31 ago. 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres


Ya el título abre la puerta a la imaginación. Qué importante resulta este elemento en la literatura, desde la poesía hasta la narrativa. Y este es el caso de la novela de Stieg Larsson: Los hombres que no amaban a las mujeres, que además está respaldada por una inquietante portada que desde cualquier anaquel despierta interés. No quiero entrar en la polémica que muy bien puede rastrearse por Internet y en algunos medios impresos, de si el libro encaja dentro del canon literario o es simple y vulgar comercio. Si la respuesta es esto último, pues buen empleo del marketing aplicado a un libro por parte de la casa editora, sin dejar de lado, lo que resulta irónico considerando que Larsson ya falleció y que no pudo disfrutar de las mieles del triunfo. Ese puritanismo prefiero dejárselo a los eruditos de la materia puesto que en lo que a mí respecta, literatura o no, el libro es un mar de emociones de principio a fin.

La primera cuarta parte del libro, la cual se lleva los primeros cinco capítulos, es evidentemente introductoria y va creando el marco escénico a través del cual se desarrollan los hechos y es justo en el capítulo seis donde se desatan las emociones en caída libre y la consecuente necesidad de descubrir qué pasa mientras el vértigo simbólico que despierta la lectura va en aumento.

Mikael Blonkvist, un reconocido periodista sufre el peor percance profesional de su vida al difamar públicamente a través de su revista, Millenium, a un reconocido empresario sueco. Esta situación le da un vuelco a su vida y lo lleva a toparse con un extraño caso de una chica perdida hace treinta y seis años, la cual se supone víctima de un asesino en serie que jamás ha dejado huellas. Conoce así a la nada convencional Lisbeth Salander, que más allá de su estrafalaria forma de vestir y lucir tatuajes y piercings, resulta ser un genio en cuanto a informática y deducción detestivesca se refiere. Ambos van descubriendo que son más las mujeres desaparecidas a manos de este psicópata y como era de esperarse, los miembros de la poderosa familia Vanger resultan cada vez más sospechosos.

Henrik Vanger, tío de la víctima y Director General de las empresas de la familia, logra con su poder de manipulación integrar a Mikael a la investigación con la promesa de entregarle en bandeja de plata a Wennerström –el empresario que lo hizo caer tras las rejas por difamación– ofreciéndole como anzuelo, información fidedigna con la cual desenmascarar y hundirlo por completo, hecho que le permitiría vengarse y limpiar su imagen ante la sociedad.

Por su parte, Lisbeth Salander va desarrollando en paralelo su propia y trágica historia, que incluye la remembranza de su reclusión en una clínica infantil, psiquiátricos y demás atenciones sociales previstas para casos excepcionales como el suyo. La introvertida y famélica joven termina legalmente en manos de un parco tutor administrativo ante la corte, pero que en realidad –y a solas con Lisbeth– resulta ser un despreciable hombre. Es justo la interacción de estos dos personajes lo que abre el desarrollo de situaciones intensas y muy descarnadas en Los hombres que no amaban a las mujeres.

Los elementos eróticos también tienen cabida en esta novela pero en menor medida, tal vez como una ligera pincelada que el autor trazó en medio de la trama para estimular la imaginería lectora en un país que suele estar siempre bajo cero. Luego llegan las pistas, las entrevistas y las importantísimas fotos que servirán para aclarar el misterioso caso de Harriet Vanger. En algún momento de la historia, la (el) asesina (o) afirma que: “las (los) que matamos por placer, porque yo no soy (la-el) única (o) que tiene este pasatiempo, vivimos una vida completa”, y si es por vidas completas al parecer todos en Hedestad calzan en este parámetro.

Como dije al principio, más allá de definir el texto como literario o no, a considerar por el incontable número de detractores que van en contra de los bien o mal llamados Bestsellers, sí puedo afirmar que la lectura resulta muy emocionante, lo que considerándola como un medio de entretenimiento, lleva todos los ingredientes para pasársela bien y dejar con ganas al lector de seguir con la segunda entrega de Stieg Larsson: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

28 ago. 2009

La sombra del viento


Entré a los libros de Carlos Ruíz Zafón en orden inverso, primero leí El juego del ángel y luego me vine a La sombra del viento. Sin duda este último provee una lectura envolvente, que te atrapa tanto por las situaciones como por la prosa del autor, que en ocasiones, tiene algo de poética. Es un libro que se presta cómodamente para pasar un rato entretenido mientras el lector se adentra en los intríngulis de la trama, de ese elemento de suspense que hoy día parece fundamental para que las casas editoras asuman riesgos de impresión.

