26 feb. 2010

Perdiendo el hilo del hijo y la zorra...

En el día de ayer fueron presentados los libros Para no perder el hilo de Krina Ber, y El hijo y la zorra de Miguel Gomes en la librería Kalathos. Ambos textos bajo el sello Random House Mondadori.

Las palabras iniciales estuvieron a cargo de Luz Marina Rivas, que después de dar un amplio paneo sobre el libro de Krina, tomó la iniciativa y cantó una canción infantil polaca. La reacción de la autora nacida en Polonia no se hizo esperar, se notó claramente emocionada y también cantó en su lengua natal. Creo que en la foto se le nota.

Seguidamente Antonio López Ortega hizo lo propio con el libro de Gomes, pero no se atrevió a cantar a pesar de mi recomendación. Empero, no hizo falta que lo hiciera puesto que con sus excelentes palabras, modulación y manera de dirigirse al público, quedó en claro que es uno de los grandes narradores y estupendo lector.

Luego “vino el vino” entre un número importante de copas que se mezclaron entre desconocidos -donde felizmente me encuentro– y entre unos cuantos representantes de nuestras letras contemporáneas ya consagradas: Eduardo Liendo, Ana Teresa Torres, Gisela Kozak, Carlos Pacheco, entre otros.

Valga la cuña: Kalathos es una librería en donde se puede pasar un buen rato escogiendo lecturas, tomando café y recorriendo el grato ambiente que rodea el lugar.

23 feb. 2010

El último fantasma


Tal como comenté en días anteriores, me faltaba un poco menos de la mitad para concluir la lectura de El último fantasma. Este libro se lee cómodamente tanto por su brevedad, como por el tamaño de la letra y la disposición de sus capítulos.


Más allá de la maestría de Eduardo Liendo en su narrativa, su fino humor y la manera de desmontar el aparataje histórico que ha tenido a Lenin como icono del comunismo mundial, lo que llama la atención, al menos en lo que a mí respecta, es la originalidad de poner a conversar a Felisberto con el fantasma de Vladímir Ilich Uliánov. Esta ocurrencia sólo podía nacer de alguien que realmente estudió el comunismo, fue partidario de él e incluso vivió en Rusia, para luego, años después, despertar a la realidad y darse cuenta de la gran farsa, no tanto de la teoría comunista, sino de quienes la pusieron en práctica llevándose de por medio a miles de personas.


El fantasma de Lenin entra en dilema con Felisberto (un bibliotecario jubilado) cuando éste comienza a sacarle en cara todos sus crímenes, rememorando y haciéndole recordar, hechos que quedaron firmes en la historia no precisamente por humanitarios. A la vez Felisberto saca provecho de lo que a diario va discutiendo con el distinguido fantasma, hablándole incluso en su idioma natal, con el poco de ruso que aún recuerda y poniendo como ejemplo situaciones políticas de su entorno actual, en pleno siglo XXI: “Quizás no se trate de un hecho estrictamente personal, y su presencia en Caracas tenga relación con el desmadre generalizado que vive la ciudad en los últimos tiempos, encabezado por el locato Papa Upa”.


No resulta muy difícil identificar quién es el mencionado “locato” al cual alude Felisberto, quien por ocasiones duda de su propio estado mental, pues para nadie resultaría fácil entender cómo de buenas a primeras se instala en tu casa el fantasma de Lenin, que por cierto, no desaprovechó la trascendencia en el tiempo, para conocer un poco de las bondades del capitalismo: se envició tomando “koka-kola”, pasó horas frente al televisor, navegando por Internet y hasta hablando por celular. Si la primera cita no aclara bien a quién alude Felisberto, esta no necesita mayor explicación:

“¿Y cómo se puede ser marxista sin leer a Marx? Yo lo leí y comencé a traducirlo a los veinte años, creo que a esa edad también comencé a escribir El desarrollo del capitalismo en Rusia. Dijo el fantasma con evidente orgullo.

En mi país eso es perfectamente posible, señor Lenin. No sólo se puede ser marxista sin leer a Marx, leninista sin leer a Lenin, maoísta sin leer a Mao, sino que usted puede ser casi cualquier cosa sin haber leído nunca sobre el asunto en cuestión. Viene con nuestra idiosincrasia. Con decirle que hasta se puede ser presidente del país sin tener ni puta idea de lo que se trata…Parece que estuviéramos en víspera de octubre de 1917. ¿Setenta y un años de experimento fracasado no bastan? Repetido, además, en múltiples variantes también fracasadas.”


