12 feb 2009

A 25 años de su muerte


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

En Rayuela de Julio Cortazar.

10 feb 2009

La carpa y otros cuentos


Al inicio de La carpa y otros cuentos, Federico Vegas expresa su duda si continuar su producción literaria en forma cuentística o novelada. Presumo además que dicha duda polifacética del autor en cuanto a lo que escribe, pudiera venir del feedback de sus lectores. En mi caso y después de haber leído parte de su trabajo, Falke, Miedo pudor y deleite, Los traumatólogos de Kosovo y ahora al texto referido, uno no sabe si decir que es un corredor de maratón o de cien metros planos a la hora de concretar sus ejercicios narrativos como diría el maestro José Balza. Dicho de otra manera y sin caer en alabanzas fatuas: se le dan bien los dos.
En cuanto al proceso creativo, a la cuentística particular de Vegas, él mismo sintetiza en la siguiente cita lo que más me atrae de sus cuentos, partir de algo tan sencillo, transitar una apología de lo narrado y volver al punto de partida como si nada hubiera sucedido: “Y esto es lo que más me asusta y me apasiona a la hora de escribir un cuento: arrancar del silencio para volver a él; partir de cero y regresar a la nada”.
La carpa y otros cuentos es un libro compuesto por catorce cuentos. A manera de mínimas píldoras los detallo de la siguiente manera:

“Mercurio”: de ahora en adelante me será imposible escuchar al grupo Queen y no pensar en este cuento. Descubra usted por qué.

“Marco Aurelio vuelve a casa”: un cuento conmovedor partiendo de los intríngulis de una separación conyugal.

“Foto de un mar vacío”: aquí Vegas se apodera del pensamiento femenino y crea un lado intimista desde la óptica de la mujer: “Yo estaba segura de que algo había sucedido…alguna mujer debía existir con la que me compararía constantemente y, mientras más callaba sobre su pasado, más me obsesionaba yo con el futuro…” Pensar ahora en mujeres será un acto culinario: las mujeres son un plato de espaguetis. Los hombres no quedamos por fuera: nosotros somos una lasaña. Entérese por qué.

“De Beirut a Macondo”: esta cita lo dice todo con respecto al cuento: “La magia de la amistad, con su fuente de infinitas opciones, es permisiva”. Sin embargo, la presencia de la mujer va recorriendo todo el libro: “Tanto es nuestro terror a la gradual superioridad de las mujeres que especulamos sobre ellas como si fueran nuestros contrincantes”.

“Un trabajo en Nueva York”: apéndice de la novela Falke. Un historia paralela que le da un respiro a los hombres que están próximos al combate.

“La carpa”: el cuento de un abuelo picaflor, enamoradizo, que acariciaba sus trinitarias a punta de batazos. Conmovedora historia de amor y muerte.

“Mi última noche con Verónica”: aquí continúa el tema de la muerte que viene del cuento anterior ahora representado en el viejo Sánchez. Aquí no faltan los tips culinarios como “la buena comida no debe engordar más que la buena literatura o la buena música”; también está presente la ley de Murphy: “Así era todo con Juancho: lo que podía ir mal, iba peor” y la amistad como “el gran amortiguador” de este cuento, el cual tiene altas dosis de humor a pesar de llevar inmerso una muerte de por medio.

“El caballero andante”: la inocencia de un niño ante la malicia de otro. Aquí reaparece un personaje del cuento anterior, Juancho, como bisagra fundamental para el complemento de la amistad.

“Marcelino”: un canto a la amistad con un final, más que triste, nostálgico. Los padecimientos de Marcelino que no recuerda nada o poco de lo vivido, y un narrador –su amigo- que siente culpa y vergüenza por no haberlo visitado. De allí esta estupenda frase: “Una de las características de los mediocres es que jamás olvidan sus éxitos; Marcelino celebraba sus fracasos”.

“Una noche con Billo”: para todo aquel que no le guste bailar esta es una buena historia. Arrancar del silencio un cuento y volver a la nada tal como manifiesta el propio Vegas. En este caso el silencio se remite al hecho de que a un joven no le guste bailar: “Vengo de una familia de sordos prodigiosos…son excelentes conversadores, pero mi padre, por ejemplo, canta “Cumpleaños feliz” con la música del Himno Nacional…Fiel a nuestra estirpe, me he casado con una mujer que al bailar parece que caminara”.

“Nuestra señora de los golpes”: este cuento arranca con un tema tan trivial como el de bañar a las mascotas y luego se prolonga hacia los delicados y sabrosos chismes de peluquería: “Después de años peinando se aprende que en cada mujer hay una sola historia que se repite y se repite. Cambiarán el corte y el color del cabello, los ojos, la nariz, la boca, los senos, las nalgas, los dientes, pero dentro de la cabeza siempre están las mismas trampas dando vueltas”.

