2 abr 2008

Primer capítulo: Cuadernillo del aire


El día 9 de julio de 1946, el avión de la línea aérea Aeropostal Venezolana salió de Miami a las 8 de la mañana. Aterrizó a las 2 de la tarde en e aeródromo de la Guardia de Nueva York. A las cuatro de la tarde despegó de Nueva York en vuelo continuado a Canadá por encima de las regiones de los Pequeños y Grandes Lagos. A las 12 de la noche aterrizó en la base militar de Goose Bay (Bahía de Los Gansos), donde comieron los viajeros y se tomó combustible. Esta base es utilizada frecuentemente para aterrizaje de aviones de tránsito para Europa. A la una de la madrugada del día 10, el avión se elevó para hacer la travesía del Atlántico Norte, rumbo a Islandia, volando siempre a una altura oscilante entre los 8.000 y los 10.000 pies. A las 9 y 30 de la mañana comenzó a surcar los cielos de Groenlandia. Con una mañana despejada, los pasajeros pudieron distinguir y admirar los grandes glaciares del país, habitado en la parte sur. Se divisó como una intensa franja de carretera a lo largo de la playa. A las 2 de la tarde, hora de Islandia, el cuatrimotor aterrizó en el aeródromo de Reykjavik, que desde la guerra ha servido de base militar inglesa. La marinería y fuerzas de aviación (Reales Fuerzas Aéreas) la estaban abandonando desde el sábado 6 de julio, según convenio con el gobierno islandés. Recibieron el avión venezolano oficiales de las Reales Fuerzas Aéreas y funcionarios islandeses en el aeropuerto. Después los pasajeros se dirigieron en vehículos del Comando de las RAF al restaurante especial que éste tiene. Almuerzo, baño y paseo por la ciudad. La llegada de la marinería venezolana a Islandia, uniformada y en grupo, provocó en Reykiavik una curiosidad inusitada. Por primera vez en la historia de Islandia, llegaba un avión suramericano con marinos. Mejor dicho, nunca había llegado un avión de Indoamérica a estas tierras. Las gentes de la pequeña, pero bella ciudad, se amotinaban al paso de los venezolanos, escudriñándolos de arriba hacia abajo. Islandia es una nación independiente, constituida en República con régimen parlamentario. La fecha de la independencia es el 17 de junio (1944). La capital tiene 50.000 habitantes y todo el país 130.000 habitantes. Fue un emocionante espectáculo la presencia de los 36 venezolanos en Islandia. Como dato curioso, debemos señalar el hecho de haber encontrado en el restaurante de las Reales Fuerzas Aéreas una ciudadana danesa que estuvo en Venezuela hace 18 años. Su nombre: Elizabeth Sitwell. Se emocionó profundamente al reconocer la bandera venezolana en la cucarda de los kepis de la marinería y la oficialidad. Los venezolanos visitaron toda la ciudad, algunos periódicos, restaurantes y, especialmente, los salones del Parlamento islandés, donde fueron recibidos con gran simpatía.

De Reykiavik coló el cuatrimotor a las 10 de la noche, hora de Islandia. Noche clara como el día. En los meses de verano, los días son continuados. Las gentes escogen las horas para hacer la noche o para laborar el día. Es una impresión curiosa para los habitantes de los trópicos.

Por el mar del norte, el avión enrumbó con una regular visibilidad. Alrededor de la 1 y 30 am, del día 11, pasó lentamente sobre Escocia. A las 3 y media de la mañana, comenzó a volar sobre las tierras escandinavas a muy poca altura. Los viajeros pudieron distinguir en toda su plenitud el paisaje escandinavo: las pequeñas penínsulas y los cabos, las rompientes de la mar, los pueblos costaneros y la infinidad de pequeños lagos. Volando por la parte más estrecha de la salida del Báltico Noreste, pudieron verse frente a frente las costas noruegas y danesas. Temperatura en general muy agradable. Como la de Timotes en Venezuela. Alrededor de las cinco y media de la mañana, el avión descendió en el aeropuerto de Gotemburgo, la segunda ciudad de Suecia. Allí permaneció cerca de una hora a fin de hacer las diligencias de aduana y visación de pasaportes.

A todos los pasajeros les dieron las autoridades suecas del aeropuerto los cupones de racionamiento por una semana. Aún cuando en Suecia hay alimentos en abundancia, sin embargo se mantiene el sistema de guerra, en su forma tolerable. Es decir, se llenan más las fórmulas que la realidad. No se permiten exportaciones de alimentos pero la organización del Estado da la oportunidad para que todos los habitantes y residentes en Suecia puedan proveerse de todo el género de abastecimientos sin mayores dificultades. Los estados vecinos, Dinamarca, Noruega y Finlandia están en la primera y más dura etapa de reconstrucción de su economía.

A las 8 y media de la mañana, después de un vuelo admirable sobre las llanuras y praderas suecas, por encima de los lagos Vanern, Hjalmaren y Vatern, el avión comenzó a volar sobre Estocolmo, en cuyo aeródromo aterrizó minutos después. Fue una verdadera fiesta la llegada del primer avión suramericano en vuelo directo a Estocolmo. El YV-AJI, la bella nave de la línea Aeropostal Venezolana, con la bandera tricolor pintada al costado y el nombre de la empresa al otro lado, suscitó la más viva curiosidad en los habitantes de la bella capital sueca: la ciudad de los canales y los parques de pinos y abetos. El Ministros de Venezuela, Cristóbal Loscher Blanco, el Secretario de Legación, señor Carrasqueño y el doctor Nieves Emilio Navarro, Ingeniero Naval de Venezuela, quien lleva en Suecia ocho meses en el negocio de los barcos, representantes de todos los periódicos suecos y del comercio, la industria y el gobierno, esperaban a los pasajeros venezolanos. El primero en descender fue el capitán Antonio Maldonado, del YV-AJI. Luego el navegante, pilotos y tripulación del avión. Finalmente el grupo de oficiales y tripulantes de la Marina Mercante encabezado por el Teniente de Navío Cerveleón Fortoul Pineda. Hubo un largo aplauso para la misión venezolana. Luego vinieron los interrogatorios de los periodistas, en inglés, las fotografías y demás aspectos periodísticos. En general, el reportero sueco es menos activo que el nuestro. Menos fotografías. Más preguntas. Vimos varias muchachas periodistas. Todos con una gran curiosidad: el tipo suramericano no había sido visto en tanta diversidad y número en Estocolmo. Con la compra de los barcos y las noticias recibidas sobre la actual transformación del Estado venezolano, ha nacido un gran interés por nuestro país. En días pasados, llegó a Estocolmo una artista venezolana: Aída de los Ríos. Una revista publicó su fotografía con esta leyenda: “Una artista del país más feliz del mundo: Venezuela”. En Gotemburgo el nombre de Venezuela es familiar. Muchachas y niños suecos llevan banderitas prendidas al pecho con los colores mirandinos. En la prensa existe marcada simpatía por el país. Hay en Gotemburgo dos ciudadanos que sienten casi un afecto de nativos por nuestra patria: el señor Bratt, quien ha servido durante veinte años al Consulado honorario de nuestro país con probada eficacia y el señor Adolfo Goldbek, de la firma naviera “Pegol”, que vendió los cuatro barcos a Venezuela. Han sido muy útiles a nuestra misión. Bien merecen estos caballeros alguna distinción del Gobierno de Venezuela.

