26 jun. 2013

Las mujeres de Houdini

Las mujeres de Houdini no es una novela de humor, pero que Sara Soler —cuyas siglas irónicamente son S.S.— uno de los personajes principales apode a su ex esposo “Pompas Fúnebres”, te arranca una sonrisa cada vez que lo menciona, claro, con su buena dosis de sarcasmo.  Sara, hija de Helena y ésta hija de la misteriosa Lía Brandao —la mami—, que con el correr de la lectura uno pudiera llamarla Lía Houdini dada su historia de escapismo, es decir, por una extraña desaparición llevada a cabo en París durante una semana, dejando a un lado a su hija  “Helenita” y a su abnegado esposo Isaac quien tuvo una breve pasantía en La Rotunda de Gómez, es la que llevará las riendas de esta fascinante historia.

Madre e hija, Helena y Sara, vivieron una dura experiencia que las emparenta, pero cada quien a su tiempo y a su manera durante la juventud; hecho que las separó tanto en lo físico como en lo emocional, pero que contradictoriamente las pudiera unir en un futuro para lograr la depuración de una relación hostil entre éstas. Sara, una astróloga con cuatro décadas vividas, entre traumas, alcohol y unos cuantos “porros” en su haber, se transformará en la investigadora de su propia saga, en donde las cosas no son lo que parecen y en donde la expiación de las culpas se va dando de manera inconsciente en cada uno de los personajes.

Pero, ¿qué hizo Lía durante esa semana en París ante el inminente comienzo de la Segunda Guerra Mundial, más aún siendo esposa del judío Isaac Brandao? Incógnita que S.S. —allí la ironía de sus siglas— tratará de resolver volviendo simbólicamente a la época en que el nazismo ponía punto final a miles de vidas en Europa. Las mujeres de Houdini tiene presente ese elemento del viaje a través del cual, Sara llega a la ciudad luz de hoy día para hallar respuestas que sus naipes y sus astros no le dan; para tratar de limar los dolorosos recuerdos, traumas y frustraciones que la torturan: “Por lo visto, el abandono era una tara familiar. Lía había abandonado a Isaac. Helena la había abandonado a ella; Agustín Soler había abandonado esposa e hija y ella acababa de dejar a Xavier” (pag.90). Sara, moderna, liberal como la que más, pero que paradójicamente cree en los astros, tiene una relación que la satisface a ratos pero con la cual no quiere compromisos de ningún tipo. Por ello mismo abandona a Xavier sin ningún tipo de pudor, para ir al encuentro de Monsieur Puig, quizás la única persona que pudiera aclararle el misterio de su familia.

Por un lado y de una manera que no afecta la historia principal del texto, Las mujeres de Houdini también incluye una suerte y muy sutil denuncia sobre la situación política y social actual venezolana, que en ningún momento desvirtúa la obra o la transforma en un panegírico en este sentido. Si bien es cierto que a título personal hubiera preferido que esto no estuviera ni por asomo en ningún momento dentro de la trama, estos elementos están presentes de manera puntual y contribuyen a crear el contexto en el cual Sara Soler va desempolvando la historia de su familia para revelar los misterios que marcaron su vida; y por el otro, también está cargado de una serie de referentes tanto musicales como cinematográficos que enriquecen la trama, herramientas que Sonia Chocron maneja en esta su primera novela con destreza y que llega a su punto de madurez de la mano junto a su conocida obra poética la cual seguramente le abrió paso hacia la narrativa.

En Las mujeres de Houdini se fotografía a la perfección lo duro que puede llegar a ser una relación madre-hija, y cómo el no conocer los hechos del pasado de la familia, la transforma en un suplicio al cual es imposible renunciar. Pero existe entre líneas atisbos hacia la solución del conflicto, siempre acompañada de una trama bien llevada e intrigante la cual queremos resolver desde la primera página, que nos revele por qué estas tres mujeres, abuela, madre e hija, siempre están en fuga. Una avasallante lectura que deja muy en claro qué es el amor y el sacrificio en la vida.


Las mujeres de Houdini se encuentra dentro de los quince (15) títulos participantes en el Premio de la Crítica a la Novela del año 2012 en Venezuela. 

10 jun. 2013

Poesía y suicidio en Venezuela: el caso de Martha Kornblith

Cuando ingresé a la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, tenía claro cuál iba a ser mi tesis de grado. Sin duda alguna esto hizo más placentera mi estancia en la universidad durante los cinco años de carrera. A medida que iba avanzando en ese constante descubrimiento de libros y autores, iba asociando, mejorando e incorporando temas y vertientes, teorías y especulaciones con las que enriquecer mi trabajo. Lo complejo fue, en todo caso, definirme por un sólo marco teórico para no perderme en las diversas ramificaciones que mi tema demandaba por estar vinculado a la cultura popular desde la música y la literatura.


