30 dic. 2017

Resumen de lecturas 2017

Un año más de lecturas. Usted que seguramente también es lector sabe del extraño  placer que nos causa esto: leer. Verbo que podemos conjugar en diversos tiempos, y que además, procuramos aplicar las veces que nos sea posible, sea donde sea que estemos y el número de ocasiones que el día nos consienta en medio del diario quehacer. #Leercomoydondesea es mi máxima. Mi programa de radio, Librería sónica, me ha permitido acercarme a muchos autores y a sus obras, razón por la cual aquí verán todos los libros que leí en función de cumplirle a los invitados, como a la audiencia, siempre generosa por escucharnos. Pero amén de esto, están también  las lecturas de ocio, placer o estudio, de autores conocidos a los cuales vuelvo para seguirle las pistas, y de autores y sus obras totalmente nuevas para mí. Aumenté el número total de libros leídos con respecto al año anterior, pero esto no necesariamente sea bueno. A veces siento la necesidad tremenda de hacer una pausa entre una lectura y otra, dejar que se decante en mí, pero me resulta imposible si de cumplir con el programa de radio se trata. Ahora, en cuanto a mis lecturas personales, difícilmente lo logro y dura muy poco tiempo esta pequeña pausa que termina convirtiéndose en tiempo de escritura. En todo caso, si no estoy leyendo estoy escribiendo o todo lo contrario. Que el 2018 traiga nuevos libros para todos. Namasté. 

1.      Los nombres, Fedosy Santaella
2.      Bellas ficciones, Yolanda Pantin
3.      Seis días en el fondo del mar, Carlos Suñer
4.      Memorial de la caída, Joaquín Marta Sosa
5.      El hombre azul, Pedro Plaza Salvati
6.      Voces de Chernóbil, Svetlana Aleksiévich
7.      Lo irreparable, Gabriel Payares
8.      14 minutos, José Luis Bigott
9.      Entusiasmos, Luis Gerardo Mármol
10.  Dulce mandioca para buscar a Manuelita, Maribel Proietti
11.  El ruido del tiempo, Julian Barnes
12.  El sentido de un final, Julian Barnes
13.  El loro de Flaubert, Julian Barnes
14.  Niveles de vida, Julian Barnes
15.  Pulso, Julian Barnes
16.  Historias de la marcha a pie, Victoria de Stefano
17.  Diarios, Victoria de Stefano
18.  El oficio de vivir, Julio Ramón Ribeyro
19.  El cocodrilo rojo y Mascarada, Eduardo Liendo
20.  En (des)uso de la razón, Caupolicán Ovalles
21.  Veinte merengues de amor y una bachata desesperada, J.C. Méndez Guédez
22.  El baile de madame Kalalú, J.C. Méndez Guédez
23.  El espejo siamés, Ben Amí Fihman
24.  ¿Respira, quién en el umbral?, Hernán Zamora
25.  Bajo infinito, Claudia Noguera Penso
26.  La broma infinita, David Foster Wallace
27.  Héroes, Ray Loriga
28.  Lo peor de todo, Ray Loriga
29.  Días extraños, Ray Loriga
30.  El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Robert L. Stevenson
31.  En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano
32.  La trivialidad del mal, Emmanuel Rincón
33.  Travesuras de una niña mala, Mario Vargas Llosa
34.  Menos que cero, Bret Easton Ellis
35.  Suites imperiales, Bret Easton Ellis
36.  Cuerpo, Flavia Pesci Feltri
37.  El misterio de Salem’s Lot de Stephen King
38.  En el umbral de la noche de Stephen King
39.  El fantasma de Prospect Park de Albo Aguasola
40.  El cielo invertido de José Napoleón Oropeza
41.  Libro 3 de Francisco Catalano
42.  Ellos vivieron en el país porvenir de José Antonio Perrella
43.  Vigilia en la desmesura de Héctor Aníbal Caldera
44.  Un amor como éste de Luis Morales
45.  Comí de Martín Caparrós
46.  Gula de Ángela Molina
47.  En tu vientre de José Luís Peixoto
48.  Galveias, de José Luis Peixoto
49.  Nada de Janne Teller
50.  Seguros de justicia, C.A. de Raúl Sojo Montes
51.  El cerco de Bogotá, de Santiago Gamboa
52.  Materia intacta, de Adálber Salas
53.  El deseo y el infinito, de Armando Rojas Guardia
54.  Doctor Faustus, de Thomas Mann
55.  Inquieta compañía de Carlos Fuentes
56.  La tarea del testigo de Rubi Guerra
57.  Villa Diamente de Boris Izaguirre
58.  Diarios de rehab de José Antonio Parra
59.  La muerte del padre, Karl Ove Knausgard
60.  26 humillados, Jacobo Villalobos
61.  Diarios íntimos, de Charles Baudelaire
62.  El bebedor de Hans Fallada
63.  Diarios de la cárcel de Hans Fallada
64.  Relatos de la orilla negra V. varios autores
65.  Los ausentes de Rubén Ackerman
66.  Viaje a Tetios de Paco Giommi
67.   Aghori de Néstor Cánchica
68.  Los blancos estáis locos de Luis Melgar
69.  Viaje desnudo de Trina Oliveira
70.  Tiempo añil de Karla Castro
71.  Lo que me dijo Joan Didion de Pedro Plaza Salvati
72.  El impostor de Javier Cercas
73.  Diario de un seductor, de Soren Kierkegaard
74.  Miedo de Ronald Hubbard
75.  Tombuctu, de Paul Auster
76.  En medio de la nada, de J.M. Coetzee
77.  Verano, de J.M. Coetzee
78.  Sueño de sueños y los últimos días de F. Pessoa, de Antonio Tabucchi
79.  Espacios para decir lo mismo, de Hanni Ossott
80.  El reino donde la noche se abre, Hanni Ossott
81.  Arena negra, Juan Carlos Méndez Guédez
82.  Cuentos completos, Fernando Pessoa
83.  Caín, José Saramago
84. Charlie Cobra, Miriam Marrero de Bigott.

