18 ene 2013

2013

pic by me


María Guevara, que yacía con sus dotes naturales exentas de bisturí mientras el sol besaba su bajo vientre, obsequiaba el último atardecer del 2012, un fin de año y el inicio del nuevo que pudo ser perfectamente la versión venezolana de la película “Qué pasó ayer” (Hangover) en El Yaque. Nalgas por aquí, tetas por allá, alcohol, yerba y pólvora, mucha pólvora. Esa hermosa playa en donde de día se viste de colores naturales y también de los artificiales gracias a las tablas y las velas de windsurf y el kitesurf, se transformó en la sede de un bacanal sincronizado con el conteo regresivo que disparó la llegada del 2013. Aquello fue la depredación absoluta (aunque un tanto de depravación también). Los fuegos artificiales y algunos “globos del deseo”, en un par de ocasiones estuvieron a punto de prender en llamas algunas palmeras, pero por suerte no sucedió. Abrazos iban y venían, primero con la familia, luego con cualquier turista que se te atravesara. Incluso las más atrevidas (y atrevidos también) repetían el abrazo quince minutos después sin importarles nada. A un brasilero fue necesario decirle “vá pro inferno”, entre broma y en serio.

La disco a orilla de playa no paraba con su cadencia repetitiva y tediosa que te inyecta en el cerebro un bombo atronador, mientras que una desatada mostraba el alma desde un pequeño balcón, haciendo movimientos sugestivos e insinuantes (en realidad posturas porno). Gritos, muchos gritos y a medida que pasaban las horas, el hielo se fue transformando en el bien más preciado. Una agarrada de mano, un abrazo de una desconocida, un apretujón ahí (sí, ahí)  no se hizo esperar; un matrimonio peleando y mandándose “a la mierda” en mutuo acuerdo, de igual  modo hizo acto de presencia, mientras los familiares de ella decían: “mándalo pal carajo, mándalo pal carajo”, y un trago profundo de algún escoses cinta roja barría sus gargantas y alimentaba la cizaña; dos mujeres espectaculares se besaban rico, profundo, húmedo y el agua tibia del mar las envolvía en un manto protector; contraste, mezcla y hecatombe entre whiskey, cerveza, anís, vino y lo que pecara en asomar su pico. Todo era arrasado por un desenfreno inútil, efímero, careta de tantos fracasos y frustraciones.

Pero el entusiasmo vale para subirse el ánimo, más si sabes que puedes, que algo te dice que será tu año; un algo que siempre es plural pues todos apuntan a lo mismo, a trazarse retos —unos más alcanzables que otros— para que funjan como motor de arranque en un año, que en términos venezolanos, pinta rudo, muy rudo, más cuando retornas a la realidad y te hallas con que escasean los productos más fundamentales de la dieta diaria venezolana: atestiguas cómo en un reconocido súper mercado lanzan al aire los paquetes de Harina PAN y la gente se medio mata por hacerse de uno, entre codazos, golpes e improperios varios, digamos, como si fuera una piñata para adultos pero sin jugueticos sexuales. Luego le sumas el circo eterno que se presenta en la Asamblea Nacional, y allí, como en un salón de bachillerato, se insultan, se lanzan constituciones y se chiflan entre los dos bandos, jugando a ser unos eternos adolescentes pletóricos de irreverencia y falsa gallardía.
pic by me

Las consabidas frases VAMOS PA’ LA PLAYA y “venimos de la playa” (así, en chiquito) se refrendan por los buenos momentos vividos y la situación que te abre los brazos para darte la más cordial bienvenida a tu día a día. En un país como el nuestro, en donde el sol es capaz regalarnos un amanecer limpio en oriente y mil kilómetros más allá otro en occidente bajo el mismo manto de esperanza, puede pasar cualquier cosa, desde el más elemental irrespeto a las leyes de tránsito, pasando por la intolerancia al que disiente, hasta la múltiple reencarnación colectiva del primer mandatario a juzgar por el “CH somos todos”. La verdad, esa cosa intangible pero que suena con fuerza, nunca la sabremos en su totalidad, pero nos corresponde vaciar las maletas y seguir adelante desde nuestra minúscula participación ciudadana, que multiplicada, pudiera hacerse grande. El maestro Cabrujas dijo que esta tierra parece que no es capaz de reflejar su prosperidad, que es “una aldea provisional” de “mientras tanto y por si acaso”, y a nosotros nos toca tratar de revertir la vigencia de esa verdad. 
Foto @monikabella

17 ene 2013

Catalina de Miranda


Todos nos imaginamos cómo serían aquellas ciudades en que no existía el asfalto ni las grandes edificaciones que hoy día forman parte del caos de diversas capitales venezolanas. Cómo sería su gente, el día a día y la manera de entretenerse ante la ausencia de una computadora, televisión o cualquier artefacto electrónico; cómo vestían, qué comían y una larga lista de inquietudes ante la distancia temporal que impone el texto. Catalina de Miranda va de esto y mucho más. Nos invita a hacer un viaje en el tiempo en el que asistimos a las aventuras de una joven y humilde sevillana que partió al nuevo mundo en busca de aventuras; a un lugar inhóspito en donde aún abundaban temibles etnias guerreras que desataban cruentas batallas, mientras la rivalidad entre los propios conquistadores iba en aumento en una época en que prevalecía el poderío español sobre el francés.

Xiomary Urbáez cuenta esta fascinante historia desde la intimidad de una voz amiga que narra sin pretensiones grandilocuentes. Sencillamente expone los hechos y ellos mismos son los encargados de llamar al asombro, al impacto que producen los acontecimientos a través de ese acuerdo natural entre la ficción y lo que ésta pretende: cautivarnos, hipnotizarnos, hacernos creer que todo lo que cuenta es verdad. El narrador, ese que todo la sabe, no se va con el léxico propio de alguien que perteneció al siglo XVI, no; nos habla desde un argot actual pero con la certeza de que atestiguó todos y cada uno de los hechos relatados.

