28 abr. 2009

Dioses lejanos


Esta es la primera novela del autor y periodista estadounidense Mischa Berlinski: Dioses lejanos. La voz testigo de la novela, registrada bajo el mismo nombre del autor, nos cuenta la historia de una apasionada antropóloga que se adentra en las selvas tailandesas para descifrar la cultura de los Dyalo.

La trama va llevando al lector de manera inquietante a buscar el por qué la notable antropóloga (Martiya), mujer profesional, venida de una preparación académica envidiable, termina asesinando a un honorable y apacible misionero cristiano (David Walter) que junto a su familia, se instalaron en aquellas tierras en una misión netamente evangelizadora.

A través de Dioses lejanos podemos acercarnos a un mundo que para Occidente siempre será misterioso, místico y evidentemente distante, así como, dar un recorrido por el Tibet, el cual también está presente en esta novela y que junto a un destacado lingüista, muestran lo complejo que puede llegar a ser descifrar una religión como su lengua ignota: “El doctor Chester les explicó que aquello era sólo un aperitivo de las tinieblas espirituales que cubrían las fronteras tibetanas”.

No obstante, a juicio personal, lo que más me sorprendió de la lectura fue la evidente preparación en la que tuvo que incurrir Berlinski para armar su novela de casi cuatrocientas páginas, incluso por encima de la misma trama, que considero, se diluyó en muchas situaciones pasadas para establecer la tan necesaria dialéctica con el lector, haciendo que la búsqueda de la verdad, del por qué se cometió tan extraño asesinato, se viera mermada por las diversas situaciones culturales y religiosas que abarcan la novela en todo su recorrido. Seguramente esta fue la intención del autor, mostrarnos un mundo desconocido para muchos y en ese sentido estuvo bien logrado el texto. Sin embargo, el hecho más impactante de la novela, el asesinato cometido por una mujer que en gran parte de la misma es la protagonista y que jamás pudiera imaginarse llevando a cabo una acción tan atroz, pierde la fuerza hacia el desenlace final.

23 abr. 2009

Diario de una rebelión...



En el día de ayer fueron presentados en la Casa de Estudios de la Historia de Venezuela “Lorenzo A. Mendoza Quintero”, los libros Gual y España: la independencia frustrada (varios autores) y Diario de una rebelión…de Gustavo Adolfo Vaamonde. Esta iniciativa, tanto cultural e histórica de la Fundación Empresas Polar, es una de las tantas que están por venir y que sin duda apuntan hacia una Venezuela mejor, en donde el reconocimiento de nuestra historia es uno de los tantos elementos a considerar para construir un mañana próspero y lleno de posibilidades.




El evento comenzó con las palabras de la presidenta de la Fundación Empresas Polar, Alicia Pimentel, seguido del señor Manuel Rodríguez Campos, Coordinador Editorial de la Colección, quien hizo una concisa referencia de los libros presentados. Por último, el historiador Gustavo Adolfo Vaamode tuvo la ocasión de agradecer a la fundación por el encomiable trabajo realizado, así como al público presente. Ya entramos en contacto con el autor de Diario de una rebelión…para tenerlo en Librería Sónica una vez realizada la lectura.


Vale destacar que el lugar escogido para la presentación de los libros, el cual no había tenido el gusto de conocer, es muestra de lo dicho anteriormente, puesto que apenas al traspasar el umbral de la entrada y dejar el bullicio del centro de Caracas, tan sólo con el olor a madera, intuyo que olor a caoba, uno se remonta cientos de años atrás. Años en donde comenzó la construcción de un país y que en la actualidad pareciera que todo apuntara a la demolición de aquello que tanto costó levantar. No obstante, iniciativas como estas, demuestran que aún hay mucho por hacer.

