29 dic. 2008

Japi niu yiar tu dousan nain


Feliz 2009 hasta el hastío…
Hasta que duela el bienestar
y la tristeza sea anhelada.
Feliz 2009 por allá en octubre,
por los abrazos de falsa sorpresa.
Tal vez no tan lejos, digamos en abril,
ese mismo que le robaron a Sabina.
«Feliz año» a Voz Pópuli –con equis o zeta-
y todo el mundo mire su reloj de pulsera buscando la fecha.
Feliz año con dietas, tristezas y promesas
que se cumplirán hasta la mitad.
Feliz año con recuerdos que matan,
con tus errores a cuestas haciendo de las suyas aún
en este año a pañales.
Feliz año a los amigos –y a los enemigos, quizás los tienes y no lo sabes.
Feliz año con café incluido y endulzado con splenda,
con kilos de más y con anaqueles vacíos.
Feliz año con hambre, miseria y corrupción.
Feliz año, porque somos fuertes –como la moneda absurda.
Fuertes como la esperanza que no muere.

Feliz año.

23 dic. 2008

10 maneras de pedir la parada -en Caracas.


Viajando en buseta, bus, por puesto, camionetica, guagua y demás calificativos que pueda tener la unidad de transporte terrestre, expongo las diversas maneras en que los usuarios le indican al conductor que han llegado a su destino:


1. Déjeme ahí mismito: esto quiere decir que, más allá de la parada reglamentaria, el usuario le dice al conductor déjame donde te dé la gana pero no muy lejos. El diminutivo es este caso aplica como una especie de buen trato y cordialidad. Incluso algunos conductores optaron por imprimir el costo del pasaje mínimo junto a la referida frase “de ahí mismito”.
2. Déjame en la esquina: algunos osados después de hacer su solicitud le añaden “por favor”, en un acto casi de reflexión en donde se reconoce que no es lugar para pararse, pero qué más da, Venezuela es Venezuela, en la esquina estoy más cerca de mi destino que si me dejan en la parada –dirán.
3. Por donde pueda: aquí siempre me pregunto, por donde pueda qué cosa. Por donde pueda, escupe por la ventana?; por donde pueda se rasca la nariz o nos aturde más con la música? (con respecto a la música parece que todos están sindicalizados con el reguetón o el vallenato). Como el “por donde pueda” le resulta más cómodo al conductor, éste determina dejar al pasajero donde se le dé la real gana, motivo por el cual el impaciente usuario termina diciendo “llévame pa’ tu casa” y la transacción del costo por el pasaje termina a regañadientes.
4. Déjeme aquí: a diferencia del punto tres, este resulta todo lo contrario. Este destaca por su carácter impositivo. Es aquí y ahora, en donde se esté, en mitad de la avenida, delante de los fiscales –que nunca hacen nada o cuando mucho lo que hacen es entorpecer mucho más el tráfico. Algunos conductores se arriesgan a omitir la petición, dicho en criollo, a hacerse los locos y a dejarlos en un lugar cerca de la parada (nunca en ella, claro).
5. Me deja en la puerta de…: esta solicitud puede variar de acuerdo al lugar y al usuario. Por lo general suele ser utilizada por personas de la tercera edad o jóvenes flojos que les da ladilla hasta caminar, razón por la cual piden que lo dejen en la puerta del edificio tal, o un poco más allá del árbol X.
6. Me deja en el rayado: quién carajo le dijo a la gente que esas rayas blancas sobre las avenidas son para descargar pasajeros. No señor, esas tiras blancuzcas, por lo general bastante gruesas, forman parte del adorno citadino, del complejo arte urbano que tiñe el asfalto. En otros países suelen ser utilizados para que los peatones crucen las calles y avenidas.
7. Me deja al pasar o al cruzar: algunos usuarios con las condiciones físicas para hacerlo, se lanzan a su destino a penas sienten que la unidad de transporte baja la velocidad y han cruzado la calle.
8. En la próxima parada: otra solicitud abierta. ¿La parada que viene, en la esquina, en el edificio...? Dónde, se preguntará el conductor. Esa cosa con dos palos y un travesaño que por lo general soporta un par de campañas publicitarias en los laterales de cualquier producto y que en algunos casos posen un pequeño banco para que los usuarios tomen asiento cómodamente, conocidas como parada o terminales, aquí cumplen cuatro funciones menos para la cual fueron hechas: uno, dormitorio de indigentes (también de meadero); dos, lienzo futurista para los grafiteros que no pelan una para plasmar sus coloridas y gigantes firmas; tres, diana gigante en donde van a parar los conductores ebrios después de media noche y cuatro, paraguas colectivo.
9. Me deja por la parada: es decir, literalmente el conductor dejaría al usuario en ese lugar imaginario (porque en Caracas parece serlo) y lo sustituiría, lo canjearía, “por” la parada, adentrando ese mamotreto inútil dentro del trasporte llevándose por el medio a quien fuera.
10. Me deja “en” la parada: esta sería la frase más precisa con la cual los usuarios del transporte público anunciarían que han llegado al llegadero, pero –siempre hay un pero- la “parada”, esa especie de entelequia citadina en donde los usuarios de a pie deberían tomar o bajarse del autobús, está en el imaginario de cada conductor. Es por ello que deberíamos decirles a los “profesionales del volante” (las comillas van un breve halo de sarcasmo) déjeme en “su” parada.