Catalina de Miranda arranca con una gran retrospectiva —aparte del propio hecho histórico que se narra—, pues el mismo personaje principal, Catalina, ya octogenaria, cansada y sentada en su mecedora, hace memoria de lo vivido consciente de que ya es abuela y bisabuela a inicios del siglo XVII,  “instalada de cara a El Ávila en un corredor de su enorme caserón, en Caracas”. Desde de allí, desde la tranquilidad que le da el pertenecer a la más elevada aristocracia caraqueña después de tantos años de luchas, fundaciones y conquistas, la historia retrocede hasta sus quince años cuando atraviesa un océano Atlántico azotado por despiadados piratas.

El texto se ofrece desde el principio como una novela histórica, pero también sale al paso el tema amoroso y romántico, pues si hubo una mujer que despertó pasiones, fue Catalina. Tan solo su presencia era suficiente para que los incautos hombres cayeran rendidos a sus pies, tanto por su beldad, como por una personalidad avasallante. Así nace el romance entre Catalina y Jean Françoise Roberval; Catalina y Juan de Carvajal, cuyas escenas pasionales fueron capaces de generar un nuevo espanto al tañir de las campanas en Maracaibo; Catalina y su amor imposible por el indio Yeyibel; Catalina y don Rodrigo.

En esta novela, merecedora de ser finalista en el premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2012, reviviremos la fundación de El Tocuyo, de Maracaibo, de Nueva Trujillo, de Mérida y Variquisimeto, como su nombre autóctono indica; le daremos un vistazo a Patanemo, Borburata y Valencia junto a los pioneros que recorrieron estas tierras al lado de una mujer de armas tomar y de un pensamiento muy avanzado para su época, la misma que deseaba una sociedad igualitaria y tolerante. Pero además de este profundo sentido de libertad, Catalina, al mejor estilo de María Lionza, invocaba los poderes de la naturaleza, “como las hechiceras antiguas, como las ninfas de las aguas” y que además, “tenía su propia y particular manera de hacer magia”; tenía dotes de cirujana y hasta diseñaba su propia vestimenta.

Catalina de Miranda tiene todos los elementos antes mencionados para atrapar la atención lectora de principio a fin, pasando incluso por la fauna, la gastronomía, ritos de iniciación y pare usted de contar. Xiomary Urbáez apuntó alto con este texto que va más allá de las aventuras por el Caribe y los hechos históricos; ofrece un personaje profundamente humano y que es capaz de ganarse la simpatía de los lectores por esa irreverencia que la hace tan única e irrepetible.


10 ene 2013

La soledad del náufrago


Anoche (miércoles 9 de enero de 2013) terminé de leer La soledad del náufrago, aunque el verbo “leer” me resulta insuficiente, casi injusto, en este caso. Más bien pudiera emplear la palabra “degustar”, pues a eso es a lo que gratamente somete al lector este poemario de Miguel Marcotrigiano. Cuanto uno lee hace trampa, que en mi caso, consiste en saltar páginas —siempre y cuando el libro lo permita— o saltar de un libro a otro (en esto soy un tanto desordenado). Pero también la trampa obedece en esta ocasión, a saltarme un par de libros a los cuales les debo su respectiva reseña.

La resonancia que causó en mí el empleo de las sombras, de los espejos, de restos de la infancia, de silencios, me conminan a no dejar que ese eco tan propio de la buena poesía, la que se queda rebotando en tus pensamientos, se difumine con el ruido del día a día por el quehacer laboral y la multiplicidad de lecturas que siempre están en proceso. Por ello mi trampa, esta necesidad de hacerle un guiño sencillo, pero honesto a La soledad del náufrago, en donde asistiremos a la comprobación de que la poesía es oficio, duro oficio, en donde los meses o años de inamovilidad creativa terminan consolidando una obra clara, definida y depurada.

Algunas de las incógnitas que Marcotrigiano plantea en su trabajo, seguramente en algunos casos de manera conciente y en otras oportunidades sin tal pretensión, como por ejemplo la simbología y la presencia del “hermano”, son descubiertas hacia el final del libro, en el apartado “La palabra y su sombra. En torno al hecho poético”, lo cual no impide que una vez develada alguna duda, sigamos reflexionando sobre cada metáfora o cada imagen que los versos despiertan. De hecho, la tonalidad de este poemario, invita a la constante reflexión, por ello mismo hablé al principio de degustación. Como bien dice el propio poeta: Cada poema es una llama temblorosa que ilumina a medias lo que nos rodea en este reino de oscuridad.

Entregados a la lectura, podremos ver cómo cada uno de los poemas va formando un todo concreto, coherente, y en donde el proceso de identidad que cada cual pueda hacer con lo leído —supeditado irremediablemente a lo singular—, dejará siempre un grato sabor a través de una construcción poética sin duda alguna bien pensada, a pesar de que el “miedo” como proceso creativo, esté siempre agazapado en cada palabra y cada verso. Esta reflexión ya se me viene desde Ocurre a diario (http://bit.ly/VN3oga) del propio Marcotrigiano, y tanto en éste como en La soledad del náufrago, el ejercicio recurrente de la “memoria” está presente como gota de agua silente pero incansable.

Una vez que los libros ya están publicados pertenecen a los lectores y no a sus autores. Alguien dijo algo como esto pero no recuerdo quién y valiéndome de ello, me apodero de estos versos para finalizar: Se acerca el final de la lectura / y ya no soy terreno propicio / para unos ojos cansados.  Para los lectores de poesía aquí mi primera recomendación del año.

8 ene 2013

La segunda y sagrada familia


Una piedra con una nota atraviesa el cristal de una ventana; un misterioso sobre se desliza debajo de la puerta; un parabrisas aparece con una nota amenazadora. Estas son algunas de las pistas que la detective Carolina Larotta deberá seguir para desenmascarar al culpable del ataque psicológico hacia Cecilia Medina de Castellanos, esposa del candidato presidencial Emiro Castellanos.  Pero hay algo en él que a muchos no les agrada: tiene dos familias y prole en ambas partes.

La segunda y sagrada familia, se desarrolla en una Caracas consumida por el caos, tanto vehicular como delictivo. Recorreremos calles, autopistas, urbanizaciones y avenidas que muchos conocemos. En medio de este entorno, Kathia Santeliz, la otra mujer de Emiro Castellano y la periodista más importante del país, también será sospechosa por los duros ataques a la futura primera dama, así como Mirna, la asistente cincuentona de Cecilia.

