29 dic. 2011

RESUMEN DE LECTURAS 2011


Aquí lo que leí este 2011. Ya van tres lecturas en curso que culminarán en enero de 2012 y una reseña pendiente sobre Bartleby, el escribiente de Herman Melville: una maravilla. Namaste a todos los amigos lectores. Como suelo decir, sumar lectores es restar balas.

1. Conversaciones con Woody de Allen de Eric Lax.

2. El guardián entre el centeno de Jerome D. Salinger.

3. Deambulando hacia la lumbre de Mariana Libertad Suárez.

4. Poesía re-unida de Sonia Chocrón.

5. Sabina en carne viva de Javier Menéndez Flores.

6. El cuaderno rojo de Paul Auster.

7. País portátil de Adriano González León.

8. CINECLUB de David Gilmour.

9. Soy el número cuatro de Pittacus Lore.

10. Sula de Toni Morrison.

11. La revancha del silencio de Liliana Fasciani.

12. El legado de Mandela de Richard Stengel.

13. La advertencia del ciudadano Norton de Karl Krispin.

14. El mundo de Guermantes de Marcel Proust (tercer tomo de En busca del tiempo perdido).

15. La elegancia del erizo de Muriel Barbery

16. Leviatán de Paul Auster

17. Cuentos IV, Obras completas de Enrique Anderson Imbert

18. El viaje al poder de la mente de Eduardo Punset.

19. Maldito karma de David Safier.

20. Sumario de Federico Vegas.

21. La invención de la soledad de Paul Auster.

22. Largo haiku para un viaje de Susana Calcina.

23. Antología poética de Ramón Palomares

24. El regalo de Pandora de Héctor Torres.

25. Indignación de Philip Roth.

26. En rojo de Gisela Kozak Rovero.

27. Crónicas desde San Bernardino de Arturo Almandoz Marte.

28. Moby Dick de Herman Melville.

29. Las peripecias inéditas de Teofilus Jones de Fedosy Santaella.

30. Silencio en el convento de Luis Saldaña.

31. ADN fatal de José Miguel Vásquez.

32. Diarios 1984-1989, Sándor Márai

33. Alto, no respire! de Iliana Gómez Berbesí.

34. Cadáver exquisito de Norberto José Olivar.

35. 8.8: El miedo en el espejo de Juan Villoro.

36. Corrector de estilo de Milton Quero Arévalo.

37. Blue Label de Eduardo Sánchez Rugeles

38. París de Marco Giralt Torrente.

39. Piel negada de Gustavo Tovar Arroyo.

40. El juguete rabioso de Roberto Arlt.

41. Yo lo vi llorar en mi boca de Joaquín Ortega.

42. La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi.

43. Rajatabla de Luis Brito García.

44. Geografía urbana de Milton Quero Arévalo.

45. Bitácoras ignotas de Lesbia Quintero.

46. Bartleby, el escribiente de Herman Melville.

23 dic. 2011

García, Quero y Quintero




Quiso la suerte que estas fueran las lecturas con las que cerrara el 2011...

RAJATABLA

La buena literatura trasciende el tiempo y Rajatabla es un libro que apoya dicha moción. Este conjunto de cuentos escrito hace más de cuarenta años y ganador del prestigioso Premio “Casa de las Américas” en 1970, sigue sorprendiendo hoy día por todo: la estructura, la forma fragmentaria con la cual construye su imaginario, la omisión de signos de puntuación y el desmontaje de los convencionalismos típicos de la cuentística.


Luis Brito García manipula la palabra, la utiliza, le saca punta a cada una de ellas para construir en donde cualquier otro pudiera decir no hay más nada qué hacer. La capacidad narrativa del autor va superándose así misma, relato tras relato, desde “Helena”, con el cual abre el libro, hasta “La forma de la tierra”, con el cual termina.


En Rajatabla hay mucha parodia, también hay violencia, calificativo que le va a algunas historias y a la palabra misma, es decir, Brito García la violenta, la retuerce, la exprime, y producto de ello, son estos relatos sorprendentes y creativos. De los setenta y tres cuentos que conforman el libro, tengo marcados muchísimos como mis favoritos. Sólo menciono algunos para hacerlo corto: Helena; Consérvese joven consérvese joven consérvese joven; Pero no ven que ha sido en broma; Las cosas que me pasa; Población; Tormento; Libros; Ser. Y muchos más.

El humor es otro elemento fundamental dentro del trabajo creativo. Con esta herramienta se mofa de una variopinta cantidad de temas e implementa un ritmo narrativo trepidante dentro de la brevedad de cada uno de los cuentos. Rajatabla es un texto brillante y a mi juicio lectura obligada dentro de la cuentística venezolana e hispanohablante.


GEOGRAFÍA URBANA


A la par que iba leyendo Corrector de estilo, estaba degustando la poesía inmersa en Geografía urbana, ambos trabajos de Milton Quero Arévalo. Y digo “degustar” porque es precisamente la manera como uno debe acercarse a la poesía: sin apuros, con paciencia, yendo y viniendo en voz alta y dentro del pensamiento, sintiendo cómo retumban las imágenes que ofrece el poeta. Entre ambos textos, uno narrativo y otro poético, hay una clara y evidente correspondencia meta textual que tiene como epicentro creativo a la ciudad de Maracaibo y una dolorosa ruptura amorosa.