1 may. 2017

Una modesta proposición de pseudo reseña de La broma infinita de David Foster Wallace para evitar que los lectores del mundo, preferiblemente hispanoparlantes y habitantes de Caracas, Venezuela, me pidan el libro prestado y hacer que sea de provecho para todos en general. Sí, pseudo porque resulta imposible sintetizar en dos cuartillas 1092 páginas y 388 notas al pie.


...
LBI empieza con la voz del joven Hal (Harold) Incandenza, de 17 años, diagnosticado con DDA (desorden de déficit de atención), una promesa para el tenis profesional  de su  país y mundial. Pero, en la AET (Academia Enfield de Tenis), si bien es cierto que lo que importa es este deporte, en muchas ocasiones lo que parece tener valía son las mañas, las historias ocultas, los fármacos y las drogas a las cuales recurren todos, bien para tolerar alguna lesión, o por lo contrario, para divertirse un poco, por ello mismo está el dealer (uno de los mismos estudiantes) que trafica con orine de niños para que las pruebas toxicológicas salgan a favor y no sean expulsados de la AET.
David Foster Wallace explora el mundo del tenis, el mismo del cual fue parte; lo critica con ferocidad por ser terriblemente envolvente, por coartar las libertades de sus participantes y porque los niveles de exigencia se le antojan opresivos y anormales: “compites con tus propios límites para trascender al yo en imaginación y destreza… Por eso el tenis es una empresa esencialmente trágica”. Según el propio DFW el tenis es un híbrido entre el boxeo y el ajedrez, precisamente por ello la importancia del torneo WhataBurguer en LBI. 
Otra vertiente de LBI tiene que ver con el mundo de los Narcóticos Anónimos (NA) en la Ennet House (“un monstruo que respira”) y los Alcohólicos Anónimos (AA), seguramente el más duro que pueda verse por escrito en una obra literaria. Allí están sus patéticos personajes mostrándose tal cual son cuando se drogan y llegan al éxtasis, o cuando imposibilitados de su “hope” (marihuana), “low ball” (mezcla de varias drogas con orine), de heroína, DMZ, de la “lóbrega anestesia espiritual”, la araña, la sustancia, cocaína o la mortal “esperanza” (la más ruda de las drogas) –como ya dije por otros medios, un vademécum perfecto de las drogas y el alcohol– caen en esa suerte de delirium trémens mortal, como uno de los personajes (se llama C.) que en medio de la desesperación se inyectó “drano”, sí, el destapa cañerías, y los resultados obviamente fueron mortales, pero lo que destella aquí no es que muera, si no, cómo lo narra, cómo lo cuenta DFW.
Mientras asistimos al bajo mundo de los adictos a las drogas y al de los alcohólicos (aunque suene tautológico), con situaciones cada vez más grotescas y perturbadoras, una cada vez más terrible que otra, el cine cobra fuerza como pasión en la vida del amorfo Mario Incandenza (“Bubu”, hermano de Hal) y de James (Jim, el bromista infinito) Incandenza, padre de ambos, con una larga filmografía que se lleva más de diez páginas en las notas al pie de página (¿se entiende?) explicando cada una de las supuestas películas, gran parte de ellas del género mudo.
En este quehacer cinéfilo, Jim Incandenza (llamado también Él mismo, Cigüeña loca, Cigüeña triste o Mr. Cigüeña) utiliza las ¿destrezas? histriónicas de Joelle Van Dyne (también adicta a cualquier droga) en parte de su filmografía, saltando la duda de si es amante o no de Él mismo. Pero resulta que Joelle es pareja, o al menos eso se da a entender, de Orin Incandenza (el hermano mayor de todos), quien no triunfa en el tenis pero llega a ser un gran pateador de fútbol americano y es acechado por una periodista para develar su historia familiar. Devienen los conflictos y el muy original suicidio de Jim Incandenza (allí el interés de la periodista), lo cual no contaré y que Hal fue el primero en llegar al lugar de los hechos: de manera magistral él le cuenta a su hermano Orin lo que halló en la perturbadora escena.