En el clásico tono de la novela negra, aquí comienzan a suceder los hechos desde las primeras páginas, haciendo que el ritmo de la novela nunca decaiga. Sus personajes hablan tal como lo puede hacer cualquier caraqueño, haciendo que la afinidad en este sentido sea completa. La detective Larotta se gana el aprecio del lector, no así el detective Arichuna, un hombre repulsivo y desagradable por su falta de modales. 

Inés Muñoz Aguirre nos lleva de la mano hasta el décimo y definitivo día en que la amenaza debe concretarse, mientras la ciudad en plena efervescencia sufre de racionamientos eléctricos, tráfico infernal, jubilados furiosos y secuestradores haciendo de las suyas y el candidato Emiro Castellano sigue recorriendo el país en su empeño por convertirse en presidente, manteniendo su amplia sonrisa y un postura de optimismo irrefutable, pero que a oídos de sus más allegados se atreve a decir: “¡Estamos jodidos! Este país está quedando en la ruina  con el desastre que ha hecho esta gente”.

Extraños asesores políticos, extorsiones y muertes, hacen de La segunda y sagrada familia de Inés Muñoz Aguirre, una novela trepidante dentro del género policial. Acompaña a la atractiva Carolina Larotta a descifrar el enigma y a descubrir cuál de las dos familias es más sagrada que la otra. 


25 dic 2012

El silencio es un privilegio que hay que aprovecharlo en su chispazo


Alguna razón habrá para que el pernil de la noche buena tenga mejor gusto al día siguiente. Tal vez los condimentos asentados o cualquier razón culinaria que desconozco sea el motivo para que al pasar por las papilas gustativas, el delicioso chanchito sepa a gloria. Vinos van y vienen y la “magia”, la “alegría” contagiante de los días navideños, sigue su inexplicable recorrido por las venas del vecino más huraño, de ese que no suelta ni los buenos días en el ascensor, te abrace y te invite a echarte unos palos en su casa. He leído a más de un tuitero escribir algo así como “ya basta de ese exceso de optimismo y felicidad”. Y yo reflexiono diciendo que cada cual a su estilo se hace o se cree feliz; cada quien a su manera se hace infeliz a pesar de que las luces siempre le acompañen el camino.

Una de las cosas más sabrosas de estos días, particularmente al día siguiente del nacimiento del niño Dios, es el silencio que reina en las calles, en las avenidas. Nace un extraño eco que reverbera en todo el ambiente y en donde por costumbre lo que hay es un corneteo y un cruce brutal de mentadas de madres, lo que se oye son los pajaritos con su trinar olvidado detrás de cortinas de smog y caos. Paraulatas, Cristofue, Arrendajos, algunos periquitos portugueses en fuga y las soberanas guacamayas, hacen de las suyas en un cielo limpio, atravesando restos de pólvora como prueba del extraño desenfreno de la medianoche previa.

Me entrego a la lectura para aprovechar que muchos aún duermen. No hay mejor música de fondo que el vacío pretérito, ese que deja después la multitud de gente que celebró con paroxismo la navidad. Sólo el silvido de la greca me saca del libro para que juntos libemos la deliciosa infusión. Pero, como siempre hay un pero, llegó el momento para ponerme soez: desde el popular Parque Naciones Unidas comienza el escándalo de un kareoke mal llevado a tempranas horas para ser un día festivo. De hecho, al momento de escribir esto, son las tres de la tarde y el escándalo continúa. Los vecinos de esta zona NO TENEMOS DERECHO a pasar un día en santa paz, no. Extraño a los Cocodrilos de Caracas y a sus cinco mil fanáticos -malandros o no- haciendo bulla, pues la misma es programada. Tomas el calendario de juego y sabes qué día te la tienes que calar o si te vas pal coño si no quieres ser atormentado.

En el reconocido complejo deportivo inaugurado para celebrar los juegos Panamericanos de 1983, vive un número importante de familias damnificadas por diversas catástrofes naturales y mientras esperan solución o alguna respuesta concreta de las entidades encargadas de esto, pues se divierten -con algo hay que divertirse- con los parlantes y poderosos equipos de sonido. Y más allá del patético kareoke del 25 de diciembre, ya es común despertarnos los sábados, tipo cinco de la mañana, con un fantástico vallenato que se prolonga por dos horitas en la mayoría de las veces, reguetones y los impepinables religiosos (evangélicos, mormones, testigos de Jehová o cualquier pare de sufrir de turno) que son los peores, ¿por qué? Porque comienzan los viernes en la noche y entregan el recinto los domingos después de las diez de la noche.

En fin, el silencio es un privilegio que hay que aprovecharlo en su chispazo, en su centro efímero que se desvanece en una ciudad que parece tenerle alergia a la tranquilidad, sobre todo a los desgraciados y jodedores que lanzan un cohetón a las seis de la mañana un día como hoy (CDSM, dije que sería soez). Qué importa la mujer recién parida hace un par de días y su bebé del apartamento de al lado; qué importa la tristeza de los vecinos de dos pisos más arriba por la muerte del abuelo hace una semana. Viva la indolencia, que mientras, yo sigo armando los legos que le dejó el Niño Jesús a mi hijo y disfrutando de su regalo favorito junto a él: un libro.

Feliz Navidad.

20 dic 2012

Resumen de lecturas 2012


Pues finalizó un año más (o está por finalizar —depende de Los mayas—) entre libros y lecturas. Algunos de ustedes pasan de visita y saludan desde la puerta en medio del apuro diario; otros, entran se toman un café y dejan sus comentarios entre los escombros.  El año pasado —según veo— leí cuarenta y seis libros y ahora el total para el 2012 subió a cuarenta y ocho. No subí mucho. Me pudiera excusar diciéndoles que no estoy incorporando a la lista unos cuantos libros de teoría literaria, de esos que tienen camisa de fuerza pero que siempre dejan algo bueno; textos nuevos para mí y otros a los cuales siempre vuelvo porque son imprescindibles para degustar y tratar de entender un poquito más la pandemia literaria que tanto nos apasiona. Ah, y unos cuantos libros infantiles que antes de llegar a manos de mi hijo, pasan por la alcabala. En todo caso, sigamos leyendo y promoviendo la lectura, pues como suelo decir, sumar lectores es restar balas. Feliz 2013, námaste.