La ciudad descrita es amor, pero también dolor. Geografía urbana es una suerte de mapa citadino que tiene de ambas emociones. Hay avenidas, teatros, esquinas, la basílica de la Chinita, el claro gentilicio de gente dicharachera entre tantas cosas más. No falta el insoportable calor y el Lago que ha sido objeto de canciones, versos, mitologías y tragedias. Todo esto ondeando a través de los versos de Quero Arévalo con humor descarnado, en donde se reconoce parte del entorno pero que a la vez se resiste a serlo. Así dice en el poema “Gentes”:

Se inventaron la soledad y la cuidan como un niño.

Mientras yo sigo sin entender cómo se ejerce un desayuno

[con Coca-Cola fría en la mañana.

En más de una ocasión el desgarramiento emocional tan típico del bolero está presente, pero de inmediato salta alguna travesura humorística o una ironía muy afilada que transforma lo patético en sonrisa. Mialma llama a ese amor ya vencido, caduco, pero que es junto a la ciudad, hilo conductor de su canto:

En esta amnésica ciudad, ya nadie recuerda

un amor que fue escrito con mi nombre.

Geografía urbana es un estupendo poemario digno de leer y releer. Es una aventura no de forma o estructura, pero sin duda sí lo es en cuanto a imágenes y emociones transformándose en versos. Aquí la ciudad es humanizada, es mujer adolorida, tal vez el otro yo de la hembra que sí cobró venganza al separarse del poeta:

Maracaibo es una madre soltera encandilada

de donde cuelgan lianas de sol de sus dos pechos.


BITÁCORAS IGNOTAS

El reto para cualquier escritor después de ver publicado su primer libro, en el caso de Lesbia Quintero su primera novela, es que el segundo libro sea igual o mejor que el primigenio. Bitácoras ignotas, ya le marcó un nivel estético, de pluma afilada a la autora. En esta novela, más allá de las historias concatenadas entre cinco personajes muy particulares pero que a la vez se pueden hallar en cualquier calle de Caracas (Jesusita, Álvaro, Oscura Forastera, Rodrigo y Elvira), sobre salta el estilo, las construcciones narrativas bien pensadas y que en todo momento coquetean con el verdadero oficio de escritor.

La historia comienza con María Jesús (Jesusita), desesperada por salir de su oficina dentro de una editorial. Luego de salir corriendo cuando el reloj marca las cinco de la tarde, recorre las calles atestadas de gente, perros callejeros y pestilentes olores, mientras se entrega a una ingente cantidad de divagaciones que hacen del texto, un cuadro intimista y psicológico que llama a la reflexión. Esto aplica de igual modo a los demás personajes, los cuales están bien perfilados en su mundo interno y en su consecuente proyección de sus acciones.

En Bitácoras ignotas hay mucha desilusión tan propia de los avatares amorosos, pero también hay esperanza; hay duros conflictos políticos entre padre e hijo y un claro estado de tensión que te obliga a la lectura, a querer descubrir y hallar una salida. La ciudad también es personaje, una Caracas que a decir de la autora es “una vieja picada de viruela”. Después de leer la obra, uno se pregunta cuánto del nihilismo Jesusita o incluso del espíritu desesperado de Karla (Oscura Forastera), habrá en Lesbia Quintero. Pero lo cierto es que entre los conflictos, las reflexiones y unas cuantas referencias literarias que enriquecen el texto, esta novela deja un grato sabor en el paladar de la lectura.

Así dice Jesusita (¿o Lesbia?):

Cuando tengo ideas, es distinto, la energía fluye directamente de mi cabeza hacia mis manos, me siento empapada de palabras. Inspirada, esa es la palabra. ¿Sabes qué es estar inspirado? No puedo controlarlo, tengo que dejarlo todo para entregarme…

Estupendo debut.

2 dic. 2011

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

No a todo el mundo le gusta las películas de Woody Allen, tendencia respetable tanto como a los que sí, en donde me incluyo. En cada una de ellas destaca su ocurrencia, ironía, sarcasmo y una larga cantidad de calificativos que enmarcan a este polifacético artista. Pasando del cine a los libros, me topé con Conversaciones con Woody Allen, a través del cual confirmé la genialidad de este personaje, que con un exceso de humildad, asegura que no tiene nada de talento, que no entiende cómo ha llegado hasta donde ha llegado.

Lo cierto es que luego le tocó el turno a Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, un texto que ya desde su título, asoma a la ironía como base para construir este breve pero divertidísimo texto. Aquí propone acabar con el psicoanálisis, la mafia, la guerra, el ajedrez, los regímenes de bajas calorías, los libros, las películas de terror y un sinfín de cosas más. Su tono habitual es aquel que incita, que provoca, y que línea tras línea te hace carcajear pero siempre motivando a la reflexión. Tal vez en más de un texto peca de insolente, pero esto no le resta valor a lo que plantea, puesto que conociendo al personaje, ya uno va preparado a encontrarse con cualquier cosa.