“Los traumatólogos de Kosovo”: Una denuncia clandestina de la inseguridad reinante del país. Dos traumatólogos que con vasta experiencia en cuanto a los horrores de la guerra, vieron en el Pérez de León “un espectáculo de violencia y furia (que) superaba al de Kosovo…al llegar a la sala de emergencia se quedaron maravillados”. Todo esto enmarcado en un asesinato accidental que va hilando el cuento.

“Las vacas”: esto habla por sí solo acerca del cuento: “Esto de la psiquiatría y sus versiones es pura literatura, puro cuento bien pagado y relatado con gotero”. La culpa es de las vacas.

“El cajoncito”: vuelve Marcelino como referencia intertextual. Aquí se entremezcla en el cuento la voz de Vegas como arquitecto para hablar sobre el buen uso de los diminutivos, en donde la muerte está cruelmente presente hacia el final del mismo. “Los diminutivos sólo deben usarse cuando hay falta de escala. ¿Usted acaso se lava la boca con un cepillito de dientes?”.


En todos los cuentos, en menor y mayor grado, la fórmula humorística en su blancura o negritud, está presente para hacer de La carpa y otros cuentos una lectura sin desperdicio que pasa rápido frente a los ojos.



9 feb 2009

Un café con Arturo



El pasado sábado 7 de febrero fui invitado a participar en el extraordinario taller de poesía que dicta la poeta y amiga Mharía Vásquez Benarroch (amarrandolapacienciaaunarbol.blogspot.com), Imago Mundi 2009, leyendo algunos de mis poemas. Como le dije a todos los talleristas, me sentí coleado. Estaba sorprendido por muchas cosas. Empezando por la mente brillante de la anfitriona, su capacidad de análisis y buen tino para pulir la piedra poética de cada uno de sus participantes a través de sus consejos; lo estaba también por tener el honor de conocer a otras voces tan claras y definidas en cuanto a la poética se refiere, caso particular hago referencia al poeta Leonardo González quien el año pasado ganó su primer concurso de poesía en el Ateneo de Calabozo (mis disculpas si no es el nombre exacto) y también a Carlos Fuenmayor (llamaradasnegras.blogspot.com) cuya poesía está en constante ascenso. Mis felicitaciones a todos los participantes.

La otra gran sorpresa y gusto, fue leer y leernos en la oficina, biblioteca o refugio de quien fuera uno de los más grandes escritores venezolanos y de Latinoamérica: Don Arturo Uslar Pietri. Fue inevitable imaginar que ese escritorio que estaba allí compartiendo en silencio con nosotros, posiblemente sirvió de soporte a la pluma de Don Arturo mientras escribía sus Lanzas coloradas o quizás Oficio de difuntos. No obstante estar envuelto en un ambiente inmejorable por razones obvias, nos llegó un delicioso café a la hora y en el momento oportuno, destilando su grato aroma y servido en la propia vajilla en que a Don Arturo le traían su café e infusiones. Qué lujo!.

No puedo dejar de mencionar que en la casa en donde vivió el insigne escritor, funciona la Fundación Arturo Uslar Pietri, un lugar –tengo entendido- que está siendo reclamado por sus herederos para vender el inmueble. Entiendo que están en su derecho, ¿pero el estado o cualquier otra organización privada no pudieran hacer algo para que no muera la historia, la tradición, la cultura?


3 feb 2009

El último fantasma



La semana pasada tuve la suerte de asistir al bautizo del libro El último fantasma del maestro Eduardo Liendo. El epíteto va con todas la de ley, puesto si hay un narrador venezolano entregado a las letras es él. En un ambiente intimista muy propio de la librería Alejandría II, en donde se congregaron otras figuras de las letras venezolanas, Daniel Centeno de la editorial Santillana con unas breves palabras introductorias dio inicio al evento.
Seguidamente el destacado escritor Alberto Barrera Tyszka, haciendo gala de sus excelentes dotes de lector y con el fino humor que lo caracteriza, nos aproximó a lo que fue su lectura de
El último fantasma. Ya con el ambiente en su mejor punto, Eduardo Liendo compartió con todos los allí presentes sus impresiones sobre su propia obra, agradeció a todos los involucrados con el proceso editorial del texto y bromeó para arrancarle varias carcajadas a los espectadores. En Librería Sónica hemos tenido el honor de compartir con Liendo a propósito del lanzamiento de Contraespejismo, pero ahora, una vez finalizada la lectura de El último fantasma, lo invitaremos nuevamente con el mayor de los gustos. Lectura pendiente.

