisonomía intelectual y moral de las personas que amamos sea la menos objetivamente definida; las retocamos continuamente a la medida de nuestros deseos  y de nuestros temores.

La fuerza que en un segundo da más vueltas en torno a la tierra no es la electricidad, es el dolor.

Desgraciadamente los reflejos morales no siempre son idénticos a lo que el buen juicio imagina.

Los elogios dedicados a lo que no amamos no encadenan el corazón.

Cuando nos vemos al borde del abismo y nos parece que Dios nos ha abandonado, no vacilamos ya en esperar  de Él un milagro.

Cada día antiguo queda depositado en nosotros como una inmensa biblioteca donde hay, entre los libros más viejos, un ejemplar que seguramente nadie pedirá.

Hasta tal punto los celos, que en amor equivalen a la pérdida de toda felicidad, son más sensibles que la pérdida de reputación.

El plagio humano más difícil de evitar es el plagio de sí mismo.

Pues muchas veces, para que descubramos que estamos enamorados, quizá incluso para estarlo, es preciso que llegue el día de la separación.

Nuestros hábitos nos siguen incluso allí, donde no nos sirven para nada.

El dolor es un modificador de la realidad tan poderoso como el goce.

El futuro es lo que no existe aún más que en nuestro pensamiento.

No hay idea que no lleve en sí misma su posible refutación; no hay palabra que lleve en sí la palabra contraria.

Toda mujer siente que, cuanto mayor es su poder sobre un hombre, el único medio de marcharse es huir. Fugitiva por reina, así es.


27 abr 2015

El clan perverso

"El clan perverso", reseña de Jesús Santana D Tomado de su bloghttp://bitacoradelscriptorium.blogspot.com/




Siempre es un placer y un riesgo leer a un escritor por primera vez, ya que de eso dependerá que uno quede con ganas de buscar sus libros anteriores —si los tuviese—  o de leer lo próximo que escriba. Como todo es cuestión de gustos siempre es difícil recomendar un libro para todos, que posea la variedad de temas y personajes o que se convierta en un libro para un público específico, por eso creo que a veces puede resultar complicado hablar de un libro y de un autor al que uno va a un primer encuentro.

El venezolano Numa Frías Mileo ya tiene con la novela de la que hablaré en esta oportunidad tres editadas anteriormente El ojo del vientre -Editorial Biblioteca Nueva- (2003), Baruca -Editorial FB Libros- (2010) y su más reciente trabajo El clan perverso -Editorial Lector Cómplice- (2014), la cual me ha dejado buen sabor de boca, tenía tiempo que no me acercaba a un autor relativamente nuevo, venezolano, que me ofreciera una novela con un tema actual y que me enganchara al leerla para saber en qué terminará toda su historia. 

El clan perverso es una novela escrita en el presente. Es la Venezuela de hoy la que independientemente de la posición política que tenga cada ciudadano, todos vemos y padecemos lo que esta situación, en pocas palabras, nos lleva a sobrevivir. No muchos escritores venezolanos hablan directamente de la política de su país, algunos usan para sus novelas lo que sucede por culpa de, no de lo que puede ser en realidad la causa de los problemas. Numa Frías Mileo se atreve a escribir un thriller bastante interesante con giros y cambios de voces todas en primera persona con mucha velocidad, y en algunos momentos, se debe leer con cuidado para saber quién es el personaje que nos cuenta la historia, quién habla y quién es la víctima o los victimarios. El lugar en que se desarrolla la trama es Venezuela y su Revolución Bolivariana, los protagonistas: un secuestrado que pareciera hablar en realidad de un país hecho persona; un maestro con un conocimiento de temas en general que hará todo lo posible para que los jóvenes abran los ojos con respecto a lo que sucede a nuestro alrededor y como todo marcha camino hacia un desastre en nuestro futuro, unos malandros, policías corruptos, personas con poder dentro del gobierno y un posible rescate con una negociación digna de todo thriller o una buena novela negra. La violencia es de esperarse y Numa Frías no se para en censurarla, la usa si el momento dentro de la historia lo exige, lo que quizás pueda causar en algunos lectores sensibles cierta incomodidad.