1. El ojo del vientre de Numa Frías.

2. La puerta de los tres cerrojos  de Sonia Fernández-Vidal.

3. Bitácoras ignotas de Lesbia Quintero.

4. Fábulas de carne y hueso, de Manuel Felipe Sierra.

5. Sin destino de Imre Kertész.

6. Luminoso y amarillo de Mempo Giardinelli

7. Televisión, ver o no ver. ¿Será este el dilema? de Fernando Mariño.

8. Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero.

9. El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses.

10. De cara al río de Joaquín Ortega.

11. Cuentos sin plumas  de Woody Allen

12. Cuentos en el espejo de Marianne Díaz Hernández.

13. Todas las lunas de Gisela Kozak

14. El arte de ser humano (en la empresa), de Raúl Baltar.

15. Los diez mandamientos en el siglo XXI de Fernando Savater.

16. Rosas y duraznos de Marisol Marrero.

17. Portugal y Venezuela: 20 testimonios de Yoyiana Ahumada.

18. Suite francesa de Irène Némirovsky.

19. Aura de Carlos Fuentes.

20. Confesiones de una máscara de Yukio Mishima.

21. Caracas muerde de Héctor Torres.

22. El mal de Montano de Enrique Vila-Matas.

23. Al azar del viento de Ana María Velázquez.

24. Si yo fuera Pedro Infante de Eduardo Liendo.

25. La literatura como exploración Louis Rosenblatt

26. Entre el oro y la carne de José Napoleón Oropeza.

27. Sodoma y Gomorra (En busca del tiempo perdido) de Marcel Proust.

28. Juego cerebral de José Miguel Vásquez

29. Manuel para el más allá de Enzo Pittari.

30. Cuentos para gnomos de Deyanira Díaz.

31. Ocurre a diario de Miguel Marcotrigiano.

32. Eso lo sé de César Segovia.

33. Del diario de la señora Mao de María Teresa Ogliastri.

34. VIII Concurso nacional de cuentos SACVEN (varios autores)

35. Juegos florales de la poesía tradicional, II Concurso de poesía tradicional SACVEN (varios autores).

36. Sauce de versos de Olivia Villoria.

37. Escuela de demonios Jesús Sierra Acosta.

38. Santo oficio de la memoria de Mempo Giardinelli.

39. Hotel de Gabriel Payares.

40. Massaua de Arnoldo Rosas.

41. El amante de Janis Joplin de Elmer Ramírez.

42. La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo.

43. Plata quemada de Ricardo Piglia.

44. Guiones solitarios Carmen Vincenti.

45. Liubliana de Eduardo Sánchez Rugeles.

46. El lenguaje del juego de Daniel Sada.

47. El palacio del llano cumple cien años de Juan Carlos Zapata

48. Los living de Martín Caparrós.

10 dic 2012

De la libertad


Huele a molienda
en la vieja greca que destila abandono

ya coló la mezcla
de pretéritos granos
tostados en el fogón de los recuerdos

danza como una cobra
la hipnótica filigrana de humo
al ritmo de hastío
y  sirenas lujuriosas

el sabor inigualable
de la libertad sin brújula
también es una prisión.

26 nov 2012

VEREDICTO V CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA






El jurado conformado por los poetas Miguel Marcotrigiano, Carmen Verde Arocha y Kira Kariakin, quienes amablemente aceptaron leer los trabajos recibidos para el V CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA, cuya temática se centraba en la CIUDAD como objeto poético, decidió otorgar el primer premio al poema titulado AVENENCIAS, cuyo autor resultó ser Héctor Luis Baz Reyes, Pasaporte: 04.230.725-2 natural de Montevideo, Uruguay, y que reside en la ciudad de Lorena (São Paulo) Brasil.
Carmen Verde Arocha dice al respecto: hay en él una limpieza del lenguaje, un excelente uso del lenguaje metafórico y esa necesidad de reconocerse en el otro. Es como si la vida fuera un espejo, en la que nos vemos constantemente reflejados. Por su parte, Miguel Marcotrigiano dice que en Avenencias: La temática es, quizás, más existencial y, por tanto, universal. Permite el vuelo del lector por los lugares mencionados a la vez que se aferra al hombre y su desamparo. Y Kira Kariakin, señala que: es un poema escrito con corrección formal, que apela a imágenes sencillas para expresar la añoranza de lo que las ciudades a veces nos roban, la sensación de pertenencia a la naturaleza. Manifiesta que recuperar esos breves espacios de verde por pequeños que sean y la humanidad que ello representa no depende sino de sus habitantes… En forma y fondo es un poema contemporáneo.

De igual modo, el jurado decidió incorporar como finalista al poema titulado “Av. 20”, cuyo autor resultó ser Marcos Castillo, C.I.: 19.244.554 y es de Venezuela, específicamente de Barquisimeto, Estado Lara.  Del poema “Av. 20”, Marcotrigiano dice que: aborda con  sencillez el tema amoroso (aunque suene a lugar común); son acertados los anclajes en sitios identificables que evitan la dispersión en lo general… tiene un final que habría que ajustar, sobre todo el último verso, por lo predecible o fácil. No obstante, lo siento sincero. Kira Kariakin dice sobre “Av. 20” que: es un poema que se apoya en la descripción de un entorno urbano para enmarcar la nostalgia de un amor y la ensoñación íntima que convoca durante la rutina diaria. Logra su objetivo porque el lector se sumerge en esa ensoñación. El tema y el uso ocasional de la rima lo hacen algo más clásico en su aproximación al tema.

Ambos poetas recibirán una estupenda selección de libros de diversas editoriales venezolanas, tanto de poesía como de narrativa; verán publicados sus poemas en los blogs literarios afines al programa: libreriasonica.blogspot.com y palabrasyescombros.blogspot.com; así como la rotación de sus poemas en el “Módulo literario” de la revista Homo Sapiens Litteratus ubicado en el centro comercial Millenium Mall de Caracas.

Felicitaciones a ambos ganadores y a todos los poetas que participaron enviando sus trabajos desde distintos países, gracias a la magia de la radio, y por supuesto, de las redes sociales en Internet.

Sumar lectores es restar balas.