27 ene 2009

El capricho de tus médanos

Tus manos

alambique voraz que destila mi cuerpo

exprime los jugos con que liba su triunfo


sacramento de hambre


cáliz irredento en cueros


inclinas la mirada

para tomar el breve sorbo de mí fecundo

y en el techo das contigo misma

soberbia

recia

casi tú


multiplicada en estos minutos arrendados


lo he logrado –piensas

y no soy más que vapor a la distancia

atravesando mil desiertos en tu nombre

ondulando sobre el capricho de tus médanos

26 ene 2009

Vitrinas


La cirugía estética ha llegado hasta los maniquíes (¿o las maniquíes?). En un mundo efervescente en donde la belleza pareciera ser lo primordial, las pálidas chicas de vitrina que sencillamente querían mostrar al público una blusa de moda o algún traje de baño bonito, con estampados de ensueño para lucir en alguna playa, ahora también se las hacen. Me sorprendió la plástica perfección con la que ahora se asoman a un 36 o 36B (tal vez más), cuando antaño no pasaban de ser maniquíes planas, con dos pequeñas protuberancias que parecían más bien un par de espinillas. No señor! Ellas también tienen derecho! Se imaginan el bochorno que pudieran sentir si las de la tienda de al lado están repotenciadas y estas no! Ahora atrapan más miradas y –por qué no- más clientela gracias a la insinuante voluptuosidad. A este paso muchas ya no usarán sostenes sino paracaídas. Qué importa el dolor de espalda, atrapar un resfriado o la mirada libidinosa de un trasnochado sexual que vendría a reafirmar el buen trabajo del cirujano. Cuando vaya de paseo a un centro comercial fíjese bien quiénes observan con detenimiento a las maniquíes en el exhibidor, disculpen, al corte perfecto del traje de baño, a los cálidos colores que adornan la tela especial para el disfrute de un día de arena y sol en la playa, al diseño exclusivo, fíjense…
En el paraíso caben todas, eso sí, con tetas. Que lo diga Gustavo Bolívar quien se nos adelantó con semejante apotegma que quedó para la historia.

23 ene 2009

El doble arte de morir


Cuando uno lee al maestro José Balza, se entiende realmente lo que es el oficio de escribir, el de hacer de la palabra un arte. No hay adjetivo, adverbio o sustantivo que esté colocado al azar, como si alguno de estos elementos estuviera a la espera de cobrar fuerzas de la nada. El doble arte de morir es un grupo selecto de cuentos en donde una vez más las atmósferas creadas por su autor, nos va llevando por situaciones muy humanas que se expanden desde el amor más sublime y carnal, hasta la irremediable vejez de algunos de sus personajes, el suicidio, la muerte. La descripción de los paisajes también funge como un elemento conductor que ambienta, que crea tensión, que atrapa a través de la palabra precisa. La voz narrativa juega con lo que dice, con lo que transmite, con sensualidad premeditada en algunos momentos y con crudeza en otros tantos. Imposible dejar mencionar que este compendio de cuentos hacen alarde de lo que el propio José Balza llamó como “ejercicios narrativos”, ejercicios que activan y dan profundidad al pensamiento, por tanto, a la lectura.

21 ene 2009

Mira por dónde


Este es el tipo de libro para leer sin premura. Es un libro para degustar de la sobrada inteligencia de Savater que según él mismo no es tal. Son muchísimos los subrayados y en uno de los tantos recuerdo que dice algo así como que no le gusta trabajar, que lo que le gusta es aplicarse en una actividad que lo entretenga y le dé de comer. El hombre en algún lugar asoma que está obstinado de viajar, de chácharas y demás, quién lo diría. Se bandea en la propia dicotomía de sus emociones al necesitar del reconocimiento público y rechazarlo al mismo tiempo: “Aún hoy aspiro al reconocimiento pero detesto que me conozcan, quisiera impresionar a la multitud y desaparecer de inmediato: volver a una casa en penumbra, cuya ubicación nadie sepa, y pasear a tientas por sus habitaciones recordando los recientes vítores, en silencio y descalzo. Invulnerable.”
Su juventud con la irremediable política de por medio, Franco, algún porro de marihuana, el amor, la familia, tragos de más, los libros, la escritura, su amistad con Octavio Paz y con Ciorán, mil peripecias, como por ejemplo la de quitarse “las gafas para que no se le cayesen en la refriega…y terminar yendo hacia la policía en lugar de huir de ella”. Todo esto, entre otras cosas, está presente en Mira por dónde.
El libro llegó a mis manos gracias al librero Roger Michelena (libreriamichelana.blogspot.com) que difícilmente recomiende algo malo. Discrepamos en cuanto la imagen actual que él tiene de Savater, pues me decía que está redundando sobre lo mismo. No estuve de acuerdo puesto que como filósofo al fin en qué otro mar puede nadar. No obstante, estuvimos de acuerdo en cuanto a esa especie de humildad exacerbada que se transpira en el libro y que cada quien lo notó de igual manera (bueno, es una autobiografía, no?), hecho que no le quita lo sabroso de todo lo que cuenta, de todo lo que dice, de todo lo vivido. En esta autobiografía razonada podemos ver desde una tangente, lo que ha sido la vida de uno de los pensadores contemporáneos más formidables de la actualidad.

15 ene 2009

Lánguida premura


Condenado

al rosado pliegue de tu piel oculta


hechizo

magia


esta tu inmovilidad líquida

absorbe mis dedos


se agita

tiembla


y desata una cascada

de ajenos espasmos


ya mi lengua embiste

con perversa citología en tu deseo


sin treguas

ni escarmientos


no soy más que un trozo de carne

entre la viscosidad de tu oleaje


de tu derrota -así como la mía-

una tenue recompensa


lánguida premura de tus sueños.