Numa Frías hace un buen trabajo porque demuestra de manera inteligente armar un rompecabezas usando casi que como eslabones la historia, la política, la filosofía, la actualidad y la literatura para dar un orden a la trama y a sus personajes. Es así que la historia nos lleva por conversaciones imaginarias con Charles Darwin o una visión kantiana de las cosas, de la historia y de la humanidad, nos pasea por un análisis del pensamiento de Albert Camus y la siempre presente opción del suicidio para escapar. De una manera inteligente usa también la gran obra de Fiódor Dostoievski Los Demonios, como espejo referencial de lo que sucede en Venezuela y nos pasea en más de una oportunidad por el pensamiento de Karl Popper con su clásico La sociedad abierta y sus enemigos.

El clan perverso es un libro que tiene todo lo necesario para leerlo con ganas, una pesadilla política, un thriller, una novela negra venezolana y al mismo tiempo es un agradable viaje literario por las lecturas de este escritor venezolano que las sabe usar para desnudar de manera hábil e inteligente, el fracaso que ha significado el socialismo y el comunismo dentro de la historia universal, de cómo los regímenes que han tomado este camino sólo han significado hambre y miseria para sus pueblos. Mientras lo leía en algunos puntos me recordaba el trabajo de Ayn Rand, por la forma en que se construye la historia y algunos de sus personajes.

No es una novela fácil, los momentos de violencia y tortura pueden ahuyentar a algunos lectores, así como la velocidad en los cambios de voces dentro de cada capítulo hacen que uno frene un poco la lectura para no perderse. Pero esta novela vale la pena leerla por el riesgo que toma su autor en crear una historia utilizando hechos reales y cotidianos que se viven en Venezuela, jugando con la ficción de algunos personajes y la realidad del día a día venezolano.

El clan perverso es una buena muestra de que Numa Frías Mileo se encuentra abriéndose camino dentro de las letras venezolanas.

El clan perverso
Numa Frías Mileo
Editado por Lector Cómplice (2014)

220 páginas

18 dic 2014

Resumen de lecturas 2014

Leer para intentar comprendernos a nosotros mismos, escucharnos, sentirnos, reconocer cada palabra que como masa informe está en nuestro adentro; leer para cautivarnos, para dejarnos llevar por la historia de turno. Escribo esto y no deja de impresionarme la gente que no le gusta leer (conozco unos cuantos en este departamento), lo respeto mas no podré comprenderlo jamás. Hay quienes leen como sea, donde sea, en la posición que sea, rodeados de montones de libros alrededor como si éstos esperaran su turno para ser leídos; hay quienes lo hacen (leer) con música y sin ella; también están los que han migrado casi en su totalidad a la lectura digital y eventualmente van al papel, así como están los tradicionales que de vez en cuando van al encuentro digital. En fin, las oportunidades de lectura se dan donde sea pues es uno mismo quien las propicia: en medio del caos y el ruido de la calle, en el transporte público, en la oficina, en la comodidad de la casa y un largo etcétera.


En cuanto a mis lecturas, amén de los autores de otros países y mi acostumbrando desorden que me hace saltar de un libro a otro, considero que para el medio literario venezolano fue la poesía quien llevó la punta, no dejo de lado la narrativa, el ensayo, la crónica, etc., pero en cuanto a mis gustos, apetencias y lo que el propio mercado editorial local ofreció a los lectores a pesar de lo difícil que es publicar un libro en nuestro país, insisto, la poesía para mí tuvo un lugar privilegiado en mis afinidades como lector.
Dejé de reseñar mis lecturas no por falta de ganas sino de tiempo. Obligaciones académicas y profesionales han reclamado su debida atención, y esto, caros y poquísimos lectores, hay que respetarlo y atenderlo. Aquí les dejo mi acostumbrado resumen de lecturas del 2014, y como es lógico, no incluyo las lecturas aún en progreso. Por cierto, interesante número de libros leídos… “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”.  Y ahora, a ordenar los libros en la oficina.


