27 jul 2020
24 dic 2019
Resumen de lectura 2019
Cuánto
extraño mi biblioteca, cuánto… Después de extrañar a cada segundo a mi hijo, a
mi familia y amigos, la biblioteca le sigue en ese preciso orden. He querido
citar a algunos autores, sé que tomé notas, sé que subrayé, pero los libros
están allá, lejos, a más de 5.000 kilómetros de distancia y prefiero dejar
pasar lo que pudo ser una cita memorable. He querido releer uno que otro libro,
pero están allá, en ese lugar sagrado de mi casa para leer. He querido leer un
libro que compré y quedó intacto, nuevo, en su papel de protección, allá, en la
biblioteca de la sala o de mi cuarto, más cuando lo veo en una librería por
estos predios y cuesta un realero (aquí dirían un “luquero”). Pero mi juguete
favorito ha dado la talla, mi súper Kindle que también ha soportado frío y
calor. Fueron sesenta (60) libros, nada mal para estar trabajando un promedio
de doce horas al día. Así que aquí va mi resumen de lectura 2019:
- Seda,
Alessandro Baricco (relectura).
- La
librería ambulante, Christopher Morley.
- Siete
cuentos morales, J.M. Coetzee.
- El
librero, Roald Dahl.
- La
noche en que Frankenstein leyó el Quijote, Santiago Posteguillo
- Doce
cuentos peregrinos, Gabriel García Márquez (relectura)
- Una
librería en Berlín, Francoise Frenkel.
- Una
novela criminal, Jorge Volpi.
- España,
aparta de mí estos premios, Fernando Iwasaki.
- Sostiene
Pereira, Antonio Tabucchi (relectura).
- Échame
el cuento de Drácula, Brigitte Monteiro.
- La
utilidad de lo inútil, Nuccio Ordine.
- NOS4A2,
Joe Hill.
- Tierras
de poniente, J.M. Coetzee.
- El
hombre en busca de sentido, Viktor E. Frankl.
- Más
maldito karma, David Safier.
- Mac
y su contratiempo, Enrique Vila-Matas.
- El
hombre de los dados, Luke Rhinehart.
- Catedral,
Raymond Carver.
- De
qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver.
- Fahrenheit
451, Ray Bradbury (relectura).
- Según
pasan los años, Israel Centeno.
- La
caja de botones de Gwendy, Stephen King y Richard Chizmar.
- Mujeres
que matan, Alberto Barrera Tyszka.
- Animales
domésticos, Alejandra Costamagna.
- Diario
en ruinas, Ana Teresa Torres.
- Qué
vergüenza, Paulina Flores.
- Terror,
varios autores.
- No
leer, Alejandro Zambra.
- Manual
para mujeres de la limpieza, Lucía Berlin.
- El
complot, Israel Centeno.
- Últimas
palabras de Yukio Mishima, Takashi Furubayashi, Hideo Kobayashi.
- La
reina Isabel cantaba rancheras, Hernán Rivera Letelier.
- El
núcleo del disturbio, Samanta Schweblin.
- El
punto ciego, Javier Cercas.
- Un
taxi hasta tus brazos, Arnoldo Rosas.
- Esta
bruma insensata, Enrique Vila-Matas.
- El
matrimonio de los peces rojos, Guadalupe Nettel.
- La
lámpara maravillosa, Ramón del Valle Inclán.
- Manos
de lumbre, Alberto Chimal.
- La
belleza del marido, Anne Carson.
- Dietario
voluble, Enrique Vila-Matas.
- El
escritor de epitafios, Hernán Rivera Letelier.
- Profanaciones,
Giorgio Agamben.
- Tráeme
tu amor y otros relatos, Charles Bukowski.
- Diario
de un mal año, J.M. Coetzee.
- Los
cielos de curumo, Juan Carlos Chirinos.
- Foe,
J.M. Coetzee.
- Factotum,
Charles Bukowski.
- Tema
libre, Alejandro Zambra.
- Serototina,
Michel Houellebecq.
- El
cuarto de los temblores, Jacqueline Goldberg.
- Música
de cañerías, Charles Bukowski.
- Pájaros
en la boca, Samanta Schweblin.
- Aquella
noche, Cristina Peri Rossi.
- Un
caballero en Moscú, Amor Towles.
- Destellos
acuosos, Yhonais Lémus.
- Los
peligros de fumar en la cama, Mariana Enríquez.
- Broadway-Lafayette,
Pedro Plaza Salvati (en curso, pero antes del 31 lo termino).