La mayoría de los textos contenidos en Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, fueron publicados en la revista The New Yorker durante su época de colaboración en la misma (finales de los 60, principio de los 70). Sólo alguien con el talento y la inteligencia de Woody Allen, podía atreverse a semejante empresa: la de acabar con la cultura. Y más aún desde todos lo ámbitos posibles, que amén de los ya nombrados, también va desde lo político, la autoridad y lo religioso. Cualquier elemento que a usted se le ocurra, que evidentemente forme parte de la institución formal de una sociedad, está aquí, y su intención es desmontarlo y si es posible ridiculizarlo.

Freud, Niestzche, Kant, Churchill, Hitler, no se salvaron de su pluma. Y usted como estupendo y ávido lector que es, ya sabrá con quién se metía cuando dijo:

No sólo no hay Dios, sino que intenta conseguir un electricista un fin de semana.


1 dic. 2011

De pana, de blue jean y otras yerbas


El tema me ha estado dando vueltas en la cabeza desde hace un buen tiempo. Aclaro que no ando con falsos puritanismos por lo que voy a comentar a través de esta especie de auto-reflexión pública, la cual tiene que ver con el habla común de los venezolanos, y en particular, de los caraqueños.

Años atrás, con delicadeza, me acercaba a mis contertulios y les decía «evita la muletilla… ». Se los decía aparte, en solitario. Nadie –para mi suerte– se molestaba por la sugerencia; por el contrario, era bien recibida. Las más comunes eran (y siguen siendo): “Bueno nada…esto; bueno nada…aquello”; el infaltable “esteee… tal cosa”, o el reiterativo, “de verdad esto… de verdad que...”.

Luego me cansé de hacerlo porque sencillamente aquello era un trabajo interminable. Además, quién era yo para andar en unas de Carreter o de falso Saussure, en una sociedad cuyo habla puede cambiar en meses, semanas o incluso días, algo muy propio de la lengua como ¿herramienta?, ¿mecanismo?, que se auto reconstruye para satisfacer el proceso de comunicación de aquel que la emplea (es decir, todo el mundo).
Un buen ejemplo de esto sería el “spanglish”, el cual día a día va en aumento en los Estados Unidos de Norteamérica. No diría que como una lengua consolidada, pero sí en proceso de llegar a serlo quién sabe en cuánto tiempo. De esto hay mucho qué decir por lo cual los remito a Ilan Stavans, quien sí sabe del tema.
Retomo el punto de las muletillas, mejor aún, de la aberrante muletilla que hoy día puede escucharse en las calles caraqueñas sin importar edad, nivel socio-cultural, económico, racial, sexual y otras especies de quien la utiliza. Ojo y ahí les va la segunda aclaratoria: esto no tiene qué ver con desviaciones sexuales, no es el punto, eso sería fruto de un árbol distinto al que toco en este instante y del cual no me interesa hablar. Y como el papel aguanta todo, meto aquí el reconocidísimo “verga” marabino que está en todas partes del Estado Zulia, que no funge como muletilla, sino más bien, como una razón de ser, como un emblema idiomático de la única región de Venezuela en donde se utiliza el voseo (son nuestros argentinos) y que sinceramente me parece menos soez que el que les plantearé a continuación.
Préstele atención a cualquier conversación que se le atraviese en el camino, no importa si está en una empresa privada o pública, en la calle o tal vez en su propio lugar de trabajo o vivienda; más aún, tal vez usted sea el protagonista y no se ha dado cuenta, porque las muletillas son así de impertinentes y salen con mercuriana fluidez, no digo ya de las bocas, sino del cerebro. La mayoría de las personas, no todos evidentemente, inician su conversación así: «marico…viste que»…«marico qué arrecho tal cosa»…«marico, ven cuando…» Honestamente prefiero el «de pana…tal cosa…de pana esto y aquello», al lerdo «marico…aquello y lo otro».
El término es utilizado para entrar en confianza, para decirle al interlocutor que se le aprecia, que es amigo, que es incluso familia, y que por tanto, no es una acusación de desviación sexual, sino por el contrario, una invitación a una amena charla. Es más, el lenguaje es tan maleable que un saludo muy normal entre nosotros, y que sin duda denota una clara cercanía entre emisor-receptor, es por ejemplo: «epa coño e madre, cómo está la vaina!» (la vaina aquí es lo de menos). Pero volviendo al excelso adjetivo, muletilla o introito tertuliano, las mujeres tampoco escapan al fenómeno mariquista, porque éstas también van de: «marica…viste qué bueno está el tipo»; y si quieren acentuar la emoción, la hipérbole conversatoria, añaden: «marica güevona, eso está… tal cosa».
Hace unos meses atrás mientras ya me revoloteaba la idea que hoy ya ven a través de estos escombros, conversaba con una persona de asuntos laborales y ante los incesantes vaivenes de “marico esto, marico aquello”, le dije: «te reto a que de ahora en adelante evites el “marico” mientras hablas». Oh sorpresa cuando la persona se vio frenada, acortada de palabra –y también de pensamiento– para seguir conversando. Hablaba, pero no con la soltura de antes. Le costó hacerlo. Luego me dijo apenado «qué mal hablo». Hoy día doy fe de que esta persona ya no utiliza el ramplón término para entablar conversación. Se llevó la sugerencia en el bolsillo y cuando eventualmente nos vemos, me lo agradece, porque hasta los hijos lo borraron de su habla –me dijo.
Cualquiera jura que ando en un proceso evangelizador, nada qué ver, y de seguro se preguntarán, “¿y en qué antro te lo pasas metido que la gente habla así?”, a lo que respondería: «señores, esto está en todas partes». En días recientes fui testigo cómo dos altos ejecutivos muy bien trajeados, maletines de cuero, tag heuers en sendas muñecas, cuarentones ya, conversaban en un consulado europeo con “maricos van…y maricos vienen”, mientras les tocaba su turno para el trámite del pasaporte; peor aún, un par de meses atrás estuve en el bautizo de un libro de una reconocida editorial, y conversando con “escritores”, unos mediando la veintena y otros que les duplicaban la edad, la palabrita iba y venía. Sí, “escritores”, buenos narradores en el papel, pero pésimos contertulios. Es como si fueran peces que no se dan cuenta que están en el agua, y que el preciado líquido es precisamente el medio que les da vida, que los identifica para hacerse llamar “escritores”: agua es a pez, como el habla es a escritor. A mi juicio esto supera el detestable “aperturar” que escuché en la voz de una reconocidísima periodista en horario prime time de la radio. Es más, fue un dos en uno: “me intriga de que la gente, no pueda aperturar…”.
Creo que fue Rousseau quien dijo que “las cabezas se forman por las lenguas”, algo así. Sin duda la pereza mental hay que combatirla, “de pana”.
PD.
En días recientes me preguntaron:
-¿Ya lo recepcionaron?
A lo que respondí:
-No, no me han “recepcionado”…
Qué belleza!