El 11 de julio a las 8 y media de la noche, la misión de Marina Mercante llegó a Solvesburgo, después de siete horas de viaje en el tren Estocolmo-Malmo-Copenhague, a través del hermoso territorio sueco. Tomó nuevos trenes de trasbordo en Haasleholm y Kristianstand. Oficiales y tripulantes llegaron directamente a los barcos, ya preparados: el “Nueva Esparta” y el “Táchira”, con la bandera venezolana, flameante por vez primera en puerto sueco en un barco, esperaban la marinería. La alegría de los marinos, en su mayoría margariteños, al pisar la escalerilla de los barcos, fue inusitada. El capitán Pedro Evaristo Guerra, Jefe de la misión en Suecia, quien fue a recibir a los marinos a Kristianstand asumió los poderes de manos del Capitán Fortoul y comenzó la labor de acomodación con el personal a bordo. El día 12 en la noche, ya estaban funcionando la cocina criolla en las dos bellas naves.

Los barcos son pequeños, pero modernísimos. No falta un detalle de comodidad ni técnica. Las estaciones radiotelegráficas son lo más moderno en su género. El salón de máquinas es una estructura perfecta. Los comedores, pasillos y camarotes, están limpios y lujosos. Los muebles son de maderas de pinos suecos. Todas las tardes, la bahía de Solvesburgo es visitada por los parroquianos, quienes acuden a ver los barcos y a los venezolanos. Conversan con éstos y tratan de serles agradables. Es la gente más hospitalaria y simpática que hemos conocido hasta ahora. Pese a la enorme distancia que los separa del trópico, tienen un carácter similar al suramericano.

Ya la misión está en Solvesburgo. Los médicos venezolanos de los barcos, doctores Rómulo Landes y Martínez Herrera aprovechan su tiempo entre la atención a su labor y el conocimiento profesional del país. Nuestra marinería recorre las calles y los muebles de Solvesburgo ante las miradas de simpatía y curiosidad de las gentes. A pocas millas se divisan las otras dos unidades de Venezuela: el “Anzoátegui” y el “Falcón”. La amable acogida dispensada a Venezuela en los miembros de su misión de Marina Mercante, podría condensarse en el esfuerzo de aprendizaje que hizo una señorita de Gotemburgo para decirnos al paso por las calles de Solvesburgo: “Venezolanos, bienvenidos seáis a nosotros”.

(De una carta)

Solvesburgo, julio 1946

1 abr 2008

Introducción a Alegría y llanto de Europa


Como en los últimos días he andado en el tema de los descubrimientos y los redescubrimientos, crearé un nuevo apartado, o como suele decirse en este medio, un nuevo “tag” que llamaré Neftalí Noguera Mora. Con justa razón preguntarán quién es este señor y mi respuesta va en dos vertientes. La primera, un reconocido narrador, poeta y cronista de finales de los treinta y parte de la década de los cuarenta; la segunda queda supeditada a la transcripción literal pero resumida que haré de la solapa del único que libro que hallé del mencionado autor después de años de búsqueda:

Aún cuando desde la adolescencia sus trabajos literarios aparecen en revistas y periódicos de provincia y de Caracas, el merideño Neftalí Noguera Mora puede ser ubicado en las promociones de intelectuales de Venezuela entre los años 1940 y 45.

Hasta 1947, cuando ingresó al servicio diplomático, llevó en Caracas una vida literaria muy activa, en comunicación con las figuras sobresalientes de distintas generaciones intelectuales. Así, frecuentó la amistad de Pedro Emilio Coll, Santiago Key Ayala, Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Mariano Picón Salas, Ramón Díaz Sánchez (entre muchos otros).

Sin estar adscrito a cenáculos literarios, su inquietud lo llevó a compartir a la animada tertulia de los más interesantes: La peña viernes…el Grupo Presente y… Contrapunto

Ha publicado los siguientes libros: Newman, lucha y pasión de una vida (Caracas 1940); La generación poética de 1918 (Bogotá 1950) y Alegría y llanto de Europa (Caracas 1947)…

Miembro de la Asociación de Escritores Venezolano del Ateneo de Puerto Rico, del Centro Literario “Insula” de Lima, y del Pen Club Internacional… Como funcionario diplomático dirigió “Heraldo de Venezuela” y “Cuadernos venezolanos” en Colombia y “Gacetilla Venezolana” en Lima donde sirvió su última misión diplomática como Ministro Consejero. Dentro de sus otras obras también están y forman parte de mi búsqueda Cielo y suelo de Haití, Imágenes de Venezuela, Diálogos con la historia y Genio y figura.

Comienzo la transcripción de este hermoso libro que quiero compartir por este medio, claro, en medida del tiempo y de las posibilidades que el día a día me permita, para sacar del olvido a este notable intelectual venezolano. Alegría y llanto de Europa comienza con una “carta-prólogo” de su amigo Pedro Emilio Coll, seguida por otra carta que le deja Neria, madre del Neftalí, en el lobby del hotel en que éste pernoctaba en Suecia. Espero que les guste.


Caracas 15 de octubre de 1946

Distinguido amigo y compatriota:

Con encanto y admiración leo las crónicas viajeras que viene publicando en El Nacional, con el título de “Alegría y llanto de Europa”. A mi entender, ninguno, en su generación, le supera hoy en ese género literario. Limpidez y gracia del estilo, fina y profunda emoción del paisaje, delicada visión de los seres que encuentra en su camino, todo ello, para mi gusto, destaca a usted entre los mejores escritores jóvenes de Venezuela.

Con tal motivo, permita que le felicite y abrace cordialmente, su viejo amigo, Pedro Emilio Coll.


LA OPINION MATERNA

Hotel Malmen

Stockolmo / Sweden

Estocolmo, Julio 13 de 1962

Querido Neftalí:

No puedo prescindir de hacerte desde aquí esta cartica, que te causará entre todo, risa y al mismo tiempo satisfacción al pensar en el atrevimiento mío para llegar hasta esta gran ciudad, tan distante de todos mis hijos que Dios quiera estén bien.

Al llegar anoche, no hice más que recordarte, con tu libro Alegría y llanto de Europa. En realidad, Estocolmo es una ciudad muy bella y muy acogedora; lo poco que hemos conocido nos ha gustado mucho. No creo equivocarme, a menos que yo esté viendo Europa bajo la emoción del libro de mi hijo. Aquí estaremos hasta el lunes 16, cuando tomaremos un tren para llegar a Munich y Viena y, después, para volver a Suiza, donde pasaremos ocho días, pues Alirio, Chucho y Pepita, viajan conmigo. Saldremos para Caracas los primeros días de agosto, si Dios quiere. Todo el recorrido lo estamos haciendo en tren, que resulta mejor, por pintoresco y cómodo.