- El
año del pensamiento mágico, Joan Didion (idem).
18 jun 2019
Manual para mujeres de la limpieza
Por Brigitte Monteiro.
Para los lectores se hace complicado elegir una nueva lectura, hay que seleccionar entre: los libros que queremos leer, los que te recomiendan colegas lectores, los que son recomendados por otro libro, los que ves en las librerías, los que son reseñados en el periódico y las redes sociales, los que ves en la página de novedades de la que descargas libros, en fin, hay muchas opciones.
Elegimos siempre con la esperanza de disfrutarlo, pero no hay mayor recompensa que la sorpresa.
Debo confesar que hace casi dos años que tenía el gusanillo por leer este libro, pero por alguna razón lo había relegado fuera de mi lista de prioridades.
Al fin, el domingo en la mañana arropada en el sofá, a 2º C terminé de leerlo.
Quedé en shock, gratamente sorprendida. Impresionada, boquiabierta. No he parado de hablar sobre estos relatos.
Lucia Berlin es mi descubrimiento este año, quedé fascinada.
La naturalidad de la prosa no busca esconder ni darle poesía a la miseria humana.
Tampoco son relatos cargados de pretensiones morales, son relatos provistos de la más pura realidad.
El humor negro, el sarcasmo y la irreverencia son la constante en estos relatos que inevitablemente llevan al recuerdo de Carver, Estos relatos nos muestran retazos de su impredecible vida, nos muestran personajes sórdidos e ingeniosos, creo que esta lectura es terapéutica, confieso que lo estuve leyendo durante mi jornada laboral y no sentí un ápice de culpa. Lucia Berlín sí que es un fenómeno literario.
Puedo mencionar entre mis favoritos:
1. Estrellas y santos
2. Melina
3.Atracción sexual
4. Luto
5. Una aventura amorosa
6. Carmen
7. Mamá
8. Mijito
Y mención aparte para " La vie en rose" porque tiene como escenario Pucón, este pueblo gobernado por volcanes en la geografía chilena, al que ahora llamo hogar.
Cuando intento relacionar a Lucia Berlin con otros autores que he leído vienen a mi mente Carver, Palahniuk, Hubert Selby Jr, Irwine Welsh y Brett Easton Ellis. No es un libro para mojigatos,es una joya y recomiendo su lectura acompañada de un buen trago de vodka.
13 mar 2019
Doce hombres a caballo, una mirada por Heberto José Borjas
Tomado de Letralia.com
Las dos primeras publicaciones de Jason Maldonado fueron libros de poesía. Emprendió en narrativa con la novela Verde que me muero (2014) y transcurrieron casi cinco años hasta que publicó una compilación de relatos que estuvieron hibernando por años en aquella dimensión donde perviven los manuscritos inéditos hasta adquirir la forma final que se puede leer en Doce hombres a caballo, editado por FB Libros en diciembre de 2018. La obra en cuestión es un hermano menor (por su reciente data, no por su calidad, que quede claro) que se parece al mayor, pero sin ser una repetición de la fórmula que hizo de Verde que me muero una novela solvente. Si un lector se enfrentase a ambos textos sin saber quién es el autor, bien podría concluir que es el mismo, teniendo claro que una novela y un libro de cuentos son creaciones conceptualmente diferentes. Entonces, si un narrador es capaz de dejar patente en dos obras distintas una voz definida y singular que les ponga sello de origen y que no dé lugar a dudas, nos encontramos ante alguien que demuestra maña y madurez en un oficio tan volátil como lo es el de contar historias. Eso, sin temor a parecer cursi, es admirable, es lo que los narradores están llamados a encontrar para hacerse de una estrella con su nombre en el firmamento literario.
Desde la primera historia, el libro deja un regusto a barriada caliente, con inevitables referencias coloquiales y descripciones de ambientes que harían palidecer a quien no los haya visitado.
