28 dic. 2007

Hallarte en el silencio

Caminaba tu espalda sobre pies de agua

soportando el rigor de flores abiertas.

Sin embargo, así pudo con sus férreos huesos

agitados por la sombra del muro aquel que nos separa.

Más que tuyo es mi soporte de tintes agudos

y en ella deposito los restos de mi día cansado.

Al borde de la mañana atenta, despierta el mundo

y tomo de tu regazo mis pesares de ti embalsamados.

De nuevo a la maza, al conjuro del progreso eterno

con la firme esperanza de volver y hallarte en el silencio.



Porque te quiero sin sombra

Porque te quiero sin sombra

sobre pétalos abiertos al calor

que con afable aroma te nombra

bautismal secreto de amor


Pues quererte no es sacrificio

más bien un perenne estado de placer

tu cuerpo, tu alma, mi vicio

mirarme en tus ojos renacer


Y es que anduve enterrado en la noche

bebiendo insomnio, vino y ponche

¿será tu ausencia amanecer?


Y mientras el perro sigue la ladrando

la respuesta obvia llega caminando:

es que sin ti puedo perecer.

26 dic. 2007

El fuego muerto

El sugerente título de esta novela ya es motivo suficiente para despertar la curiosidad del lector, puesto que no hay nada más vivo y chispeante que el fuego. Justo esa vivacidad es la que se expande a través de todas las voces que recorren esta novela; voces que interactúan y se mezclan para desconcertar e intrigar, atrapar y liberar historias que se juntan en el tiempo y en el espacio de El fuego muerto.

Una trama inquietante que obliga a una lectura desbocada para buscar respuestas al mundo interior de cada personaje, manejada con maestría por medio de la relación paciente-terapeuta y en donde dicha semblanza pareciera invertirse en más de una ocasión. Leonardo Calvo ¿ha matado o no?, es la pregunta constante que nos hacemos a lo largo de toda la novela hasta descubrirlo en su atrevido final.

20 dic. 2007

Tómame (Como un caníbal)


Mírame, exijo que me mires!

Aquí me tienes, soy tuya, a flor de piel!

No temas, tan sólo limpiaré de tu cuerpo cualquier rastro de humedad

Sin líquidos quedarán tus huesos, tu carne

Serás mi última naranja

mi jugo

Te exprimiré hasta la última semilla

Temblarás, tus rodillas no responderán a tus designios

Seré tu espasmo

el zarpazo en tus hormonas

el gemido exhalado de tu boca

seré tu pecado, tu gula, tu lupanar

Haré de ti lo que quiera

te tragaré por vez primera

Azotaré tu vergüenza con cada gota de sudor

Tomaré el asta de tu bandera

e izaré mi cuerpo sobre él

lo repetiré miles de veces hasta que implores clemencia

y la noche derrame sobre mí tu hambre

Soy tu cena a media noche

Y tú mi caníbal: cómeme!


PD.: La canción que acompaña a este poema la pueden escuchar dándole click en Librería Sónica,/Audio/search Como un canibal. Voz y guitarra electroacústica J.L. Maldonado, Solo de guitarra y acompañamiento blueseado, el maestro César Segovia.

12 dic. 2007

Gánate el Retablillo de Navidad...


Queremos que el espíritu de la navidad se apodere de ti. En tan sólo una cuartilla como máximo, haznos llegar a libreriasonica@gmail.com un texto en donde, de la manera más creativa posible, le des la bienvenida a la virgen María y a San José en tu casa, si como en Retablillo de navidad, tocan a tu puerta pidiendo hospedaje para el nacimiento del niño Jesús.

Tienes chance hasta el viernes 28 de diciembre de 2007. El ganador lo anunciaremos en Librería Sónica el día domingo 13 de enero de 2008, por este blog y por pomarrosasycerezos.blogspot.com

Suerte y que la fuerza esté con ustedes!


11 dic. 2007

Cimarrón


En 1836, Claudio, ese viejo cimarrón que nos contaba historias de fantasmas y aparecidos, que según él azotaban a los despistados en medio de la negra llanura, fue ultimado injustamente por el gobernador del pueblo cuando lo confundió con otro esclavo que había huido años atrás. Claudio, que aparecía al final de la tarde para narrarnos sus andanzas, ya no volvería con su fornido cuerpo magullado por los azotes, con su sonrisa estéril de falsedad a darle sabor a las tardes de este pueblo que siempre cae en desgracia. Todos los niños del pueblo lamentamos su muerte y muchos pasamos años recordando sus cuentos y sus chistes. Se nos volvió hábito hablar como el negro Claudio para inmortalizar su recuerdo: «Ven pa’ ca mi niño», nos decía con voz mal gastada por los años, pero con la fuerza de quien ha sufrido por miles de razones. Dicha frase se volvió la manera de cómo nos llamábamos los unos a los otros para entablar conversación. Incluso hubo otras frases que utilizábamos pero esa fue la que más quedó en la lengua de todos.

