26 ago. 2011

AND fatal

Tal vez Corina Salgado no imaginaba que aquella iba a ser su última noche. La violencia con que fue violada y asesinada es una descarada apología a la maldad. Christian Petersen es un científico brillante y un ser humano excepcional, pero su semen, y por tanto su ADN, está dentro de la víctima, lo cual deja por el piso esa imagen de hombre perfecto.

Al mejor estilo de las novelas de Dan Brown, José Miguel Vásquez se estrena en las lides de la escritura con una novela que perfectamente calza en el Hard boiled, la cual no tiene nada qué envidiarle a los famosos best seller anglosajones, salvo tal vez, la inmensa máquina publicitaria con la cual logran entrar a más de un país.

ADN fatal está ambientada en Caracas, ciudad cuya violencia, día tras día, se gana su protagonismo en historias que hacen pisar tierra a más de un soñador que ande por las nubes. El toque internacional en cuanto a las localidades, está bien sitiado en la ciudad de Nueva York, pero a mi juicio, debió entrar más temprano en la trama, pero esto no le resta valor y admito que es una opinión muy personal.

En esta historia, más allá del hecho anecdótico, el cual te atrapa desde el principio con una combinación de suspense y acción, sorprende por la cantidad de temas incorporados por el autor en cuanto a tecnología, ciencia, índices bursátiles, casa de bolsa, derecho y demás elementos que incluye el terrible mundo que se vive en las cárceles venezolanas. Sin duda un amplio dominio de muchas áreas o una asesoría digna de reconocer, lo cual es válido para enriquecer la obra. En más de un pasaje uno se pregunta, “¿cómo se le ocurrió esto?”.

Secuestros, extorsión, gente retorcida con el poder de comprarlo todo y a todos; abogados mediocres, otros astutos y unos personajes oscuros que no terminan de mostrar su verdadera identidad, están inmersos en ADN fatal, cuyos detectives, Sonia Acevedo y Guillermo Montenegro, serán parte del equipo táctico para llegar a la verdad, mientras se desarrolla el candente juicio público que condenará a muchos años de prisión al ingeniero Christian Petersen.

Lo único que no me gustó de la historia fue el final tan abrupto y poco matizado, pero para ser la primera entrega del autor, es un libro que está bien pensado y estructurado. Ahora lo importante es saber qué vendrá después de ADN fatal, pues terminada esta historia y lanzada al ruedo literario, al autor le queda un camino infinito por recorrer.

Buen libro, lectura entretenida.

17 ago. 2011

La hermana


No hay camino más desesperado que el que conduce hacia la perfección.

Sándor Márai.

Es inevitable, las lecturas van más rápido que las reseñas. Son ya tres libros que he leído pero no he dicho nada sobre ninguno. En mi escritorio está La hermana de Sándor Márai esperando a que me digne a decir algo. Pero qué escribir sobre una señora novela como ésta, y para mayor INRI, llega a mis manos Diarios, 1984-1989 del mismo maestro húngaro. No hay opción, se abre un vacío en el espacio, se detiene imaginariamente el tiempo y allá voy.

La hermana es el trabajo literario que le siguió a El último encuentro, y como entre gustos y colores sólo saben –¿o pintan?– sus autores, confieso que me gustó más la primera que no la segunda. Aclaro que esto no es ningún desmérito para La hermana. La forma escritural, la contundencia de lo que cuenta, ese mundo ficticio que explora lo más profundo de lo humano, está allí, con la elegancia de un gran escritor. No obstante, el final me pareció algo flojo para lo bien que venía el clímax de la historia, en donde la resolución de lo planteado se diluyó de golpe hacia el final. La intriga en esta obra está sembrada desde muy temprano y esto hace que uno como lector, se desboque por hallar respuestas. Y esto sucede así, pero insisto, creo que el cierre pudo matizarse de otra forma.