20 abr. 2009

taller de poesía IMAGO MUNDI 2009


La poeta y amiga Mharía Vázquez Benarroch, me hizo llegar la siguiente información la cual publico en mis escombros.


queridos amigo@s

están abiertas las inscripciones de mi taller de poesía IMAGO MUNDI 2009.

la duración es de seis meses, a partir del 5 de mayo de este año. las reuniones se harán los jueves de 2 a 6 pm.

quienes estén interesados llamar al 961.4846 (mi casa), para que reciban la información detallada de autores y metodología, costos y lugar de reunión... no es un taller de lectura de poesía, es un taller de escritura, donde por medio de ejercicios se analizan las herramientas necesarias para afrontar la escritura de la poesía, ya sea en prosa o en verso. la idea es que el taller sirva de base para la hechura de un libro de poemas, que será producto final del taller.

abarca más de 30 autores fundamentales venezolanos (Montejo, Crespo, Cadenas, María Calcaño, Hanni Ossott, Ramos Sucre, Enriqueta Arvelo, patricia Guzmán, etc) y más de 10 autores internacionales fundamentales. Es un taller de ejercicios, no sólo de lectura, y es para un nivel básico.

de los integrantes del taller 2007, cuatro ganaron premios de poesía este año 2008: leonardo gonzalez, beatriz calcaño, maría dayana fraile y una servidora.

un gran abrazo a todo@s.

Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores


La siguiente nota me llegó por parte del amigo y escritor Héctor Torres. Me alegro mucho por los ganadores y en especial por Leonardo Rodríguez, con quien tuve el gusto de estudiar en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y graduarnos en la misma promoción. Felicidades a todos.

Con El profanador del Señor, una ficción ambientada en el año 30 dC, el zuliano Scott García se adjudicó el primer lugar del Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores, según decisión de Ednodio Quintero, Krina Ber y Alberto Barrera Tyzska, miembros del jurado de dicho certamen, el cual que se reunió ayer, 15 de abril, para decidir el veredicto. El jurado señala que El profanador del Señor, presentado a concurso bajo el seudónimo de Caribe Santamaría, es “un texto original y brillante, que se impone con mucha fuerza, proponiendo una versión apócrifa de la vida de Jesús de Nazareth, que busca acentuar su naturaleza humana”. García ya había obtenido mencion de honor en la edición anterior de este certamen.

El segundo lugar del concurso, recayó sobre sobre el cuento Guaracha para un gallo muerto, firmado bajo el seudónimo de Alfeo Orfila, por “la belleza narrativa de ese inquietante monólogo de una mujer que se dice tres: la vieja, la niña y la loca, con una voz fresca y contemporánea, así como un gran acierto poético”. Abierta la plica, el autor resultó ser Leonardo Rodríguez.

Por último, el tercer premio de este certamen, recayó sobre el texto Mi vida con Fiori, enviado a concurso bajo el seudónimo de Teresa de los Símbolos, por “su manejo narrativo de las claves del extravío generacional, encarnado en el personaje de una muchacha en su desesperado forcejeo con las reglas que rigen su mundo”. Teresa de los Símbolos resultó ser María Dayana Fraile.

De igual manera, el jurado decidió otorgar menciones de honor a los siguientes cuentos:
Lima-limón, de Williams Oswaldo Vivas
Lucila y el resto de las cosas, de Enza García Arreaza
Pigmalión, de Manuel Llorens
Cíclope, de Javier Eduardo Domínguez Torres
Dí que quema, de Eduardo Febres Muñoz

El ganador de este certamen obtendrá un premio en metálico de BsF. 6.000, mientras que los dos premios restantes serán de BsF. 3.000 y BsF. 1.500, respectivamente. De igual manera, tanto ganadores como menciones de honor, formarán parte de la publicación del concurso para ese año.

El acto de premiación tendrá lugar durante el mes de mayo de este año, en fecha que la organización revelará con anticipación.

17 abr. 2009

Bajo tierra


Llegó a mis manos Bajo Tierra del escritor venezolano Gustavo Valle editado por Norma. Siempre tengo un grado de reticencia cuando los textos previos a la lectura llevan los laureles de la victoria, que en este caso, eran los de la III Bienal de Novela Adriano González León 2008. Sin embargo, con el jurado calificador y con el maestro de ceremonia bautismal que tuvo el libro, era de esperarse que lo que estaba por leer iba a ser bueno. Hecha la lectura, no puedo más que decir “bien merecido”. Es el tipo de libro, de novela, que te atrapa desde el principio y no te suelta, te zarandea con la explosión imaginativa que el autor le imprimió partiendo de un hecho tan absurdo como es el de seguir por las calles caraqueñas a un mendigo para ver en dónde vive, qué hace, cuál es su verdadero nombre.