Que un libro de cuentos utilice personajes que son principales en unas historias y los presente como secundarios o meras referencias en otras hace pensar que Doce hombres a caballo pudo haber funcionado como una novela coral. Ignoro si tal consideración pasó por la mente del autor durante la concepción. De todos modos la obvia cosificación de ciertos personajes que van y vienen habla de una intención deliberada de retar la atención del lector, quién deberá armar los hechos para establecer las líneas cronológicas y dramatúrgicas que unen a Pega Camacho con Alan Brito, a Carlota con Rufino y con El Enano, apenas algunos de los arquetipos demasiado humanos que alardea el libro, ubicados aquí y allá entre las páginas para que no los olvidemos del todo al final del relato que los presenta por primera vez. Como en la fallida serie Touch, del productor Tim Kring (si, el mismo que produjo Héroes), la premisa de que todos los seres humanos estamos conectados es una punta de lanza con la que Maldonado nos transmite que sabe manejar estructuras más complejas que la narración lineal. Aquí el autor se supera en el uso del humor fino y del sarcasmo para describir y a la vez burlarse de sus personajes y/o del patetismo de los lances que experimentan. Al respecto hace recordar el tono de Alfredo Bryce Echenique en Dos señoras conversan o en La amigdalitis de Tarzán, donde el maestro peruano nos saca una risa aun en situaciones que, vistas por medio de una cámara, serían intrascendentes, pero que se tornan hilarantes y perdurables en la memoria gracias a la alquimia de la palabra escrita.
Desde la primera historia, el libro deja un regusto a barriada caliente, con inevitables referencias coloquiales y descripciones de ambientes que harían palidecer a quien no los haya visitado. La cotidianidad narrada no tiene nada que envidiarle en intensidad y creatividad a aquellos libros que se han atrevido a hacer del neologismo, del lenguaje de la calle o de la vida real un estilo tan digno de respeto como cualquier otro. Quién sabe si es un involuntario guiño o tributo a ese clásico de las letras venezolanas de los años noventa, Salsa y control, de José Roberto Duque, que aborda estéticamente y sin miramientos el quehacer diario y el estilo lingüístico de los cerros caraqueños.
El relato “Cleobaldo Bídente” deleitará a los lectores que aman leer sobre metaliteratura (es quizás uno de los tres mejores cuentos de la obra): un personaje ficticio narra la epopeya de su participación en un concurso literario. El capítulo llamado “Llave 13” alude a esas vivencias imborrables de la infancia, a las anécdotas que nos marcan por años y las que le damos salida a través de las cualidades ilimitadas de la prosa. “Pega Camacho” cuenta a un personaje de esos que desprenden un raro magnetismo que nos hace ponernos de su lado. “Alan Brito” es la historia de una tensa partida de basquetbol donde un jugador del equipo ganador, un guapetón de barrio de condición libérrima y malos modales, sufre una mala pasada del destino ante malos perdedores. En “El padre Orángel” un sacerdote revive en la memoria un episodio libidinoso con una monja mientras al otro lado del confesionario Hirdenia le cuenta de sus pecados carnales con un hombre ajeno. Y esto es sólo una muestra de la galería de peculiares vicisitudes por las cuales pasan los protagonistas del libro.
Doce hombres a caballo se antoja no como el puñetazo en la panza de alguien furioso que nos reprocha nuestras fallas culturales, sino como la palmadita suave en la mejilla de alguien sonriente que nos dice con ironía: “Que no se te olvide que así somos”.
Sería mezquino pasar por alto el relato llamado “Coca”, que cierra la obra, en el cual Maldonado nos da testimonio de la degeneración del mundo y de Caracas, desde la perspectiva de un ente maligno que funge como acomodador del destino, al extremo de asemejarla con Comala, la ciudad fantasma de Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Y este es un rasgo inevitable en la narrativa venezolana en este casi primer quinto del siglo XXI: la denuncia de la destrucción de la venezolanidad como resultado de la inobservancia de la ley, de las malsanas prácticas gubernamentales, de la lucha por la supervivencia, del desprecio a la solidaridad que motiva la búsqueda del bienestar individual. El glosario de razones es extenso, pero al final del día el autor, en este relato largo, prácticamente una nouvelle, deja testimonio del dolor y la rabia con que se ha atestiguado el desmedro del suelo natal y nos propone una motivación más metafísica (pero no por eso absurda) del descalabro actual de la mencionada capital.
Hay tantos rasgos del gentilicio venezolano y latinoamericano mostrados con delicadeza y buen gusto (el hipismo, los míticos parientes que parecen sacados de libros de fantasía, nuestra violencia intrínseca, la arrogancia del hombre que ejerce una posición de poder) que Doce hombres a caballo se antoja no como el puñetazo en la panza de alguien furioso que nos reprocha nuestras fallas culturales, sino como la palmadita suave en la mejilla de alguien sonriente que nos dice con ironía: “Que no se te olvide que así somos”.