Héctor Luis Baz Reyes

Profesor de Lengua y Literatura, poeta, narrador y ensayista. Nació en Montevideo (Uruguay) en 1978 y actualmente está radicado en São Paulo (Brasil). Ha publicado “Error en la memoria” su primer poemario, donde algunos de sus textos han sido musicalizados, además de publicaciones en concursos literarios y menciones especiales: “Durazno, corazón cultural de los Orientales”, “A palabra limpia” antologías uruguayas y “Mundo literario” antología argentina. Su último libro: “Las cosas por su nombre y otros cuentos”, fue publicado por la Editorial Pelícano (Colombia). Como ensayista participa en revistas científicas literarias de su actual ciudad, incursionando en las temáticas vinculadas a la narrativa hispanoamericana y a los estudios de género “Circe” o el encanto de la viuda negra. Un cuento de Julio Cortázar”, “Umbrales y congruencias modernas de los géneros literarios” en coautoría y traducción, entre otros artículos. Estudiante de Letras portugués-español en la Universidad Metodista de São Paulo y Estudiante de la maestría en Ciencias Sociales, Universidad Arcis, Santiago de Chile. También realiza traducciones literarias y es docente de Español como lengua extranjera.  


Avenencias

En Beijing un hombre limpia sus zapatos
y descansa sus dedos híbridos
en el césped que un día,
será verde otra vez.

En Estocolmo, en París, en Quito,
la argamasa es el paisaje que ruge el viento,
polvo gris que una vez fue aire, árbol, tierra negra.

En Londres un anciano recuerda que una vez…
alguna especie de pájaro nocturno,
ave de plaza
selvas, cetáceos y monos
respiraban algo más que la tinta colorida de una enciclopedia.

Ya no hay superhéroes capaces de ir hacia atrás en el tiempo,
no existen las hadas, las calabazas mágicas, los Dioses omnipotentes.
Beijing es Estocolmo, Estocolmo París y París es Quito.

Londres no existe.

A pesar de un aparente equilibrio, de un cielo amarillo,
de agua, y más agua en todas las esquinas,
el césped crece en la única tierra potable que existe,
un pedazo de nosotros en el abismo de los humanos.

En Beijing, un hombre descansa sus pies en el cemento.
El césped, tímidamente descubre el sol
y se sacude el pasado.

Llega un caminante y lo riega, son dos y lo cubren.
Llegan más y lo abonan,

otros…
…desmontan la calzada.


Marcos Castillo Zambrano

Novel escritor y poeta aún inédito con numerosos poemarios que conjugan las causas políticas y la poética, la literatura comprometida por citar a Jean-Paul Sartre. Finalista del V Premio de Ortografía Andrés Bello(Barinas 2006). Finalista del I Premio de Ensayo Arturo Uslar Pietri de EL NACIONAL (Caracas 2008). Influencia Literaria: Rafael Cadenas, José Pepe Barroeta, Eugenio Montejo, Mario Benedetti, Octavio Paz, Cesar Vallejo, Rimbaud, William Faulkner, Dos Passos, Sartre, Albert Camus.  Fue secretario de Cultura Centro de Estudiantes Pedro Rincón Gutiérrez (ULA-MÉRIDA 2007-2008) y Vice-Presidente Centro de Estudiantes Pedro Rincón Gutiérrez (ULA-MÉRIDA 2009-2010). Actualmente (Noviembre 2012) es pasante en la Gobernación del Estado Lara de la Carrera de Ciencias Políticas para obtener el título de Politólogo (Universidad de Los Andes ULA-Mérida).


Av. 20

Déjame dos besos en la Avenida 20
de Barquisimeto,
uno para olvidarme
otro para malgastarlo
en las noches impares
de La Cibeles; en Mérida sobran.
Aquellas veces en que eras
el ábaco del mundo
descontando los lunares de tu espalda
en manos mías a contraluz del cristal
de esta oficina, mientras allá afuera el mundo
cabe en la Ruta Nro. 7
que pasa por el aeropuerto Jacinto Lara.
Tenía la nariz arqueada la mujer
que me enseñó a completar
soledades detrás de la barricada.
No es casualidad que te enumere
en el álgebra de los días
cuando camino por la Av. Vargas
y la ciudad me mira con
buhoneros y sucursales,
quizás sea así en otra ciudad
sin embargo en Barquisimeto la vida,
al menos la mía, es igual a dos besos de ella.

8 nov 2012

Guiones solitarios


Tres relatos, tres formas narrativas que van más allá del vano deseo de figurar. Simplemente escribir, entregarse al oficio que se reconstruye en sí mismo para alcanzar elegancia y maestría en la palabra. En cada página se ve el dominio del proceso narrativo. Cada imagen, cada oración, están allí muy bien escogidas tras un proceso de exquisita selección que da forma a una coherencia absoluta del texto. Esto es lo que hace Carmen Vincenti en sus Guiones solitarios.

El libro abre con Diálogos en el agua, un relato que se destaca por estar la gran parte de sus líneas en modo condicional: las acciones parecen que nunca han sucedido y esa incertidumbre te envuelve de principio a fin.  La voz narrativa pone en duda lo que está escribiendo, tal como si el ejercicio escritural mostrara las costuras por donde se va hilando, incluyendo la duda sobre el nombre del personaje principal, Claudio, que también pudiera ser Claudio/Carlos (o Eduardo). Este relato es lo que el maestro José Balza pudiera llamar un “ejercicio narrativo”. Por algo la duda y la muestra sobre el papel en cuanto a lo que la autora busca: “Es necesario que Claudio/Carlos tenga un pasado (oculto). De cuando se llamaba Eduardo...” También es menester agregar  que el  gran misterio del relato está centrado en la imagen casi fantasmal de la mujer de blanco y en determinar si Claudio es un demente o no, aderezado con los atisbos de humor que le imprimen los peces que dialogan entre sí, quienes además terminan siendo la única compañía de Claudio.

