29 may. 2009

Qué calor (todo en una sentada)

Capitolio:
Ocho de la mañana y ya arde el sol con furia loca, como si el astro rey supiera que tiene los días contados y despachara sus últimos rayos. Subo al transporte público y el reguetón increpa mis oídos con sus bofetadas rítmicas y su escueto mensaje de siempre. El chofer tamborilea el volante cuando el locutor anuncia la hora y dice que la temperatura ya va por los veinticinco grados. Cornetazos, caos y entra el primer protagonista con un micrófono-audífono presto a expandir sus ondas sonoras a través de un pequeño amplificador colgado de la correa, sube el volumen:

-Buenos días. Hoy vengo a ofrecerles estos “simpáticos” cepillos de dientes. Vienen en varios colores, azul, rojo y verde. Totalmente sellados, no piensen que los usé yo. No, no, no…Además, lo mejor para estar frescos y combatir este calor es cepillarse bien los dientes…
El equipo produce un agudo feedback y el hombre cierra su promoción:
-Son Tres por diez bolívares, una ganga, buenos días!

Plaza Miranda:
Sale de escena el vendedor de cepillos dentales y entra un joven de braga azul que en la espalda luce un gracioso pingüino con uno de esos helados tubulares de colores en la pata:
-Bueno señores, aquí lo que hay es “calol”, así que cero charla. Tengo de guanábana y mango, lo último! Cero colita… Vaya “chofel” agarra ahí… ¿Nadie? ¿Ustedes como que no tienen calol?”

Equina de Maderero:
De un brinco el vendedor de helados cilíndricos salta del vehículo en pleno movimiento y seca su frente sudorosa con el dorso de su mano. Acto seguido se lleva uno de sus productos a la boca. Luego le grita al conductor: -aguántalo ahí pana!
Éste se detiene y entra en escena un personaje que no se ve de buen ánimo. Antes de hablar sisea a un par de señoras que vienen conversando haciendo ademán de silencio con su mano:

-shh shh shh, por favor señoras voy a hablar.

No pude evitarlo, estallé en risas. Me pareció el colmo, alguien entra a pedir ayuda, a mendigar, a vender, y manda a callar a las personas, esto es único. Las señoras callan y otros pasajeros se suman a mi risa.

-Señores buenos días. El gobierno me ayuda con algunas medicinas, no con todas, por esa razón vengo a pedirles una ayudita porque tengo SIDA. Chofer por favor bájele volumen a la música.

Se hizo un prolongado silencio y sin embargo otros pasajeros continuaban conversando.

-Shh shh shh, hey allá atrás, por favor hagan un poco de silencio. Es que el SIDA afectó mis cuerdas vocales y no puedo hablar muy alto.

En este segundo intento por callar a la gente que venía en el colectivo, otros rieron por el atrevimiento del personaje en su insistencia por llamar la atención y alcanzar un ansiado silencio que nunca llegó del todo, menos aún en una avenida tan congestionada y bulliciosa.

-Bueno, a mí me dio esto no por santo y aquí me ven. ¿Señora qué calor no? –le dijo a una de las señoras que mando a callar segundos antes. El hombre bajó tristemente sin una sola moneda extra en su haber.

Quinta Crespo:

El último personaje que entró a escena me parecía conocido, cosa que pude constatar cuando lo tuve cerca y me extendió la tarjeta que ven arriba:

-Hermanos, buenos días. En estos tiempos de infortunio, en donde la miseria nos abruma y el Apocalipsis llegó para quedarse, un grupo de cristianos nos dimos a la tarea de dirigirles la palabra a ustedes para darles aliento y esperanza. Sintonízanos, no dejes de oírnos que con nosotros hallarás la paz…

José Gregorio, así se llama, recordé. Compañero de clases de primer y segundo grado, cuyo nombre hace honor al venerable Doctor José Gregorio Hernández, quien –según me contara su madre– le salvó la vida cuando estando encinta, se envolviera en el cordón umbilical hasta casi estrangularse a sí mismo al momento de su nacimiento. Me miró, nos miramos, nos reconocimos, me extendió su tarjeta y bajó del transporte diciendo:

-Este calor es del demonio!