En Londres estuve 15 días. Vine con Alirio a París, donde nos reunimos a Chucho y Pepita (sic). Pasamos tres días allí y seguimos a Hamburgo, con escala en Bruselas, durante otros tres días. Madre tuya al fin, que no puede rehuir la tentación del viaje, nos dimos otra escapa a Copenhague, que es una de las capitales escandinavas más bellas y alegres.

En Londres te escribí una cartica que supongo hayas recibido. En ella te daba las impresiones de la patria de nuestros abuelos. Si yo no escribí Alegría y llanto de Europa, lo estoy aprovechando como mapa e itinerario. Y gracias a Dios, que, sin confundir el llanto con la tristeza que a ratos me acosa por la ausencia de los míos, me ha acompañado siempre la alegría con la que tú viajaste y escribiste por este Viejo Mundo, que a mí me parece nuevecito.

Bueno, hijo. Recibe la bendición de tu mamá con muchos abrazos y besos,

Neria.

28 mar 2008

Casas Muertas / Oficina Nro. 1


Tengo días redundando en el mismo tema, por qué razón no lo sé. No todo tiene una explicación lógica. Tal como le comenté en días recientes a la poeta o poetiza Mharía Vásquez Benarroch, meterse de nuevo en una lectura que tenía milenios sin pasar por tus ojos es un “verdadero redescubrimiento”. Aludo a Casas muertas y a la lectura corrida que hiciera de Oficina Nro. 1 Impresiona darse cuenta cómo una obra escrita hace más de cincuenta años –la primera- sigue más vigente que nunca. Si bien es cierto que Caracas pudiera ufanarse de moderna en muchos aspectos, cosa innegable y haciendo la vista gorda de cosas no precisamente tan modernas, sobran las ciudades y pueblos del interior del país que siguen anclados en un pasado que no termina de deslastrarse nunca, de la miseria, de la precariedad escindida del paludismo que azotó a Ortiz pero negando en todo momento el correr del tiempo.

Las imágenes literarias dan fe de una narrativa envidiable de Miguel Otero Silva. Desde unas ávidas agujas de la noche (los mosquitos) que azotaron a un pueblo derrotado, carcomido por el abandono, sumando fantasmas en cada casa, hasta un turbio muro de plata (la lluvia) que trajo consigo más desolación, tristeza y muerte, encontramos una obra exquisita y plurivalente en todo sentido, y a un autor imprescindible dentro de la literatura nacional e iberoamericana. Ambas novelas, ahora más que nunca, son de ineludibles lectura para el enriquecimiento de nuestro espíritu, y sobre todo, para el entendimiento de las desventuras que aún nos afectan como nación.

25 mar 2008

La desmemoria del tiempo


En días recientes tuvimos el gusto de conversar con Judit Gerendas a propósito de su visita al programa radial Librería Sónica. Nos enfocamos en su última novela la cual fue merecedora del Premio Municipal de Literatura: La balada del bajista. Tocamos varios temas de interés –siempre con la novela en la mirada- tratando de sacarle el mayor provecho a la hora radial que termina transformándose en 45 minutos por compromisos varios de la estación. Como siempre, el tiempo fue escaso, efímero.

De la afable conversación con Gerendas, situación que inevitablemente me llevó a los pasillos universitarios, a sus seminarios que terminaban siendo un canto a la cultura, tocamos un punto que trajo a colación la estupenda escritora, que ha estado rondándome los sesos en los últimos días. Las razones pudieran ser muchas, más cuando el proceso de lectura de los textos que te embelezan, te atrapan o te cautivan, termina siendo más gratificante de lo que esperabas. Es como si despertaras nuevamente y en el reciente parpadear te hallaras con una nueva visión del mundo, configurado por nuevas imágenes o por ideas mancilladas, trilladas, pero delineadas de una manera distinta. Lo curioso de tales aspectos es que en muchas ocasiones, ese reciente “despertar” viene de palabras olvidadas en el tiempo, de autores que han quedado relegados a una historia enmohecida que nadie retoma, que nadie recuerda o pero aún, que conocen muy pocos.

Hablamos del gran olvido en la que caen los autores, y particularmente, los venezolanos, y esto en cualquier rama cultural. No quiero aludir a otros autores hispanohablantes, vivos o muertos, ya que sería llover sobre mojado mencionar voces que siempre serán emblemas, símbolos de nuestra cultura. Existe una gran desmemoria por los hechos y los autores que hicieron de la palabra su espíritu, que parece tomar asiento y desde la borda observa el correr de los años, sin que nada ni nadie paralice ese cause indiferente.

Qué hay de la cuentística de Alfredo Armas Alfonso, de la poesía de Rafael Angel Barroeta, de un Manuel Díaz Rodríguez que en su momento recibiera elogios de Unamuno y Rubén Darío por su novela Sangre patricia, sólo por nombrar algunos. El arsenal del olvido es extenso si como se dice en buen criollo “le meto cabeza al asunto”. El punto es que, respetando, aplaudiendo y reconociendo el mérito indudable de las voces de Rómulo Gallegos –duélale a quién le duela- y Arturo Uslar Pietri, nuestra proyección histórica literaria pareciera supeditarse a estos dos grandes de las letras –y no olvido a Don Andrés Bello para no caer en ridículo más de lo necesario. Con vil descaro dejé de mencionar otras voces que sin duda, ustedes amables lectores, tienen en mente. Confieso mi ruindad y mi propia “desmemoria”. Pero, cómo hacer para combatirla, para traer al ruedo nuevamente ese pasado que sin duda, por el mecanismo que sea, fueron los pioneros de lo que hoy pudiera llamarse nuestra literatura contemporánea, nacional o como quieran llamarla. Cómo podemos honrar a los que abrieron la senda literaria a punta de machete sobre una maleza inhóspita e inexplorada. Sólo me atrevo a dar una opción, de seguro hay muchas más: leer y releer, leer y releer; pero para ello, aunque no necesariamente, sería de gran utilidad que alguien nos diga, “visita estas líneas”, “conoce a este autor”, “te recomiendo tal libro”. En gran parte es nuestra responsabilidad al menos intentarlo con aquellos que medianamente, así como tú, así como yo, disfrutamos del encuentro con la palabra escrita.

Hoy día cuando repunta cierto interés por nuestra producción literaria, en donde gratamente nos estamos leyendo más entre nosotros mismos –según mi parecer y el de otros colegas-, amén de que nos están leyendo fuera de nuestras fronteras, pareciera ser el momento oportuno para renovar los votos con esa literatura dormida, cubierta por sábanas de polvo en cada repisa bibliotecaria, lo que llamara Gisela Kozak La narrativa engavetada, en un artículo de su puño y letra que leyera en una revista especializada.