El segundo relato es Monólogo para un crimen. Aquí asistiremos a la historia de una mujer desesperada por cometer un crimen perfecto. Imagina que mata a su jefe (¿quién no lo ha hecho?), pero son unos vecinos los candidatos perfectos para hacer apología del crimen. Uno de los detonantes para llevar a cabo su malévolo plan, ha sido la lectura de El asesinato como una de las bellas artes de De Quincey, en donde halló la motivación para llevar a cabo el asesinato.  Pensó en la ingesta de “fugu”, pero se decantó por utilizar un par de escorpiones amaestrados para concretar el crimen. La particular descripción que hace la autora de los escorpiones es fisiológicamente magistral y mientras la piel se te eriza en la lectura, la asesina, una destacada orfebre, se encomienda a los santos como todo buen sicario que se precie: “San Eligio, patrono de los orfebres, protege mis pasos”, dice.

El tercer y último relato se titula Solo a varias voces en donde lo más destacado en sus páginas es el proceso de humanización de todas y cada una de las cosas que participan en él.  El espejo, el piano, las paredes, el escaparate, el reloj de pared, las cajas de libros y muchas cosas más, atestiguan la historia de una hermosa, solitaria y triste escritora que despertaba envidia en las demás mujeres y a quien le llegó tarde la gloria, y su hija, la cual no se sentía para nada contenta con el oficio de su progenitora. Cada objeto presenta su propia perspectiva de la situación pero no hay interacción alguna entre ellos, y mientras se desarrolla la historia, aparecen algunos misteriosos manuscritos como un inesperado testamento que dará cuenta de quiénes serán los favorecidos en una hipotética herencia.

Guiones solitarios ofrece a sus lectores la esencia misma de lo que es escribir, narrar para el deleite de quien no se conforma con menos. Aquí puede verse perfectamente una pluma depurada, que incluso, halla de manera sutil, la incorporación de la denuncia y la crítica a la situación política tan en boga hoy día en nuestro país, sin que ello se transforme en el asunto primordial de lo que se cuenta. Un simple guiño para tomar postura ante una realidad latente.  Una lectura más que recomendable.

1 nov 2012

Violencia en la literatura


Yo por él no siento compasión,
nunca en vida él hizo algo por mí.
Si es entre él y yo la selección,
no me dolerá verlo morir.
Sicarios, Rubén Blades.

El fin de semana pasado lo único disponible para ver en el cine era “El cartel de los sapos” —al menos en el horario en que yo llegué—, una adaptación del libro homónimo de Andrés López López. No lo he leído y en mi oficina ya tengo la segunda parte del mismo libro (que tampoco he leído). Lo cierto es que entré con cierta aprehensión a la sala, porque para ver una película violenta, me basta con caminar por Caracas (que cerró el mes de octubre con 532 muertes violentas), y estar atento, o leer la prensa, o escuchar el cuento de cualquier vecino. Pero en fin, cotufas en mano, me dispuse a pasar el rato. Buena producción, buenos efectos, buenas actuaciones...

Pero no voy a hablarles de cine y de la película en cuestión, voy hacerlo sobre un tema que me rondaba la cabeza después de tres lecturas que hice, todas con un elemento en común: la violencia. Digamos que la película me dio el último impulso para hacerlo. En todo caso y para entrar en materia, la violencia existe desde que el ser humano hizo su aparición triunfal sobre la tierra, por las razones que sea, y no me extiendo aquí pues desde esta perspectiva, es más un asunto antropológico que literario. Pensemos pues en los grandes clásicos griegos, en La Odisea, en La Ilíada, y un largo abanico de buenos ejemplos en donde la violencia forma parte sustancial del mundo narrado (vaya violencia la de los dioses griegos). Es una suerte de germen, de código genético que acompaña a nuestra raza.

Me arriesgo entonces, y sin intención de ser axiomático, a comentarles sobre la violencia en la literatura, y particularmente, en las novelas La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo; Plata quemada (1997) de Ricardo Piglia y El amante de Janis Joplin (2008) de Élmer Mendoza. La novela del oriundo de Medellín, también fue llevada al cine alcanzando premios importantes y la historia se desarrolla en su pueblo natal, en donde la mafia, las drogas, el sicariato y la homosexualidad son los temas principales. La rudeza del lenguaje utilizado, enmarca a la perfección todo el entorno hostil y decadente de sus personajes, empezando por Fernando, que siendo ya un adulto, intelectual él, quien exclama molesto: “¿Yo un presunto sicario? ¡Desgraciados! ¡Yo soy un presunto gramático!”, termina envuelto en ese mundo maltrecho de la mano de su amante, Alexis, un analfabeta y joven sicario.

Plata quemada, por su parte, no deja ser menos violenta que la anterior, más aún si tomamos en cuenta que está basada en un famoso asalto que se dio en Buenos Aires a mediados de la década de los sesenta. Al margen del tiempo que el autor tardó en escribir la novela y del proceso de investigación que le imprimió a su trabajo, el perfil de los personajes y la manera en que está presentada la historia, dejan muy en claro que la violencia se repotencia en sí misma, justificándose para lograr su objetivo, sea cual sea, matar a alguien por encargo, o hacerse del botín del banco a toda costa. Hay algunos elementos dentro de la novela que te arrancan una sonrisa, particularmente cuando los delincuentes conversan entre ellos o enfrentan a los policías. Esto también se puede ver en mayor grado en La virgen de los sicarios, cuando Fernando con toda su cultura a cuestas, tiene que bajar los escalones del saber para interactuar con su entorno. Estos pequeños atisbos de humor están allí para paliar un poco, el arsenal de situaciones de extremo dolor y violencia que ambos textos salpican la lectura de principio a fin.

El caso de El amante de Janis Joplin, no es cuento de hadas en comparación a los anteriores, pero tal vez eso que mencioné en el párrafo anterior como “atisbos de humor”, están más exaltados aquí pues su personaje principal David Valenzuela (el tonto del pueblo, alias el “Sandy”), después de cobrar su primera víctima fatal de manera fortuita al meterle un peñonazo fulminante a uno de los Castro (no tiene que ver con los de la isla), su otro yo, su parte “reencarnable” como dice el texto, habla con él, lo incita a delinquir, lo acosa mentalmente a que se vuelva un chico malo (que de hecho no es, pero tampoco es normal), en una ciudad como Sinaloa que al menor parpadeo la violencia te arrastra contigo.