24 dic 2018
Resumen de lecturas 2018
Un año que ya casi termina, un año para agradecer a esas entidades mayores por llevarnos a buen asubio en este periplo extraño y duro que se llama migrar. Las cargas, después de casi un año, ya comenzaron a enderezarse, no obstante el corazón, y aunque suene a cliché, a lugar común, sigue en Venezuela: allá la familia, allá los amigos, allá los lugares que también forman parte de la vida. Quiero agradecer primero que nada a nuestros padres, madres, abuelas, mi hijo, por la paciencia y el apoyo brindado para hacer de este viaje una instancia más llevadera. A mi esposa, por la fortaleza, el impulso y el amor. A mis amigos, esos seres de luz que la vida puso en mi camino por alguna razón, así que los nombraré: Numa Frías, quien también se sumó a la incontenible diáspora venezolana; Roger Michelena, el maese, ese tío simpático (cuando quiere) a más no poder, que sigan los libros y el café; Pedro y Ramón, maestros heladeros, modelos a seguir en una Venezuela posible; Jesús Santana, un librero a todo dar, esforzándose día a día por tener una librería bien nutrida y al selecto grupo que siempre se reúne allí para leer los aforismos de la bruja; Linsabel, Kira, Yoyiana y Jorge, por seguir adelante con Librería Sónica, esa modesta ventana para nuestra literatura; Verónica, profesora, locutora y amiga, que atraviesa un final de año difícil, sigue adelante; a los amigos de Radio Caracas Radio: Zomaira, Mercedes, Nataly, Jaime, mi admiración siempre por ustedes; Carlos Feo, Giner García, Dámaso Blanco, Héctor Henríquez, Pancho López, Rafa Rodríguez, José Luis Oviedo, Faustino Méndez, para mí, el mejor circuito radiofónico de béisbol que pueda existir; a los conocidos virtualmente en las redes sociales, los que compartimos afinidad por los libros y el café, y a todos aquellos que pasaron por el estudio de Librería Sónica. A todos ustedes mi abrazo de cariño y feliz navidad.
Bueno, la verdad es que quería hacer mi lista de libros leídos en este 2018 pero me fui por otro sendero. En todo caso, mis lecturas se vieron reducidas notablemente con respecto al 2017 por razones obvias. En todo caso aquí va:
1. Desde la nada, Heberto José Borjas
2. Bellas ficciones, Yolanda Pantin
3. La meditación, Miguel Marcotrigiano
4. Bajo infinito, Claudia Noguera Penso
5. Alabardas, José Saramago
6. Ensayo sobre la lucidez, José Saramago
7. Cuadernos de Lanzarote I, José Saramago
8. Días extraños, Ray Loriga
9. Lo peor de todo, Ray Loriga
10. Héroes, Ray Loriga
11. El prisionero del cielo, Carlos Ruiz Zafón
12. Tratado de culinaria para mujeres tristes, Héctor Abad Faciolince
13. Carrie, Stephen King
14. Inés del alma mía, Isabel Allende
15, La infancia de Jesús, J.M. Coetzee
16. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, Raymond Carver
17. Entrevistas breves con hombres repulsivos, David Foster Wallace
18. Cómo lee un buen escritor, Francine Prose
19 Uno o dos de tus gestos, Jorge Gómez Jiménez
20. Cuando pase tu ira, Assa Larsson
21. El abominable hombre de las nieves y otros relatos, Néstor Cánchica
22. La chica sobre la nevera y otros relatos, Etgar Keret
23. Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia
24. Aquí y ahora, Paul Auster/Coetzee
25. La lámpara maravillosa, William Ospina
26. El monarca de las sombras, Javier Cercas
27. Cementerio de pianos, José Luis Peixoto
28. Sumisión, Michel Houellebecq
30 dic 2017
Resumen de lecturas 2017
Un
año más de lecturas. Usted que seguramente también es lector sabe del
extraño placer que nos causa esto: leer.
Verbo que podemos conjugar en diversos tiempos, y que además, procuramos
aplicar las veces que nos sea posible, sea donde sea que estemos y el número de
ocasiones que el día nos consienta en medio del diario quehacer.