No obstante y desde el primer semestre, coqueteé con cambiarme a un tema distinto, tanto por tener algunas lecturas, como por el creciente interés por la obra de aquellos poetas que decidieron poner fin a sus vidas saltando al vacío, inhalando gases, sumergiéndose en el mar, atravesándose con pólvora, entre otras variopintas opciones. Leo, y entro en el tema, Poesía y suicidio en Venezuela: el caso de Martha Kornblith de Miguel Marcotrigiano. Por la confianza que tengo con el poeta y autor, digo: ¡este hubiera sido mi otro trabajo de grado! Miguel me comentó hace más de un año que estaba trabajando en este libro y desde entonces quedé a la espera del mismo. Y aquí está, fundamentado en el lecho poético que corresponde, como por un proceso de investigación serio.

Poesía y suicidio en Venezuela... hace un arqueo del trabajo y la figura de aquellos poetas, que como ya mencioné, decidieron suicidarse. Están los más reconocidos y emblemáticos como José Antonio Ramos Sucre, Gloria Stolk, Miyó Vestrini, pasando por otros casos de suicidio que hasta ahora para mí eran desconocidos, como los de Ismael Urdaneta, César Dávila Andrade, Gelindo Casasola, entre tantos otros, hasta llegar a Martha Kornblith. Por supuesto, este trabajo hubiera quedado incompleto —y no es el caso— si el autor no mencionara a aquellos poetas universales que también sellaron sus destinos  con una muerte planificada, como Cesare Pavese, Anne Sexton, Alfonsina Storni (la lista es interminable), para crear una suerte de marco referencial hasta llegar a Kornblith, que entiendo, ha sido el último caso de poeta suicida en el país.

La visión de Marcotrigiano en el libro está exenta de moralismos, va a lo suyo desde las herramientas teóricas que el tema ofrece, sin juzgar y desmerecer los motivos que llevaron a los poetas al suicidio. Al margen de lo que el propio autor refiere cuando dice que “hay que resaltar que en nuestro país el suicidio representa una zona tabú”, debemos reconocer y esto también lo dice pero con otras palabras, el grado de valentía de quienes deciden inmolarse. Esto es indiscutible. Como dice Enrique Vila-Matas, "los suicidas, ya se sabe, no tienen placas, no se celebran ni conmemoran". Piénselo por un segundo y sientan cómo tragan grueso tan sólo con imaginarlo. Hay una canción de Charly García que dice “todo el mundo en la ciudad es un suicida”, y me pregunto, ¿quién no ha pensado en ello alguna vez? Seguramente habrá quienes no, pero inclino la balanza a favor del sí.

Especulaciones aparte, el autor ofrece algunos datos biográficos de Kornblith para ir armando el corpus del libro y el posterior sustento teórico, como esa parte entretenida, degustativa, que implica la lectura de la poesía que permita ir atando puntos de conexión y referentes reales y simbólicos que apuntan hacia una apología del suicidio en determinados versos. En este orden de ideas, cabe la pregunta, hasta qué punto se da la despersonalización de la voz poética de Kornblith con relación a su voz real, la que sufre, la que vive atormentada, pues como bien señala el Marcotrigiano, “es difícil no deslastrar el yo real de la autora, de la hablante de los textos” y es precisamente aquí donde entrará la lectura reflexiva de cada quien para hacer sus propias conjeturas. El libro aborda el miedo, la desesperanza, la reflexión, entre otros sentimientos encontrados, que Kornblith plasmó en su poética y la trampa que significó la lectura de algunas poetas también suicidas, que lejos de responder a la distensión que en teoría debe procurar la catarsis, tuvo el efecto inverso de más bien acercarla a una decisión que se fue consolidando en el tiempo: poner punto final a su vida.

Ingresé a la Escuela de Letras en 1995 y desde el primer semestre hice buenas migas con el también poeta y crítico literario José Antonio Parra. No recuerdo si fue en ese mismo semestre o el siguiente, una conversación de pasillo entre él, Martha y yo. Parra, quien ya la conocía, me la presentó (ella tenía 36 y yo escasos 22), nos saludamos políticamente y acto seguido nos enseñó uno de sus poemas escrito a mano. Ojalá recordara cuál fue. Pienso en cuánto de puñal, cuánto de soga, cuánto de salto al vacío tendrían aquellos versos. Dos años después, en 1997, la noticia funesta recorrió los bulliciosos pasillos de la Escuela. Semanas de silencio transcurrieron con dolorosa lentitud.

Fantástico trabajo, Marcotrigiano, chapeau.