Estas novelas tienen tres puntos en común: la violencia como motor principal de todas las acciones: dice Dorda (en Plata quemada): “La maldad —muy acelerado con la mezcla de la anfeta y la coca— no es algo que se haga con la voluntad, es una luz que viene y que te lleva”.  Alexis en La virgen de los sicarios: “corrió hacia el hippie, se le adelantó, dio media vuelta, sacó el revólver y a pocos palmos le chantó un tiro en la frente, en el puro centro, donde el miércoles de ceniza te ponen la santa cruz”.

Como segundo punto, esa extraña voz que los acompaña en sus fechorías, ese otro yo hablante que los instiga y atormenta en sus pensamientos: David dice: “traigo el diablo en la cabeza”, la misma que le decía que “se dejara de pendejadas, que se acostumbrara a su presencia, que sus miedos le importaban un carajo”. En Plata quemada: “Los que matan por matar es porque escuchan voces, oyen hablar a la gente, están comunicados con la central, con la voz de los muertos, de los ausentes, de las mujeres perdidas, es como un zumbido, decía Dorda, una cosa eléctrica que hace cric, cric adentro del mate y no te deja dormir”.

El tercer punto tiene que ver con el profundo sentido religioso que acompaña a sus personajes: “El Nene se tocó la medallita de la Virgen para darse suerte y se largó a la calle. Era tan flaco y tan frágil y estaba tan drogado que parecía un enfermo...” (en Plata quemada);  dice el Cholo, tocándose (en La amante de Janis Joplin) “la estampita de los santos patronos de los narcos: si todo sale bien, Malverde bendito —se dirigió al ánima que cada vez ganaba más terreno como santo de la raza—, cuenta con tus veladoras y una lana en tu capilla”. Y en La virgen de los sicarios, “Virgencita niña, María Auxiliadora que te conozco desde mi infancia, desde el colegio de los salesianos donde estudié; que eres más mía que de esta multitud novelera, hazme un favor: que este niño que ves rezándote, ante ti, a mi lado, que sea mi último y definitivo amor, que no lo traicione, que no me traicione, amén”, dice Fernando, mientras Alexis, lleva “tres escapularios, que son lo que llevan los sicarios: uno en el cuello, otro en el antebrazo, otro en el tobillo y son: para que les den el negocio, para que no les falle la puntería y para que les paguen”. Y no puedo dejar de mencionar al Sandy (David, en El amante de Janis Joplin), que a pesar de su deficiencia mental, usaba “sus dos cadenas: una con la virgen de Guadalupe y otra con San Judas Tadeo”.

Son infinitos los ejemplos y paralelismos existentes entre estas novelas, que de por sí, merecen cada una por separado, una aproximación más detallada. Esta escueta reseña que utiliza el tema de la violencia en la literatura como eje principal, puede ampliarse mucho más con otros textos que van en el mismo orden de ideas, tales como Rosario Tijeras de Jorge Franco; Animal tropical de Pedro Juan Gutiérrez, textos que no he leído pero que entiendo llevan el tema de la violencia en cada una de sus páginas, o el mismo libro testimonial de Roberto Saviano: Gomorra (que sí leí), pueden funcionar perfectamente para ampliar el tema. Ahora, me pregunto y especulo un tanto: ¿se podrá hablar de una estética de la violencia? Aún no tengo una respuesta, pero lo que sí es cierto, es que cada autor y sus textos, utiliza la violencia como ¿herramienta? discursiva, tal vez para denunciar o simplemente contar lo que la realidad coloca en sus narices, la cual trasciende hasta convertirse en literatura.  Hago otra pregunta: ¿pudiéramos llamarlas novelas de reconstrucción social? No lo sé, pero como bien dice Vallejo en su novela: “Cuando a una sociedad la empiezan a analizar los sociólogos, ay mi Dios, se jodió, como el que cae en manos del psiquiatra”.


Infimo glosario:

La tartamuda: la metralleta
María muñeca: ¿hace falta decir qué es?
Un cana: policía
La finada: la muerte
Gonorrea: el insulto más fuerte en cualquier barrio de Medellín.
El muñeco: el muerto
Un camello: un encargo, un trabajo.
Hijoeputa y malparido: “las infaltables delicadezas sin las cuales esta raza fina y sutil no puede abrir la boca”, dice Vallejo.

25 oct 2012

Massaua


Massaua es una historia que convence, no tanto por estar basada en hechos reales, lo cual ya le da un cariz de verosimilitud importante, sino porque dentro de su mundo ficcional y narrativo, se mezclan elementos que atrapan la lectura de principio a fin. Podemos hablar de Massaua como una novela histórica, pero también como un texto de aventura, de viaje o de crónica. Me resultó imposible no hacer el paralelismo entre Ismael, el entrañable personaje de la novela  de Melville, Moby Dick, con el personaje principal que lleva el hilo conductor de Massaua, “el roblero”: ambos inexpertos, ambos un tanto timoratos pero deseosos ante la idea de un primer viaje en barco y sus nulos conocimientos al respecto, el primero como pescador de ballenas, y el segundo, como buzo pescador de ostras.

La novela ofrece de entrada un enigma y es el hecho de querer descubrir a quién le habla el roblero a medida que comienza la aventura de dieciocho hombres que, embaucados, no van a su destino final que es en la India, buscando las perlas más hermosas del planeta, sino a Massaua, un pueblo costero de Eritrea en la costa oriental de África, en donde todo es aridez, penurias y está por estallar la primera bomba en la guerra Italo-Abisinia. Allí comienzan a vivir un prolongado y desesperante Vía crucis por sobrevivir, mientras el sueño latente de hacerse ricos los mantiene en pie a pesar del hambre y la miseria.

El elemento religioso no puede faltar en una novela en donde sus personajes son todos devotos de la Virgen del Valle. La fe ciega en la patrona los mantiene de buen ánimo, a ella se encomiendan ante el fracaso y el extravío para que con su gracia divina los saque del atolladero.  El roblero también cree en ella, pero también le reza a una foto maltrecha con la figura de su madre, muerta de manera terrible y accidental bajo una cruenta tormenta en la isla de margarita. Habla con ella, discute y en más de una ocasión, la imagen lo intimida tal como lo hacía cuando estaba viva.

