22 oct. 2008

El rayado de Pol Macarni


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Qué envidia Pol, y seguramente se dirán, claro, multimillonario, famoso, ensalzado por la corona británica y un sin fin de motivos para tan innoble sentimiento. Pues no, aclaro que la sana envidia me viene por el lujo que se da cruzando el rayado, y para colmo, descalzo.
Te reto Pol a que vengas a Caracas, a ver si te puedes dar esa bomba. Aquí, en este terruño anárquico, el rayado peatonal es realmente una diana acostada, horizontal, a través de la cual los conductores ven suculentos blancos andantes, prestos a ser arroyados sin clemencia. Da la impresión que mientras a mayor velocidad se pueda ser arroyado, mayor podría ser la puntuación alcanzada por los que van al volante.
Aquí la cosa va a la inversa: en el canal izquierdo de la autopista -el rápido- se va lento. Y que ni se te ocurra tocarle corneta o lanzarle flashazos de luz al que va adelante, pues mínimo te pintan un gorrión; y el canal lento, el de la derecha, termina siendo irremediablemente el rápido, y ay! si a alguien se le ocurre ir a una velocidad moderada por esa vía… Es como si fuéramos una patética copia de los ingleses: todo al revés pero mal hecho. ¡Colón, ¿cómo hiciste para pasar ileso por el triángulo de las Bermudas?! ¿No pudieron llegar los ingleses primero? Hasta las escaleras del reconocido C.C.C.T. están a la inversa: por donde se sube se baja, por donde se baja se sube. Es genial ver a la gente confundida sin saber por donde ir.
Hoy en la mañana, muy cívico yo, intenté cruzar por el rayado. Supuse que arriba de éste estaba un ser imaginario dando la señal de partida a los carros que, en teoría, (permítanme reír a lo inglés: hi-hi-hi) me deberían dar paso. Me transformé sin darme cuenta en blanco sobre la diana, pero para mi fortuna, la 4x4 no atinó en darle a este tarajallo de casi 100k. Lo que sí me quedo fue la estela bucal y escatológica que le envió saludos a mi mamá: lo que alcance a escuchar fue un “…tu madre”. Lo peor de todo es que si algún conductor tiene el atrevimiento de frenar para darle paso a un peatón, podrán imaginarse la cantidad de improperios que le caen encima, como me pasa a diario cuando de peatón paso a conductor: “mueve esa…”, el calificativo se lo ponen ustedes.
Anarquía, desorden, desidia, y un sinfín de etcéteras puedo enumerar de la conducta “ciudadana” del venezolano y en particular del caraqueño. Es increíble ver el civismo de mis congéneres cuando van en un vuelo sentido Venezuela-USA, por ejemplo, somos la mata de la decencia; pero qué les digo cuando ese vuelo es la inversa: se desatan los caballos mi hermano! Todo el mundo hace lo que le viene en gana, es como si Venezuela tuviera un campo magnético siniestro, algo así como la isla protagónica de la serie “lost”, en donde todo funciona, sí, pero al revés. ¡Apaguen los celulares!, celulares prendidos; ¡Favor mantenerse en sus asientos”, todos de pie, y así con todo…
Pol, te reto a que cruces el rayado en la ex sucursal del cielo, supongo que al menor intento gritarás “Oh darling”.

5 comentarios:

Lin dijo...

Sufro a diario de este mal
que no me deja cruzar
sobre el rayado, tal cual,
y otra calzada alcanzar.

Anónimo dijo...

que la envidia no te mate, mejor no intentes el siniestro rayado...pasea por las calles de cualquier "ciudad" de este maravilloso país y tendrás para hacer cualquier cantidad de crónicas citadinas.

manolito dijo...

no se si me debiera reir pero lo he hecho.te estaba imaginando cruzando el paso de cebra,metiendo el culo pa´lante y corriendo a pequeños pasos.jejeee
hay cosas q deben ser del todo universales.

a cuidarse.

Rafael Urdaneta dijo...

Toda una realidad de la República de Banania (copyright de Les Luthier). Infame realidad.

P.D: En Altamira arriba, cerca de Tarzilandia hay una calle exactamente igual a la de Abbey Road. Debe estar a menos que haya caído victima de las inclinaciones sociales de la política de olvido venezolanas.

Leonardo dijo...

Creeme amigo que -a mi manera de ver- la ciudad que me vio nacer y donde actualmente esta ubicado mi domicilio, Valencia, que haya sido hasta hace pocos años, una aparentemente no tan caotica ciudad; hoy en dia presenta un mayor numero de infortunios para la pobre persona de a pie, que a diario transita por las avenidas principales de esta -digamos- pseudmetropoli de los que presenta la Gran Caracas. Sobre todo para los muchos usuarios del transporte publico, quienes tienen que aguantarse a los procaces colectores, ademas de un conglomerado de personas que casi no deja respirar tranquilamente. Y del calor ni se diga. Por eso a veces envidio a Caracas -las veces que he ido no he tenido tantos problemas como los que sufre a diario el valenciano-