29 nov. 2011

IV CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA

Veredicto

Nosotros, Patricia Guzmán, Beatriz Alicia García y Javier Marichal, jurado del IV CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA, decidimos seleccionar como ganador al poema “Lo que duele en los labios”. Coincidimos en cuanto a su pulcritud y la depuración del lenguaje utilizado como forma estética dentro del poema. No hay excesos en la palabra y prevalecen los sustantivos sobre la adjetivación para recrear la simbología poética, la cual se expande en sensibilidad y en delicadas imágenes. El lenguaje es sugerente, limpio y sortea los clichés del tema amoroso, recreando la atmósfera de la ausencia y el anhelo sin necesidad de decirlo.
Al descubrir la plica de “Lo que duele los labios”, su autora resultó ser Milagros Borges Acosta, de Ciudad Guayana, Venezuela.
Felicitaciones.

Lo que duele en los labios


Como una sospecha que se refugia en la madrugada

bajo el dopaje que increpa la noche

presiento que la luna ya no cambia el color de mi rostro

ni que mercurio me convierta en serpiente.

Llevo aun en mis dedos el juego infinito del laberinto

y me pierdo en la frontera donde nace el color de mi piel

Entonces: el silencio.

Lo llevo como una amalgama debajo del rostro fruncido

a la espera de la naciente arruga que no combate ni cremas ni el té

sigue el reloj de la pared anunciando que el día no termina

con ese poema que duele en los labios

que no dices, que no sospechas, ni cobijas…

que escondes de la luz

de la voz

del vientre

que se niega a existir.

Pero existe… bajo el insospechado insomnio de las 10a.m.


Milagros Borges Acosta, de 30 años, es Licenciada en Artes por la Universidad Central de Venezuela. Es profesora del Componente Cultural Casa de la Cultura de Ciudad Guayana y encargada de la Academia Andalucía, Escuela de Artes Flamenco. Participó en el 8vo. Festival Mundial de Poesía en representación del Grupo Literario Círculo Impreciso. Estado Bolívar, Junio 2011. Ha publicado cuentos, poesía y ensayos en periódicos regionales como El Venezolano, el Periodiquito en Maracay Estado Aragua y en la revista electrónica arteliteral.com.

El premio será la publicación del poema en la prestigiosa revista literaria HOMO SAPIENS LITTERATUS y una estupenda selección de poemarios cortesía de la Editorial Bid&Co.

Escucha aquí nuestro programa aniversario y a Milagros Borges Acosta leer su poema.


18 nov. 2011

Amanace con rabia

Amanece con rabia

cada trinar a la distancia

es un raudo insulto de cien días

alba incontenible de marea seca

que lleva en su seno

pétalos de luna muerta


giramos sobre el universo y siempre amanecemos

somos la carnosa lengua del sol

que lame con su luz los restos de la noche


atraviesa segundos

minutos

horas


con su ardiente mirada todas las almas se levantan

algunas con miedo

otras con ganas


el festín de siempre


vamos libando el asfalto dulce

y la promesa tierna que nos da la calle


ella extiende sus manos de cristal

ofrece el mejor de sus vinos

extraído de sus uvas cementosas


amanece y no queda ni tu rostro en el recuerdo

ni el intento de tu existencia

sobre las pupilas de este día.

7 nov. 2011

Desde Silvio Astier hasta Houlden Caulfield.


Un rayo de sol iluminaba en lo oscuro las bestias de carne rojinegra colgadas de ganchos y de soga junto a los mostradores de estaño. El piso estaba cubierto de aserrín, en el aire flotaba el olor de sebo, enjambres negros de moscas hervían en los trozos de grasa amarilla, y el carnicero impasible aserraba los huesos, machacaba con el dorso del cuchillo las chuletas... y afuera estaba el cielo de la mañana, quieto y exquisito, dejando caer de su azulidad la infinita dulzura de la primavera.