Años después a la muerte de Claudio comenzaron a suceder cosas extrañas y como ya habíamos dejado de ser niños, nada de lo que sucedía nos asustaba, y mucho menos nos impresionaba, puesto que en este pueblo todo es posible y más aún cuando lo sucedido era comparado con los cuentos del negro Claudio. Todo era motivo de risas e incredulidades. Una tarde, cuando caminábamos llano adentro los muchachos y yo, buscando lo que no se nos perdió –claro, éramos unos inútiles que no teníamos nada qué hacer- el aire que respirábamos a través de las estepas se tornaba frío y viscoso. Nuestras narices filtraban microscópicas cenizas oscuras que de tal cantidad taponaban por completo nuestras fosas, obligándonos a abrir de par en par, como los inmóviles caimanes en la boca de un caño, nuestras bocas. Todos asombrados nos preguntábamos cómo era posible aquel frío viento en medio del campo abierto colmado de cardones.

Uno de los muchachos temblando más del miedo que del frío juraba haber visto una sombra fugaz casi imperceptible que se desplazaba por la vieja osamenta que cuando niños el negro Claudio nos prohibía visitar. Siempre hubo esa incógnita que por irresuelta, era lo que más nos aterraba de los cuentos del viejo cimarrón. Mucho más que los decapitados andantes o que las viejas lloronas que se llevaban a los niños pequeños para sacrificarlos en nombre de fuerzas oscuras.

Resolvimos retornar al pueblo en medio de la poca visibilidad debido a la hora y a la inexplicable bruma sabanera. Cada quien contó el episodio a su manera, añadiéndole su ingeniosa marca personal. Algunos contaron que la sombra con increíble velocidad se aproximaba a las narices de cada uno de nosotros profiriendo sonidos incomprensibles; otros, que el aire frío congeló nuestros pensamientos abriéndonos las puertas del más allá; yo agregué que la sombra iba tras su propio yo, que en vida era un noble caballero andante.

Quedó en el pensamiento de todos aquella imagen abstracta. Fuimos dándole forma a lo intangible para temerle menos. En muchos años no habíamos sentido temor como aquel día. No tener razonamiento alguno para dicha situación era lo que más nos aterraba. Recordamos lo sucedido en medio del concierto de grillos y sapos que la noche nos regalaba. Pensamos en Claudio, pues sólo él pudiera habernos aclarado qué fue aquello que hinchaba nuestros angustiados corazones: «Dime con tu voz de chatarra, con tu alegre mirada que aproxima nuestras almas a la serenidad, qué fue eso…» Y él me contestó: «Mejó averígüenlo po’ cuenta propia mi niño. Pa’ eso ya son uno jombres».

Desperté esa mañana con la voz de Claudio en mis labios. Con el pecho abierto de alegría por haberlo escuchado después de tanto tiempo ausente y triste por la terrible afirmación de que era un sueño.

Nos encontramos en la implacable hora del mediodía en el zaguán de siempre para descansar de la nada y para huir del sol. Allí les conté a todos mi grata experiencia y entre cuentos y cuentos las horas pasaron lentamente por el sopor de la tarde. Decididos a descubrir el misterio nos apresuramos pausadamente por miedo a insertarnos otra vez en aquello que habíamos transformado en fábula.

Después del mediano trecho que tuvimos que recorrer sobre la tierra y pasando por encima de nuestros temores, el aire caliente comenzó a tornarse fresco como en el día anterior. Las bocas como siempre sirvieron de apoyo tragando más polvo que nunca y, nuevamente, nuestras pieles erizadas en un acto reflejo premonitorio se adelantaban a los hechos. Estábamos tan sólo a veinte pasos de la prohibida osamenta de los cuentos de la infancia, de ese lugar que siempre nos fue vedado. Todos con la mirada fija al frente esperando el fantasmal espectáculo y enmudecidos de pavor, íbamos lo más despacio posible hacia nuestros recuerdos más pueriles.