#Leercomoydondesea es mi máxima. Mi programa de radio, Librería sónica, me ha
permitido acercarme a muchos autores y a sus obras, razón por la cual aquí
verán todos los libros que leí en función de cumplirle a los invitados, como a
la audiencia, siempre generosa por escucharnos. Pero amén de esto, están
también las lecturas de ocio, placer o
estudio, de autores conocidos a los cuales vuelvo para seguirle las pistas, y
de autores y sus obras totalmente nuevas para mí. Aumenté el número total de
libros leídos con respecto al año anterior, pero esto no necesariamente sea
bueno. A veces siento la necesidad tremenda de hacer una pausa entre una
lectura y otra, dejar que se decante en mí, pero me resulta imposible si de
cumplir con el programa de radio se trata. Ahora, en cuanto a mis lecturas
personales, difícilmente lo logro y dura muy poco tiempo esta pequeña pausa que
termina convirtiéndose en tiempo de escritura. En todo caso, si no estoy
leyendo estoy escribiendo o todo lo contrario. Que el 2018 traiga nuevos libros
para todos. Namasté.
1.
Los nombres, Fedosy Santaella
2.
Bellas ficciones, Yolanda Pantin
3.
Seis días en el fondo del mar, Carlos Suñer
4.
Memorial de la caída, Joaquín Marta Sosa
5.
El hombre azul, Pedro Plaza Salvati
6.
Voces de Chernóbil, Svetlana Aleksiévich
7.
Lo irreparable, Gabriel Payares
8.
14 minutos, José Luis Bigott
9.
Entusiasmos, Luis Gerardo Mármol
10.
Dulce mandioca para buscar a Manuelita,
Maribel Proietti
11.
El ruido del tiempo, Julian Barnes
12.
El sentido de un final, Julian Barnes
13.
El loro de Flaubert, Julian Barnes
14.
Niveles de vida, Julian Barnes
15.
Pulso, Julian Barnes
16.
Historias de la marcha a pie, Victoria de
Stefano
17.
Diarios, Victoria de Stefano
18.
El oficio de vivir, Julio Ramón Ribeyro
19.
El cocodrilo rojo y Mascarada, Eduardo Liendo
20.
En (des)uso de la razón, Caupolicán Ovalles
21.
Veinte merengues de amor y una bachata desesperada, J.C. Méndez Guédez
22.
El baile de madame Kalalú, J.C. Méndez Guédez
23.
El espejo siamés, Ben Amí Fihman
24.
¿Respira, quién en el umbral?, Hernán Zamora
25.
Bajo infinito, Claudia Noguera Penso
26.
La broma infinita, David Foster Wallace
27.
Héroes, Ray Loriga
28.
Lo peor de todo, Ray Loriga
29.
Días extraños, Ray Loriga
30.
El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde,
Robert L. Stevenson
31.
En el café de la juventud perdida, Patrick
Modiano
32.
La trivialidad del mal, Emmanuel Rincón
33.
Travesuras de una niña mala, Mario Vargas
Llosa
34.
Menos que cero, Bret Easton Ellis
35.
Suites imperiales, Bret Easton Ellis
36.
Cuerpo, Flavia Pesci Feltri
37.
El misterio de Salem’s Lot de Stephen King
38.
En el umbral de la noche de Stephen King
39.
El fantasma de Prospect Park de Albo Aguasola
40.
El cielo invertido de José Napoleón Oropeza
41.
Libro 3 de Francisco Catalano
42.
Ellos vivieron en el país porvenir de José
Antonio Perrella
43.
Vigilia en la desmesura de Héctor Aníbal
Caldera
44.
Un amor como éste de Luis Morales
45.
Comí de Martín Caparrós
46.
Gula de Ángela Molina
47.
En tu vientre de José Luís Peixoto
48.
Galveias, de José Luis Peixoto
49.
Nada de Janne Teller
50.
Seguros de justicia, C.A. de Raúl Sojo Montes
51.
El cerco de Bogotá, de Santiago Gamboa
52.
Materia intacta, de Adálber Salas
53.
El deseo y el infinito, de Armando Rojas
Guardia
54.
Doctor Faustus, de Thomas Mann
55.
Inquieta compañía de Carlos Fuentes
56.
La tarea del testigo de Rubi Guerra
57.
Villa Diamente de Boris Izaguirre
58.
Diarios de rehab de José Antonio Parra
59.
La muerte del padre, Karl Ove Knausgard
60.
26 humillados, Jacobo Villalobos
61.
Diarios íntimos, de Charles Baudelaire
62.
El bebedor de Hans Fallada
63.
Diarios de la cárcel de Hans Fallada
64.
Relatos de la orilla negra V. varios autores
65.
Los ausentes de Rubén Ackerman
66.
Viaje a Tetios de Paco Giommi
67.
Aghori de
Néstor Cánchica
68.
Los blancos estáis locos de Luis Melgar
69.
Viaje desnudo de Trina Oliveira
70.