Certeza


Debo tomarte como a uno de los rostros de la felicidad. Algo me indica que –por insignificante que yo sea- has de volver a mí, pronto o después. Así, hoy comienzo el aprendizaje de lo fugaz: estaré en ti cuando me acompañes. Te amaré en tu cuerpo, no en mi pensamiento. Estaré siempre dispuesto a recibirte y a no sufrir cuando desaparezcas.

José Balza en El doble arte de morir

12 ene 2009

La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo


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En cuántas ocasiones los venezolanos hemos dicho “es que somos así”, o “ya estamos acostumbrados, qué más da” y un largo etcétera de frases que se supone que vienen a justificar nuestra dejadez, tal vez ineptitud, o mejor aún, la famosa “viveza criolla” de la cual muchos se sienten orgullosos. En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo hallamos algunas respuestas al “¿por qué somos así?”. Axel Capriles de una manera clara y entendible para todos los que no somos psicólogos, hurga como debe ser, desde los inicios de la conquista española y pasando por las cruentas guerras independentistas, para darnos una respuesta convincente a dicha pregunta. La imagen y el arquetipo del héroe, así como la del pícaro, han vivido con nosotros desde hace siglos y es por ello lo difícil y complejo que se hace deslastrarse de eso que ya forma del inconsciente colectivo venezolano. A medida que avanzaba en la lectura se me hizo imposible no resaltar las ideas que son una fotografía, un calco de nuestra realidad y como es natural, asociar lo leído con personajes actuales de nuestra política. Por ejemplo, hablando del héroe y de su aspecto mitológico y arquetipal, señala que el mismo “desprecia el empeño metódico y constante. Inepto para crear riqueza, se apropia de la fortuna de los otros mediante el asalto y la conquista. Su economía, como la del pirata, es la del saqueo y el botín”. Juzgue usted amable lector a quién se le parece dicha cita.

De igual modo se me hizo inevitable recordar dos cosas, la primera de ellas, la lectura reciente que hiciera del libro El venezolano feo, en donde su autora, afirma a lo largo de su trabajo que todos llevamos un “Chávez dentro”, que lo mejor que podemos hacer para erradicar tanto mal es terminar reconociéndolo. La reminiscencia me vino a cuenta de la siguiente cita: “Las personas, consumidas en una vida común y corriente, proyectan en el líder narcisista al héroe dormido que llevan dentro. La personalidad descollante se convierte así en la portadora de individualidad de quienes, incapaces de vivir su propia grandeza, lo hacen a través del carisma del dirigente; se enamoran y se identifican con él”. ¿No es acaso esto una verdad enorme por funesta que sea? ¿No es esto un retrato de la gran masa aduladora que ciegamente cree en las tropelías de quienes nos gobiernan? Repito, juzgue usted; en segunda instancia recordé al politólogo y humorista Laureano Márquez que en alguna de sus presentaciones dijo (¿o tal vez lo leí en uno de sus libros?), que “tuvimos la mala leche de ser conquistados por los españoles. Cómo era posible que un barco repleto de gallegos buscando fortuna en lo incierto pasara ileso por el triángulo de las Bermudas”. Las comillas son mías y son para referir la idea que va en ese orden, lo único textual es “la mala leche” y “un barco repleto de gallegos”. En fin.
En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo hallamos otros elementos que están a flor de piel hoy día en la actitud del venezolano, en su razón de ser para muchos como bastión de identidad cultural. El culto a Simón Bolívar, por ejemplo, en donde afirma que tal vez sea el único elemento que nos identifica como nación. El héroe como cosa, como objeto, por medio del cual se hace alarde de hazañas pasadas sin mirar al futuro inmediato para recomponer, armonizar y planificar un mejor mañana. Tal como lo indica el propio autor con palabras precisas: “La activación y manejo utilitario de los héroes muertos y del mito por medio de la figura del Libertador ha sido una de las más provechosas artimañas psicológicas utilizadas por las clases políticas para manipular y conducir a las masas”. La disonancia o incongruencia de la personalidad que se hace insostenible en el tiempo, la irreverencia como elemento identificatorio del héroe o de quien tiene el poder, entre muchos apartados para ahondar en la psicología del venezolano, están a lo largo de este libro que debería añadirse al plan de estudios del país, desde la primaria en adelante. Tío Conejo sigue más vivo que nunca cuando se cruza el semáforo en rojo, se le paga a un gestor para evitar trámites engorrosos, cuando nadie cede el paso en una cola, cuando en una feria de comida los comensales dejan la bandeja con los restos para que “el bolsa” que se siente lo recoja. El lema de preferir pasar por vivo que por pendejo está más vigente que nunca, que lo diga Tío Conejo.