Grata lectura y además resultaría cruelmente esclarecedora para aquellos que creen en el comunismo como sistema de vida. Lo difícil sería convencer a algún proselitista del régimen actual para que lo lea. Por otra parte, no puedo dejar de mencionar que vi unos cuantos detalles de redacción, que por la calidad del autor y la editorial, asumo que son de tipeo. Tal vez el apuro por llevar pronto el libro a la imprenta. Al margen de este comentario, el libro es genial y no le resta en absoluto su valor literario.


PD.

Vea en el post "El fantasma a mitad de lectura" los libros que le recomienda leer Felisberto al fantasma de Lenin.

22 feb. 2010

Vampyr


De niño lo que más me aterraba al irme a la cama era que me apareciera Drácula. Esperando su inminente presencia, bien sea con su capa negra o en forma de murciélago, me cubría todo el cuerpo hasta sofocarme y quedarme dormido bañado en mi propio sudor. Esa especie de masoquismo infantil me llevó a ver la inolvidable versión del temible príncipe de las tinieblas encarnado por Christopher Lee una y otra vez, y claro, ver a Béla Lugosi y un sinfín de versiones, incluyendo una que se hiciera en Venezuela a cargo de Raúl Amundaray.

Lo cierto es que vi unas cuantas películas del género pero sin leer nunca el clásico del irlandés Bram Stoker y que desde siempre lo he tenido como una deuda de lectura en mi lista infinita de libros pendientes. Luego sucede que irrumpe con un boom inmenso toda la saga vampírica de Stephenie Meyer, comparable a la ocasionada por Harry Potter. Llegan a mis oídos comentarios maravillosos de todos los adolescentes, sin excepción, sobre Crepúsculo y los siguientes libros, demostrando que ese germen por la lectura que sembrara J. K. Rowling, diera sus frutos en beneficio de los propios lectores y de los escritores que abordaran temas variopintos, pero más aún, si de colmillos, sangre y hormonas adolescentes se trata. No he leído los libros de Meyer, más sí he visto las dos adaptaciones al cine: la primera, bien para pasar el rato y escuchar los infinitos suspiros de las adolescentes en la sala del cine; la segunda, un completo aburrimiento. Los lectores de la saga me aclaran que “nada qué ver con los libros, son superiores”. Qué bueno.

Paso así a leer mi primer texto vampírico recreado por la colombiana Carolina Andújar, Vampyr, bajo la agradable influencia de la editorial que me garantiza cerro arrepentimiento. Después de leído, lo reitero, la lectura es envolvente y te sumerge en una serie de situaciones que rememoran lo más clásico de la literatura vampiresca, al menos con la idea y el recuerdo que tengo de las películas del terrible conde Drácula. El ambiente recreado, los lugares, los nombres de los personajes y otros espeluznantes elementos, dan fe de esto. Me atrevo a comparar, no con ánimos despectivos, lo que recuerdo entre los jóvenes protagonistas de Meyer y todo lo que sucede en la gran pantalla (que por ahora funge para mí como el libro), con el texto de Andújar, y puedo decir que ese elemento gótico presente en Vampyr, supera con creces el imaginario vampírico que hay en Crepúsculo y sus secuelas. Insisto que no quiero desacreditar al referido texto, sólo dar una opinión con respecto a lo que como lector esperaría de un libro plagado de vampiros, cruces y agua bendita. Dicho de otra manera, son estilos totalmente diferentes, mientras el primero va en una onda más actualizada y moderna de lo que pudiera esperarse de unos vampiros siglo XXI, con carros deportivos y tecnología digital de primera, el segundo, Vampyr, va tras las pistas de la reminiscencia de lo que siempre fue este género literario, recuperando la esencia creativa que Stoker dejó con su pluma.

Martina Sékely es la encargada de adentrarnos en este oscuro mundo de vampiros cuando apenas acaba de llegar a su mayoría de edad, junto a su inseparable amiga Carmen Miranda. Comienzan a suceder cosas extrañas en el elitesco colegio Saint-Marie tras la llegada de una enigmática alumna, Susana Strossner, la cual estará involucrada en los terribles acontecimientos que se desencadenarán a lo largo de toda la historia. Las muertes comienzan a causar pavor en el pueblo y “la peste negra” es la pantalla para cubrir lo que realmente estaba pasando.

En el desarrollo de la trama en Vampyr, otro elemento fundamental que le da ese matiz clásico antes mencionado y que sin duda es primordial para el devenir de varias situaciones dentro de la trama, es el aspecto epistolar que da soporte a la historia planteada por Andújar. Esto a la vez, da paso a otros personajes que terminarán siendo fundamentales para el desenlace de los hechos. No podía faltar, claro está, el incontenible amor entre los protagonistas, Martina y su misterioso protector, el cual le da un giro diferente a lo que pudiera ser un final predecible. Es el primer paso literario de la bogotana Carolina Andújar, dado con acierto dentro de la narrativa de misterio al mejor estilo clásico y con algunos toques de humor negro. Lectura entretenida.