En todo caso -y no sé si se trata de una positiva coyuntura editorial en donde día a día consigues nuevas publicaciones nacionales en las librerías, incluso hasta en las farmacias-, impresiona ver cómo los libros fatto in casa e importados, compiten no sólo entre ellos mismos para ganarse un bolsillo comprador, sino con el tiempo de exposición, es decir, por los días y las noches que han de pasar tras una vitrina antes de que expire su derecho de ser exhibido. Claro, estoy hurgando en otro tema digno de una reflexión a parte: el marketing, las editoriales, las ventas, etc.; pero cómo evitar que los continuos tirajes no sepulten cientos de textos que de seguro son unas joyas; cómo recobrar nuevamente la memoria de los autores y los libros que algunas vez fueron el boom del momento.

En días recientes quedé sorprendido cuando al abordar el metro de caracas me hallé en el vagón a tres personas que iban leyendo el mismo libro. ¿Qué leían? La última edición de la saga Potteriana. Será que nos hace falta un poquito de magia, algo más de marketing, algunas píldoras para combatir la amnesia, no lo sé… Yo iba absorto en mi propia lectura, en un libro lleno de tanta magia como los escritos por J.K Rowling, tratando de combatir la desmemoria que nos ataca a todos –a unos más a otros menos, claro- intentando traer al presente una obra de 1955 que se me antoja más actualizada que nunca ante la indolencia de los gobernantes de turno –también harina de otro costal. Leía Casas muertas con el gusto con que se come un delicioso plato de comida, en donde el último bocado por razones tal vez inexplicables y que guardas para el final, es el más sabroso. Tal como dije, leer y releer para combatir la desmemoria que trae el tiempo en su bolsillo. Si hay otras maneras, go ahead, make my day.

18 mar 2008

Di parole al obblio (canzone)


Senza ugne o preso la mia chitarra

A pesare che la sono abandonata

E ho messo la corda che li resta al re


E del polvere o visto come si muovano

I ricordi che fanno ronda nel suo interiore

Al avvicinarsi a la bocca uno ha chiesto chi sono, non so


Sempre esiste il momento en che si puo

Muovere tutte le corde senza temore

Strappando il leño che agita piu forte el mio cuore


Per vedere como si muovano

Le parole que hanno dormito senza fermarsi

Per vedere altre che arrivano

A salvare ogni minuto del mio essere


Sta bene come te ha andato e dove stai

Ogni verso non fa piu che repetirsi

La necessitá di credere en te e in me


Non ostante questo lo ho mascherato molto bene

Tutto apunta in una sola direzione

Quella che mi conduce come un cieco col bastone


Per vedere como si muovano

Le parole que hanno dormito senza fermarsi

Per vedere altre che arrivano

A salvare ogni minuto del mio essere



Sta bene come te ha andato e dove stai


Ogni verso non fa piu che repetirsi


La necessitá di credere en te e in me

14 mar 2008

En la cuerda floja

Te piso en tu anchura breve

te humillo

me humillo al hacerlo



Ardo en llamas

me regodeo en ellas

bramo en tu vientre



Gimo en el vértice de tu sonrisa

tiemblo, me aferro nuevamente

al delgado filo de tu alma



Sobre ti camino

pisando las olas de tu mar rabioso

inhiesto soberbio altanero



Mis dedos se aferran a tu cornisa

al bisturí fileteado de mi vértigo

pero no caigo



Sigo en pie arrebatador

mirando hacia final

el abismo sublime en tu mirada



Tal vez así

caiga raudo y eterno

sólo en un vil recuerdo.

13 mar 2008

Relectura: el monstruo de la mano verde


Para todas aquellas personas que nos gusta leer, encarar un libro frente a frente y tomar de él algo, alguna frase, alguna revelación por básica que nos resulte; que nos sirva para degustar otra manera de ver el mundo, el acto de lectura que a priori puede resultar la acción más sencilla del mundo, representa siempre una especie de reencuentro con uno mismo, con la imaginería que tenemos y, mejor aún, con la que no tenemos. El libro se vuelve un espejo que nos deja ver lo que no sabemos, aunque lo que nos esté diciendo, forme parte de nuestros conocimientos. Este sentido paradójico viene dado de un compromiso tácito, que como lectores, nos tranzamos con cada aparato de papel, como diciéndole “te escucho, te creo”. Uno se predispone a aceptar lo que está por venir, en este caso, en lo que estamos por leer.

Tal vez sea a esto último a lo que nos aferramos para dejarnos llevar línea tras línea, palabra tras palabra, cuando nuestra mirada se agudiza sobre el texto y la avidez de un conocimiento nuevo pudiera dejar el cuarto de los secretos, para darnos ese algo adicional que aprendemos día a día. Y si no es el acto materialista y concreto de decir “aprendimos algo”, resulta incluso hasta superior si nos entregamos por simple placer a la marea envolvente de cada historia, de cada relato, sea ficcional o no. Si para Flaubert el proceso de escritura era un oficio de perros, la lectura termina siendo su complemento, su otro yo, lo que alimenta las palabras para darles vida, arrastrando el objeto leído hacia el revivir de lo que nos dice, digámoslo de una vez: la lectura es ese hueso que persiguen los canes, pero sólo se dejará roer con la mirada y el pensamiento.

Ahora bien, aunque parezca lo mismo, leer es una cosa y releer es otra. Aunque mecánicamente –en términos físicos- siga siendo similar, cognitivamente es distinto. Imaginemos por un minuto que usted está frente a una gran montaña rusa, sin conocimiento previo de lo que es esa gran máquina de metal. Este juego mecánico es nuestro libro para el ejercicio. En su inocencia usted se sienta en el pequeño tren que lo sacudirá por –digamos- un minuto. Una vez montado no hay vuelta atrás, sólo le queda resignarse al vértigo al cual fue sometido por su ingenuidad. La pregunta: ¿se volvería a montar? Ese es el quid del asunto. Cuando tomamos por segunda vez un libro para desarrollar una relectura, en teoría ya deberíamos estar prevenidos de lo que nos viene, recordamos tal vez en donde va a aparecer la curva más pronunciada que nos hará subir y bajar nuestro aparato intestinal del ombligo a la boca, de la boca al ombligo. Pero nos encontramos en muchas ocasiones que aquella curva no fue tan vertiginosa como la primera vez y que aquel llano ligero en donde podíamos respirar con calma, resultó un torbellino de ideas, de imágenes que anteriormente no habíamos visto. El libro termina siendo el que busca al lector y no el lector al libro, sus razones internas tendrá. Es como un gran monstruo de mano verde que dice “ven, léeme. Y ahora, ¿qué opinas?”. El ejemplo más cercano que tengo a mano en cuanto a relectura se refiere a Casas Muertas del autor venezolano Miguel Otero Silva. Aquella detestable novela que leí en la adolescencia, me resultó ahora todo un hallazgo, ese salto al vacío ante la belleza descubierta: una narrativa precisa en su adjetivación, sublime en cuanto a las imágenes utilizadas, el manejo del tiempo de los hechos narrados, entre otras cosas. En otro momento haré una breve reseña del mismo.