Tiempo añil de Karla Castro
71.
Lo que me dijo Joan Didion de Pedro Plaza
Salvati
72.
El impostor de Javier Cercas
73.
Diario de un seductor, de Soren Kierkegaard
74.
Miedo de Ronald Hubbard
75.
Tombuctu, de Paul Auster
76.
En medio de la nada, de J.M. Coetzee
77.
Verano, de J.M. Coetzee
78.
Sueño de sueños y los últimos días de F. Pessoa, de Antonio Tabucchi
79.
Espacios para decir lo mismo, de Hanni Ossott
80.
El reino donde la noche se abre, Hanni Ossott
81.
Arena negra, Juan Carlos Méndez Guédez
82.
Cuentos completos, Fernando Pessoa
83.
Caín, José Saramago
84. Charlie Cobra, Miriam Marrero de Bigott.
84. Charlie Cobra, Miriam Marrero de Bigott.
1 may 2017
Una modesta proposición de pseudo reseña de La broma infinita de David Foster Wallace para evitar que los lectores del mundo, preferiblemente hispanoparlantes y habitantes de Caracas, Venezuela, me pidan el libro prestado y hacer que sea de provecho para todos en general. Sí, pseudo porque resulta imposible sintetizar en dos cuartillas 1092 páginas y 388 notas al pie.
...
LBI empieza con la voz del joven Hal (Harold) Incandenza, de 17 años, diagnosticado con DDA (desorden de déficit de atención), una promesa para el tenis profesional de su país y mundial. Pero, en la AET (Academia Enfield de Tenis), si bien es cierto que lo que importa es este deporte, en muchas ocasiones lo que parece tener valía son las mañas, las historias ocultas, los fármacos y las drogas a las cuales recurren todos, bien para tolerar alguna lesión, o por lo contrario, para divertirse un poco, por ello mismo está el dealer (uno de los mismos estudiantes) que trafica con orine de niños para que las pruebas toxicológicas salgan a favor y no sean expulsados de la AET.
David Foster Wallace explora el mundo del tenis, el mismo del cual fue parte; lo critica con ferocidad por ser terriblemente envolvente, por coartar las libertades de sus participantes y porque los niveles de exigencia se le antojan opresivos y anormales: “compites con tus propios límites para trascender al yo en imaginación y destreza… Por eso el tenis es una empresa esencialmente trágica”. Según el propio DFW el tenis es un híbrido entre el boxeo y el ajedrez, precisamente por ello la importancia del torneo WhataBurguer en LBI.
Otra vertiente de LBI tiene que ver con el mundo de los Narcóticos Anónimos (NA) en la Ennet House (“un monstruo que respira”) y los Alcohólicos Anónimos (AA), seguramente el más duro que pueda verse por escrito en una obra literaria. Allí están sus patéticos personajes mostrándose tal cual son cuando se drogan y llegan al éxtasis, o cuando imposibilitados de su “hope” (marihuana), “low ball” (mezcla de varias drogas con orine), de heroína, DMZ, de la “lóbrega anestesia espiritual”, la araña, la sustancia, cocaína o la mortal “esperanza” (la más ruda de las drogas) –como ya dije por otros medios, un vademécum perfecto de las drogas y el alcohol– caen en esa suerte de delirium trémens mortal, como uno de los personajes (se llama C.) que en medio de la desesperación se inyectó “drano”, sí, el destapa cañerías, y los resultados obviamente fueron mortales, pero lo que destella aquí no es que muera, si no, cómo lo narra, cómo lo cuenta DFW.
Mientras asistimos al bajo mundo de los adictos a las drogas y al de los alcohólicos (aunque suene tautológico), con situaciones cada vez más grotescas y perturbadoras, una cada vez más terrible que otra, el cine cobra fuerza como pasión en la vida del amorfo Mario Incandenza (“Bubu”, hermano de Hal) y de James (Jim, el bromista infinito) Incandenza, padre de ambos, con una larga filmografía que se lleva más de diez páginas en las notas al pie de página (¿se entiende?) explicando cada una de las supuestas películas, gran parte de ellas del género mudo.