Pero es una estupenda novela que toca de manera directa las angustias que todo ser humano puede afrontar si una extraña enfermedad se adueña de su cuerpo y su psiquis; está construida con los picos altos que todo convaleciente agradece cuando siente alguna mejoría, y los picos bajos cuando cree que la muerte ya ha llegado. Esto es lo que le sucede al famoso pianista Z., personaje sintetizado en una sola letra tal como años después harían Paul Auster y J. M. Coetzee, y seguramente algunos otros que se me escapan, en algunos de sus libros, el cual de manera inexplicable empieza a sentirse mal cuando va en tren camino a Florencia como invitado de honor del gobierno italiano para deleitar al público con su talento. Muy a su pesar, el concierto se da, pero ipso facto es ingresado en un hospital de la ciudad en donde comienza a desarrollarse la verdadera historia de esta novela.

El marco de todo se inicia en una “Nochebuena tan insólita” y en plena Segunda Guerra Mundial. En un modesto hotel coincide un grupo particular de personas y dos de sus habitantes fallecen, o al menos uno, por razones desconocidas. A través de un magistral manejo de los tiempos del autor, uno de los protagonistas –que es escritor– hereda un revelador manuscrito que es un canto de vida, pero también de muerte. El enfrentamiento de la enfermedad, los fantasmas que giran entorno a ésta, el delirio ante el dolor, la agonía y la posterior tranquilidad cuando la medicina convertida en droga sanadora es lo único que alivia el sufrimiento, están plasmados en La hermana con descarnada verdad, pero a la vez sublime en su forma y estilo: “De manera que era un tullido, estaba medio muerto y no faltaba mucho para que muriese del todo: ésta era la realidad, pero no me daba miedo. No me indignaba, no formulaba quejas, ni contra mí mismo ni contra Dios. No culpaba al destino, a las fuerzas ciegas e inescrutables”.

La hermana es una novela formidable, en donde el pianista Z. tiene un secreto que muy pocos conocen. Es un texto que bien se puede resumir como el encuentro entre “un médico y un paciente insalvable tratando de engañarse penosamente con conversaciones de circunstancia”. Ya para el cierre, pensando en voz alta y dejando evidencia de ello, tal vez no es que el final no me haya convencido, sino que precisamente por venir tan entusiasmado en la lectura, creo que quería leer mucho más de La hermana, pero como reza la canción, “todo tiene su final”.

11 ago. 2011

Silencio en el convento

Esta es la entrada 400 en los escombros.

Ayer fue la presentación de Silencio en el convento del escritor puertorriqueño Luis Saldaña. Después de dar los respectivos agradecimientos, tanto al propio escritor por considerarme para ser su corrector de estilo y a la Editorial FB Libros para ser el presentador –y luego de hacer una brevísima síntesis de lo que es Puerto Rico tanto en la música como en la literatura–, estas fueron mis palabras:

Una buena obra comienza por el título y Silencio en el convento no es la excepción. Todo aquello que alude a lo religioso despierta suspicacia e intriga en el lector, y Luis Saldaña, hace justamente eso: entregarnos una novela en donde el misterio comienza a forjarse en el siglo XVIII y deviene hasta el presente tras la negativa de la Iglesia en cuanto a la construcción de un lujoso hotel sobre tierras que considera sagradas.

El misterio, el complot y la confabulación, están bien manejados, en un tono casi fílmico que hace de la lectura un perfecto entretenimiento a medida que pasan las páginas. El ritmo de lectura nunca decae; todo lo contrario, quieres saber qué sucede con las monjas, con el Arzobispo y demás personajes.

Otro elemento a destacar en Silencio en el convento, es la delicada y bien definida estrategia en cuanto a los tiempos utilizados por el autor dentro del mundo ficcional, un aditamento que demuestra su pericia en el oficio de escritor para hacernos saltar de unas instancias a otras, de siglos pasados al presente, sin perder el ritmo, la intención narrativa y por tanto, el hilo conductor.