Este indigente llamado Mawari, que es una especie de proyección del padre perdido del personaje principal de la novela, Sebastián C., termina siendo el balsero que lo lleva de la mano a él y a Gloria, a través de un viaje inesperado por un mundo oscuro y subterráneo de la compungida Caracas. Mawari, a pesar de su silencio, irónicamente es un hombre que sabe contar historias, como aquella del chimpancé violinista y tras silencios, humedad, mucho fango y oscuridad, nos vamos adentrando en un viaje que rememora en varios de sus pasajes a Verne incrustado en el centro de la tierra: “Sentí que era una marioneta. Mi cuerpo estaba siendo vapuleado por una violencia desconocida…yo sólo esperaba el instante en que la ola de lodo me empujara contra una pared de piedra, contra una roca saliente y quedase aplastado como una rata”.


La prosa que Valle mantiene en Bajo Tierra, es –y tomo una espléndida imagen que va dentro del texto– un “siniestro raftin” que pasa de emoción en emoción inquietando al lector hacia un desenlace que, ya desde las primeras páginas, se hace necesario conocer. Mientras se da esa especie de delirium tremens por el final que aún no llega, la aventura bajo los cimientos de Caracas transcurre entre los más grandes nidos de cucarachas del país, miles de ratas y situaciones aún más escatológicas. Bajo Tierra tiene los elementos necesarios, por demás trepidantes, para enganchar al lector en todo momento. Como en los buenos textos de ficción, épicos y mitológicos, está la presencia de una aterradora serpiente: “Debajo de la tierra habita la serpiente con cuatro cabezas y cada cabeza apunta a un sitio y forma una cruz debajo de la tierra”; y de un extraño club de lectores en donde el más joven de ellos rememora al profeta Fineo en medio de su ceguera, el mismo que entre otros guió a Jasón a buscar el vellocino de oro, sólo que en este caso no era el preciado tesoro sino el camino hacia la luz: “Volví a donde estaba el joven lector y le pregunté si el túnel que se veía al final de la cueva era una salida a la superficie. Pero el joven lector parecía no entenderme…Tras intentarlo por última vez me di por vencido, lo agarré por los hombros y grité: -¡El túnel, hacia dónde va el túnel!-. Y cuando lo tuve frente a frente pude ver que sus ojos eran dos manchas grises”. Bajo Tierra no da tregua con su imaginería. Una lectura de ficción que pone al lector a vivir un desbocado vértigo de emociones junto a Sebastián C. transfigurado en un Jasón moderno y caraqueño.

16 abr. 2009

Inéditos Monte Avila 2008

En el día de ayer fueron presentadas las obras ganadoras de la VI Edición del Concurso para Autores Inéditos 2008 Monte Ávila Editores Latinoamericana. Las obras ganadoras fueron: en Poesía Expediciones de Beatriz Calcaño, Imposible de lugar de Claudia Sierich, Mi padre y otros recuerdos de Víctor Alfonso Alarcón; Ensayo: Brillo póstumo. Lo religioso en Tarkovski de Nenúfar Colmenares; Narrativa Cuando bajaron las aguas de Gabriel Payares; Dramaturgia Yo soy John Lennon de Paul José Salazar Rivas y Maritales de Ciro Alfonzo Acevedo Yañez; Literatura infantil El cementerio de las cosas de Minerva Reyes Rojas, El plan increíble de Rit-Ronald-Rat de Tomás Adrián y El camino de los pájaros de Pura Garriguet.

En el estrado estuvieron Carlos Noguera, Edgar Páez y Gabriel Payares (quien se botó con sus palabras de agradecimiento) haciendo la parte introductoria a cada uno de los ganadores y sus respectivas obras. Hubo tiempo para el emotivo agradecimiento de parte de Claudia Sierich y Beatriz Calcaño, como de los dramaturgos Ciro Alfonzo y Paul Salazar quienes con mucho humor despertaron el interés por sus obras. Esperamos tenerlos a todos en Librería Sónica.