Siempre hay alguien que te recomienda leer un libro, las razones pueden ser múltiples y los gustos más que infinitos. Claro está, hay recomendaciones que quedan y otras que pasan de largo. Pero que el ganador del Premio de Novela Rómulo Gallegos 2011, te llame a parte y te diga en tono de secreto “léete El juguete rabioso de Arlt, te va a encantar”, no es cosa de todos los días, así que emprendí su búsqueda y posterior lectura.


Me resultó inevitable hacer la comparación entre Silvio Astier en El juguete rabioso y ese entrañable personaje de Salinger, Holden Cauldfield, en El guardián entre el centeno. Más allá de los merecidos aplausos del libro de Salinger y toda la mitología que se creó alrededor del mismo, la distancia en cuanto a la publicación de uno y otro libro es notable. La novela de Roberto Arlt fue publicada en 1926 (y su primer capítulo redactado en 1920) y la obra de Salinger en 1951, haciendo también la salvedad de su publicación previa en forma de serie unos años antes.


Traigo a referencia el punto por aquello de los mundos representados en ambas obras, y sobre todo, por esa similitud que puede notarse sin mayor esfuerzo entre Astier y Cauldfield a pesar del tiempo ficcional que los separa: ambos jóvenes e irreverentes; los dos comienzan un periplo en sentido de búsqueda y reconstrucción de sus vidas; y ambos se topan con la inevitable realidad que les hace pisar tierra. Por sólo mencionar un ejemplo en cuanto a las acciones y similitudes, el tema sexual está en ambas obras cuando Astier tiene una suerte de experiencia homosexual, razón por la cual intenta suicidarse y falla, y Coulfield (también con la idea del suicido en ronda) sin ningún tipo de tapujos habla del tema sexual de manera provocativa e insinuante tan propia de los adolescentes.


El jueguete rabioso tiene la magia de la narrativa bien pensada, de esa que te deslumbra por su forma y estilo. Se dice de esta novela que en gran parte es autobiográfica, en donde Roberto Arlt está prácticamente contando episodios de su adolescencia. No obstante, el principal mérito de la misma va implícito en su contenido, en la forma como incorpora la historia para darle forma y sentido a todo el texto, sin importar o caer en la posible y extenuante reflexión de saber si esto lo vivió o no el autor. En términos de la teoría de la literatura, El juguete rabioso es un libro en donde la “verosimilitud” está por encima de todo.


También puede decirse de Silvio Astier que es un personaje con características de antihéroe, puesto que fracasa en todo lo que se propone: fracasa en el club de ladrones; fracasa al intentar quemar la librería en la cual trabaja y tampoco tiene éxito en la aviación. No obstante, tiene éxito al delatar a uno de sus amigos cuando estaba por cometer un robo, lo cual como valoración social está muy bien visto, pero que a nivel personal se ve como un traidor, por tanto, una derrota más para su psiquis.


El juguete rabioso es una novela corta, que más allá de los localismos que el autor emplea, se puede leer sin mayor tropiezo, ya que el mismo contexto de las situaciones planteadas te llevan a su entendimiento. Sin embargo, al menos en la edición del Centro Editor de Cultura (Argentina), al final hay un glosario de argentinismos que también sirven de mucha ayuda. Estupenda la recomendación de Ricardo Piglia, le paso el testigo a usted amigo lector.



28 oct. 2011

Piel negada

Tuve el grato privilegio de ser el corrector de estilo de Piel negada. Al principio tuve cierta reticencia en cuanto a aceptar o no la revisión del manuscrito (sin echarle un solo ojo), puesto que no es igual aplicarse en este oficio sobre narrativa que en poesía. El punto más claro y evidente que sobresalta entre estas dos formas de literatura, es la subjetividad que impera en esta última sobre la primera, por no hablar de su estructura y demás elementos. No obstante, emprendí el camino y la sorpresa fue más que satisfactoria.

Haciendo el ejercicio desde lo externo hacia lo interno, esta portada ya es un canto poético por sí mismo. A juicio de unas cuantas personas ligadas al mundo del libro en Venezuela, esta es la mejor portada lograda hasta ahora por la editorial FB Libros, y no les quito la razón. En este sentido, la mencionada editorial ha venido mejorando edición tras edición sus portadas, no sólo como carta de presentación, sino como arte, lo cual agradece el librero profesional y, claro está, los lectores.

En lo interno, desde el corpus que da vida a Piel negada, Gustavo Tovar-Arroyo sorprende con su palabra, y muy particularmente, con las imágenes que construye desde un imaginario erótico. El poemario tiene la particularidad de comenzar con un Preludio que a manera de justificación, da sus razones para concebir su trabajo desde una óptica reconciliadora cuyo fuerte y punta de lanza es la carnalidad. Aquí el lector podrá entender el por qué de su aventura poética, que desligando las verdades allí trazadas antes de comenzar la lectura en sí de los poemas, hay un acto de reflexión mientras una sonrisa, mezcla de gracia y un dejo de vergüenza, se pudiera pintar en el rostro de los lectores.