Barcelona es el amplio y enigmático escenario en donde se desarrollan las acciones. Se despliega en la narrativa un detalle arquitectónico de la ciudad con un eterno remanente del siglo XIX, con descripciones algo barrocas en más de un capítulo pero que contribuye en la ambientación de los hechos. Daniel, el protagonista de la novela, sufre las desventuras de su destino comenzando con la muerte de su madre cuando apenas tenía cuatro años. Tiempo después y cuando su padre lo creyó conveniente, lo lleva a conocer el espeluznante y a la vez fascinante Cementerio de los Libros Olvidados, cuyo guardián, Isaac Monfort, también forma parte de la larga retrospectiva de personajes a los que hay que acceder para deshilvanar la historia, así como su hija Nuria Monfort.


Daniel será el encargado de develar los misterios que encierra un enigmático libro de Julián Carax, tanto como revelar la dramática vida de éste no exenta de amor y fracaso, de penas e intrigas que giran en torno a su único y odiseico amor: Penélope. La sombra del viento es un libro que se puede leer de un solo tirón sin mayores complicaciones cerebrales, tanto por el elemento que despierta el morbo investigativo del lector, como por la espléndida narrativa inmersa en el texto. Me hubiera gustado ver en un mayor número de hojas, situaciones en torno al Cementerio de los Libros Olvidados, que a mi juicio, quedó de lado en toda la novela, más aún cuando la trama es desbordada gracias a un libro que estuvo oculto allí por tanto tiempo. No obstante, esto amén de ser una humilde opinión, no le resta valor al texto, ya que para los adeptos a las novelas de suspenso, con su respectivo toque rosa y algo de tragedia, es una extraordinaria alternativa para entregarse a la lectura. Están los maléficos personajes encarnados por el inspector Francisco Javier Fumero; los intelectuales y tragicómicos representado por Fermín Romero Torres que en gran parte es el portavoz del humor dentro de la obra; así como una serie de personajes secundarios que sirven al andamiaje que soporta la historia. Sin mayores ambiciones, La sombra del viento es un libro recomendable para pasar un buen rato.

21 ago. 2009

Espera triste del tinajero


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

César Pavese



no puedo ser más que tu muerte

tierna oscuridad de amanecer


espina


pinchazo


gota de sangre


el híbrido nostálgico de tu derrota



espero el silencio

y la noche me la bebo toda


deshojo esta bocanada

de flores marchitas


que en volutas


caen sobre el tinajero de mis lágrimas

Mi oído en su corazón


Las historias familiares siempre traen consigo un ramillete de deudas, de cuentas por pagar que en la mayoría de los casos, heredan hijos y nietos. Claro, habrá casos explícitos de bienes materiales, pero en esta ocasión me refiero a emociones, a frustraciones, a los momentos difíciles por los que todos atravesamos y que inevitablemente nos dejan sus huellas. Mi oído en su corazón va de eso, de la historia de un padre, de una familia, de sus hijos. Hanif Kureishi es uno de esos hijos que decide contar la historia de su padre tras conseguir un manuscrito que le perteneciera, historia que a la postre termina siendo también la suya.


Este consagrado autor inglés de origen pakistaní, presenta este hermoso trabajo en un tono híbrido en cuanto a estilo se refiere, si bien es cierto que no es una novela, su experimentada prosa –con el respectivo crédito que merece la traducción– permite degustar el texto en determinado momento como tal; decir que es una autobiografía no es un disparate –tanto suya como de su padre– pero sería exagerado considerarla en pleno como tal.


Mi oído en su corazón está repleto de muchos momentos de reflexión, que van desde experiencias muy personales del propio Hanif Kureishi hasta los pensamientos e ideas que giran en torno al proceso creativo de la escritura: “si no eres obsesivo no puedes ser artista por mucha imaginación que tengas”. Más adelante afirma que “escribir no es siempre tanto un reflejo de la experiencia como su sustantivo, un “en vez de” más que un “revivir”, una forma de soñar despierto”.


El texto también cuenta las dificultades que todo extranjero vive al pisar tierra ajena, la eterna xenofobia y el evidente clasismo que se daba -¿o que se da?- entre los grupos autóctonos y los foráneos. No deja de lado el tema religioso el cual le resultó inevitable al autor, más aún viniendo de una familia musulmana: “un exceso de devoción religiosa es una forma de narcisismo, es, en realidad, una barrera entre el mundo y uno mismo, una manera cómoda de olvidarse del individuo y sustituirlo por Dios”.