Armando San Miguel, un connotado periodista que acepta la investigación ofrecida de manos de su amigo y constructor Joaquín Sabater, será el encargado de desvelar el oscuro pasado que encierra aquel lugar protegido por un alto clérigo, “un hombre cansado y atormentado por un perenne sentimiento de culpa cuando regresó a Puerto Rico el veintitrés de abril de mil ochocientos tres. Trataba de exorcizar sus demonios entregándose a extenuantes andaduras pastorales por los pueblos de la Isla y sufragando obras de caridad con las que pretendía lavar su alma de pecador”.

Silencio en el convento ofrece además, un delicioso carácter epistolar en el desarrollo de la trama que viene a enriquecer la lectura, llevándonos hacia un final sublime aderezado con un toque sobrenatural.

Digno de un buen escritor, una vez culminada la historia y son atados los cabos sueltos que el lector debe recolectar, cual si fuese un antropólogo literario, Saldaña cierra con un epílogo que da fe de su esfuerzo y compromiso como escritor, dando el merecido reconocimiento a quienes lo merecen y en donde incluso el título, producto de algunos tragos extras, tiene su historia.


PD.

La estupenda foto de la portada tomada por María Elena Velasco, es la puerta de la casa del Inca Garcilaso.


9 ago. 2011

Agua viva

Soy inquieta, áspera y desesperanzada.
Clarice Lispector.
Estaba escuchando a Caetano Veloso y algo me decía que tenía una reseña pendiente. ¡Claro! Terminé de leer Agua viva de Clarice Lispector y el tiempo a veces no llega o sigue de largo haciendo que las lecturas se adelanten a las reseñas. Este libro es de aquellos que “dice todo y dice nada” o a la inversa, que en donde piensas que no hay nada, sobran maravillas. Lo que de allí como lector uno pueda disfrutar y aprehender, va en proporción directa al amor que se tenga por la palabra. Remembranzas aparte que tienen que ver con una estupenda banda venezolana de los ochenta por el encomillado, Clarice Lispector es sublime en su prosa, y este texto particular, es poesía, es pensamiento, es prosa y un sinfín de elementos literarios que supera en su brevedad a cualquier libro. Incluso, en más de una ocasión –y aunque parezca aventurado– hay en esta obra mucho de sofisma, de un intento por convencernos de algo (etéreo la mayoría de las veces), de persuadirnos con el dominio absoluto que tiene la autora sobre la palabra acerca de los temas que aborda con una facilidad sorprendente. Como bien señala a escasas hojas de iniciar el libro, “escribir es la manera de quien usa la palabra como un cebo, la palabra que pesca lo que no es palabra”, ergo, lo que es imagen, alegoría, metáfora.