26 may. 2009

Escozor


Que esta lágrima no llegue a su destino

puesto que de lunas sé muy poco

como tampoco de soles

ni de versos hermosos ni precisos


tan sólo mi mano se engulle soledades

y su escozor de pétalos

va limando olvidos

que de mi gaznate cuelgan temerosos


padezco de un herpes literario

florido entre mis dedos

ya es metástasis

palabra horrenda

definitiva.

25 may. 2009

Una ola tras otra


Toda novela de viaje nos invita a ser testigo de una transformación, de cambios que a través de lo narrado se pueden constatar de capítulo a capítulo. Pero, de qué van dichos cambios, esas transformaciones que hacen de sus personajes entidades casi paradigmáticas del ser humano, prestas a sufrir las más variopintas emociones para sintetizar en un corpus y en un alma los avatares que implican una salida y una llegada, tal vez con un rumbo a seguir pero sin un tiempo determinado. Esto es lo que hace el personaje principal –Andrés- en Una ola tras otra de Eli Bravo.


El simbolismo del viaje es referido línea tras línea haciéndose reflejo en un mar inmenso que va representando la mayor aventura para un hombre que busca en parte descubrirse a sí mismo, tal vez replantearse un rumbo que cree perdido en su vida y que va redefiniendo a medida que salta de puerto en puerto. Andrés va haciendo memoria de sí mismo, de su vida, a medida que va interactuando con culturas propias y ajenas, como las halladas en los pueblos dominicanos y puertorriqueños, o en las islas francesas, holandesas e inglesas. No obstante, más allá de poder interactuar con otros habitantes del mar Caribe en diversas lenguas en donde la mayor compañía fue la soledad en medio de pintorescos azules o del negro inequívoco de noches estrelladas, la incertidumbre del hombre frente al mar siempre estuvo presente pero con la esperanza haciendo las veces de ancla: “Con los ojos cerrados y la piel tibia, sentí que este viaje era algo que sobrepasaba mi comprensión, como si en lugar de dirigirme hacia alguna parte, en realidad estaba siendo conducido. En el mar, en el aire, en el sol, en alguna parte estaban las claves de lo que me esperaba, y que no tenía prisa de descubrir”.



Este viaje va del mar, de apacibles oleajes que de pronto profanan la tranquilidad para estallar en lluvia y terribles tormentas, sin respeto al sol o la luna, en donde el velero (el Pelic), no es más que un simple y diminuto trozo de madera a merced de los elementos. Andrés –así como el propio autor– tuvo claro que “este viaje era para levar anclas y navegar mares hondos, hacerse líquido, llegar a un estado donde no importase lo que había sucedido antes o vendría después, perder el miedo a alcanzar lo que en el fondo deseaba, llegar a ese lugar que existía en alguna parte y hacia donde debía poner proa”.



En Una ola tras otras el autor -¿o Andrés?– pone en evidencia sus conocimientos navieros a pesar de que en todo momento, tal vez en un aspecto de extrema humildad, no se acepta como un marinero avezado sino como un navegante fortuito que por razones inexplicables llegó a la mar. Justo la pericia que implica dominar un velero, corrientes de mar y aire, mapas, coordenadas y hasta la maravilla moderna del GPS, quiebra por instantes el extenso elemento reflexivo del personaje –y de la novela- cuando éste viene entregado a los recuerdos que traen a bordo viejos amores, amistades, familiares y su recordada patria golpeada por turbios momentos políticos. Andrés pasa muchos días sin abrir la boca salvo para alimentarse. Eventualmente se dice algo a sí mismo para recordar el sonido de su voz y evitar que las cuerdas vocales se le peguen. Al mejor estilo de la película “Cast Away” cuando Tom Hanks llama a un balón de volibol como Sr. Wilson, Andrés personifica cosas en medio de su soledad, bautizando a su timón con el apócope perfecto de Tim: “les había tomado tanto cariño (incluye a su GPS) que ya conversábamos y Tim siempre respondía con su voz eléctrica, girando la rueda un poco a la derecha, luego a la izquierda. Eran mi única compañía a bordo…”