En este quehacer cinéfilo, Jim Incandenza (llamado también Él mismo, Cigüeña loca, Cigüeña triste o Mr. Cigüeña) utiliza las ¿destrezas? histriónicas de Joelle Van Dyne (también adicta a cualquier droga) en parte de su filmografía, saltando la duda de si es amante o no de Él mismo. Pero resulta que Joelle es pareja, o al menos eso se da a entender, de Orin Incandenza (el hermano mayor de todos), quien no triunfa en el tenis pero llega a ser un gran pateador de fútbol americano y es acechado por una periodista para develar su historia familiar. Devienen los conflictos y el muy original suicidio de Jim Incandenza (allí el interés de la periodista), lo cual no contaré y que Hal fue el primero en llegar al lugar de los hechos: de manera magistral él le cuenta a su hermano Orin lo que halló en la perturbadora escena.
Estoy dejando por fuera momentos terribles, pero narrados con una calidad única: una embarazada que le encanta meterse piedra; la muerte de un personaje al que amordazaron en su propia casa para robarlo y murió asfixiado porque tenía gripe; el programa de radio de Madame Psicosis; el caso de Eric Clipperton, que jugaba tenis con una glock en una de sus manos y que amenazaba con suicidarse en plena cancha si perdía el partido; el brutal asesinato de Lucien Antitoi; las dantescas y originales matanzas de gatos a cargo de Randy Lenz y cómo la madre de este quedó atascada del culo en la ventana del carro y bañada en mierda; cómo el aspa de un helicóptero decapita a una feliz madre; la violación de Matty Pemulis por parte de su padre y un largo primor de historias dignas de psiquiátrico. No obstante, añado unas líneas fundamentales para estos dos personajes:
Don Gately, que paradójicamente no siente ningún tipo de simpatía por la gente de NA, pero de cuyo lugar (Ennet House) es una suerte de conserje, pues como dice el narrador “todos abrazándose y fingiendo que no añoran la Sustancia (sic)”, pero que adora a los AA y del cual forma parte, es “un viejo adicto a los narcóticos por vía oral”, particularmente de su adorado Demerol y que además es un ladrón en proceso de recuperación. Personaje fundamental en LBI, que termina herido de bala en el hombro y sufre unos terribles dolores y unas alucinaciones tremendas, sobre todo cuando conversa con el espectro que lo acecha y, fundamentales para criticar al Estado Onanista en el que viven, Les Assasins des Fauteuils Roulants, una suerte de secta canadiense que comete fechorías a más no poder. Lo ¿gracioso? de este grupo es cómo cada uno de sus integrantes llegó a perder la motricidad de las piernas para terminar en sillas de ruedas, algo que tampoco contaré, pero que como pista se pudiera comparar con el famoso chiken que juegan los estadounidenses, aunque el de los canadienses es mucho más temible y arriesgado. Los AFR quieren colarse en la AET y no precisamente para jugar raqueta en mano.
Más allá de lo anecdótico de todas las historias, está la forma y el estilo de DFW para contarlas, sobre todo la manera de titular los capítulos, entrañable manera de burlarse y ser sarcástico a más no poder del sistema de vida estadounidense, siendo satírico todo el tiempo. Mención aparte merece recordar que en más de una ocasión la lectura te obliga a volver a una larga nota a pie de página (¿habrá quien haya caído en esta broma?). Amén de esto y salvando las distancias, no pude evitar hacer la comparación entre Marcel Proust que se llevó ya no recuerdo cuántas páginas para describir el hecho de levantarse de la cama y DFW cuando se toma todo un largo capítulo en la voz de Hal (en LBI todo es largo) para describir cómo levantan, él y su padre, un colchón de la cama para sacarlo al pasillo y cambiarlo por un box que no rechine tanto, es sencillamente admirable en términos narrativos. En lo particular no me sentí a gusto con el final de LBI, me dio la impresión de que DFW se cansó de escribir, tal vez hubiera necesitado de mil páginas más para dar un cierre más esplendoroso. ¿Pero quién soy yo para juzgar esto? Nadie. Seguramente habrá quien sí se sintió satisfecho con el final. Pero es innegable que estamos ante una gran obra literaria, tremenda, exigente, y que me atrevería a releer dentro de unos años.
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David Foster Wallace,
La broma infinita
28 dic 2016
Resumen de lecturas 2016
Una
de las mejores experiencias literarias, sí, literarias, que tuve en 2016 fue un
encuentro con los chicos de tercer y cuarto año del Colegio La Rondalera. Todos
ávidos de lecturas, todos lectores, todos deseosos de nuevas experiencias y
sugerencias de títulos y autores. El
interés de todos fue absoluto. Como era de esperarse, sobre todo en un mar de
adolescentes, estaban los bromistas, los parlanchines, los tímidos y los que
preguntaban todo dando fe de su empatía con los temas de los que hablé: proceso
de escritura, una que otra técnica, historias, libros, comics, anécdotas y un
largo etcétera.