Tan absortos estábamos en fantásticas monstruosidades que ninguno se dio cuentas que ya posábamos sobre los crujientes huesos calcinados por el sol. Titiritando de miedo, apenas podíamos alzar las miradas para intentar decirnos algo que animase una sola palabra de aliento. Vimos allí nuestro ineludible destino como calaveras hambrientas y burlonas. Aún las cadenas que se entrelazaban con los huesos parecían sonar al compás de los patrióticos azotes. Comprendimos que esa osamenta era lo que Claudio nunca quiso mostrarnos para salvar las diferencias de color. Cuántos habrán muerto aquí. Incontables eran los esqueletos de nuestras fechorías libertarias. Ese miedo fue tornándose en rabia cuando empezamos a entender tan escalofriante encuentro.

Ya el aire no era frío y viscoso, y es que realmente nunca lo fue. Sólo a nuestra imaginación se nos pudo haber ocurrido semejante cambio de temperatura. Lo que sí fue cierto y palpable, fueron los huesos y las cenizas de los muertos. El bochorno que sentimos por venir de donde venimos y la inclemencia de un pasado inexorable.

La sombra nunca apareció cuando permanecimos sobre la osamenta, pero alejados de allí, a una distancia que gracias a nuestra juventud aún podíamos distinguir, vimos la sombra que un día antes nos aterrorizó, agitando lo que pudiera ser un brazo a manera de despedida mientras el sonar de las cadenas acompañaba su fugaz aparición.

Aquel hombre patizambo que nos contaba maravillosas historias y que quizás sus cenizas posaron en nuestras narices, siempre evitó darnos el germen del rencor y la maldad que fundó este miserable pueblo. Justo a nosotros, a los hijos de sus verdugos, nos esclavizó para siempre con la dolorosa verdad. Claudio, el negro cimarrón, fue a buscar su pasado en la osamenta de sus cuentos.

6 dic. 2007

Caminando


Sigo caminando contigo porque quiero

Porque me nace

Porque da gusto tomarnos de la mano y saltar las trampas del camino.

Caminando ya hemos aprendido que podemos caer,

salpicarnos de miedo, de barro.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

(este verso me lo robó Machado hace muchos años antes de que yo naciera.

Pero valió la pena, le dio buen uso).

Camino por ti para dejarte mis huellas de talla grande.

Para que pises sobre ellas, te guíes, me haga tu camino.

5 dic. 2007

La salud no es cuestión de cuento...


La Policlínica Metropolitana convoca al PREMIO DE CUENTO "POLICLÍNICA METROPOLITANA" PARA JÓVENES AUTORES, en su segunda edición (2008).

La Policlínica Metropolitana ha instituido este premio para Jóvenes Autores como un reconocimiento a los jóvenes talentos venezolanos en el arte de la escritura. Con este premio se pretende promocionar y estimular la alta creación juvenil y enriquecer el patrimonio cultural escrito.

Los autores que concursen deberán regirse por las siguientes


B A S E S

1.- Podrán participar todos los autores venezolanos, o extranjeros residenciados en el país, menores de 40 años.

2.- Se admitirá un sólo cuento por autor, de tema libre, los cuales deberán ser originales, inéditos y escritos en lengua española, con extensión comprendida entre las cinco (5) y las treinta (30) cuartillas, a doble espacio e impresas por una sola cara. Los textos participantes deberán ser inéditos, no premiados anteriormente ni comprometidos en otro concurso o publicación.

3.- Se otorgará un 1er. premio de Bs. 5.000.000, un 2do. premio de Bs. 2.000.000 y un 3er. premio de Bs. 1.000.000. El jurado podrá otorgar, además, las menciones que considere necesarias.

4.- Los cuentos participantes serán recibidos hasta el 15 de febrero de 2008. El veredicto se dará a conocer el 15 de abril de ese año, fecha en que se precisará el día del acto de premiación. Un número limitado de cuentos podría resultar con menciones honoríficas, a consideración del jurado, con opción a ser publicados junto con el cuento ganador, sin que ello implique ninguna retribución monetaria para los autores. Policlínica Metropolitana se reserva el derecho de publicación y explotación de las obras premiadas, así como el de las menciones honoríficas, en cualquier forma y modalidad, dentro y fuera del territorio nacional, sin limitación alguna. En consecuencia, el ganador, los premiados y aquellos con posibles menciones honoríficas, cederán a Policlínica Metropolitana los derechos para editar, publicar y comercializar las obras, en un número limitado de ejemplares y por un plazo máximo de diez (10) años, contados a partir de la fecha del concurso, aunque se trate de una coedición.

5.- Los premios serán indivisibles y no podrán ser declarados desiertos.