Cabe destacar además que después de que un asistente al evento improvisará unos versos poéticos con los que al final cerraba haciendo loas al “comandante Chávez”, otra persona intervino para exponer su preocupación –que es la de muchos– sobre el caso de la reciente masacre de algunas bibliotecas y de cientos de libros que fueron reducidos al comercio pulpero del papel. La dicotomía que esta persona planteaba -más que irónica por supuesto- es que mientras el estado por un lado premia a estos dignos autores inéditos, se hace un trabajo de marketing para incentivar la lectura, entre otros factores positivos, por otra vertiente se dan estos casos aberrantes y abominables que atentan contra la cultura y el libre pensamiento. Carlos Noguera, insigne narrador venezolano y presidente de Monte Avila Editores, estuvo en total acuerdo con llevar hasta la última instancia el caso para hacer las respectivas averiguaciones que esclarezcan la situación, pero a su vez recordó todas las labores positivas que en pro de la lectura y los libros ha hecho el gobierno venezolano. Es lamentable que un evento como este, hacia sus minutos finales, haya tomado ribetes políticos, lo que sin duda nos dice que algo pasa. Fue curiosísimo sentir el cuchicheo de la gente y los aplausos contenidos al final del verso poético que mencioné líneas atrás (el hombre venía de lo mejor), así como el mismo efecto antes las respuestas –considero que acertadas- de Noguera. Intuyo que si aún no se sabe quién mató a Danilo Anderson menos sabremos quién mató a esos libros. Ya veremos.

14 abr. 2009

¿Se va a robar mis juguetes?


-Señor, ¿se va a robar mis juguetes?

-No

-¿Y por qué esta amarrando a mi papá?

- …

-¿Esa pistola es de verdad?

- …

-¿Por qué el otro señor le pegó a mi papá?

- …

-¿Usted es un ladrón o una persona normal?

- …

Mientras uno de los cuatro hampones fuertemente armados me ataba de espaldas con las trenzas de mis zapatos, mi hijo de apenas cinco añitos se transformó en una implacable máquina de preguntas a la cual el delincuente no pudo dar respuestas. Vi el rostro de la inocencia en mi hijo combinado con una seguridad y tranquilidad pasmosa mientras mi sobrino de cuatro años temblaba y lloraba del pánico.


Sentí cómo la sangre iba desapareciendo del torrente de mis manos y pies hasta quedar totalmente helados y adormecidos. A mi mente llegó la inesperada muerte y pensé en la orfandad de mi hijo, la viudez de mi esposa. Mi mente gritaba “no, no…hoy no” y se me hizo inevitable sentir los versos de Pavese en mi pequeño infierno mental: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, mientras con una ligera sonrisa muy al estilo “La vida es bella” le decía a mi hijo: “no pasa nada papá, están de visita y ya se van”. Dije esto y otras cosas más para calmarlo y ya mi espalda estaba sintiendo el balazo que nunca llegó.


Después del ensañamiento de uno de los antisociales conmigo dado a que era más grande que ellos y de mi supuesta actitud beligerante tomada de un simple “tranquilo, hay niños aquí”, me sorprendí de la valentía de mi esposa, de manejar la situación con una frialdad pasmosa que horas después cuando renacimos nuevamente, se transformó en un solo llanto junto al mío dándole la bienvenida a la vida.


Mi cuñado y su esposa también actuaron sabiamente en un momento que nadie sabe cómo reaccionaría hasta que le sucede. Lamentablemente para ellos, por cosas del destino o de las fuerzas del mal, tenían que estar de visita en mi casa para que vivieran junto a nosotros, el encuentro con la muerte que a Dios gracias no se dio. El miedo estaba allí, el terror deambulaba en mi casa, mientras las madres trataban de disimular el pánico con un improvisado juego de escribir y leer, de palabras en inglés y rugidos mortales de algunos dinosaurios de mi hijo. Las amenazas de balas y represalias iban y venían en mi contra “que se vayan, Dios protege a mi hijo, protégenos a todos…que se vayan, que se vayan”.


No me importa nada, ya no hay cámaras, celulares, relojes, ipod, dinero, equipo de sonido, joyas, oro y un sin fin de cosas que se llevaron no de mi casa, sino de mi hogar, del santo lugar en donde tratamos de construir el país que no existe en las calles de Venezuela, el país que vive en la miseria y en la ceguera de la gente que piensa que todo está perfecto, sobre todo aquellos que lo pregonan tras mil escoltas pagados por el estado entre miles de beneficios más contados en dólares, mansiones y quién sabe en cuántas cosas más. Estoy vivo y la ausencia de reloj en mi muñeca me lo recuerda.