29 dic 2008

Japi niu yiar tu dousan nain


Feliz 2009 hasta el hastío…
Hasta que duela el bienestar
y la tristeza sea anhelada.
Feliz 2009 por allá en octubre,
por los abrazos de falsa sorpresa.
Tal vez no tan lejos, digamos en abril,
ese mismo que le robaron a Sabina.
«Feliz año» a Voz Pópuli –con equis o zeta-
y todo el mundo mire su reloj de pulsera buscando la fecha.
Feliz año con dietas, tristezas y promesas
que se cumplirán hasta la mitad.
Feliz año con recuerdos que matan,
con tus errores a cuestas haciendo de las suyas aún
en este año a pañales.
Feliz año a los amigos –y a los enemigos, quizás los tienes y no lo sabes.
Feliz año con café incluido y endulzado con splenda,
con kilos de más y con anaqueles vacíos.
Feliz año con hambre, miseria y corrupción.
Feliz año, porque somos fuertes –como la moneda absurda.
Fuertes como la esperanza que no muere.

Feliz año.

23 dic 2008

10 maneras de pedir la parada -en Caracas.


Viajando en buseta, bus, por puesto, camionetica, guagua y demás calificativos que pueda tener la unidad de transporte terrestre, expongo las diversas maneras en que los usuarios le indican al conductor que han llegado a su destino:


1. Déjeme ahí mismito: esto quiere decir que, más allá de la parada reglamentaria, el usuario le dice al conductor déjame donde te dé la gana pero no muy lejos. El diminutivo es este caso aplica como una especie de buen trato y cordialidad. Incluso algunos conductores optaron por imprimir el costo del pasaje mínimo junto a la referida frase “de ahí mismito”.
2. Déjame en la esquina: algunos osados después de hacer su solicitud le añaden “por favor”, en un acto casi de reflexión en donde se reconoce que no es lugar para pararse, pero qué más da, Venezuela es Venezuela, en la esquina estoy más cerca de mi destino que si me dejan en la parada –dirán.
3. Por donde pueda: aquí siempre me pregunto, por donde pueda qué cosa. Por donde pueda, escupe por la ventana?; por donde pueda se rasca la nariz o nos aturde más con la música? (con respecto a la música parece que todos están sindicalizados con el reguetón o el vallenato). Como el “por donde pueda” le resulta más cómodo al conductor, éste determina dejar al pasajero donde se le dé la real gana, motivo por el cual el impaciente usuario termina diciendo “llévame pa’ tu casa” y la transacción del costo por el pasaje termina a regañadientes.
4. Déjeme aquí: a diferencia del punto tres, este resulta todo lo contrario. Este destaca por su carácter impositivo. Es aquí y ahora, en donde se esté, en mitad de la avenida, delante de los fiscales –que nunca hacen nada o cuando mucho lo que hacen es entorpecer mucho más el tráfico. Algunos conductores se arriesgan a omitir la petición, dicho en criollo, a hacerse los locos y a dejarlos en un lugar cerca de la parada (nunca en ella, claro).
5. Me deja en la puerta de…: esta solicitud puede variar de acuerdo al lugar y al usuario. Por lo general suele ser utilizada por personas de la tercera edad o jóvenes flojos que les da ladilla hasta caminar, razón por la cual piden que lo dejen en la puerta del edificio tal, o un poco más allá del árbol X.
6. Me deja en el rayado: quién carajo le dijo a la gente que esas rayas blancas sobre las avenidas son para descargar pasajeros. No señor, esas tiras blancuzcas, por lo general bastante gruesas, forman parte del adorno citadino, del complejo arte urbano que tiñe el asfalto. En otros países suelen ser utilizados para que los peatones crucen las calles y avenidas.
7. Me deja al pasar o al cruzar: algunos usuarios con las condiciones físicas para hacerlo, se lanzan a su destino a penas sienten que la unidad de transporte baja la velocidad y han cruzado la calle.
8. En la próxima parada: otra solicitud abierta. ¿La parada que viene, en la esquina, en el edificio...? Dónde, se preguntará el conductor. Esa cosa con dos palos y un travesaño que por lo general soporta un par de campañas publicitarias en los laterales de cualquier producto y que en algunos casos posen un pequeño banco para que los usuarios tomen asiento cómodamente, conocidas como parada o terminales, aquí cumplen cuatro funciones menos para la cual fueron hechas: uno, dormitorio de indigentes (también de meadero); dos, lienzo futurista para los grafiteros que no pelan una para plasmar sus coloridas y gigantes firmas; tres, diana gigante en donde van a parar los conductores ebrios después de media noche y cuatro, paraguas colectivo.
9. Me deja por la parada: es decir, literalmente el conductor dejaría al usuario en ese lugar imaginario (porque en Caracas parece serlo) y lo sustituiría, lo canjearía, “por” la parada, adentrando ese mamotreto inútil dentro del trasporte llevándose por el medio a quien fuera.
10. Me deja “en” la parada: esta sería la frase más precisa con la cual los usuarios del transporte público anunciarían que han llegado al llegadero, pero –siempre hay un pero- la “parada”, esa especie de entelequia citadina en donde los usuarios de a pie deberían tomar o bajarse del autobús, está en el imaginario de cada conductor. Es por ello que deberíamos decirles a los “profesionales del volante” (las comillas van un breve halo de sarcasmo) déjeme en “su” parada.