Están son las diez maneras básicas de cómo los venezolanos (al menos los caraqueños) solicitamos que nos dejen “en” la parada. Un punto no tan simpático que no quiero pasar por alto y que es común a las diez enumeraciones anteriores, es que cuando algún usuario se baja en su destino y el transporte a penas lleva veinte metros andando, siempre –o casi siempre- salta alguien diciendo “ay señor, déjeme por aquí”.

Si usted tiene otra manera de pedir "la parada", pues dígalo por aquí.

19 dic. 2008

Tiranía del lápiz

He mordido el rabioso codo de la noche

cual pez alado de imposibles



hinco allí la dura cornea de las flores

y el agrio esmalte de un verbo

sangrar

reír


luego se hace un ovillo entre mis ojos de marfil

y es carnada mustia de la palabra


soy gusano estéril de verdes

perro fiel sin ladridos ni pezuñas


engullo


exhalo


y alguna estrella constrictora

me guiñe el ojo a la distancia


parpadea

titila

y no me convence


sigo allí

aferrado a esta coyuntura divina

con la tirana mandíbula de las letras


en esta hora solitaria

los segundos huelen a lápices.

18 dic. 2008

Rodriguez 1 - Ocariz 0

Me pregunto cómo hacen los periodistas, articulistas, columnistas y demás profesionales de la palabra cuando no tienen nada qué decir, o mejor dicho, cuando no se les ocurre nada para la edición que les corresponde escribir. Alberto Barrera Tyska me comentaban que es duro, durísimo cuando la mente se queda en blanco, pero hay que cumplir. Ese es mi caso, claro, salvando la enorme distancia que existe entre el maestro Barrera Tyska y este escombrero.

No se me ocurre nada de na’…incluso estoy temerosamente asombrado porque en el transporte Justificar a ambos ladospúblico en cual ando, no me pasado nada de na’ (a Dios gracias) como para tener algo qué contar. No he visto ni una sola coñacita para ocupar un puesto en el transporte público; en el metro la gente se ha estado empujado decentemente para abordar el vagón: “disculpe usted” –dice uno; el otro responde “no, más bien disculpe usted”. No recuerdo en las últimas dos semanas una mentada de madre por el motivo que sea. Esta extraña tranquilidad me inquieta y me hace pensar en que es que la gente ya está metida de lleno en su navidad, con sus bolitas (las ornamentales), luces y demás artilugios de la época.

Dentro de las pocas ocurrencias que pudiera nacer de los últimos días, está la representada por la señora al volante: “muy buenos días”, me dice ella y yo le respondo igual. “Qué maravilla”, pienso. Y así se va de buenos días en buenos días a medida que entran los pasajeros, hasta que un conductor se le atraviesa en su camino: “Mueve esa mi…”, dice ella y se acabó la magia. Fin.







Aposté a que el árbol que ven en la foto llegaría al mes de su derribo causado por las intensas lluvias y que así consecutivamente llegaríamos hasta el 20 de noviembre del 2009 para cantarle cumpleaños. Acostumbrado como siempre a que las cosas en este país se hacen tarde y mal, perdí la apuesta. Sólo pasaron veinte días para que una comitiva del nuevo alcalde del Municipio Libertador, cortaran en trocitos ese viejo jabillo. Yo que vivo en el Municipio Sucre doy fe que un semáforo que está ubicado en una importantísima avenida que tiene cuatro entrecruces, ya pasó del año sin funcionar. Claro, reconozco que esta avería es una de las tantas malas herencias que le dejó el alcalde anterior a Ocariz, pero el efecto es el mismo y la cuenta da Rodríguez 1 – Ocariz 0. ¿Será que reaccionará algún día, que marcará gol y se irá en ventaja? Fin.