Escribo esto y no puedo evitar un par de lágrimas que son un deslave de emociones juntas, pero en donde prevalece la emoción de estar vivo junto a los míos, de recibir el mejor cumpleaños de mi vida por poder contarlo y comerme un pedazo de torta, por la solidaridad de mi cuñado, esposa y sobrino en atreverse a volver a mi casa para cantar las célebres notas de Emilio Arvelo mientras yo, con un esfuerzo sobrehumano, pude contener las lágrimas nuevamente. Ese yo tan normal que me diría internamente “no seas ridículo”, estaba –y está– sosegado, arremolinado en los escombros más oscuros de mi alma, mientras el “yo” limpio, ligero, fresco, rebosaba de alegría este día 13. El mejor de mi vida por estar vivo con mi esposa y mi hijo.


-¡Papi soy un héroe!

-Claro que sí…¿pero por qué?

-Yo los salvé


Estoy seguro que sin mi hijo y mi sobrino este escombrero ya no existiera.

9 abr. 2009

Tren sin retorno


Gracias a la transmisión del programa Librería Sónica ha llegado a nosotros algunos libros de César Gedler, quien gentilmente nos escribió y entró en contacto con el equipo de Producción. Gran sorpresa nos llevamos cuando por obligatoriedad leímos la solapa de unos de sus libros en donde se detallaba parte de resumen curricular. Es un orgullo que personas como César nos escuche.

No obstante, la mayor sorpresa fue leer Tren sin retorno, que como bien se nota en el título, ese aspecto simbólico del regreso, tan necesario para los seres humanos, el mismo que llevó años por concretar Ulises en su viaje, está ausente en su libro. Ese “no regreso” está enfocado en la historia y específicamente en aquellos lugares que algún día fueron punto de referencia para los ciudadanos de Los Teques y sus alrededores: plazas, museos, cementerios, casas, colegios, parques, entre otros lugares, que fueron devastados por la promesa energizante de la modernidad.

César, desde una profunda nostalgia, reconstruye parte de sus vivencias y la de otras personas (familiares y amigos) para hacer reflexionar al lector sobre la destrucción que progresivamente ha acabado con parte del patrimonio histórico de una población. Si bien es cierto que toda su crónica amalgamada con una estupenda prosa casi novelesca está enfocada en la capital del Estado Miranda, todo, absolutamente todo lo narrado es aplicable a cualquier ciudad de Venezuela que haya sido víctima de este proceso devastador. En alguna parte de su libro dice: “Una población adormecida por el consumo o por la ideologías mesiánicas no se pertenece, y su destino es la rebelión o la consumación”. Esta breve frase dice mucho puesto que evidentemente nuestra ciudad, mejor aún, nuestro país, vive en una rebelión constante –necesaria en la mayoría de los casos- para zafarse de esas “ideologías mesiánicas” que han hecho de este país un hervidero de caos y miseria. No es un misterio para nadie que muchos lugares caraqueños (y del país en general) que en un pasado fueron punto de referencia para el encuentro, la tertulia, el esparcimiento y la contemplación ya no existan.

Tren sin retorno, es la crónica perfecta de una ciudad que hoy día contiene su propio pandemónium, similar al de la capital y al de otras ciudades. César Gedler se dio una tarea encomiable a través de sus vivencias y conocimiento de mundo, marcando en todo momento la tónica nostálgica del pasado pero asegurando a la vez “que todo sigue un curso interminable y (que) de nada vale que uno intente revivir el semblante de otros tiempos porque nos parezca de más valor”. Humildemente discrepo aquí con el autor, puesto que si no valiera de nada, este libro no existiera y me atrevo a decir que el mismo debería pertenecer a los textos de carácter obligatorio al menos en los colegios pertenecientes a Los Teques.

Además de todo lo dicho anteriormente, son notables las referencias culturales y literarias del autor, donde no se quedan en el olvido sus lecturas de Anatole France, Henry Barbusse y Hermann Hesse por mencionar sólo algunos. Elementos que enriquecen al texto sin la menor duda. Tren sin retorno habla “de un pueblo que se acostumbró a vivir en la desidia y que acepta como hecho irremediable envejecer sin memoria…todavía mantiene algo de su antiguo poder que encanta y embruja por su misterio y lejanía, pero al mismo tiempo produce tristeza su caída, como una proa vencida y jadeante a punto de hundirse”. Ha sido una suerte haber leído este libro por su calidad emotiva como informativa, y por la indudable calidad como cronista de César Gedler que pronto estará de visita en la misma emisora que muchos años atrás lo cautivaba con el “Reporte Esso”.