Están son las diez maneras básicas de cómo los venezolanos (al menos los caraqueños) solicitamos que nos dejen “en” la parada. Un punto no tan simpático que no quiero pasar por alto y que es común a las diez enumeraciones anteriores, es que cuando algún usuario se baja en su destino y el transporte a penas lleva veinte metros andando, siempre –o casi siempre- salta alguien diciendo “ay señor, déjeme por aquí”.

Si usted tiene otra manera de pedir "la parada", pues dígalo por aquí.

19 dic 2008

Tiranía del lápiz

He mordido el rabioso codo de la noche

cual pez alado de imposibles



hinco allí la dura cornea de las flores

y el agrio esmalte de un verbo

sangrar

reír


luego se hace un ovillo entre mis ojos de marfil

y es carnada mustia de la palabra


soy gusano estéril de verdes

perro fiel sin ladridos ni pezuñas


engullo


exhalo


y alguna estrella constrictora

me guiñe el ojo a la distancia


parpadea

titila

y no me convence


sigo allí

aferrado a esta coyuntura divina

con la tirana mandíbula de las letras


en esta hora solitaria

los segundos huelen a lápices.

18 dic 2008

Rodriguez 1 - Ocariz 0

Me pregunto cómo hacen los periodistas, articulistas, columnistas y demás profesionales de la palabra cuando no tienen nada qué decir, o mejor dicho, cuando no se les ocurre nada para la edición que les corresponde escribir. Alberto Barrera Tyska me comentaban que es duro, durísimo cuando la mente se queda en blanco, pero hay que cumplir. Ese es mi caso, claro, salvando la enorme distancia que existe entre el maestro Barrera Tyska y este escombrero.

No se me ocurre nada de na’…incluso estoy temerosamente asombrado porque en el transporte Justificar a ambos ladospúblico en cual ando, no me pasado nada de na’ (a Dios gracias) como para tener algo qué contar. No he visto ni una sola coñacita para ocupar un puesto en el transporte público; en el metro la gente se ha estado empujado decentemente para abordar el vagón: “disculpe usted” –dice uno; el otro responde “no, más bien disculpe usted”. No recuerdo en las últimas dos semanas una mentada de madre por el motivo que sea. Esta extraña tranquilidad me inquieta y me hace pensar en que es que la gente ya está metida de lleno en su navidad, con sus bolitas (las ornamentales), luces y demás artilugios de la época.

Dentro de las pocas ocurrencias que pudiera nacer de los últimos días, está la representada por la señora al volante: “muy buenos días”, me dice ella y yo le respondo igual. “Qué maravilla”, pienso. Y así se va de buenos días en buenos días a medida que entran los pasajeros, hasta que un conductor se le atraviesa en su camino: “Mueve esa mi…”, dice ella y se acabó la magia. Fin.







Aposté a que el árbol que ven en la foto llegaría al mes de su derribo causado por las intensas lluvias y que así consecutivamente llegaríamos hasta el 20 de noviembre del 2009 para cantarle cumpleaños. Acostumbrado como siempre a que las cosas en este país se hacen tarde y mal, perdí la apuesta. Sólo pasaron veinte días para que una comitiva del nuevo alcalde del Municipio Libertador, cortaran en trocitos ese viejo jabillo. Yo que vivo en el Municipio Sucre doy fe que un semáforo que está ubicado en una importantísima avenida que tiene cuatro entrecruces, ya pasó del año sin funcionar. Claro, reconozco que esta avería es una de las tantas malas herencias que le dejó el alcalde anterior a Ocariz, pero el efecto es el mismo y la cuenta da Rodríguez 1 – Ocariz 0. ¿Será que reaccionará algún día, que marcará gol y se irá en ventaja? Fin.

Excelsior Gama, pasillo X, charcutería, galleticas pal chamo (y que) y un etcétera de productos. Este súper mercado se pudiera decir que es el icono de la modernidad y del consumismo y de la democracia y de los súper mercados bien dotados del país, entre otras características que muchos pudieran añadir. Me imaginé por un momento, dado el fondo musical que acompañaba mi compra, a Silvio Rodríguez de “chopin” en este mismo establecimiento pero en Cuba, tal vez en la 5ta avenida o en algún lugar cercano al famoso malecón de La Habana. Pero no, todos sabemos que eso no existe y que el comentario pudiera verse como un gran cinismo de mi parte. Lo cierto es que mientras incorporaba a mi carrito un exquisito queso amarillo, el trovador con su voz partida de siempre decía “la era está pariendo un corazón / no puede más, se muere de dolor”…y yo me pegué a corearlo cuando oí a mis espaldas: “mira al chavista este en el excelsior”. Pensé en la intolerancia de estos días y aclaro que ni de vaina soy chavista. Y si lo fuera: ¿no tendría derecho a comprar en donde me diera la gana? Ahí les dejo eso y reconozco el delicioso anatema que es comprar en este súper mercado (o en cualquiera) y tener de fondo musical una canción de Silvio, como la última que alcance a escuchar justo cuando ya me iba: “Vivo en un país libre / cual solamente puede ser libre / en esta tierra en este instante…” Fin.