El libro también lleva consigo una serie de extraordinarias referencias a pensadores y autores de primer nivel tales como Aristóteles, Philip Roth, Nietzsche, Carver, Chéjov, Beckett, William Carlos Williams, entre otros, que son más que evidencia de las lecturas y predilecciones de Kureishi.


Desconocía de este autor hasta que el escritor venezolano Gustavo Valle me hiciera referencia al mismo y me recomendara la lectura. Hasta donde sé hay dos de sus libros traducidos al español, el que es tema de esta mínima reseña y El buda de los suburbios, que como señala el autor, “se publicó en 1990 y se vendió bien; lo tradujeron a treinta idiomas e hicieron una serie de televisión”, lo cual no es poca cosa, así que lo anoto en los libros pendientes.


Cierro con algunas frases de Mi oído en su corazón, que se me antojan aforísticas:


Los artistas no son gente sana, su enfermedad es el arte.


La libertad de ser artista, aún siendo gratificante, es otra forma de servidumbre o esclavitud.


En la medida en que escribir es doloroso, esto es en parte la fuente de todo.


La privación de cultura es una forma deliberada de pobreza.

14 ago. 2009

A new sensation


Venía escuchando en mi IPOD imaginario una canción de Sentimiento Muerto, aquella que dice “una extraña sensación de soledad, una extraña sensación…”, ¿Recuerdan? Bueno, lo del IPOD imaginario es tal cual, ficticio, puesto que el hampa me lo tomó prestado con un cañón en la frente ¿o fue en la sien? En fin, para aclarar esta duda pueden irse a mis crónicas.


Lo cierto es que me vino a la mente la canción porque estaba recordando a la defensora del pueblo (mejor llamada la defensora del puesto) Gabriela Ramírez, cuando dijo que el tema de la inseguridad es una cuestión de sensación. Creo que el diputado Pedro Lander -que como diputado es mejor actor (¿o viceversa?)- dijo algo parecido, que aquí no estaba pasando nada. Qué caradurismo, qué cinismo, o como dirían nuestros nuevos socios económicos del sur, qué boludez. Es que hasta quedé tentado en releer la triste crónica del secuestro Express que vivimos mi familia y yo, para ver si no es que aquello fue una sensación de remake de una película de Tarantino o alguna joda excéntrica de Robert Rodríguez al mejor estilo de El Mariachi. Y es que el cuento de la delincuencia es una apología del desgobierno que parece eternizarse per secula seculorum, muy a lo Sherezade o a lo Penélope que deshilvanaba todas las noches el sudario que tejía para Laertes, su suegro, pero tuvo la mala suerte de ser descubierta por una criada y en el mejor léxico caraqueño le echó gramita, césped, paja pues… y la historia ya todo el mundo la sabe. Coño, ¿no podremos tener nosotros la misma mala suerte que Penélope, que alguien en la asamblea –a parte de Ismael García- se le vaya el yo-yo? Y digo allí, en ese templo de inigualable estulticia en donde se va pudriendo el futuro del país, en la asamblea, puesto que en los medios se está haciendo un esfuerzo por decir las verdades que tanto le duelen al estado y por ello las mordazas, la inevitable autocensura de tantos y los cierres indiscriminados de emisoras de radio y canales de televisión.


He pensado seriamente: ¿no será que tengo –y tenemos– una terrible sensación de cierre? Dios nos libre de una sensación de cierre intestinal porque eso sí que es grave. Y lo digo porque a una persona que conozco, si no es porque el seguro no le pasa ya que la reconocida empresa del estado en la cual labora no le ha pagado a la aseguradora, le echaban cuchillo por una supuesta apendicitis y resulta que no era eso, sino un literal cierre intestinal. Lástima hermano, esto da lástima, porque mientras los medios de comunicación y el gremio periodístico lucha por sacar la verdad a flote, como por ejemplo la vivida en días recientes con los torrenciales aguaceros que azotaron a la capital, la gobernante de facto, la que le impusieron al alcalde de Caracas que fue elegido legítimamente por los votantes, ella, la Jacqueline Farias, decía en televisión que no había ninguna laguna en Caracas. Joder! si bien es sabido por todos que aquí mea un zancudo y se inunda la ciudad, cómo pudo decir semejante barrabasada. Tal vez fue una sensación de llovizna por la que atravesamos los caraqueños en esa ocasión, o que aquello fue la prueba de un nuevo sistema de riego para conservar el verdor del Ávila y otros verdes citadinos, con la firme intención de incentivar la fotosíntesis de los cultivos organopónicos.