En Piel negada, por encima del tema, destaca la capacidad de simbiosis para hacer, por ejemplo, de una “Manzana”, de un “Durazno”, del “Chocolate”, de ciudades y países varios, un espejo desde el cual el erotismo proyecta sensualidad y tacto. Para muchos tal vez lo vulgar sea evidente, aunque yo prefiero calificarle de terrenal, de provocativo y directo, tal como es la realidad cuando se da la entrega absoluta de las pasiones. Esto a simple vista pudiera parecer sencillo, pero lo complicado de abordar la escritura poética desde una sola perspectiva, o en todo caso, desde un solo tema, es poder conectar, conseguir las oportunas ramificaciones de la palabra para no repetirse a lo largo de todo el texto.

Cuando se ejerce la función de corrector de estilo, uno siempre sugiere y no impone. Hay que tratar de mantenerse al margen del proceso creador de quien escribe para conservar su voz, el sentido, el pensamiento, la elucubración que da forma -en este caso- a los versos. Partir de una negación de la piel como título, ya es una invitación al desafuero desde lo que se puede intuir como una insinuación que coquetea con lo hormonal, con la libido. Y este libro lo logra desde el preludio hasta la distensión emulando el acto amatorio.

Agradezco al Gustavo Tovar-Arroyo la deferencia por poner en mis manos su primer trabajo poético, y más aún, por haber tomado la mayoría de mis sugerencias antes de ir a la imprenta. Hay que enaltecer la palabra poética y Piel negada consigue ese efecto desde el instinto más básico del ser humano cuando se entrega al ser amado, que incluso es capaz de volverse poesía como acto subversivo por encima de las aberraciones del tema político, detonante de este poemario hecho piel.

17 oct. 2011

París


Cuando leí Los seres felices de Marco Giralt Torrente, quedé sorprendido por su evidente dominio de la narrativa, esa que es capaz de extender una mínima idea sobre párrafos de lúdica retórica. Esto mismo aplica en París, XVII Premio Herralde de Novela. Es una insensatez categorizar o enmarcar en un único estilo a un autor con sólo haber leído dos de sus libros. No obstante, desde mi punto de vista, me da la impresión de que estas dos novelas están dentro de un riguroso estilo narrativo, que al instante y al menos con un referente previo, te hace pensar “esto es de Giralt Torrente”.

La escritura más allá de la pasión, es un oficio, seguramente ingrato la mayor de las veces. Hago el comentario porque para narrar, tal como hace el referido autor, hay que ser muy organizado si se quiere llegar a una historia que contenga todos los aderezos literarios: personajes bien definidos; tramas y subtramas bien presentadas; planteamiento de incógnitas y sus resoluciones, entre otros elementos. París cumple estos y otros puntos, aunque da la impresión de ser muy esquemática en cuanto a la estructura, tal como si el autor planteara el corpus del libro dentro de un patrón previamente definido. A mí no me incomoda esto –y es lo que hace un escritor dedicado y disciplinado–, pero es lo que percibo a simple vista.

En cuanto a la historia, la misma parte desde la remembranza que hace el protagonista de su pasado, y por tanto, el texto se vuelve inevitablemente psicológico, en donde los traumas de esa voz narradora –sin nombre ni apellido– van marcando los puntos claves del libro. El presente de ese hombre que cuenta no importa, es en el pasado en donde se buscan las respuestas por más duras que sean. La relación con su madre y su misterioso viaje a París; el padre problemático quien estuvo dos años en la cárcel, y la tía Delfina, catalizadora de unos cuantos momentos de tensión, son los tres elementos con los cuales cuenta el lector para desenmarañar las incógnitas del relato.

París es un libro en donde cuenta más la forma que el fondo, pero sin desmerecer esto último. El desarrollo de las ideas a través de una prosa bien trabajada, la manera en como el autor expone y plantea lo narrado, es lo que llama la atención de cualquier lector atento. Aunque suene a lugar común, no es el qué sino el cómo lo cuenta, lo que prevalece en París, título por demás flojo para una novela ganadora de tan importante premio literario. Lástima que a Giralt Torrente no se le ocurrió primero que a Vila-Matas ese hermoso título de París no se acaba nunca (que hasta en francés suena delicioso: Paris ne finit jamais). En fin, París, una lectura recomendada para lectores bien afilados.

PD.

El libro El final del amor (2011) del mismo autor, no se consigue, agotado.

Blue Label


La primera página que uno lee de un libro tiene que ser, debe ser, una poderosa fuerza que te atrape y no te suelte hasta el final. Blue label tiene precisamente eso y es el principal mérito de esta novela ganadora del Premio Iberoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri 2010. Esa deliciosa trampa en la cual cae el lector con un toque de complicidad, está representada por su personaje principal, Eugenia (hija), una post adolescente que tanto por su accionar como por su mundo interior, posee una contundencia irrefrenable a lo largo de toda la novela.

Eugenia Blanc es una veinteañera que como muchos jóvenes, quiere largarse del país para siempre. No podía ser de otra manera en una tierra carente de oportunidades, y en donde las pocas que se presentan, les pertenecen a un grupo cuya estatus es demarcado por el color de la etiqueta del escocés que se toman. Este afán por hallar el camino que la lleve a otro país, le impone en primera instancia un viaje por carretera hasta Altamira de Cáceres, un pueblo en donde se encontrará con Lauren, su abuelo francés, y con la hipotética posibilidad de colocar sus documentos en regla para migrar legalmente. Además de esto, el aspecto político también deja su huella en el texto, que aunque de manera tangencial, ya el título -ventana al libro- lo dice todo.