Lispector reconoce su juego y por ello incita al lector a seguirle la pista. Sabe que en ocasiones se excede, pero también sabe que en otras tantas (la mayoría diría yo), acierta, no tanto en lo que dice, sino en cómo lo dice. Porque como buena escritora, sabe que en ese mundo excéntrico que aborda en Agua viva, está soltando rayos de luz para impactar y sorprender a sus lectores con su oficio, con lo que mejor sabe hacer, escribir: “Sé qué estoy haciendo aquí: estoy improvisando. ¿Pero qué mal hay en eso? Improviso como en el jazz se improvisa la música, jazz furioso, improviso en el escenario”. Sabe que en su fantasía, que en su elucubración letrada, el hilo conductor se pierde en más de una ocasión, pero ello no es motivo para dejar de demostrar con justa altivez, su capacidad para retomarlo y empalmarlo con otros temas con una facilidad impresionante. Ella misma reconoce que “este texto mío está atravesado completamente, de punta a punta, por un frágil hilo conductor, ¿cuál? ¿el de la inmersión en la materia de la palabra? ¿el de la pasión? Un hilo lujurioso, soplo que calienta el discurrir de las sílabas”.
En Agua viva la autora se desdobla, se torna palabra y se embeleza en ella misma. Ya el significado queda a un lado, reconoce el poder semántico pero le da mayor valor a la forma estética, al carácter artístico que logra línea tras línea, cual si fueran pinceladas, perfectas armonías musicales o la talladura precisa sobre un trozo de madera o una dura roca. Admite estar limitada por su identidad, pero es “elástica y separada de otros cuerpos…soy puro éxtasis”. Por instante toma distancia, pero se reencuentra a sí misma para guiarse y para guiarnos en eso que ella misma reconoce como una “fuga” musical en su texto, esa que se repite sobre sí misma pero que no deja de ser sublime y el centro de atención.
El sueño y la vigilia; esa nostalgia secreta por haber querido nacer animal; la religión y Dios; el arte como fuente máxima del conocimiento; el terror a sus fantasmas y lo sobrenatural; amor y pasión, y muchos temas más, están en Agua viva. Este libro es inclasificable. No es una novela, no es un diario, tampoco son ensayos y relatos cortos. Es lo que su lector quiere que sea, que aunque pudiera considerarse algo desordenado en algunas ocasiones, jamás podrá tildarse de aburrido y creo que precisamente era eso lo que Lispector quería lograr, transmitir ese efecto de desprendimiento y caos (porque de esto también hay bastante en el libro) en donde se atreve a confesar que “Dios es de un silencio tan enorme que me aterroriza”.
Agua viva es un libro para ser degustado poco a poco, como si el paladar tuviera que catar cada una de sus imágenes, hallando ese sabor –que es el saber– de la lengua (María Fernanda Palacios dixit) en cada una de sus líneas. Este libro puede verse como la perfecta referencia de lo que es la escritura como arte, como una entidad que se auto reconstruye dentro de un imaginario plurivalente, una suerte de vademecum de la angustia y lo moderno. En la brevísima reseña que hiciera sobre Felicidade clandestina, (http://palabrasyescombros.blogspot.com/2010/12/felicidade-clandestina.html), decía como hecho anecdótico que Lispector se perfumaba antes de escribir, y en Agua viva se evidencia, deja de hacerlo por un instante y le dice a ese “ser” fuente de amor y rechazo al cual le escribe: Para escribirte antes me perfumo toda. Este libro lleva de principio a fin la fragancia inequívoca de su estilo en la literatura.

2 ago. 2011

Murakami a BsF. 50


Para la gran mayoría de los venezolanos la isla de Margarita es el lugar perfecto para pasar las vacaciones. Allí confluyen esos elementos que llaman la atención a miles de turistas, tanto foráneos como locales: por una parte, playas maravillosas de arena blanca con aguas tibias e inmóviles como en El Yaque, y otras más frías y altaneras como en Puerto Cruz; y por la otra, los locales comerciales con sus sempiternas ofertas de productos, que van desde las prendas de vestir más sofisticadas, hasta los confites más exquisitos en sus diversas presentaciones. No obstante, y a ojos de un visitante regular de la isla, esta oferta de productos ha mermado, así como la cantidad de locales comerciales que han cerrado o que exhiben algunos anaqueles vacíos. Para los fumadores de pipa, olvídense de la picadura “Captain Black”.

Por cualquier motivo y aunque sea por pocos días, salir de ciudades tan congestionadas y violentas como Caracas para encontrarse con ese calor insular en el ambiente y el inconfundible olor a salitre que te invita a desertar responsabilidades y entregarte al tenue beso del mar a la orilla de cualquier playa, es un respiro, un cambio de patrón que rompe la rutina aunque tengas que sentarte en una mesa de trabajo a negociar costos y demás intereses empresariales. La mente, aunque centrada en el business, no puede evitar respirar ese aire tan distinto e imaginarse en una esterilla recordando el célebre verso que dice “en el mar la vida es más sabrosa”.