Todo es una cuestión de sensación, como por ejemplo la vivida (y fíjense que no digo “sufrida”, puesto que la sangre vista en las cámaras era de utilería) por doce periodistas que en su pleno derecho a manifestar pacíficamente fueron agredidos por hordas salvajes afectas al gobierno. Están las fotos de los tipos y las tipas –entre ellas “La Chirly”– en toda la prensa nacional y no pasa nada, no los detienen, ni los averiguan un poquito. Ni la policía en su deber de mantener el orden público les soltó un peinillazo, nada, a ellos no, a los gorilas no; pero pregúntenle a los opositores que conformados por profesores y estudiantes dignos recibieron botellazos, pedradas y palazos. Incluso hasta a una periodista en pleno ejercicio de sus funciones, amén de ser golpeada, fue robada delante de todos por uno de estos delincuentes cuando la amenazó con una pistola… Estimados lectores, esto fue una sensación de enfrentamiento. No se vayan a creer. Tal vez Oliver Stone está haciendo un casting secreto para ver quién lanza más carajazos en una trifulca con miras a una futura película que pudiera llamarse A new sensation con soundtrack de INXS y Paul Gillman. Bien lo decía Cabrujas en su artículo “La Veredita” publicado el 29 de septiembre de 1991 en el Diario de Caracas: “los venezolanos hemos adquirido la conciencia de la inutilidad de las leyes y la consideración de lo jurídico como una pose, cuando no como un disimulo”. Tengo la sensación que José Ignacio Cabrujas era un adelantado, una mente exageradamente brillante. Más adelante comenta que el propio Arturo Uslar Piertri sostenía que “el país necesitaba otra Corte Suprema de Justicia, porque aquella no era más que una Dirección de Protocolo del partido de gobierno”. De lo que se salvaron Uslar y Cabrujas, si aquello fue en 1991, lo que de por sí ya dice mucho sobre nosotros en el peor de los sentidos, qué no dirían ahora, en donde el país se parece mucho al divertidísimo JENGA, ese juego que al menor error de los participantes la torre se viene abajo.


Tengo una sensación de que estoy terminando y en mi IPOD imaginario salta Héctor Lavoe diciendo “todo tiene su final…” y recuerdo que recientemente el ínclito Laureano Márquez en uno de sus magníficos textos cerró diciendo: “Venezuela es un país sen-sa-cio-nal”.

Crean concurso de microcuentos en Twitter


Con el fin de promover el uso de las nuevas herramientas tecnológicas en la creación literaria y el uso de estas herramientas entre los escritores, los portales literarios venezolanos Ficción Breve Venezolana (www.ficcionbreve.org) y Panfletonegro (www.panfletonegro.com), con el apoyo de la Editorial Planeta de Venezuela, han decidido instaurar el Primer Concurso de Microcuentos en Twitter (@1cmct), en el que podrá participar todo el que tenga una cuenta en esta red social, indistintamente de su nacionalidad y lugar de residencia dentro del continente americano.


Los interesados en participar deberán enviar un mensaje público a @1cmct con su microcuento de hasta 133 caracteres, dentro del período comprendido entre el 1º de agosto y el 15 de septiembre de 2009. Los premios consistirán en lotes de 10, 7 y 5 títulos, respectivamente, de las diversas colecciones literarias de la Editorial Planeta (entre ellos las más recientes novedades del Premio Planeta, Planeta Casas de América, Seix Barral y otros), y el jurado estará conformado por los editores de ficcionbreve y panfletonegro, Héctor Torres y Daniel Pratt respectivamente, así como del editor de letralia.com: Jorge Gómez Jiménez, el director de Mercadeo de Planeta de Venezuela, Miguel Vargas; y el narrador e investigador venezolano Ángel Gustavo Infante.


Los ganadores, que no podrán ser declarados desiertos, se darán a conocer el 10 de octubre (10/10) en la clausura del evento «1010 Literatura en formato digital: retrospectiva y propuestas», ciclo de charlas para conmemorar el décimo aniversario de ambos portales literarios.


Las bases completas de dicho vertamen se podrán consultar en:http://www.ficcionbreve.org/site/contenido.php?id=1553