  1. La noche oscura del niño Avilés de Edgardo Rodríguez Juliá
  2. En sueño matarás de Fedosy Santaella
  3. El polvo de los muertos de Norberto José Olivar
  4. El último encuentro de Humberto Acosta
  5. Cómo editar un libro de Carmen Verde
  6. Fuera de tiesto de Armando Rojas Guardia
  7. Simone de Eduardo Lalo
  8. Días de bruma de Luis Alejandro Contreras
  9. La noche del oráculo de Paul Auster
  10. Los boys de Junot Díaz
  11. En busca del tiempo perdido: La prisionera de Marcel Proust
  12. En el bar la vida es más sabrosa de Luis Barrera Linares
  13. Beberes de un ciudadano de Luis Barrera Linares
  14. Entre héroes y tombos de Luis Barrera Linares
  15. Partida de yacimiento de Luis Barrera Linares
  16. Parto de caballero de Luis Barrera Linares
  17. Cuentos de humor y locura de Luis Barrera Linares
  18. Breves y bravos de Luis Barrera Linares
  19. La sombra inmóvil de Antonio López Ortega
  20. Las horas claras de Jacqueline Goldberg
  21. La decisión justa de José Miguel Roig
  22. Te mataré dos veces de Carlos Patiño
  23. Comunismo: fariseísmo glorificado de Fernando Mariño
  24. Y la familia se fue de Michael Kimball
  25. Así en la vida como en los libros de Sael Ibánez
  26. Celestino antes del alba de Reinaldo Arenas
  27. Antes que anochezca de Reinaldo Arenas
  28. El color del verano de Reinaldo Arenas
  29. Jinete a pie de Israel Centeno
  30. Calletania de Israel Centeno
  31. El hombre duplicado de José Saramago
  32. Martinica round trip de Mauricio Vélez
  33. Juez en el invierno de Jorge Gómez Jiménez
  34. Los cuadernos de don Rigoberto de Mario Vargas Llosa
  35. Elogio de la madrastra de Mario Vargas Llosa
  36. El viajero más lento de Enrique Vila-Matas
  37. La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares
  38. Sonetos y aquellos de Andrés Barrios
  39. 35 minutos de Nelson Cordido
  40. Las guerras íntimas de Roberto Martínez Bachrrich
  41. Álbum de mar de Arnaldo Jiménez
  42. La casa de dos palmas de Manuel Mejía Vallejo
  43. Santa Ángela del cerro de Eloi Yagüe Jarque
  44. Cosas que los nietos deberían saber de Mark Everett
  45. La misa de Manuel Acedo Sucre
  46. Happening de Gustavo Valle
  47. Ni tan chéveres ni tan iguales de Gisela Kozak Rovero
  48. Antología mayor de Alfonsina Storni
  49. En busca del tiempo perdido: La fugitiva de Marcel Proust
  50. Casa de pisar duro de Gina Saraceni
  51. I’m Ozzy: confieso que he bebido de Ozzy Osbourne
  52. Diario de invierno de Paul Auster
  53. Sombras sobre la luna de Van Gogh de Cesia Hirshbein
  54. Ser al decir de Alfredo Chacón
  55. Por decir así de Alfredo Chacón
  56. El último día de mi reinado de Manuel Gerardo Sánchez
  57. Próximo tren de César Segovia
  58. En medio del blanco de Kira Kariakin
  59. Maneras de irse de Ricardo Ramírez Requena
  60. El clan perverso de Numa Frías
  61. Sin negativos y estaciones de Edda Armas
  62. El orden del discurso de Michel Foucault
  63. Limones en almíbar de Jaqueline Goldberg
  64. Te habías secado el pelo y comenzó a llover  de Alejandro Rodríguez Morales
  65. Contrapastoral de Harry Almela
  66. Lugar de tránsito de Flavia Pesci
  67. El libro de la tribu de Santos López
  68. Objetos no declarados de Héctor Torres
  69. Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar
Investigando algunas cosas sobre José Saramago, me di cuenta de que dejé por fuera Las intermitencias de la muerte, así que fueron 70 libros.