Massaua lleva en sus páginas también, el típico humor que caracteriza al gentilicio margariteño. Aquí están las palabras, los modismos, la manera de hablar tan particular de su gente, con la ventaja de que por escrito, se entiende perfectamente. Las chanzas no cesan entre los aventureros de Pampatar, Juan Griego y Porlamar, en contra del único representante de Los Robles. Lo tildan de tramposo y malamañoso, pero irónicamente -estrategia del autor-, no hay personaje más noble e ingenuo que el roblero.

Arnoldo Rosas emplea en su obra, además, un léxico dentro de los personajes que nace de la pasión por el beisbol: el estás ponchao, el te tienen en tres y dos, por nombrar unos pocos, o la comparación de la fuerza del ciclón del 33 con un poderoso pitcher; enriquece el contexto narrativo con una ingente cantidad de refranes para generar ese ambiente desenfadado en medio de la debacle:  “El que bebe agua en tapara y se casa en tierra ajena, no sabe si el agua es clara o si la mujer es buena”; “Más caliente que plancha de chino”; “todos los días nace un venado y consigue quien lo cace” o “Más vale un diablo de oro, que un Cristo de plata”.

Las referencias literarias que acompañan la lectura y el recorrido de estos aventureros, también forman parte de esta travesía. No puedo dejar de mencionar a Manuel Díaz Rodríguez, Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva y a Julio Garmendia, quien tiene un rol importante dentro de la trama gracias a su Tienda de muñecos, libro que es casi un personaje más dentro de la historia, texto que mimetiza el estado físico del roblero: así como está de destruido, casi en harapos, así está el texto: amarrillento, sucio, maltratado.  No obstante, en muchas ocasiones, son los cuentos de Garmendia lo que levanta el ánimo de los dieciocho y despedazados marineros, atentos a la anécdota, que en voz del roblero, cobra vida.

Por último y no menos importante, la música, la gastronomía (incluyendo un listado de los pescados más comunes en la mesa margariteña), los paisajes, la naturaleza, y otros aspectos más, están destacados en Massaua. Sorprende, además, la ferviente admiración que el roblero le profesa a Juan Vicente Gómez, pero esto es otro de los guiños que Arnoldo Rosas coloca en el texto para que sea el lector quien descifre el por qué de semejante adoración (si es que la hay). Massaua está pletórica de anécdotas e incógnitas, en donde todas cierran con su respuesta o desenlace, excepto una que por misteriosa, te deja con ganas de seguir leyendo más. La intención de generar entusiasmo en el lector está sembrada desde la primera página. Es un texto de quinientas páginas que jamás decae en el ritmo, aunque con unas cuantas hojas menos creo que el resultado hubiera sido igual de bueno. Les invito a sumarse a la lectura, no se arrepentirán.

4 oct 2012

Hotel


Sin duda alguna la escritura es esfuerzo y empeño. En este oficio silencioso y solitario, el encuentro del escritor es consigo mismo. Es hallarse frente a frente con sus avatares, viéndose en un espejo imaginario que deviene en historias y lo que la memoria le tenga reservado como caldo de cultivo para sus letras. No puedo decir mejores cosas que las que ya están dichas en el prólogo que le hace el maestro Ednodio Quintero a Hotel de Gabriel Payares. Mi atrevimiento no llegaría a tanto. Pero sí puedo añadir, pues lo recuerdo claramente, que hace tres años Gabriel y yo conversamos sobre Cuando bajaron las aguas y le comentaba sobre lo mucho que me había gustado y lo bien que estaba escrito.

Unos años después leo Hotel y no es que solamente siento lo mismo, sino que evidentemente hay ya entre sus páginas, el claro perfil de alguien que escribe, alguien a quien se le siente el empeño por hacer literatura, tal como dice Ednodio, alguien “que está llegando a un punto de madurez” y que a mi juicio, tiene muy claro hacia donde va su trabajo creativo.

Llegando a la treintena de vida (meses más meses menos), Payares habla dentro del texto de hijos y divorcios; de desventuras y extravíos con la soltura y la experiencia —digamos— de alguien de cincuenta y es capaz de ver lo pueril que pueden llegar a ser los alumnos que aún están “en la llama estéril que caracteriza la veintena”. Etapa que apenas ha cruzado, pero que dentro de lo que nos compete, la literatura, ha ido sumando méritos con su trabajo para proyectarse más allá del común de los noveles escritores.  

Hotel entonces seduce más allá de la solitaria palabra, ese inmueble efímero e impersonal por el cual todos hemos pasado alguna vez en la vida, y allí, desde adentro, desde cualquiera de sus siete habitaciones que son los siete relatos contenidos en el texto (más el lobby de Quintero), somos envueltos por una fuerza centrípeta narrativa que nos lleva a un punto inevitable que no te suelta, en donde nos encontramos con una voz clara y definida que relata desde su intimidad ficcional, sus pensamientos, temores y fracasos. Además, el narrador muta y se expande, dando cabida a la proyección de la propia voz de Payares, claramente identificable y que se cuestiona a sí mismo cuando dice: “¿No intenté yo mismo construirme un refugio en las historias que contar, en los inventos pulidos con el insomnio y tendidos en bandeja de papel?”

El truco de lo literario está muy bien servido en Hotel, que desde un principio, saca de la chistera el tema del desarraigo como estratagema e hilo conductor, en ocasiones agazapado tras la anécdota, y otras tantas, más a flor de piel. “Ninguna ciudad nos pertenece mientras no tengamos relatos que la compongan”, dice Payares, pero con Hotel se da una suerte de apropiación de cada uno de los entornos que relata y “nos” relata, bien como espectadores de sus páginas o como habitantes reales y caóticos de cualquier ciudad. Lo que nos falta ahora es leer alguna novela de su autoría. ¿Estará en proceso o será que ciertamente “todo lo sólido se desvanece en el aire”? Habrá que esperar, pero mientras el tiempo pasa, The Payares´s Hotel es una lectura ineludible de nuestras letras locales. 

1 oct 2012

Intemperie

Estar solo es una orgía
con lo infinito
piensa el mundano en su intemperie
que aunque lacayo de encierro
las tunantes antípodas
tristeza y alegría
se yerguen amancebadas
sobre el negro estribo del universo


cada minúsculo brillo
cada ilusión de estrellas
conspiran desde un remoto pasado
lanzando la estentórea voz de los dioses


rabia
dolor
son las paredes de este cuarto
suspendido en el quinto piso
de un pájaro en vuelo