Contacto de prensa: Ariana Basciani / Héctor Torres

Héctor Torres / Editor

FICCIÓN BREVE VENEZOLANA

12 ago. 2009

Un vampiro en Maracaibo


Si de títulos se trata creo que esta novela se debería llevar un premio. En buen léxico marabino diría, “¿¡cómo es la verga!?” Sí, Un vampiro en Maracaibo, qué molleja, para mejor referencia idiomática. Olvídense de las capas soberbias estilo Bela Lugosi o Christopher Lee. Nada qué ver. Este ser macabro debe andar mínimo en guayabera y de ser posible en pantufla para aguantar el intenso calor de la ciudad que ni de noche se salva. Norberto José Olivar, de una manera no menos que simpática, recorre los miedos de sus personajes ante la inminente situación vampírica que corre por las calles. El buen humor (en muchas ocasiones “negro”) y lo pavoroso se dan la mano para hacer de la lectura un nudo en la garganta mientras los borbotones de sangre hacen lo suyo durante la trama de la novela: “lo que vi fue espeluznante: calaveras, huesos… trozos de ropa, porque a uno cuando se muere lo ponen bonito, pa qué coño no sé…la vida es una vaina seria…y como uno está muerto y no te puedes mover de ahí de donde te han puesto, te tienes que calar todo ese lloriqueo”.
La historia retrocede en el tiempo para hallar verdades, fundamentos que ayuden a Ernesto a aclarar la situación. Para ello recurre a un viejo ex PTJ retirado que orondo, le va contando parte de lo que él investigara mientras estuvo activo en sus labores policíacas. Aparece así el intrépido inspector Jeremías Morales, que como bien lo llama el autor, “es una especie de Van Helsing maracucho…teólogo y cañero de alto calibre”. Y pregunto: ¿cómo no reírse?

Olvídense de Crepúsculos y otro largo etcétera de libros que van en la onda draculesca –mi respeto a la señora Meyer puesto que no he leído su libro para saber si es bueno o no. No obstante, sí puedo decir que Un vampiro en Maracaibo, tiene muy claro el norte que sigue en su carácter literario, y es el de desmitificar el vampiro que la historia se ha encargado de instalar en la memoria de todos, haciéndonos sentir miedo, terror –porque sí lo logra- y luego reír con pintorescas situaciones, disfrutar de lo lindo cuando conseguimos a este vampiro famélico, flaco, desgarbado y feo, que pareciera no poder chuparle la sangre ni a un tubo de ensayo.

Por otra parte, el texto tiene una serie de reflexiones religiosas dentro del entramado de la novela, pensamientos que van camuflados tras la voz de estos seres oscuros chupadores de sangre e incluso en la propia voz de Ernesto, que se trasnocha para documentarse sobre vampiros con la ayuda de fuertes dosis de Red Bull: “…desde pequeño se nos hace un lavado cerebro que extirpa la muerte de nuestros planes, y cuando aparece es siempre accidental, impertinente y casi que extraterrestre, como si la hubieran inventado en ese preciso instante pa jodernos nomás”.

También vale la pena destacar las numerosas referencias literarias que hace Norberto José Olivar en su trabajo: Thomas Mann, Benedetti, Lovecarft, Poe, Stephen King, entre otros, para darle el corpus temático a la historia, que en un sentido más dramático y llevado por las manidas historias que hasta hoy día se siguen haciendo sobre vampiros, tal vez el final de Un vampiro en Maracabibo, pudiera haber sido de otra manera, el esperado, el de siempre, pero precisamente el despliegue de humor y muerte, de seriedad y desparpajo, justifica su propio desenlace.

La novela no tiene nada qué envidiarle a la escenografía aquella en que el fallecido Maicol Yakson (sí, escrito así) danza entre muertos. Como dije líneas atrás, el humor dentro de la novela es fundamental y más aún cuando toda la ambientación en donde se desarrollan los hechos, se da en una ciudad que se caracteriza por riqueza humorística, por la ocurrencia y la chispa natural de sus habitantes, que para variar, ahora tienen su propio Drácula.

10 ago. 2009

De tu no presencia

de tu no presencia

esta incertidumbre macabra

catacumba de abrazos

sin cuerpo

lejos

como luna

lejos

como sol


mi pensamiento no te alcanza

y el cordobán que cubre la ausencia

no te aleja del frío polo

de tu no presencia

la necesidad hinca el diente

al ver tus manjares alejarse mil años luz


me encandila


a tientas doy pasos de Fineo

mientras sicofantes arpías

te llevan de retorno al olvido


6 ago. 2009

Amarrando la paciencia a un árbol


La poesía en más de una ocasión nos puede resultar indescifrable, situación que, si fuera ese el caso, muchos dirían y para qué descifrar ese pequeño cajón de palabras que algo pretende –ojo, y estoy de acuerdo. La sonoridad, la cadencia, pudiera ser un par de elementos con los cuales la poesía se regodea más allá de las normas (¿la poesía tiene norma, al menos la que está fuera de los cánones de la rima, la que se aleja de todo aspecto decimonónico?), pero cuando va más allá de eso –lo cual no le resta valor– y lo que transmite, su sentido, su semántica, lo que quiere decir, es lo que le da fuerza a cada palabra, a cada imagen como resultado de una profunda reflexión, es cuando estamos frente a una poesía pensada y madurada en su contenido, labrada tal vez en un día o tal vez en años, aflorando seguramente como una contumaz revelación. Este es el caso de la poética de Mharía Vázquez Benarroch, que después de una larga espera, ve publicada su antología Amarrando la paciencia a un árbol –y vaya que el nombre del libro se honra a sí mismo.