En algunos casos la relectura termina siendo entonces mucho más grata que la lectura inicial. Quizás esto resulte exagerado, dado que, y es muy factible, que el primer encuentro con un texto nos sea muy grato, muy bueno. Pero, ¿han pensado que si un libro llega a nuestras manos por segunda vez demandando atención, es porque ya pasó el nivel de exigencia de cada quien, por el amolador de gustos individuales? Sólo un temerario haría relectura de un libro que no le haya gustado y en ocasiones se da lo que sucedió en mi caso: me atrapó el monstruo de la mano verde. ¿Lo ha atrapado alguna vez a usted?

10 mar 2008

Maite, siempre Maite...

Voy en orden cronológico, primero fue el viernes 7 de marzo:

Avenida Baralt, congestión y no precisamente nasal. Si la cola pudiera aligerarse con un par de gotas nasales sería fantástico, pero como he dicho en otras ocasiones, aquí mea un zancudo y se tranca la autopista.

Un señor con rostro afable se sube al colectivo que viajaba al ritmo de Mark “hasta en la sopa” Anthony. Hey, pero lo prefiero mil veces antes que el detestable reguetón (lo escribo como suena). Con una educación envidiable el hombre comienza a dirigirse al público cautivo, estornuda, toce y pide disculpas. El discurso fue más o menos así: “Buenas tardes señores pasajeros, mi nombre es Fernando Vallejo...” Automáticamente me fui para el lado que me gusta, el literario. Si Fernando Vallejo –el escritor colombiano- supiera que su otro yo anda por las calles de Caracas pidiendo limosna. “…Soy portador del Síndrome de Inmune Deficiencia Adquirida…” La señora que estaba más cercana al narrador soltó un “Dios mío” y casi a gritos pidió la parada. Vallejo al ver la reacción de la señora le comentó: “…señora no se preocupe, esto no se pega con estornudos ni tos. Señores, tengo SIDA y les suplico una ayudita”. La mujer reflexionó, se calmó, se sentó y Mark continuaba con su “Valió la pena, lo que era necesario para estar contigo amor, eres una bendición”. Esto último me hizo recordar a La Virgen de los sicarios, a la cual muchos se han encomendado. Pido por esa virgen a favor de Vallejos.


Lunes 10 de marzo, 6.55am, Metro de Caracas.

Iba cómodamente sentado en dirección contraria a mi destino, claro, esto para poder sentarme y entregarme a la plácida lectura que me aísla del mundo por treinta minutos. Estaba inmerso en el paludismo que azotó a Ortiz, un pueblo hirsuto, triste y abandonado que intentó cobrar vida en Casas Muertas de Miguel Otero Silva. De pronto, como una tromba el mar de gente en la estación final se avalancha a la conquista de un asiento. Mi cuerpo se estremeció y las Casas Muertas dieron giros en el aire hasta sucumbir ante la ley de la gravedad y estrellarse en el piso. Una mujer blanca, robusta, se sentó a media nalga encima de mi cuerpo mientras peleaba con la otra, la que sí logró ganarle la partida para tomar el codiciado trofeo: el puesto. La mujer que estaba mejor sentada que la otra, pequeña, piel blanca y tan bien vestida cual oficinista, comenzó a increpar a su contendiente. Palabras gruesas iban y venía, pero sin insultos, contenidos ante un público expectante que esperaba algo más. Yo parecía el réferi, el árbitro, pero quedé pasmado ante el accionar de la más pequeña, que rauda y veloz, haló la blusa de su oponente de un tajo haciendo que estallaran todos los botoncitos contenedores de las protuberantes siliconas que quedaron al descubierto a pocos centímetros de mi cara. Aquellos rosáceos pezones aún dormían, no se habían levantado de su letargo.

Maite otra vez hizo acto de presencia como en aquella crónica que llamé “El número 2”, pero esta vez ofreciendo jamón endiablado en una valla dentro del tren. Maite…Maite, quién te viera en el metro escuchando un “perra maldita” a las siete de la mañana. Ese es el único insulto que puedo transcribirles por no caer en lo vulgar, aunque también se dijeron «“$·(/&%۹» y también «ƒՊ۹𝽁æ̜Ӫ» He de suponer que la “perra maldita” sería de la especie poodle por lo pequeña, lo blanca y lo peleona; y la otra, la que tenía media nalga sembrada sobre mi muslo izquierdo, una imponente samoyedo, por su tamaño y su color. En resumen: que viva la cirugía estética!

7 mar 2008

Ética para Amador que no le viene mal a nadie


Tuve la suerte de viajar toda la semana en metro. Y digo suerte no porque sea una cosa esplendorosa soportar los mares de gente que debes sortear para poder ingresar al vagón, entre otros infortunios. La suerte viene porque viajé con un señor que me hizo pensar un poco en ética y moral. Fernando Savater se llama. Comenzó a charlarme sobre un libro que le dedicó a su hijo adolescente para ponerlo a pensar un poquito en la vida, en el mundo. Mientras me hablaba fue incontenible pensar que esa palabra agradable al oído, “ética” -bueno a mí me suena sabrosa- esté tan ausente en nuestros días y hablo sólo en el caso que me compete, el que vivo a diario cruzando las calles caraqueñas.

En la prensa revienta la noticia entre la Clinton y el jaguayano Obama (me disculpan la transcripción fonética), y claro está, le tensión reinante entre dos países que por años han sido y hemos llamado “hermanos”. Al punto: ¿Ego Chávez –como le dice Teodoro- tiene la moral para hablar de “ética” cuando quiere propiciar una guerra absurda? Critica la intervención de un ejército que no es suyo en territorio ecuatoriano para dar con temibles guerrilleros que han cercenado miles de vidas, pero él –y ahora debo decir “nosotros”- les damos cobijo a estos abominables individuos en tierras venezolanas. ¿Esto es ético? Qué inmoralidad tan grande! Bueno disculpen, lo mío no es la política, hace falta mucha cabeza para eso y me falta bastante.

Lo cierto es que Savater me acompañó y fue muy grato. La ética vista desde un lado humano, sin mayor acepción básica del “saber vivir” sin llevarse a nadie por el medio, aplastando y humillando, por esto mismo es que me desvié hacia el tema anterior. «Amador ha de sentirse orgulloso de un padre como usted» Le dije. A lo que me respondió: «Pues no sé, habría que preguntarle tío». Y se despidió citando algo de Sthendal que ni dentro de un vagón del metro queda fuera de lugar: “Adiós amigo lector; intenta no ocupar tu vida en odiar y tener miedo”. Veremos a quién me consigo la semana que viene.


PD. Como esta breve reflexión la dejé en “borradores” antes de publicarla, me pasó por al lado un entusiasta mendigo antes de volver a sentarme frente a la computadora que gritó: “Patria, socialismo y hambre…moriremos”.