La segunda instancia en Blue Label, es todo el recorrido entre el ir y venir por las carreteras, tanto por las asfaltadas, como por las carreteras del alma de cada uno de los personajes, con sus conflictos y frustraciones. Aspecto evidentemente iniciático en la construcción de la historia. Luis Tévez será ese amigo, compañero, novio, amante, y otros epítetos, que junto a Eugenia, emprenderá la aventura que desvelará impactantes verdades. En una novela pletórica de jóvenes, no podía faltar el amor y el sexo; borracheras y trifulcas cuando el alcohol ya pasó sus límites; poesía y mucha música.

Eduardo Sánchez Rugeles, sin duda alguna, retrata a la perfección el habla de la juventud caraqueña. No obstante, creo que se excede en el uso de las groserías, de este recurso para construir los diálogos de cada uno de los personajes, por demás muy humanos. Hay momentos sencillamente geniales y otros un tanto desmesurados en la tipificación del habla. Pero, y es un pensamiento a voz alta, tenía que ser así puesto que así hablan, es la verdad, y en esto, es un acierto absoluto en la construcción de la historia. (Para los interesados, http://palabrasyescombros.blogspot.com/2010/09/de-pana-de-blue-jean-y-otras-yerbas.html )

Blue label es el reflejo exacto de esa juventud clase media que siente y padece los embates de una realidad desconsoladora, pero por encima de todo esto, es una novela que página a página te hace sufrir el drama de la historia y en muchas ocasiones te arranca una carcajada. La tensión y el ritmo no decae en ningún momento, y entre tristezas y conflictos existenciales, hay mucho espacio para el disfrute y la sonrisa cuando menos te lo esperas a través de la lectura. Una muestra de ello en palabras del rebelde y contestatario Luis Tévez, minutos antes del ansiado coito con Eugenia: “¡Qué mierda! -dijo. Acabar afuera es una estafa, es como tomar cerveza sin alcohol o café sin cafeína. Claro, todo depende de la parte del cuerpo en la que acabes”.

Esta franqueza en la palabras va de punta a punta en Blue Label, una lectura muy entretenida, divertida y a la vez dolorosa por lo que allí se denuncia de manera frontal. Un libro que puede ser leído por todas las edades, pero que dentro del perfil juvenil, tiene un lugar ganado como en su momento lo hiciera Piedra de mar de Francisco Massiani. http://palabrasyescombros.blogspot.com/2008/05/piedra-de-mar.html

Corrector de estilo


Comencé a escribir la reseña del libro en referencia. Tenía mis acostumbrados apuntes y por cosas de la web 2.0, el escritor venezolano Héctor Torres me envió su reflexión sobre Corrector de estilo de Milton Quero Arévalo. Así que ni corto ni perezoso y con su autorización, la dejo aquí en mis escombros.


Hasta noviembre del año pasado, el de Milton Quero Arévalo era un nombre bastante desconocido en el mundo literario venezolano. Por esa fecha, los miembros del jurado y los organizadores de la primera Bienal de Novela Adriano González León (Econoinvest, Pen Venezuela y Norma de Venezuela), reunidos en el hotel Tamanaco durante una rueda de prensa, otorgaron el premio único a una obra denominada “Corrector de estilo”, firmada con el seudónimo Nectario Medrano Rodríguez. A partir de ese momento, muchos fueron las preguntas y comentarios en torno a Quero Arévalo. Como el nombre no le resultaba conocido a muchas personas, el asombro y el interés aumentaba cuando descubrían que no se trataba de uno de esos casos infrecuentes de niños genios que suele, en esas raras ocasiones, sacudir la modorra de las noticias literarias. Se trataba de un autor falconiano, de 45 años, residenciado en Maracaibo, con una extensa obra inédita en diversos géneros. Sobre la novela ganadora, el jurado señaló entonces que en ella el autor “reconstruye el espacio urbano en forma inteligente y crítica, y demuestra un conocimiento del alma humana que se expresa en personajes que a su edad lo han vivido todo, menos el amor”. Como buen veredicto, la única convicción que deja en el lector de la nota, es el deseo de leer el manuscrito que se impuso, entre 84 textos enviados, en el gusto de Victoria de Stéfano, Luz Marina Rivas, Oscar Marcano, Juan Diego Mejía (de Colombia) y Quim Monzó (de España).

Decir que en el Corrector de Estilo la ciudad de Maracaibo es otro personaje, es un lugar común que no nos perdonará el lector de estas líneas. Son embargo, es así. Adriano González León, presentador de lujo de la misma, le da un espaldarazo monumental al afirmar, con conocimiento de causa, que en ella Quero Arévalo logra lo que otros nombres mayúsculos de nuestra literatura no lograron de forma tan contundente: hacernos sentir el calor de esa ciudad, sus olores, sus sonidos, la presencia silenciosa y determinante del Lago (que debe ser algo así como el Ávila para los caraqueños), ese lago que en un hermoso pasaje de la novela “estaba en delirio adolescente rasgando la última posibilidad de tarde que quedaba”.