Esta es una novela que va más allá de una “mudanza de piel” como bien señala en algún momento su personaje principal. Es la historia de un hombre que sin buscarlo cae en su propia metamorfosis de viaje, haciéndose cosa, elemento, casi barco, para lograr en medio de sus propios temores, pequeñas y eufóricas victorias que se resumían en alcanzar muelles desconocidos: “flotaba, navegaba, avanzaba, la brisa me llevaba hacia donde apuntaba. Podía sentir el velero como una extensión de mi cuerpo…”. Una ola tras otra también va de amor, del mismo que eventualmente ayuda a mostrar “el rostro cóncavo de la esclavitud del deseo”; muestra a nuestro continente, América, camuflado en un personaje del mismo nombre, logrando la simbiosis elemental que la hace mujer en medio de los extremos de la prosperidad reflejada en islas paradisíacas visitadas por el jet set mundial, hasta el polo tristemente opuesto, dominado por el caos y la miseria que se da en el fin del viaje al pisar Caracas. Una ola tras otra es una magnífica novela que le deja el duro compromiso al autor de superarla para cuando venga el segundo intento. Andrés dice que “lo que sucedió después es parte de otra historia que algún día contará”, ¿habrá que esperar por él o por Eli?


Bravo!

21 may. 2009

Presentación de "Cautiva"


En el día de ayer fue presentado bajo la Editorial Norma el libro Cautiva de la abogada colombiana Clara Rojas. Las palabras iniciales estuvieron a cargo del Sr. Raúl Canal, presidente de la empresa Carvajal en Venezuela, seguidas de la periodista Gracia Elena Candela. Las palabras de ambos oradores fueron sin duda alguna bien pensadas, abarcando en todo momento el sentido conciliatorio y fraternal entre dos naciones hermanas como son Colombia y Venezuela, y repudiando la demencia e inhumanidad de las FARC. La periodista venezolana aprovechó la Justificar a ambos ladosocasión para citar algunos párrafos de Cautiva, asomando brevemente con ello, aquel sufrimiento, aquel pedazo de infierno que se desvaneció una vez que, montada en el helicóptero, Clara Rojas recobrara su libertad, y por tanto, su vida.
Estas palabras, escogidas con pinza, dieron paso a la protagonista de un libro que en palabras del presidente de Carvajal Venezuela, “pretenden volver un bestseller”. Como todos saben, Clara fue brutalmente torturada en todos los sentidos por más de seis años en algún lugar recóndito de la selva colombiana y lo que más sorprende, al menos en lo que a mí respecta, es la sobriedad, la entereza, y sobre todo, la paz y la tranquilidad que emana esta valerosa mujer a través de sus palabras. Me sorprendía tenerla a escasos metros, puesto que en todo momento, pensaba que esa mujer que estuvo al borde de la muerte por tanto tiempo, estaba allí, visiblemente emocionada y feliz por poder contar su historia en un libro que de seguro debe impactar por su realismo y crudeza. No abordó detalles sobre éste ya que está al alcance de todos en las principales librerías del país. No obstante, recordó que hubo situaciones y momentos durante su cautiverio que lamentablemente no pudo plasmar en su libro, remembranzas que llegaron a su mente cuando ya el mismo estaba en imprenta y manifestó su intención de seguir la senda escritural a la cual poco a poco se ha ido integrando.
Vale la pena mencionar que en el evento también estuvieron presentes la embajadora de Colombia, la economista María Luisa Chiappe y la embajadora de Noruega Ingunn Klepsvik.
Lectura pendiente.

20 may. 2009

Cuando bajaron las aguas



Dicen por ahí que para todo hay una primera vez. Y es así. En este caso lo aplico a mi primera lectura digital, en un archivo pdf, viendo el monitor pues… No obstante digo: me quedo con el libro. El tacto, el sonido del pasar hojas y el olor, están lejos de conseguirse en términos virtuales.