Esta antología está compuesta por cinco libros que son: Guerrero llevado adentro (1979-1983), As de corazones (1984-1987), Balada de los 40 años (1992-1998), Estirpe de lobos (1996-2002) y Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006). El brevísimo acercamiento que trataré de hacer a cada uno de ellos, no va con la idea de crear una orfandad literaria entre ellos, de desligarlos, no; sino más bien con el firme propósito de evidenciar la inmensa coherencia de la que está compuesta dicha antología, la cual posee un ritmo acompasado en su estructura y una agradable dinámica expuesta a través de la sensibilidad y su evidente ars poética. Esta empresa siempre será ardua puesto que si hay algo en el mundo que se jacta de subjetividad es la poesía. No obstante y esto debo decirlo, últimamente me he acercado por razones fortuitas a otros textos que dejan mucho qué desear si de poesía se trata. Por algo el tiempo conserva en la memoria de los días presentes a voces lejanas que aún reafirman su contundencia, su pasión y su verdadera entrega poética en sus versos. Cómo olvidarnos de María Calcaño, Eugenio Montejo y Hanni Ossott por sólo mencionar tres voces fundamentales que ya partieron a otra dimensión pero que aún retumban con sus voces. Y el comentario va en el sentido de manifestar la entrega que un poeta da en sus palabras como si fuera la última oportunidad que tuviera de expresarse. Aquellas voces, las que no se entregan, sencillamente no sobrevivirán a lo efímero de uno que otro verso y a la implacable vara con la que los lectores suelen castigar a los textos.


Guerrero llevado adentro (1979-1983), poemario que lleva consigo tres premios de suma importancia incluyendo el Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (1984), abre la antología desde un lado intimista y reflexivo, reflejando la fuerza poética de su autora y el coraje con el que se enfrenta a los diversos obstáculos que la vida y los quehaceres periodísticos le ofrecieron en algún momento de su historia personal. En su poema “Alquimia” dice:


Toda esta maquinaria es inútil si no hay aire de

por medio, si la libertad no existe, si no soy

capaz de forjar este sueño, como quien templa

su alma con el brillo del oro y el centro del hierro.


Aquí la poeta hace honor a ese guerrero que intitula y a la palabra que forja en la caldera de su imaginación. Es Hefesto labrando su obra, el herrero que cualquier dios mitológico necesita para armar un ejército que pretende la libertad, sin ella, nada más sirve, nada vale la pena. Esa maquinaria que posiblemente sea un arma cargada de balas o un helicóptero que pasa rasante sobre una selva tupida en Centroamérica (pocos saben que Mharía también fue reportera de guerra), ahora es palabra, es poesía, es sueño y alma templada. Más adelante lo dice en “Imago” cuando soberbia sentencia que “la poesía no es para los apátridas”. Y es que para la poeta, la poesía es casa, hogar y patria. Es un lugar en donde no hay descanso y por ello está “atada a la escritura para no morir…(y sigue así) adherida a la pluma” como bien dice en “Cuerpo”.

El aspecto reflexivo va deslizándose a través de sus poemas y como todo acto intimista resulta inevitable llegar a parajes oscuros y dolorosos, así como los que despierta la ciudad en que vive y a la cual no puede obviar en su poesía:


Estado de sitio

Yo canto, es mi suelo y mi dolor.

Este país en donde vivo está despedazado, sus calles

siguen tomadas por los amos.

nuestros huesos hablarán de nosotros

no habrá salida

el futuro llega y nos quema.


Sorprende la madurez de sus versos más si recordamos que para el momento de los referidos poemas Mharía Vázquez Benarroch a penas rondaba la veintena de años. Ya bien lo dice en el cierre de su primer libro en donde su “Oficio” se hace homólogo de su poesía a lo largo de una dilatada carrera como escritora de diversos campos del saber y la cultura:


Sé que perfectamente que

no se invocan fantasmas ni espejos gratuitamente,

pues de mi oficio muchos han delirado y absuelto,

respirando un olor propio de la santidad y el vicio.