6 mar 2008

El ser de la concha

Se movía en sus adentros con su carne aprisionada en la concha. Sus antenitas encorvadas en el espacio reducido hacían espirales para sentirse más a gusto. De vez en cuando echaba una mirada a ver en dónde estaba, porque a la marea a veces le daba por ajustarlo a una piedra en algas peinadas. Se arrastraba pausadamente sin ánimos de moverse, como si el poco movimiento que hacía laceraba la frágil arena testigo del tiempo. Su presencia era casi imperceptible como el atrevimiento fantasmal de los muertos. La luz que deja ver una pequeña porción de su cuerpo se adhiere sin medida a su savia pegajosa.

De pronto vino otra ola que de un tajo lo sumió en la corriente. El instinto innato de su ser lo redujo al tamaño mismo de su concha, pareciendo no lo que era, sino una insignificante piedrita devastada, brillosa. Los espirales casi marmóreos se multiplicaron en su revuelta formando un remolino sobre sí mismo. El agua salobre que ansiaba sus adentros, los adentros de aquella piedrita, horadó fallidamente lo que no pudo conocer en semejante oportunidad. Sólo este privilegio le compete al oceánico eco que se apodera del pasado mismo de la carne que un día reinó en sus entrañas. Si tienes corazón y cerebro, ¿por qué te entregaste tan fácilmente? Debiste usar tu invertebrado cuerpo para zafarte de los vidrios que ahora te sirven de soporte y el ligero vaivén que sientes en tu armadura -que te extraña tanto por su débil embestida- viene del agua mansa desconocida de tu vientre. Ahora obsérvate a ti mismo en la absurda tranquilidad de esta pecera. Todos te admiran por limpiarla en su interior con la paciencia de un desahuciado. Pasas todo el día en ir y venir de un borde a otro. Los peces ni te huelen ya. Eres un caracol igual a todos: inmensamente aburrido.

4 mar 2008

Sólo quiero que amanezca


Los relatos inmersos en Sólo quiero que amanezca del autor venezolano Oscar Marcano, están repletos de realidad, del día a día ominoso de cada uno de sus personajes. A través de un lenguaje directo, terrenal, las diversas historias van conformándose en una gran uniformidad semántica, que hacen del texto, una lectura innovadora que no te suelta hasta el final. Como bien señaló en su momento el ya fallecido Adriano González León: “Lo fascinante de este libro es el sobresalto de la realidad”. Como corolario, no puedo dejar de mencionar que Sólo quiero que amanezca recibió el Premio Internacional Jorge Luis Borges. Bien ganado.

29 feb 2008

Que de ti se quede el verbo preñado


Que de ti se quede el verbo preñado

Mustiamente entre sus vocales azules

irán naciendo palabras de acero

las mismas que ríen

las mismas que lloran

No serás más que un amasijo de implacables segundos

¡Oh, Cannabis Sativa, a dónde le has llevado!


Descepa de su paladar cualquier rastro divino


Descorcha las estrellas y sírvele sus luces

para que iluminen su vientre


No sois más que humo raído

Lagrimeas

Gimes

Pero sigo aquí

palpando su rostro olvidado

su ficción

su estela nublada de labios

su risa endeble colgada de andamios

Esperándole

taciturno

casi fingido

con dos muros disfrazados de párpados

con dos serpientes transformadas en piernas

y un pecho cosido con arena de mar

Que de ti se quede el verbo preñado


28 feb 2008

Falke



Confieso que se me hizo difícil la lectura de Falke de Federico Vegas. ¿Por qué? Básicamente porque soy un mal lector, desordenado en la lectura si se quiere. Cuchillo para mi garganta y más tratándose de un libro que ha sido reverenciado por grandes críticos, escritores y editores venezolanos y de otras latitudes. Pues lo leí. Hubo partes en que me perdí y otras en que me enganché con intensidad. El texto está cargado de mucha historia, más allá del cruce limítrofe entre lo verosímil y lo ficticio. En términos generales, para mí, la narrativa se reinventa, ergo las novelas, crean su propio mundo y de allí parten todos los universos posibles dentro de lo que se cuenta.

La narrativa del Falke es estupenda, como si su autor hubiera estado allí en rol protagónico. “Falke es nuestro barco. Uno se encariña con las palabras. Falke es más breve e incitante. Tiene algo de perro guardián, de halcón, de orden decisiva. Se presta mejor a nuestros ruegos y maldiciones, al grito y al recuerdo”. Lo cierto es que me sentí un poco mejor cuando en conversaciones de libros con un amigo, tocamos el tema del Falke. A considerar los años que me lleva y son bastantes, a parte de su basta preparación literaria, me dijo que el libro es bueno, que el problema es que “es muy 'literatoso’, debió ahorrarse unas cuántas páginas”. Cuestión de percepción.

En todo caso, no sé, terminé la lectura pero hubo un no sé qué que no me atrapó, pero reconozco el extraordinaria pluma de su autor. Hey, entre gustos y colores...

Poesía y verdad: mínima meditación.


Una publicación ampliamente recomendada por el Jurado del VI Concurso Anual Transgenérico en su edición del 2006, este libro está dividido en dos partes: un ensayo largo sobre el hecho poético que persigue la relación entre la verdad y la insurgencia del poema, y una lúcida reflexión final sobre la obra del célebre poeta venezolano Armando Rojas Guardia.

Esa es la referencia al libro que les sugiero hoy. Poesía y verdad, mínima meditación de mi colega, poeta y periodista Teresa Casique (su Cacique es con S). Al terminar de leer el libro me planteé la siguiente incógnita: ¿si esto fue una mínima meditación, cómo hubiera sido una máxima? En el transcurrir de la lectura tomé nota de muchos planteamientos que me parecieron más que acertados, me atrevería a decir, aforísticos. Hago cita de algunos puntos para mayor referencia:

Al lugar de la verdad no se llega, pues, por rapto divino o por azar: el camino no es fácil, antes que nada es preciso conservar las alas y esa es ya una tarea fatigosa… Pag.13

Cuando la verdad no emerge en la lectura del texto(o en su resucitación) es porque no hay nada dentro de él, es un texto vacío que es como si no existiera. Pag.37

El poema se debe únicamente a la libertad personal, individual de su autor para expandir su verdad y solicita la máxima atención. Pag. 39

La verdad mantiene en pie la difícil coherencia entre el sentir, el pensar, el hacer y el decir. Pag. 43

El poeta tiene la responsabilidad de afianzar la pulcritud de las herramientas que recibió de su patria literaria o de la tradición en que se inscribe, para legarlas “sanas” que es tanto como decir vivas, polisémicas, fecundas, a las generaciones siguientes. Pag.62

Se me ocurre que esta última cita se corresponde a estas palabras de Justo Serna: “Leer sirve para batallar verbalmente, para proferir algo más que juicios triviales”. Y es que ese “proferir” lleva implícita la lectura y la escritura en medio del campo de batalla que da el lápiz, el papel y el teclado.