En todo caso, digo esto porque llegó ¿a mis manos?, o mejor aún, a mi computadora, el archivo digital del texto Cuando bajaron las aguas gracias a la gentileza de su propio autor Gabriel Payares, quien fuera ganador de la VI Edición del Concurso para Autores Inéditos 2008 Monte Ávila Editores Latinoamericana en su mención narrativa. Lamentablemente mis infinitos correos y llamadas telefónicas solicitando el material a la editorial no surtieron efecto salvo que para hacerme llegar textos de índole política y revolucionaria. ¿Qué pasaría?

Lo cierto es que me centré en la lectura y el contenido de lo que leía me hizo dejar de lado lo incómodo que me resulta leer directamente de la pantalla. Por algo en el acto de entrega de los premios a Gabriel Payares lo comprometieron cuando le llamaron “el heredero de Meneses”. Con un lenguaje trabajado y sin mayores pretensiones que contar, el autor se entrega a una narrativa que se focaliza en la franqueza humana de lo que dice y de lo que transmiten sus personajes. Este libro de cuentos comienza con “Génesis (la noche antes del diluvio)” en donde la muerte es el artífice –ni tan oculto- de la historia, porque a ésta, a la muerte, “tanto como al espejo, nadie logra nunca escaparse”. Luego viene el cuento “Los herederos”, donde el autor reafirma la franqueza en la palabra a través de un cuento muy duro sobre la vejez y la ceguera. Sucesivamente la lectura independiente que puede hacerse de cada cuento, va uniformándose para lograr un todo semántico bien definido logrando una coherencia propia de un narrador de oficio. Hago una mínima referencia de los siguientes cuentos obviando a un par de ellos dado a un extravío involuntario de mis notas:

“Cuando bajaron las aguas”. Un padre que se va y una madre desconsolada y abatida por la tragedia (humana y natural). Un cuento con un final espeluznante, un ente ¿imaginario? que persigue al protagonista.

“El duro”, el autor despliega un fino humor para contarnos la triste historia de un mendigo y sus penurias. Un cuento en donde la tristeza va creciendo en cada línea.

“Timbalero”, la típica frustración de alguien que quiere tocar un instrumento y no puede. De este cuento se desprenden unas espléndidas imágenes como: “las curvas abruptas de la guitarra”, “la pálida escalera del piano”, “las venas enredadas del trombón” y sobre el final del cuento “el eructo seco del timbal”.

“Con miedo a los perros”, lo terrible del olvido, el miedo a los perros que al final del cuento se transforma en libertad.

“Ícaro de papel (éxodo)”, hermosa descripción sobre la pasión de volar aviones y la tristeza de un padre separado de su hijo por cumplir con su profesión de piloto.

“Nota de suicidio”, en este cuento se entremezclan la voz narrativa, la que cuenta, con la del propio autor. Con este último cuento el autor logra un cierre poéticamente suicida mientras va haciendo referencia a los relatos previos.

Después de haber leído Cuando bajaron las aguas, el texto por sí mismo da cuenta de por qué fue ganador del prestigioso premio. Considero importantísimo que estas actividades sigan en pie y en pleno gerundio, puesto que más allá de las diferencias políticas que tanto mal nos ha hecho en la última década a los venezolanos, lo que se debe valorar son los talentos literarios que evidentemente abundan en nuestro país. Reitero mi agradecimiento al autor por el material y desde ya les invito a escucharlo en el mes de junio en Librería Sónica. Vendrá además acompañado por los ganadores de otras categorías.


17 may. 2009

Mario Benedetti


A través de un mensaje de texto al celular la poeta venezolana Mharía Vázquez Benarroch me hizo saber que Mario Benedetti había fallecido. Mharía no puede soltar la vena periodística que en un tiempo la tuvo como corresponsal de guerra en algún país de Latinoamérica.

En alguna época leer a Benedetti se me hacía obligatorio. Tal vez entrando a los veinte, tal vez un poco antes. No recuerdo. Lo cierto es que después de algunos descubrimientos poéticos que siempre saltan a los ojos –leer es un eterno descubrimiento- dejé de leerlo. No obstante, cuando por alguna razón volvía a sus poemas y particularmente a sus inolvidables “Inventarios” que forman parte de los sobrevivientes de mi biblioteca masacrada por miles de polillas, me reencontraba con su palabra fresca, limpia y sensible que hacía anclarme por días en sus textos, sobre todo si mi espíritu no se hallaba de buenas.