6.- Los textos participantes se enviarán con seudónimo, en cuadruplicado, a la siguiente dirección: Junta Directiva, Sótano 2, Policlínica Metropolitana, Calle A-1, Urbanización Caurimare, Caracas, 1060. En sobre aparte se colocarán el nombre del cuento, el seudónimo y los datos completos del autor (nombre, dirección, CI, teléfono, correo y un breve CV). También podrán participar enviando al correo electrónico: concursodecuentos@pcm.com.ve y un archivo adjunto con el cuento en word, y otro con los datos del autor.

7.- El jurado del concurso estará integrado por los escritores Eduardo Liendo , Federico Vegas y Oscar Marcano.

8.- Todo lo no estipulado en estas bases será resuelto por el Comité Organizador.

9.- El ganador se compromete a participar personalmente en la ceremonia de entrega del premio, actos de presentación y promoción de su obra. El autor ganador y aquellos con menciones honoríficas autorizarán a los organizadores del premio utilizar su nombre e imagen con fines promocionales.

10.- No podrán participar aquellas personas que trabajen en la Policlínica Metropolitana, C. A., ni en sus empresas filiales.

4 dic. 2007

Las cucarachas salieron bailando conga


Si quieres pasearte por una novela en donde los prejuicios están al margen del texto, así como de sus personajes; una novela hilarante, cautivadora y profundamente humana, le invito a leer Las cucarachas salieron bailando conga. Tome su Baygón y téngalo siempre presente, no para atacar al pavoroso insecto, sino para preguntarse a sí mismo de dónde salió la genialidad del título. José Irimia Barroso presenta este trabajo literario con un lenguaje sencillo, entendible, listo para digerir. Y si por algún párrafo pudiera quedar colgada alguna palabra, presta para ser intervenida por un diccionario, no importa, siga su camino –es decir su lectura- que su personaje principal Jacinta Valdés se encargará de hacerle entender sin pelos en la lengua de que “puñetera” cosa se trata.

En Las cucarachas salieron bailando conga, las historias van y vienen entre el pasado y el presente, las cuales a su vez, se van desarrollando en un ambiente muy caribeño, transitado desde la Cuba batistiana y fidelista, hasta la risueña Venezuela que da un caluroso albergue a varios de sus personajes para que continúen sus vidas. Un hecho punible: el asesinato de Mr. Davis, será uno de los elementos que hará que su mirada no se aparte del libro para tratar de descubrir al culpable y mientras eso sucede, el amor, el sexo y las desventuras de sus personajes y particularmente de las meretrices, le harán ver de manera distinta ese oficio –que según algunos- es el más antiguo del mundo.

El lenguaje natural, sin aditivos químicos, expresado en las cartas que cruzan el Mar Caribe para mantener el contacto entre los protagonistas marcados por la distancia, dejan al descubierto una evidente nostalgia por el terruño, por la tierra que siempre llama y obliga de una u otra manera, el intento por volver a ella, regresar y conseguir algo de un pasado que se antoja triunfal con todo y sus complicaciones: “…Jacinta Valdés había sido eso. Una celebración de vida. Un mirar al frente, una risa oportuna y un consuelo ante las veleidades de sus seres queridos”. Esa misma celebración es la que sobresale de principio a fin en esta grata y desenfadada novela que quizás también lo ponga a bailar conga. Como bien dice Jacinta: “…el orgullo termina donde empieza el placer”, así que a pulir hebilla.

3 dic. 2007

Creo


La esperanza siempre salta al final, desde el fondo, aún en los momentos más difíciles. La caja de Pandora con sus tapas abiertas aún ronda en cada rincón de Venezuela y el mundo. Contra esto, mi Credo favorito...

Creo en Pablo Picasso, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y los ratones que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo, pero que cada día resucita en el corazón de los hombres; creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable; creo en los grillos que pueblan la noche de mágicos cristales; creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa; creo en la cualidad aérea del ser humano, configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma herida bajo el cielo del Mediterráneo; creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez; creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada a la dulce Eurídice del infierno de mi alma; creo en Rainer Marie Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida al acto de cortar una rosa para una mujer; creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia; creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar; creo en un barco esbelto y distantísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora: su capitán Lord Byron , al cinto la espada de los arcángeles y junto a sus sienes un resplandor de estrellas; creo en el perro de Ulises, en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en los ratoncitos que tiraron del coche la Cenicienta, en Beralfiro el caballo de Rolando y en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero; creo en la amistad como el invento más bello del hombre, creo en los poderes creadores del pueblo, creo en la poesía, y en fin, creo en mí mismo puesto que sé que hay alguien que me ama.

Aquiles Nazoa!

Sin comentarios...


Gracias a los amigos blogueros por sus palabras al post anterior. Voy sin ningún tipo de orden: RafaU, César, REL y Monolín... Un gran abrazo!