16 dic 2008

Los días de la sombra


Yo confieso, sí, la flojera me está pegando duro en estos días. Leo como siempre, pero me da una pereza hacer mis brevísimas y escuetas reflexiones sobre lo leído. De hecho, esto que van a leer da vergüenza, sinceramente…

Continué con la lectura de "La saga de los confines" que me ha dejado un grato sabor en la boca (¿en la boca o en el cerebro o en los ojos o en todo junto? Ya ven, divago). En Los días de la sombra continúan las aventuras de los husihuilkes, lulus, astrónomos, clanes y demás seres antiguos en su lucha contra el malévolo Misáianes y sus esclavos sideresios. Entran nuevos personajes que mantienen la tensión épica de su predecesor Los días del venado, confirmando al menos desde mi punto de vista, que Liliana Bodoc ha hecho una trilogía admirable y exquisita. Thungür, heredero de Dunkancelin, pelea a muerte contra las tropas del mal tal como lo hace en su mismo bando el jefe máximo: Minché; el amor encuentra lugar gracias a la historia naciente que se da entre el guerrero Thungür y una princesa que perdió su trono: Nanahuatli; el encuentro entre la muerte y la inocencia personificados por La sombra –madre de Misáianes- y Wilkilén, momento espeluznante como tierno a la vez, entre otras historias, están presentes en este libro que junto a la saga, tienen olor a clásico. Una lectura sin desperdicio alguno.

9 dic 2008

Libación

Esta polvareda de recuerdos
de arremolinada angustia sabática
espanta mis horas irrelevantes de hielo

entra tu mano en mi vientre
y huye con un trozo de mí

que aún gotea

que aún palpita



va dejando un rastro purpúreo de tiempo
que sigo con promiscua convalecencia

piso mi propia mácula
resbalando entre dudas sanguinolentas
pero alcanzo a verte

trinas con tu risa de hiena
con la carne entre tus dedos
libando mis dulces penurias

sigo tus huellas hechas de mí
perdidas en el tierno lago de tu partida
donde aún revolotean tus besos
como peces atormentados fuera del agua.

3 dic 2008

La virgen del baño turco


El primer relato de La virgen del baño turco y otros cuentos falaces, me golpeó, me anunció todo lo que venía, lo que estaba por leer. Dicho relato o cuento, Margarita y los bárbaros, le arrancó la vida a un hombre en medio de una balacera justo cuando le pedía perdón a su mujer. Sucesivamente los cuentos “falaces” están enmarcados en una serie de eventos de reciente data en Venezuela –no tan falaces- y que no deja de lado a una Caracas que se regodea en sus miserias, reflejando a través de los personajes –monjas, proxenetas, doctores, etc.- las penurias que están tan cerca de nosotros, que a veces no las vemos y que de seguro en más de una ocasión hemos protagonizado.

Con una inteligencia desbordante y un humor finamente trabajado, nos dejamos llevar cuento tras cuento para ver qué otra ocurrencia nos trae la voz narrativa de Sonia Chocrón, que tal vez oculte tras algunas líneas reflexiones como: “…era madre por sobre todo y ama de casa, mercenaria de la televisión, esposa amante, hermana consuelo, amiga leal, rival del gobierno e hija melancólica. No podía con más responsabilidades… mi propósito era insistir…hasta quedar libre de los fantasmas que se antojaban acosarme”.

Situaciones al límite, historias tamizadas entre violencias y fracasos, están entremezcladas en La Virgen del baño turco con firme descaro literario.

28 nov 2008

Terquedad




Fecunda piel de cujíes

aún oculta en el horizonte

de ponzoña algodonada

y dócil tacto de lija


atraes

seduces

imán de carne


me crees sudor de tus poros sonrientes

porque deseas

porque ardes


necesitas mi huella de plata


hilos viscosos y delgados

que se abren paso entre tus vellos de bronce


soy alud en tu deseo

el colono fantasmal de tus espasmos

el sólido vapor de tu mentira

El venezolano feo


Presumo que por aspectos mercadotécnicos la portada de este libro le hace honor al título. Dicho en seco: la portada me parece espantosa. Sin embargo y tomando camino hacia lo que me interesa, el contenido es muy bueno, tan bueno que después de recibir la primera bofetada por lo que Adriana Pedroza argumenta, capítulo tras capítulo la sensación es la misma, es decir, recibir muchas de nuestras verdades como venezolanos cual bofetadas en cada mejilla.