21 nov 2014

En medio del rito

En medio del rito
                                  
                                   viéndome
con las cejas erguidas al cielo
explorando el entorno
que no te pertenece

tres palabras antes
el aún sería perfecto
un condicional ingenuo
que hace girar el mundo



bruja
eso eres y  no me importa
no hay escoba ni sombrero
ni el caldero inmenso para herirme

sólo basta
el sortilegio exacto
la pócima
            con tres cucharaditas de tu voz
y seré tu verso


Jamming poético 20 11

Un hombre en muletas —creo que iba en muletas— pasó por un costado de la tarima y gritó “ustedes lo que están es loco e bolas”. Lo dijo dos veces mientras su paso punto y coma lo hacía desplazar hacia el sur de la plaza…



Y sí, hay que estar un tanto loco —no sé si loco e bola— para escribir poesía. Pero eso es algo que ya no está en uno, es decir, para aquellos que hacemos o escribimos poesía, es algo que nos antecede, que está allí de manera constante desde el primer encuentro con la palabra en nuestra infancia. Hay picos altos en donde tal vez se enaltece la parte más brillante de la poesía, con vistas al ser amado, la naturaleza, la ciudad, etc; pero también están los fosos, las terribles cavernas en donde el hundimiento del poeta es absoluto, y si bien es cierto que los pensamientos y los versos más duros pueden cobrar vida, no es menos real que incluso desde las sombras despunta un rayo de luz.

La experiencia poética es entonces impredecible, pues una vez que los versos están escritos, ya no le pertenecen a su creador, sino a ese lector que es capaz de ver maravillas en algún poema o en algunos versos que al propio poeta no lo convencen. Aquí hago honor —no creo que a todos ustedes, poetas— a mi eterna insatisfacción con lo que escribo: que si un adjetivo de más o de menos; para qué este adverbio; esta imagen no está bien lograda. Y así un largo etcétera que terminaría por aburrirlos. 

El comentario va en dirección de reconocer la pluralidad de voces con quienes tuve el privilegio de compartir el Jamming poético de ayer jueves 20 de noviembre; una prerrogativa que se agradece en estos tiempos en donde la palabra ha sido tan golpeada en nuestro país (no hablaré de política, ustedes entienden) y que va de la mano gracias a sus promotoras (promotoras suena a birras, digamos mejor, a sus creadoras) Kira, Georgina y Jacqueline. Si dejé a alguien por fuera, ofrezco disculpas. Y en mi caso particular hago énfasis en Kira por su empeño conmigo, pues fueron tal vez unos ¿dos? ¿tres? años que estuvo invitándome y yo me hacía el sueco para no asistir. Pero como a cada chancho le llega su sábado, en este año ya son dos Jamming en los que participo.

Los felicito a todos, a Flavia, a quien apenas conocí anoche y ya habrá tiempo para leernos con calma; a Fedosy, “coleao” un cuerno, maese; a Oriette, donde me extiendo un poco porque siendo la “debutante”, pues no te cuento cuando te consagres, medio palo poético. Ya vendrás al programa para que compartas tu poesía con nuestra audiencia; Jairo, idem, a leernos (fue a ti a quien llamaron loco e bola, jajaja); Daniela, qué querés que te diga, me la pones bombita para hacer el verdadero Jamming, y ojo, no hago trampa no no y no, como le repliqué a la poeta Claudia Sierich “yo te lo dije chirulí”, y a Hernán Zamora, que teniendo a una poeta como la Goldberg al lado, no podía esperar menos de tu poesía.

La noche de anoche, como dice la canción, para mí fue doblemente especial, tanto por la poesía, como por… eeeh, asuntos personales. Ratifico entonces que en este país hay más poetas que mototaxistas, así que sigamos trabajando la palabra para combatir el caos.

A todos ustedes, namasté.