27 feb 2008

Bitácora en tu día


Por la esencia de tu cuerpo el paseo,

el caminar, el reír, el cantar.

Entre las sábanas blancas tu pecho,

caricias de aves doradas que abanican.

Cruzando el caramelo de tus ojos,

la luz del más allá en el paraíso.

En la efímera y febril voz de escarcha,

el suave despertar de los astros adormecidos.

Sobre tus piernas la codicia del hombre:

bendito sea, tengo el derecho.

Sonrisas, espumas,

vienen de tus manos el temblor asesino de la ausencia.

De la cima, sea cual sea, azules de tu espejo:

perfil de tu alma soñadora.

La travesura en puntillas descansa

sobre el nacarado vértice de tus dedos.

Y en tus hermosos y ligeros pies, el simple indicio de que existo para ti:

borrador de infértiles semillas.

En tu día, sólo una bitácora del tiempo que nace de a segundos

para crecerte en flores y caricias.

26 feb 2008

Los cuatro cuartetos


Establecer criterios que ayuden a desempolvar las ideas de un poema no ha sido ni será tarea fácil, mucho menos cuando se intenta canalizar y descubrir el hilo conductor de un poema tan complejo como los Cuatro Cuartetos de T.S.Eliot. No quiero redundar sobre un tema en especial, es decir, sobre un tema que arbitrariamente designe por completo al mencionado poema, ya que éste, por su esencia polisémica, envuelve infinidades temáticas que a priori quizás no se perciban sencillamente. Para lograr una visión más general de esta obra intenté no analizar por separado cada uno de los cuartetos, sino por el contrario, tomarlos en su enunciación global para poder orientarme hacia los puntos en referencia comunes dentro de toda la obra. Así, como eje principal está el tema del "tiempo" que circunda en todo el poema, sin menospreciar, claro está, el tema de la musicalidad, del carácter esteticista y del simbolismo que se perfila a través de las evocaciones religioso-filosóficas de los Cuartetos.

No es tarea fácil darle un sólo sentido a una obra que exige la mayor abstracción posible para captar lo que el autor quiso decir. Posiblemente de este punto, y he aquí la riqueza del poema, surja otro tema que diversos críticos señalaron como fundamental de los Cuartetos, y es aquel que juzga la incapacidad de comunicación entre los seres humanos, víctimas de un progreso avasallante que no ha hecho más que devastar al mundo. De aquí surge esa indecisión, esa paradoja entre el principio y el fin. De donde no se sabe cuál es cuál y si uno es mejor que otro.

Tampoco pretendo coartar la multiplicidad de imágenes que puedan surgir de este texto, pues sería una manera -y creo que vale el término- egoísta de adjudicarle la simplicidad de unos cuantos temas cuando de él aún queda mucha materia por cortar.

La aparición de los Cuatro Cuartetos es en una época escindida de la cordura, pues en mitad de la Segunda Guerra Mundial (1943) se da a conocer. Cordura en el sentido literal que esta palabra designa, totalmente distinta a la que sí gobierna en la guerra: locura. Eliot, en ese "tiempo" que marcará el tema de la obra, busca una especie de redención para sí mismo y para la humanidad que se autodestruye. Halla en él -en el tiempo- un medio a través del cual reflexiona sobre su propia estabilidad emocional y espiritual que ve mermada en su prójimo, ese que se debate entre una bala asesina y entre la vida. La guerra en el correr de los años será y seguirá siendo inevitable, quizás por ello mismo para Eliot "El tiempo presente y el tiempo pasado" corren por la misma vía y en sentidos contrarios, donde en un determinado punto vuelven a converger provocando la guerra destructiva de la cual fue testigo. Esta se proyectará hacia el futuro incierto que no es mas que el presente en su continuo rodar.

En la ambivalencia de la linea temporal quizás se halla uno de los tantos temores del propio autor, que veía en el futuro un continuo descenso de la vida y en donde todo apunta a un mismo eje:

"Lo que pudo haber sido y lo que ha sido

Apuntan a un solo fin, que está siempre presente"

Ahora, por qué Eliot vio en el "tiempo" ese medio de consagración sobre el cual podía lograr la expiación de toda culpa y dolor. Posiblemente porque a través del mismo sufrimiento hallaría la respuesta a un "algo" impreciso, pero que sin duda buscó afanosamente en sus Cuatro Cuartetos. No se olvide antes que nada que la poesía es y será un medio catártico donde el poeta exitado de alegría o dolor trata de explicar y explicarse la esencia y el por qué de las cosas.

La estructura misma de los enunciados sugieren un estado de reflexión en el poeta, acompañado, además, por un tono de pasividad interna que no se insinúa con mayor o menor esfuerzo, pues da la impresión que el mismo Eliot se mantuviera al margen de lo que escribía. Aclaro que el toque de impersonalidad que logra el escritor no quiere decir estrictamente que no se identifique con aquello que expresaba, por el contrario, ese alejamiento paradójicamente lo acercaba más a lo que quería decirnos, por ello mismo él sostuvo "que el poema en primera persona del singular, poema lírico o versos meditativos, corresponde a la voz del poeta que habla consigo o con nadie"1 corroborándose con esto, que ese distanciamiento del sujeto lírico dentro de los Cuartetos adquiría el grado omnisciente que seguramente Eliot premeditó para comunicar mucho más de lo que él mismo se propuso.

El decaimiento de los valores sociales y humanos, la utopía fracasada de la industrialización en favor de la sociedad, sin duda alguna fueron unos de los tantos puntos de partida sobre los cuales Eliot formó sus Cuartetos. Ese estado apocalíptico que fermentó en la mano misma del hombre, que avanzaba hacia el pasado en vez de proyectarse hacia el futuro es lo que se cristaliza muy sutilmente en la oposición de las construcciones que el autor logró:

"En mi principio está mi fin"

"Así la oscuridad será la luz y la inmovilidad será la danza"

A lo largo de los Cuatro Cuartetos encontrarán enunciados similares a éstos. Esta constante más que contraponer sus significados, lo que logra

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1-Alvarado, Harold Tenorio: T.S.Eliot Antología poética. Editorial Tiempo Presente. Bogotá.1988. p.p7

es un perfecto equilibrio estético en su estructura formal, es decir, toda la carga semántica que genera el poema no se radicaliza hacia un punto unívoco, por el contrario, el hecho de ir de un extremo a otro demuestra la pluralidad misma que la obra encierra, y esa estética que podría ser un tema particular de ésta, se ve reforzada por la manera que el autor proyecta la antonimia de los conceptos.