Cruel, pero realista, Adriana se involucra como una compatriota más en ese caos que resulta de nuestro día a día, reconociendo ese “Chávez que lleva –y que llevamos- dentro”, lo cual no resulta tan grato como el lema de aquel cereal que decía “despierta el tigre que hay en ti”.


El venezolano feo, tal como el título, es aquel que critica, juzga, reconoce las fallas –de los demás y nunca las propias- pero no hace nada por mejorarlo. En este libro queda en entredicho muchos de los mitos tan propios como aquel que reza que somos “el país más feliz del mundo”, y que, bajo de una serie de argumentos indiscutibles, la propia autora se pregunta cómo es posible esto en un país en donde la economía está por el piso y la inseguridad por las nubes, por mencionar sólo esto; o el mito aquel de que somos “chévere”, como si con eso nos salváramos de la debacle y de nuestras propias ineptitudes.


En este libro Adriana Pedroza hace una especie de catálogo de nuestras flaquezas, de nuestra “viveza criolla”, que, Oh! Por Dios, no es corrupción, es no ser pendejo y dejarse joder por los demás. En El venezolano feo hay un recuento perfecto de lo que nos ha sucedido como nación incipiente en la última década: militares volteados, presos políticos, medios televisivos clausurados, medios censurados, marchas y “recontra marchas” convertidas en “un evento social”, muertes sin presos y delincuentes redimidos. Sin ambages, la autora deja muy en claro “por qué es que estamos jodidos”, y lo coloco entre comillas porque sé que en alguna parte lo dijo, y si no fue así, lo digo yo.


El único gazapo que pudiera decir que tiene el libro, lo cual no le quita mérito al trabajo, en absoluto, es haber colocado al dúo “Sin Banderas” dentro del catálogo de artistas venezolanos con proyección internacional. Esto es un simple detalle. El venezolano feo nos restriega en la cara nuestros defectos, nuestras penurias aún prestas a ser derrotadas. Salvando algunas excepciones contadas con las dos manos, Pedroza señala que “por desgracia, el único venezolano que es famoso en todo el mundo, es precisamente ése que refleja lo peor del venezolano: Hugo Chávez”. Suena duro y exagerado, pero algo de razón tendrá.

26 nov 2008

Con los codos en la mesa


En este año pronto a finalizar he disfrutado muchas lecturas y me he reído gustosamente –a veces a carcajadas- con dos libros, uno de ellos ha sido este: Con los codos en la mesa. Leyendo este libro he descubierto, no para mi asombro, sino más bien para mi propia satisfacción, que soy un completo ignorante en el tema gastronómico y en el especial si de vinos se trata. Con fimo humor e ironía de la buena, Alberto Soria nos adentra con gracia en un tema que visto de otra manera pudiera resultar aburrido. El tema de las buenas costumbres en la mesa, los modales y el buen gusto, son el plato fuerte de este libro; qué comer, cuándo y hasta cómo, también forma parte de él. Todo esto tratado con la delicadeza de un experto que nos lleva a reflexionar sobre la urbanidad, sobre la necesidad de recuperar tradiciones culinarias perdidas en el tiempo; sobre la pulcritud, ah!, la pulcritud de los restaurantes bañados en mármoles importados; la terminología a veces arrogante y respingada que hacen de un simple tequeño, un “dedito crujiente relleno de queso”, muy propio de la era “fusionista”.

Con los codos en la mesa no deja de lado, además, algunas remembranzas literarias reflejadas en epígrafes o pequeñas notas al pié de página, que enmarcan con fino tacto, algunos de sus pasajes los cuales van desde Baudelaire hasta Eugenio Montejo; de Sor Juana Inés de La Cruz a Umberto Eco; de Antonio Skármeta a Mario Puzzo, todos enmarcados en la referencia gastronómica, culinaria, y por supuesto, del buen gusto. Desde la primera hasta la última página usted se querrá comer el libro –con los ojos.

25 nov 2008

Noche sin fortuna


Mantuve una lucha intensa con este libro, amagué una vez, luego otra, y otra... Insistí por llegar al final con el entusiasmo de hallarme con algo que me sedujera en última instancia, que justificara una lectura que rechacé desde la primera cuarta parte del libro.

No abandoné, pero lamentablemente no di con él –con ese algo. De hecho no acostumbro a dejar libros a mitad de camino, es como un compromiso que asumo con total resignación sin saber qué me depararán las hojas. El último libro que me ganó la batalla fue uno de Kawabata, y no quise que el de Caicedo emulara al japonés. Una lectura abandonada por año es suficiente. Mañas de uno.


Debo decirlo: no me gustó Noche sin fortuna. No hallé ese “no sé qué”, no encontré ese hilo encantador que se enreda en la sien y que uno como cómplice-lector se deja atrapar con placer. Es una novela ciertamente trágica, juvenil, descarnada en la mayoría de sus pasajes en donde ya se evidencian los coqueteos con la muerte que llevarían a Andrés Caicedo al suicidio. Tal vez algún amable lector tenga una opinión distinta, siempre respetable y que me gustaría conocer.