Excelsior Gama, pasillo X, charcutería, galleticas pal chamo (y que) y un etcétera de productos. Este súper mercado se pudiera decir que es el icono de la modernidad y del consumismo y de la democracia y de los súper mercados bien dotados del país, entre otras características que muchos pudieran añadir. Me imaginé por un momento, dado el fondo musical que acompañaba mi compra, a Silvio Rodríguez de “chopin” en este mismo establecimiento pero en Cuba, tal vez en la 5ta avenida o en algún lugar cercano al famoso malecón de La Habana. Pero no, todos sabemos que eso no existe y que el comentario pudiera verse como un gran cinismo de mi parte. Lo cierto es que mientras incorporaba a mi carrito un exquisito queso amarillo, el trovador con su voz partida de siempre decía “la era está pariendo un corazón / no puede más, se muere de dolor”…y yo me pegué a corearlo cuando oí a mis espaldas: “mira al chavista este en el excelsior”. Pensé en la intolerancia de estos días y aclaro que ni de vaina soy chavista. Y si lo fuera: ¿no tendría derecho a comprar en donde me diera la gana? Ahí les dejo eso y reconozco el delicioso anatema que es comprar en este súper mercado (o en cualquiera) y tener de fondo musical una canción de Silvio, como la última que alcance a escuchar justo cuando ya me iba: “Vivo en un país libre / cual solamente puede ser libre / en esta tierra en este instante…” Fin.

16 dic. 2008

Los días de la sombra


Yo confieso, sí, la flojera me está pegando duro en estos días. Leo como siempre, pero me da una pereza hacer mis brevísimas y escuetas reflexiones sobre lo leído. De hecho, esto que van a leer da vergüenza, sinceramente…

Continué con la lectura de "La saga de los confines" que me ha dejado un grato sabor en la boca (¿en la boca o en el cerebro o en los ojos o en todo junto? Ya ven, divago). En Los días de la sombra continúan las aventuras de los husihuilkes, lulus, astrónomos, clanes y demás seres antiguos en su lucha contra el malévolo Misáianes y sus esclavos sideresios. Entran nuevos personajes que mantienen la tensión épica de su predecesor Los días del venado, confirmando al menos desde mi punto de vista, que Liliana Bodoc ha hecho una trilogía admirable y exquisita. Thungür, heredero de Dunkancelin, pelea a muerte contra las tropas del mal tal como lo hace en su mismo bando el jefe máximo: Minché; el amor encuentra lugar gracias a la historia naciente que se da entre el guerrero Thungür y una princesa que perdió su trono: Nanahuatli; el encuentro entre la muerte y la inocencia personificados por La sombra –madre de Misáianes- y Wilkilén, momento espeluznante como tierno a la vez, entre otras historias, están presentes en este libro que junto a la saga, tienen olor a clásico. Una lectura sin desperdicio alguno.

9 dic. 2008

Libación

Esta polvareda de recuerdos
de arremolinada angustia sabática
espanta mis horas irrelevantes de hielo

entra tu mano en mi vientre
y huye con un trozo de mí

que aún gotea

que aún palpita



va dejando un rastro purpúreo de tiempo
que sigo con promiscua convalecencia

piso mi propia mácula
resbalando entre dudas sanguinolentas
pero alcanzo a verte

trinas con tu risa de hiena
con la carne entre tus dedos
libando mis dulces penurias

sigo tus huellas hechas de mí
perdidas en el tierno lago de tu partida
donde aún revolotean tus besos
como peces atormentados fuera del agua.

3 dic. 2008

La virgen del baño turco


El primer relato de La virgen del baño turco y otros cuentos falaces, me golpeó, me anunció todo lo que venía, lo que estaba por leer. Dicho relato o cuento, Margarita y los bárbaros, le arrancó la vida a un hombre en medio de una balacera justo cuando le pedía perdón a su mujer. Sucesivamente los cuentos “falaces” están enmarcados en una serie de eventos de reciente data en Venezuela –no tan falaces- y que no deja de lado a una Caracas que se regodea en sus miserias, reflejando a través de los personajes –monjas, proxenetas, doctores, etc.- las penurias que están tan cerca de nosotros, que a veces no las vemos y que de seguro en más de una ocasión hemos protagonizado.

Con una inteligencia desbordante y un humor finamente trabajado, nos dejamos llevar cuento tras cuento para ver qué otra ocurrencia nos trae la voz narrativa de Sonia Chocrón, que tal vez oculte tras algunas líneas reflexiones como: “…era madre por sobre todo y ama de casa, mercenaria de la televisión, esposa amante, hermana consuelo, amiga leal, rival del gobierno e hija melancólica. No podía con más responsabilidades… mi propósito era insistir…hasta quedar libre de los fantasmas que se antojaban acosarme”.

Situaciones al límite, historias tamizadas entre violencias y fracasos, están entremezcladas en La Virgen del baño turco con firme descaro literario.