Ese avance hacia un descenso no ha sido tema de un solo autor en las diversas ramas del arte; en música, por ejemplo, el Blues expresaba el dolor del hombre negro por ser tratado como un animal por sus amos (entre otros temas), los cuales para sus fines económicos lo explotaban sin compasión en favor de un "progreso". Obra como Esperando a Godot de Samuel Beckett refleja el absurdo del mundo y de la indigencia misma del hombre moderno. Como dijo el mismo Eliot en el cuarteto titulado Burnt Norton:

"La especie humana

no puede soportar mucha realidad"

Quizás por no "soportar mucha realidad" es que Eliot y muchos escritores buscan zafarse de ella de una manera o de otra, alternando de la luz a lo órfico, del pasado al futuro, de lo húmedo a lo árido. Esta aplicación sinestésica posiblemente es lo que provoca esa sensación de simultaneidad, es decir, Eliot presenta en un mismo cuadro -digámosle de esta manera- imágenes que por su naturaleza se oponen, y esta aleación de sentidos opuestos garantiza el fluir musical que muchos estudiosos de la materia ven en los Cuatro Cuartetos, dicha característica estética es lo que hace que se valore a sí misma, esto es, a su forma, a la disposición métrica de los Cuartetos. Es bien conocido que para Eliot la manera como se presentaba un poema (su forma) tenía igual importancia que lo que quería transmitir (su contenido). Analizando el concepto musical de un cuarteto el cual implica la participación de cuatro voces o cuatro instrumentos, pudiera especularse que dichas voces están distribuidas equitativamente en cada uno de los Cuartetos. Resulta interesante otorgarle a cada uno de éstos un ritmo musical distinto con los cuales se pueda atribuirle un estado de ánimo diferente, pero lo curioso en esta experimentación es que la alegría en Eliot es nula o casi nula. Si intentáramos establecer alguno de los Cuartetos como un allegro cometeríamos un grave error, pues la naturaleza de todos ellos en ningún momento proyecta un aire de satisfacción hacia un allegro o allegreto. Por el contrario, los Cuartetos en todo momento redundan en un tono menor que iría muy bien acompañado con un adagio, con su lentitud característica que a la tristeza evoca. Empero, no necesariamente los adagios son tristes y oscuros, pero si vamos en tono menor -como el de los Cuartetos- lo más seguro es que el efecto sea este. Para el mismo Eliot existen en el poema "posibilidades de transición comparables a los distintos movimientos de una sinfonía o un cuarteto"2, pero en esa transición se ve marcada como una constante el tema de la obra, bien sea una obra musical o escrita.

El misticismo que se halla en esta obra ha sido también fuente de innumerables estudios, así como la carga filosófica que contiene. No resulta casual que a manera de epígrafe al comienzo de la obra, Eliot cite a Heráclito, filósofo griego que sostuvo que la mutabilidad de la materia estaba siempre en movimiento y que el fuego era el primero de los elementos generadores de esa continua mutación. Se ha señalado que la construcción de los Cuatro Cuartetos refleja la fluctuación de los elementos básicos entre sí: tierra, agua, aire y fuego, que se hace necesaria para generar una renovación purificadora.

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2- T.S.Eliot: Sobre la poesía y los poetas ("La música de la poesía"). Editorial Sur. Buenos Aires.1959. p.p.33

Así como en el Apocalipsis de La Biblia, la indicación que del cielo lloverá fuego para lograr esa purificación que la humanidad necesita, lo cual sugiere simbólicamente, que la materia debe renovarse para lograr una configuración pura en su esencia. De aquí se pueden sugerir los aspectos religiosos que se discurren en los Cuartetos que de una u otra forma insinúan el ciclo de vida del hombre, en donde éste al llegar a la muerte -punto que se convierte en un nuevo inicio- alcanza su ascendencia espiritual.

Algunos críticos han preferido ubicar a T.S.Eliot dentro de un movimiento literario que en realidad no denota la complejidad misma de su obra: anticlasicismo. Analizando los Cuatro Cuartetos en su estructura formal como están distribuidas las ideas, puede hallarse un perfecto algoritmo sobre el cual el autor desarrolló la obra. He mencionado el carácter métrico y musical que se puede dilucidar de su contenido, así como el tema o los temas principales que mantienen la conexión entre cuarteto y cuarteto. Eliot mantiene en la construcción una metodología simétrica que da una sensación circular a la obra, es decir, de ciclo, sobre la cual el final de ésta plantea en cierto modo los argumentos señalados en los primeros cuartetos. Posiblemente lo anticlásico no se encuentre en la forma en sí de la obra, sino en la dificultad de descubrir qué fue lo que Eliot quiso transmitir en ella. Esa oscuridad que se imbrica sobre cada verso es lo que precisamente torna interesante esta obra.

Ahora bien. La influencia de escritores franceses sobre Eliot, tales como Flaubert, Baudelaire, entre otros, es notable. Incluso llegó a decir que "Baudelaire fue el primer poeta moderno en todas las lenguas". No resulta curioso encontrar pasajes dentro de los Cuatro Cuartetos que guarden cierta analogía con el simbolismo del propio Baudelaire. Al ejemplo mes remito en el último cuarteto del poema "El viaje" editado dentro de Las Flores del Mal:

"¡Derrama tu veneno y que él nos reconforte!

Deseamos, tanto puede la lumbre que nos quema,

Caer en el abismo, Cielo, Infierno ¿Qué importa?

Al fondo de lo ignoto para descubrir lo nuevo!"

Esa necesidad de arrancarse de la futilidad del mundo puede ser una de las tantas vías para lograr la redención. Llegar a lo desconocido quizás una opción más gratificante que la misma realidad. Cito a Eliot para establecer el nexo comparativo:

"Descender más, descender sólo

Al mundo de la perpetua soledad,

Mundo que no es mundo, sino eso que no es mundo,

Oscuridad interior, privación

Y carencia de toda propiedad,

Disecación del mundo de los sentidos,

Evacuación del mundo de la fantasía,

Inoperancia del mundo del espíritu;

Este es el único camino..."

Ese descenso, ese "único camino", no es más que el mismo sentido reflexivo que Eliot buscó en sus Cuatro Cuartetos, que se asemeja en cierto modo a la inquietud de Baudelaire por llegar a lo desconocido para encontrar una salida. En los siguientes versos de Eliot el nexo con Baudelaire se hace más evidente:

"Para llegar a lo que no se conoce

Hay que ir por el camino que es el de la ignorancia.

Para poseer lo que no se posee

Hay que ir por el camino del desprendimiento.

Para llegar a lo que no se es

Hay que ir por el camino en que no se está."

Como he señalado desde el principio, el poeta ha visto dentro de su producción literaria una alternativa sobre la cual puede llegar simbólicamente a esa utopía que en la realidad es imposible alcanzar: la paz. Esta comparación que acabo de establecer entre estos dos poetas no deja de ser importante, mucho menos aún, cuando el mismo tiempo se ha encargado de demostrar la fragilidad que por antonomasia le concierne al hombre cuando éste se encamina hacia un futuro incierto, tema que sin duda alguna preocupó tanto a Baudelaire como a Eliot. En el mismo poema "El viaje", aquel señaló que hay que "burlar al vigía, al funesto enemigo, ¡El tiempo!", el cual es el mismo tiempo que Eliot transformó dentro de los Cuatro Cuartetos para canalizar al lector e incluso a sí mismo hacia la luz.