La noticia me hizo pararme frente a mi pequeña biblioteca y dejarme llevar un rato por la poética de Mario. Y lo digo con la confianza propia de amigo que de seguro el poeta le brindara a quien conocía, algo así como hacía nuestro Eugenio Montejo, comentario coincidente de quienes lo conocieron.

Sólo dos cosas para terminar: recordé que en mis tiempos de estudios musicales compuse una canción inspirándome en su hermoso poema “Hombre preso que mira a su hijo” y que el amor se vale de cualquier herramienta para arrimar a su corazón a esa mujer que te ha vuelto loco. Quién no ha dedicado algún poema propio o prestado para lograrlo. Recuerdo cuando me robé esta “táctica” y funcionó a la perfección.


TÁCTICA Y ESTRATEGIA
.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

15 may. 2009

País

Este país construido a veradas

con la solidez de papagayo herido

vuela

sigue volando

con ciega y torpe insistencia

nosotros

sus hijos apabilados

vamos tensos

soportando

el viento iracundo de la trampa

evitando que se pierda para siempre

14 may. 2009

La casa de papel


Gracias al bloguero Bond, Luís Bond (luisbond.blogspot.com) llegó a mis manos en calidad de préstamo el libro La casa de papel. Hasta el día de ayer me era totalmente desconocido el autor de dicho libro: Carlos María Domínguez. En la respectiva y ligera investigación del mismo, a parte de hallar sus orígenes en Argentina, descubrí que ha sido merecedor de varios y destacados premios literarios. Más allá de éstos, importantes para unos, irrelevantes para otros, quedé sorprendido por la belleza del texto referido, y más aún, por haber logrado todo el efecto imaginario, simbólico y reflexivo que puede generar la literatura, en un brevísimo y extraordinario relato que se lee en algo más de un par de horas. Intenté parar la lectura para dejar otro tanto para el día siguiente pero me fue imposible.

La trama, la incorporación de escritores y referencias literarias de todas partes del mundo, los sorprendentes paralelismos y asociaciones que en determinado momento refiere el personaje Carlos Brauer, un ávido lector y bibliófilo empedernido que decide crear un nuevo sistema de categorización de su inmensa biblioteca a través de fractales, son dignos de admiración. En algún momento reflexiona y dice: “Durante siglos hemos utilizado un sistema pedestre, insensible al orden real de las afecciones. Quiero decir que Pedro Páramo y Rayuela son dos obras de autores latinoamericanos, pero para seguir el camino de una es necesario ir a William Faulkner y la otra nos lleva a Moebius. O para decirlo de otro modo: Dostoievsky acabó siendo más afín a Roberto Arlt que a Tolstoi. O para insistir, Hegel, Víctor Hugo y Sarmiento merecen estar más juntos que Paco Espínola, Benedetti y Felisberto Hernández”.

La casa de papel es de aquel tipo de libro que después de leído te deja hambriento, con ganas de seguir surcando más hojas en un vano intento por extender una historia que ya llegó a su fin. Y sobre todo en este caso particular, cuyo sorprendente final te demuestra qué tanto se puede hacer con un libro en medio de la nada. Esta es la perfecta lectura sin desperdicio, sin párrafos y hojas demás, digna para entregarse al viaje imaginativo de la palabra. La voz narrativa lo dice mucho mejor dentro del texto: “un lector es un viajero por un paisaje que ha sido hecho”.

12 may. 2009

El Telémaco


Una de las tantas satisfacciones que me ha traído llevar al aire aquel proyecto que estuvo engavetado por años llamado “Librería Sónica”, ha sido la aceptación de la gente y su consecuente acercamiento de escritores conocidos y desconocidos para participar en el programa. El caso más reciente ha sido la entrevista que logramos gracias a Raúl Esquivel, un fiel oyente del programa que a parte de gustarle la literatura y los libros, se desempeña dentro del tren gerencial de una reconocida empresa del sector entretenimiento/telecomunicaciones. Gracias a él logramos entrevistar a Ángel Suárez Padilla, escritor del libro El Telémaco, el último viaje.