De
esta camada de muchachos sobre sale la lectura de ciencia ficción, y lo que me
resulta más atractivo, la escritura de dicho género: dos chicos y una chica,
para ser exacto, que van en ese ejercicio tremendo que escribir. Par de ellos
entraron en contacto conmigo vía correo electrónico para que le echara un
vistazo a sus cosas, y debo decir, van bien, muy bien. También están los
poetas, los que transitan ese camino excelso, complejo y fascinante como es la
poesía.
No
faltaron los chistes, las bromas y los diversos video-juegos que han sido
llevados al cine. En un país tan convulsionado como el nuestro que uno halle un
espacio como este, por pequeño que sea, lo motiva a uno a seguir adelante con
sus proyectos personales. Dedicarle dos horas a conversar sobre literatura es
gratificante y motivador, más aun cuando la participación fue activa, divertida
y enriquecedora.
Mi
agradecimiento a Roger Michelena por la oportunidad y gentileza de considerarme
para esta charla con los muchachos. Y para no perder la costumbre, aquí mi
listado de lo leído en este 2016. Feliz 2017 para todos y que sigan las buenas
lecturas:
- Te me moriste de José Luis Peixoto
- Deletérea de María Antonieta Flores
- Diarios de Géza Czath
- Cuentos que terminan mal de Géza Czath
- La tía Julia y el escribidor de Mario
Vargas Llosa
- Teresa Raquin de Emile Zola
- Quebrantos de Gabriela Rosas
- La muerte y la vida me están desgastando
de Mo Yan
- A sangre fría de Truman Capote
- A los vecinos ni con el pétalo de una rosa de Inés Muñoz Aguirre
- Antología de cuentos de David Alizo
- La insoportable levedad del ser de Milan
Kundera
- ¡Oh, lorem ipsum! de Migue Ángel
Hernández
- Las correcciones de Jonatan Franzen
- Conversación en la catedral de Mario
Vargas Llosa
- Gabo periodista
- Así que pasen cien años de Elisa Lerner
- Retrato de un caballero de Miguel Gomes
- País de Yolanda Pantin
- Los cantos de Maldoror de Lautreamont
(relectura)
- Trasatlántico de Witold Gombrowicz
- Bakakai de Witold Gombrowicz
- Ferdydurke de Witold Gombrowicz
- Diario de Witold Gombrowicz
- El juego de Ripley de Isabel Allende
- El amante japonés de Isabel Allende
- Russell de Léster Dávila
- Criaturas de la noche de Israel Centeno
- Drácula de Bram Stoker
- Lunar Park de Bret Easton Ellis
- American Psycho de Bret Easton Ellis
- Otra vuelta de tuerca de Henry James
- La ciudad de las tormentas de Jesús
Miguel Martínez
- El fantasma de la Caballero de Norberto
José Olivar
- Roto todo silencio de Edda Arma
- Demencia de José Miguel Roig
- The night de Rodrigo Blanco Calderón
- Salvar a los elefantes de Luis Enrique
Belmonte
- Atrapada de María Isoliett Iglesias
- La balsa de piedra de José Saramago
- La maleta del viajero de José Saramago
- El cuaderno de José Saramago
- El último cuaderno de José Saramago
- Todos los nombres de José Saramago
- La biblia satánica de Anton Szandor LaVey
- Wolf de Emmanuel Rincón
- Los hermanos mayores de Heberto José
- Ponzoña de paisaje de José Pulido
- Los días animales de Keila Vall de la
Ville
- Viaje legado de Keila Vall de la Ville
- La otra cara de Manuel Acedo Sucre
- El discreto enemigo de Rubi Guerra
- Vidas que conocí de Leopoldo Fontana
- Cuentos inquietantes de Ambrose Bierce
- Entre el ayer y el hoy de Aladar
- El nido de José Luis Lozada Segovia
- Andar con la sed de Magaly Salazar
Sanabria
- Cayenas de Belkys Arredondo
- La corteza no basta de Sandy Juhasz
- Haiku de Issa Kobabashi
- La chica del tren de Paul Hawkins
- La espera imposible de Cecilia Ortiz
- Contestaciones de Rafael Cadenas
- Lo que sé de los hombrecillos de Juan
José Millás
- Maniobras elementales de Roberto Echeto
- El sanatorio de la clepsidra de Bruno Schulz
- Los señores de Gonçalo M. Tavares
- Ulises de James Joyce
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