As de corazones (1984-1987) por partida doble también fue reconocido por el Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1986) y el Premio de Poesía Miguel Hernández, Sevilla-España (1986). Más allá de los premios los cuales siempre son fuente de polémicas, este libro habla por sí mismo si de criterio, formación y estilo poético se refiere. Aquí se extiende en las apetencias emocionales sobre las que la poesía es más que tradición. Parte de una simple baraja sin importar si son negros o rojos esos corazones, pero que en determinados momentos el aspecto cromático puede ser más que confuso, despertando un daltonismo de pecho por el cual todos algún día atravesamos. Su “Hayku de la soledad” abre la puerta a este poemario utilizando un título de Carson McCullers: el corazón es un cazador solitario. En el caso de Mharía Vásquez Benarroch nada es fortuito o casual, sino más bien, causal, dado que McCullers es recordada por ser una especie de niña prodigio de las letras norteamericanas y precisamente aquella su primera obra la escribió entre los veintitrés y veinticuatro años, edad que por cierto era cercana a la de la poeta cuando escribió su As de corazones. Más allá de esta simpática especulación en donde pudiera intuirse un atisbo auto comparativo de prodigios en las letras que pudiera hacer la poeta y que seguramente apunta es en dirección de rendir honores a quien lo merece con fina humildad, está la brevedad y la contundencia de lo que dice, lo que pretende con la palabra ya se palpa a través de ese “cazador solitario”, que es antonomasia de la propia soledad que avecina pasión y desamor, frustración ineludible que alguna vez toca a cualquiera. Tal vez por ello en su poema “Así que esto es el amor”, traspasando los mil pensamientos que nacen de un sencillo hayku precedente y distanciándose del propio poema como una voz testigo, ya el título despierta suspicacia por el ligero toque sarcástico que produce. En una primera instancia va la afirmación del amor y luego cierra con lo frustrante que puede llegar a serlo:


Te desnudaste frente a su cama

y oyó tus palabras de amor y deseo

y por primera vez en mucho tiempo

el amor no fue fiera melancólica

ni bestia agazapada

ni cuero acuchillado

ni botín y mercancía

ahora

el teléfono marca y suena ocupado

ocupado

ocupado

como su corazón


De su poética no se descarta el humor como una herramienta que denota suspicacia e inteligencia, tal como se puede apreciar en “Elogio equívoco”, en donde dice:


siempre que un hombre comienza diciéndole

es una magnífica mujer

prepárese

pues luego viene la frase

es una lástima pero debíamos separarnos


como tampoco deja de un lado el reconocimiento de la pena, del dolor propio que llega a ser el de muchos, “áspera sabiduría” como bien dice más adelante, en un acto reflexivo en donde el olvido es imposible:


Breve descripción del olvido

ese perro ciego

enloquecido

mordiéndote el corazón


Balada de los 40 años (1992-1998). Imposible no mencionar que este poemario recibió los siguientes premios: Primer Premio II Segundo Concurso de Poesía en español y el Premio Queen Mary and Westfield Collage, London University, Inglaterra. Pueden ir sacando sus propias conclusiones si subimos el peldaño de los premios para llegar al de mérito propio. De este poemario destaco el aspecto evocativo, de la remembranza que siempre tintinea en el recuerdo. Cruzar la edad, pasar los años, llegar a ese número de cuatro décadas que trae consigo momentos irrepetibles en la memoria con lo bueno y lo malo que llegaron a ser. Todo esto está plasmado en el poema homólogo en donde más allá que melancolía, hay aceptación y sabiduría. Poema además dedicado a dos grandes escritores e intelectuales venezolanos como lo son (y lo digo en presente) Julio César Mármol y José Ignacio Cabrujas:


Mira amor

ya no me importa si soy vieja

o soy joven

si mis pechos se caen

por la más antigua y respetable de las leyes

la gravedad

todos lo saben

no descuenta porcentajes


Hago un paréntesis para comentar que en otro post haré una brevísima reflexión sobre Cabrujas, puesto que leyendo un artículo de su autoría del año 1973, quedo gratamente sorprendido al ver cuán vigente sigue su pensamiento en el 2009, más cuando dicho artículo, titulado “Compañero presidente”, es tan, pero tan ajustable al actual presidente de Venezuela. Volviendo a la Balada de los 40 años, no tengo mucho qué agregar puesto que el poema habla por sí mismo y lucho por hacerle honor a la brevedad que ya se me escapa de las manos.


Estirpe de lobos (1996-2002) Poemario inscrito en un estado de madurez absoluta, en donde lo sublime del espíritu que ronda el trabajo de la poeta, se exterioriza en la carne y en el deseo; en un delicado erotismo que a su vez no renuncia a su tajante irreverencia poética como a lo irónica que pudiera ser consigo misma, con el ser humano que escribe y con el yo lírico que canta y busca reflejarse en los lectores, dándole oportunidad a los demás en reconocerse en sus versos, en darle valor a los otros. Bien lo decía Octavio Paz: “La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia…percibir en lo uno lo otro, devolverle al lenguaje su virtud metafórica: darle presencia a los otros. La poesía: búsqueda de los otros, descubrimiento de la otredad”.