Estoy dejando por fuera momentos terribles, pero narrados con una calidad única: una embarazada que le encanta meterse piedra; la muerte de un personaje al que amordazaron en su propia casa para robarlo y murió asfixiado porque tenía gripe; el programa de radio de Madame Psicosis; el caso de Eric Clipperton, que jugaba tenis con una glock en una de sus manos y que amenazaba con suicidarse en plena cancha si perdía el partido; el brutal asesinato de Lucien Antitoi; las dantescas y originales matanzas de gatos a cargo de Randy Lenz y cómo la madre de este quedó atascada del culo en la ventana del carro y bañada en mierda; cómo el aspa de un helicóptero decapita a una feliz madre; la violación de Matty Pemulis por parte de su padre y un largo primor de historias dignas de psiquiátrico. No obstante, añado unas líneas fundamentales para estos dos personajes:
Don Gately, que paradójicamente no siente ningún tipo de simpatía por la gente de NA, pero de cuyo lugar (Ennet House) es una suerte de conserje, pues como dice el narrador “todos abrazándose y fingiendo que no añoran la Sustancia (sic)”, pero que adora a los AA y del cual forma parte, es “un viejo adicto  a los narcóticos por vía oral”, particularmente de su adorado Demerol y que además es un ladrón en proceso de recuperación. Personaje fundamental en LBI, que termina herido de bala en el hombro y sufre unos terribles dolores y unas alucinaciones tremendas, sobre todo cuando conversa con el espectro que lo acecha y, fundamentales para criticar al Estado Onanista en el que viven,  Les Assasins des Fauteuils Roulants, una suerte de secta canadiense que comete fechorías a más no poder. Lo ¿gracioso? de este grupo es cómo cada uno de sus integrantes llegó a perder la motricidad de las piernas para terminar en sillas de ruedas, algo que tampoco contaré, pero que como pista se pudiera comparar con el famoso chiken que juegan los estadounidenses, aunque el de los canadienses es mucho más temible y arriesgado. Los AFR quieren colarse en la AET y no precisamente para jugar raqueta en mano.
Más allá de lo anecdótico de todas las historias, está la forma y el estilo de DFW para contarlas, sobre todo la manera de titular los capítulos, entrañable manera de burlarse y ser sarcástico a más no poder del sistema de vida estadounidense, siendo satírico todo el tiempo. Mención aparte merece recordar que en más de una ocasión la lectura te obliga a volver a una larga nota a pie de página (¿habrá quien haya caído en esta broma?). Amén de esto y salvando las distancias, no pude evitar hacer la comparación entre Marcel Proust que se llevó ya no recuerdo cuántas páginas para describir el hecho  de levantarse de la cama y DFW cuando se toma todo un largo capítulo en la voz de Hal (en LBI todo es largo) para describir cómo levantan, él y su padre, un colchón de la cama para sacarlo al pasillo y cambiarlo por un box que no rechine tanto, es sencillamente admirable en términos narrativos. En lo particular no me sentí a gusto con el final de LBI, me dio la impresión de que DFW se cansó de escribir, tal vez hubiera necesitado de mil páginas más para dar un cierre más esplendoroso. ¿Pero quién soy yo para juzgar esto? Nadie. Seguramente habrá quien sí se sintió satisfecho con el final. Pero es innegable que estamos ante una gran obra literaria, tremenda, exigente, y que me atrevería a releer dentro de unos años.