Apartando las calles destartaladas -porque las hay y a montones-; las malas noticias del hampa haciendo de las suyas por los lados de Macanao hasta Porlamar; los cortes de servicio eléctrico que me tomaron por sorpresa en una ocasión almorzando y otra cenando; del toque de queda auto impuesto cuando cae el sol y la emblemática Avenida 4 de Mayo se torna en un desierto... Margarita invita y seduce más allá del miedo gracias al encanto que siempre la ha caracterizado.

Este extraño magnetismo, similar a la isla de la serie Lost, que más allá de las dificultades siempre arrastra a miles de turistas para que dejen sus cobres en las tiendas y la piel pegada al sol en alguna de sus infinitas y espectaculares playas, ha producido un efecto migratorio de familias enteras buscando más tranquilidad, seguridad y otros atributos que las principales ciudades del país han perdido desde hace mucho tiempo. Alguien me comentó de un promedio de cincuenta familias al mes, lo cual no es poca cosa.

Como en todo, de dicha situación se pueden sacar cosas buenas y malas. Pero para no pecar de fatalista, pues ya dije suficiente, el movimiento cultural ha ido creciendo gracias al encuentro de los diversos artistas nacidos en la isla, escritores, pintores, escultores, músicos y demás, con los que han hallado en el Estado Nueva Esparta su nueva casa. Me impresiona gratamente la gran cantidad de pintores de altísima calidad que allí habitan, como la cantidad de narradores y poetas que tratan de hacer lo suyo en tierra de guaqueríes.

Más allá de los hiper mercados, los grandes centros comerciales y yendo al punto que me interesa, la oferta en cuanto al número de librerías en la región es poca. Sacando las cadenas de librerías caracterizadas por lo quincallesco, en donde libro pasa a un segundo plano para dar preferencia a juguetes, papelería y otros artículos -cosa que se respeta dentro de esa definición de negocio-, sólo hay una con mística y amor al oficio de “librero” y en donde la oferta del libro es variada si de buena literatura se trata: Tecni Books, cuyos propietarios, Juan Carlos Macedo, librero y hacedor del negocio, y Karina Ramírez -su esposa y buena lectora-, se encargan de orientar a la clientela que va en busca de alguna novedad literaria. Esta librería, pequeña pero acogedora, se ha convertido en el punto de referencia en cuanto a buenos libros, presentaciones y bautizos literarios en Porlamar.

Hay otra librería que me gustó y que ofrece también un número importante de libros y autores de talla nacional e internacional dentro de su oferta: Discovery Books, ubicada en el novísimo Centro Comercial La Vela. Lo que quiero destacar de esta tienda es la agradable atención de las chicas que allí trabajan, pero que no están vinculadas al libro y a sus autores más allá del simple producto a la venta. “¿Tienen libros de X?...¿De quién...?” Me respondió con simpatía una de las muchachas. Lo curioso, lo impresionante, sí, ese es el calificativo, “impresionante”, es el mesón de ofertas que está a la entrada del local en donde habían unos cinco títulos de Murakami entre BsF. 50 y BsF. 75, absolutamente nuevos, de paquete; libros que en Caracas no bajan de BsF. 350; libros de Henning Mankell, de Le Clézio, entre otros... Para cualquiera ávido lector, aquella mesa de transforma en un deliciosa mesa de pasapalos.

La pregunta obligada: ¿cómo hacen? Porque una oferta fabulosa sería que te den al menos un 30% de descuento, y cosa curiosa, ni en las ferias de los libros que ahora cada vez son más frecuentes -lo cual se agradece- te hallas con precios así. ¿Cuánto es el margen de ganancia que deja un libro para que puedan hacer esto? ¿Cuál es el rol de la editorial aquí? ¿Por qué los mismos títulos en otras librerías de Margarita estaban en sus acostumbrados y exorbitantes precios? Ignorante al fin en la materia, que alguien me responda por favor. Ni La Media Naranja por allá en los años ochenta era capaz de dar semejantes ofertas ni en un par de zapatos.