Dice en “Estirpe de lobos”:


Te escucho en este viejo blues

obstinada en tu memoria

donde tu piel grave y oscura

me acaricia

fugaz…

todo mi cuerpo tiembla

ante el esplendor

de tu piel…


Es su amante, su compañero, diana de sus versos. Es sobre el otro, y siendo más abstracto, lo otro a quien va dirigido su canto. En “Estrecha jaula del abrazo”, ya la pasión se transforma en animal y desborda en imágenes lo más elemental y primitivo del hombre:


Como un saurio que bebe

en el fondo oscuro y vegetal de tu sexo

como lobo de paso

así revive

mi hambre imposible de tu cuerpo

lengua de sal

y gemido oscuro de la carne…


Luego en “Trampas de la rutina” hace un breve alto sobre esa animalidad punzante que genera la carne y reflexiona:


No deja de asombrarme

cómo te prolongas en mí cada mañana obscenamente

razón tenía el poeta

la sabiduría consiste

en saber desaparecer a tiempo


Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006) cierra este quinteto de libros antologados en orden temporal. No obstante y después de la respectiva lectura, puede notarse con claridad no tanto la evolución de la poeta puesto que desde muy joven su madurez y lo precoz de su pensamiento era más que evidente, sino más bien el tránsito por diversas instancias que la vida le puso en su camino, situaciones por las cuales todos pasamos en algún momento, cosas más cosas menos. Por ello al principio hablaba sobre una coherencia en el orden de la antología y no de una escisión conceptual de su trabajo poético y sus libros. Coherencia que va en la misma dirección de los avatares que la vida va dejando a su paso, que además permite la grata auto identificación del lector y por ello mismo mencionaba el valor sobre la otredad como elemento que incorpora e integra, que respeta y no divide en su función poética. Bien lo decía Mariano Picón Salas que “la literatura no es tanto el “para qué se hace” sino el “cómo” se realiza la obra”, ya que la misma, la obra, bien sea poesía, narrativa o cualquiera de sus manifestaciones, tiene una ineludible función social puesto que es la palabra esa herramienta con la cual se comunica, es sentido, es forma y la misma llama a la conciencia y a la reflexión. Creo que las siguientes palabras de este admirado pensador venezolano son más que elocuentes: “cuando la obra ofrece no sólo el engranaje misterioso de los sueños del artista, su estructura de formas únicas, sino también un lenguaje que hiere o conmueve a otros hombres…el arte parece descubrirse por primera vez”. Es estar claramente frente a una función que va más allá de lo estético, que se clava en lo humano y por tanto en la palabra y el pensamiento. Así el artista, en este caso el poeta, revive “esa lucha que acontece en el subconsciente del hombre con sus potencias o sus sueños entrañables” (dixit).


La mejor manera de hacer honor a la brevedad que no pude conseguir, es cerrar con un hayku de este libro para que esa paciencia del lector no se desprenda de su árbol como un perro furibundo:


Hayku del testamento sumario

mi vida ha sido

suave melodía que se extingue

tan sólo viento entre los maizales


La paciencia aún continúa amarrada a un árbol: en nuestros días es una virtud y una necesidad hacerlo.

6 de agosto, natalicio de Andrés Eloy Blanco


¿Cuántas estrellas tiene el cielo?


La última noche que pasamos juntos,

lo preguntó:

-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?

- Trescientas cincuenta mil.

-¿A que no?

-¿A que sí?


- Cállate. Esta noche

no quiero que preguntes esas cosas.

Esta noche, si quieres preguntar

cuántas estrellas tiene el cielo,

o cualquier otra cosa,

pregunta algo así como ¿me quieres?

¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?


Esta noche, pregunta algo que sea

contestado en el mundo sin palabras.

Interroga con toda tu sangre

algo en que toda la vida del mundo

esté preguntando,

algo así como ¿quién llora?

¿hace falta algo?


Y verás cómo todo hace falta

y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo

cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella

para cada momento,

porque con una que se pierda

dará un paso de sombra la luz del Universo.

4 ago. 2009

Cruz Salmerón Acosta en La Historia que Cuenta mi Pueblo




Supe de este video gracias a "jodreman" que pasó de visita en mi post anterior "Andrés Eloy Vs. Ramos Sucre". Que lo disfruten.