Este libro, debo decirlo, es un canto a la vida y sobre todo a la democracia. Un libro que califiqué como una excelsa bitácora de viaje en donde se reflejan las penurias de 171 seres humanos que navegaron por más de treinta días huyendo de la dictadura franquista llevando como equipaje tan sólo la esperanza y bidones repletos de agua con sabor a combustible. 170 hombres y 1 mujer para ser exactos, Doña Teresa, que aún vive entre nosotros en el oeste de la capital y que por su avanzada edad y estado de salud no pudo acompañarnos en la grabación del programa, el cual ustedes podrán disfrutar el 31 de mayo a partir de las 11:00am y por internet a partir del 01 de junio.



Esta brevísima reflexión sobre El Telémaco, el último viaje, viene a cuento porque es sorprendente -al menos a mí me sorprende- ver cómo Venezuela en aquellos años era vista como la tierra del futuro, la tierra en donde la democracia era la punta de lanza por encima del petróleo. Lamentablemente más de medio siglo después nuestra propia decadencia produce el efecto contrario: todo el que puede, parte, se larga de aquí. Si usted le pregunta a cualquier venezolano: ¿te irías de aquí? la respuesta sin empache sería “sí”, aunque después pueda entrar en un estado reflexivo para medir las consecuencias de irse a otras tierras. Esa precisamente fue la situación de las personas que partieron de las Islas Canarias, siendo más específico desde La Gomera, las cuales tomaron un rumbo incierto pero que por suerte y destino llegaron a buen término. Muchos lograron echar raíces en esta tierra alcanzando un futuro que se veía incierto; prosperaron trabajando con mano incansable, haciendo camino al andar como bien dijo Machado.

Una breve muestra del texto:


“-¿Por qué tuviste que embarcar clandestinamente para Venezuela?
-La desesperación ante una vida sin perspectivas de nada, trabajando todos los días del año en esos terrenos para malvivir. Tenía 28 años y hambre. Lo que se dice hambre no pasaba, pues si no había gofio, había una batata, siempre se conseguía algo. Ganas sí, de muchas cosas; uno andaba todo el día con la ropa remendada, descalzo, como mucho unas alpargatas para los días señalados. Coño, ¿esa es la herencia que les voy a dejar a mis hijos? Consideraciones como esta fueron las que me empujaron a correr el riesgo…Ahora, le digo una cosa: si yo sé todo lo que iba a pasar no me embarco, pero me embullé con los muchachos y me fui”.


Debo decir que la agradable visita de Ángel Suárez Padilla nos dejó cautivado a todos, porque amén de haber leído el libro, escuchar las historias de su propia voz rememorando a su padre quien tuvo la dura tarea de ser el timonel del barco, de El Telémaco, soportando tormentas, hambre, frío y demás calamidades, fue todo un lujo. Lamentablemente este libro, el cual se llevó treinta años de paciente investigación para lograr el corpus necesario, no se consigue en Venezuela y por ello los invito a escuchar el programa puesto que estaremos obsequiándolo a través de nuestra mensajería de texto. Este barco, cuyo nombre encierra toda una mitología propia y ajena, no podía naufragar y mucho menos dejar en cualquier rincón del mar a estas almas que aquí consiguieron su libertad, la misma que hoy día pareciera estar pendiendo de un hilo y por la que muchos estamos bregando para mantenerla.

7 may. 2009

Flecha

De flecha

no tengo ni el filo de su borde

sólo minutos furtivos de algo etéreo

húmedo

casi fantasmal


soy veneno punzante

que te recorre por las noches

haciendo de ti un océano profundo

de fracasos tan míos


un simple copular en el silencio


he mellado tu angustia con un verbo

mientras tu codicia carnal

duele

a pesar de una láctea rigidez

que punza de placer en tus manos

duele.