Y, ciertamente, si algo se puede decir de Corrector de estilo, es que en ella Quero Arévalo no evade en lo absoluto la ciudad de Maracaibo; al contrario la utiliza para hilvanar la historia y justificar, a partir de sus rasgos característicos, muchos de los movimientos y razonamientos de los personajes para, desde sus peculiaridades, contar algo tan universal como reiterado: Contar una historia de amor. Con un gigantesco caudal de ilustres antecedentes, el tema no parece ofrecer, de primera mano, mayores novedades al lector. La realidad es otra. La primera novela de Quero (luego de haber abordado el cuento, la dramaturgia y la poesía) ofrece una de esas historias cuya trama no es fácil de olvidar, porque supo destacar en ella elementos novedosos a partir de argumentos bastante manejados en la literatura.

El Corrector de estilo es la historia de las vicisitudes de un cuarteto de amigos sesentones que conforman algo que bautizaron como “El Círculo de Testosterona Literaria”, lo cual no es más que una especie de, a partes iguales, patético y tierno club de escritores que, ya pasados sus mejores momentos, aún aspiran alcanzar la gloria literaria, o siquiera algo que permita soportar la indiferencia del entorno social, las hostiles inclemencias de la naturaleza. ¿Quién puede pensar en poesía a cuarenta grados bajo sombra?, podrían preguntarse con desconcierto los personajes que rodean a estos incomprendidos. Se trate de la madre, de la señora que limpia, o de los alumnos del bachillerato, todos tienen un referente que los hace sentirse forasteros del mundo cotidiano.

En esa ciudad de provincia en que se desarrolla la historia de estos literatos tardíos, en ese paisaje urbano que se edifica a partir de las peculiaridades culturales de sus habitantes, en ese ambiente áspero, inerme a veces, hiperbólico en sus manifestaciones cotidianas, Nectario Medrano, el único de los cuatro amigos que (como Quero Arévalo) no nació en Maracaibo, es el encargado de describir la ciudad y sus habitantes con su mirada lejana. Desde sus ojos, los maracuchos son “verbales untuosos” y la estética de sus edificaciones públicas un acto de agresión. En ese ambiente, en el que él es doblemente forastero, le toca corregir por encargo un texto de una dama ¿cuarentona? casada con un patán millonario que, como corolario a una vida de éxito social, decide escribir su biografía personal. Conocerla a través del manuscrito, saberla infeliz, “corregir” su biografía hacia derroteros más amables, lo llevan ineludiblemente a enamorarse de la protagonista de la biografía. Obviamente, como buen soñador, sólo le restaba confiar en que, como aseveró Wilde, la vida imitara al arte.

El corrector de estilo atrapa al lector con mucha facilidad, sus personajes están notablemente dibujados, ofrece pasajes muy bien logrados. Luego de disfrutar de su lectura, no puedo evitar preguntarme: ¿Cuál hubiese sido el resultado si Quero Arévalo le da más tiempo a esa historia, suelta más a los personajes, se propone escribir más extenso? Ejercicio inútil, por supuesto. Pero sugiero estar atento a lo que este autor nos entregue en un futuro. Sin presionarlo, claro, como exigió Adriano.

http://www.hectorres.net/blog/archives/726

Publicado originalmente en Ficciónbreve, el 4/03/2008

7 oct. 2011

IV CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA



IV Concurso de poesía Librería Sónica

Para celebrar el cuarto aniversario del programa radiafónico Librería Sónica, convocamos a nuestro ya tradicional concurso de poesía, bajo las siguientes bases:

1.- Podrán participar las personas que así lo deseen, residentes o no en Caracas, Venezuela.

2.- La extensión del poema deberá ser de una (1) hoja carta, a espacio sencillo, con tipografía Arial 12, en idioma español.

3.- El tema es a elección del escritor y el poema deberá estar escrito en verso libre.

4.- Podrán enviarse hasta dos (2) poemas por autor, el cual debe estar identificado en el contenido del mismo correo electrónico y adjuntado en formato Word.

5.- El premio único consiste en la publicación del poema en el blog Librería Sónica y en Facebook; una selección de libros, una invitación al programa para leer al aire el poema ganador y las menciones seleccionadas, en caso de que existan.

6.- El poema o los poemas ganadores serán publicados en la revista de literatura Homo sapiens litteratus; impreso y digital.

7.- El jurado estará integrado por destacados poetas de amplia trayectoria, cuyos nombres serán publicados posteriormente.

8.- La fecha de recepción inicia el viernes 7 de octubre y finaliza el viernes 11 de noviembre de 2011.

Los poemas deben ser enviados a la dirección de correo electrónico: libreriasonica@gmail.com, colocando en el asunto IV CONCURSO DE POESÍA LIBRERÍA SÓNICA, seguido de su nombre.

En el cuerpo del correo deben escribir nombre y apellidos; número de cédula o pasaporte, ciudad de origen, teléfono de contacto y nombre del poema.

9.- El veredicto se dará a conocer el domingo 27 de noviembre durante la emisión del programa aniversario, y el poema ganador, como las menciones que hubiera, se publicarán en el grupo de Facebook y en el blog Librería Sónica durante la semana siguiente a la emisión del veredicto.

10.- Este concurso no podrá declararse desierto.

Compartimos la publicación de los poemas ganadores del año pasado en Homo sapiens litteratus