4 may. 2009

Premio de la crítica


El portal literario Ficción Breve Venezolana ha anunciado la recepción de obras para el Premio de la Crítica a la novela del año, galardón que este portal está organizando con el patrocinio del grupo de empresas Econoinvest y el apoyo del Centro Cultural Chacao. Este concurso, el cual se encuentra en su primera edición, tiene como uno de sus objetivos incentivar el mercado editorial venezolano, aprovechando el interés de nuestros lectores por la literatura que se está produciendo en el país. De igual manera, otro de sus objetivos es reivindicar la figura del crítico especializado, como actor fundamental del desarrollo y crecimiento de la actividad literaria del país, la cual requiere del concurso de todos los entes involucrados: autores, editores, promotores, libreros, críticos y, por supueto, los lectores, para su consolidación.

Para tal fin, Ficción Breve Venezolana instaura este premio para obras publicadas, el cual tendrá una periodicidad anual y premiará la novela que, a juicio del jurado (conformado por investigadores venezolanos de literatura), sea considerada como la más relevante del año objeto del concurso. Podrán participar todas las novelas publicadas durante el año 2008, para lo cual se deben enviar tres ejemplares de la novela junto a un sobre con los datos y señas de contacto del autor. Las postulaciones podrán ser efectuadas por el autor o por la editorial. El galardón se lanza en su primera edición con novela porque es el género que ha adquirido más interés del público lector, pero que la intención es, en los próximos años, ampliarlo a otros géneros, tales como libros de cuentos y poemarios. El Premio de la Critica, en su mención Novela, está dotado de una bolsa de Bs. 5.000,00 (cinco mil bolívares) y recibe postulaciones desde este lunes 27 de abril hasta el 5 de junio del presente año. El jurado para esta edición está conformado por los investigadores académicos Carlos Sandoval (UCV), Mariana Libertad Suárez (USB) y Arnaldo Valero (ULA). El premio será entregado en un acto especial en el marco de los 10 años de este portal literario.

BASES DEL PREMIO DE LA CRÍTICA, organizado por Ficción Breve Venezolana

Con el fin de promover la obra novelística venezolana contemporánea, y apoyar el trabajo de autores y editoriales locales, así como reivindicar la figura del crítico especializado, el portal literario Ficción Breve Venezolana, conjuntamente con el Grupo de Empresas Econoinvest y con el apoyo del Centro Cultural Chacao, ha decidido instaurar el

Premio de la Crítica a la novela del año, el cual tendrá un carácter anual y se regirá por las siguientes bases:

1.- Podrán participar todas las novelas de autores venezolanos, editadas en el país durante el lapso comprendido entre el 01 de enero y el 31 de diciembre del año 2008.

2.- Las novelas participantes podrán ser postuladas por el autor o por la editorial. Podrán participar obras publicadas por todas las editoriales con sede en el país, sean estas comerciales, internacionales, alternativas, gubernamentales, universitarias e, incluso, ediciones de autor.

3.- La obra ganadora recibirá un premio en metálico de Bs. 5.000,00 (cinco mil bolívares), el cual será indivisible y no podrá ser considerado desierto. De igual manera, el jurado podrá otorgar una o dos menciones honoríficas, si así lo considera pertinente.

4.- Los interesados en participar deberán consignar tres (3) ejemplares de la novela (junto a un sobre con sus datos personales y de contacto), a la siguiente dirección: Centro Cultural Chacao, Av. Tamanaco, El Rosal, detrás del Centro Lido, en horario comprendido entre las 2:00 y las 5:00 pm. Las obras serán recibidas entre el 27 de abril y el 05 de junio del presente año.

5.- El jurado de la presente edción estará conformado por los investigadores: Carlos Sandoval (UCV), Mariana Libertad Suárez (USB) y Arnaldo Valero (ULA).

6.- El Premio será entregado en un acto especial, en el marco de la celebración de los 10 años de Ficción Breve Venezolana, el cual será oportunamente anunciado por los organizadores.Justificar a ambos lados
7.- Todo lo no establecido en las presentes bases será resuelto por el Comité Organizador en conjunto con los Miembros del Jurado.

La nota con las bases se puede leer aquí: http://www.ficcionbreve.org/site/contenido.php?id=1531