19 feb. 2010

Veo tu cuerpo sembrado en tejavana

veo tu cuerpo sembrado en tejavana

y de allí me prendo inútilmente

rasgando mi acequia de lágrimas


van mis palabras hirsutas

royendo el camino

y mis gualdrapas no disimulan

este famélico destino de hiedras


la evidente incuria de años

apuñala el pecho abierto

que se expande en tragedia

y me lanza a un abismo infinito


caigo



voy cayendo


y de pronto una jamuga fantasmal

me salva del inminente impacto que no llega


allí unos ojos

la caricia indispensable perdida en afrentas


un brillo último que se niega a morir


una palabra tierna

que pende de este abalorio de tropiezos

y sin querer

reemprendo el descenso a mi nada

18 feb. 2010

El fantasma a mitad de lectura


No pude aguantar la tentación de escribir estas breves líneas sobre el libro que ven en la gráfica. Aclaro que apenas pasé la mitad del mismo y estoy más que enganchado con la prosa y el fino humor del maestro Eduardo Liendo. Para mí ya es costumbre hacer una mínima y escueta reseña de lo que he leído. En algunos casos me quedan regulares y en otras ocasiones muy malas, yo lo reconozco. Empero, y como no he terminado la lectura y lo que he leído me ha gustado, tomo de allí una pequeño párrafo textual en donde el personaje principal, Felisberto, le comenta lo siguiente al fantasma de Lenin. Claro, también es cierto que la cita se corresponde, se parece tanto a lo que hoy día vivimos en Venezuela, que no tuve otra que compartirla a través de estos escombros. A parte de lo que estamos viviendo en la actualidad sociopolítica de nuestro país, de esa cosa rara que llaman ‘socialismo del siglo XXI’ que nadie sabe con qué se come, al pobre Felisberto se le aparece el fantasma de Lenin. El colmo de la mala suerte. Después de la cita verán un listado de libros que el protagonista (¿o Liendo?) le recomienda leer al temible fantasma. Un listado que además me hace caer en cuenta sobre mi propia ignorancia y sobre la cantidad de libros que no he leído aún. Apenas he leído cinco para mayor INRI.


Dice Lenin en alguna parte: “la idolatría, la enajenación intelectual no es marxista, más bien me parece que linda con la estupidez…” Luego Felisberto añade: “Los soñadores temerarios como usted, señor Lenin, suelen ser de una alta peligrosidad. Toda su dialéctica oscila entre el cielo y el infierno; no aprecian el limbo que es, en cierto modo, lo más humano”.


La sociedad abierta y enemigos, Karl Popper
La tentación totalitaria, François Ravel
El malestar de la cultura, Sigmund Freud
Hojas de hierba, Walt Whitman
1984, George Orwell
El ogro filantrópico, Octavio Paz
Réquiem, Anna Ajmátova
Los heraldos negros, César Vallejo
El medio es el mensaje, Herbert McLuhan
Mi vida, Leon Trotsky
Yo el supremo, Augusto Roa Bastos
El proceso, Franz Kafka
El deshielo, Ilia Enrenburg
Reportaje al pie del patíbulo, Julios Fucik
El hombre rebelde, Albert Camus
Luz de agosto, William Faulkner
Confieso que he vivido, Pablo Neruda
El tambor de hojalata, Günter Grass
El segundo sexo, Simone de Beauvoir
Democracia y totalitarismo, Aron Raymond
Desde el jardín, Jerzy Kosinski
La edad de hierro, J.M. Coetzee
Pedro Páramo, Juan Rulfo
El corazón es un cazador solitario, Carson McCullers
Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar
La guerra del fin del mundo, Maria Vargas Llosa
Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt
El maestro y Margarita, Mijail Bulgákov
El gatopardo, Giuseppe Tomasi de Lampedusa
La conjura de los necios, John Kennedy Toole
La broma, Milan Kundera
El gran Burundún Burundá ha muerto, Jorge Zalamea
En el camino, Jack Kerouac
El doctor Jivago, Boris Pasternak
¡Tierra, tierra!, Sándor Márai
Checoslovaquia: el socialismo como problema, Teodoro Petkoff
Mi padre el inmigrante, Vicente Gerbasi
Austerlitz, W. G. Sebald
La nueva clase, Milovan Djilas
Si esto es un hombre, Primo Levi
La fiesta del chivo, Maria Vargas Llosa
Archipiélago Gulag, Alexander Solzhenitsyn
Antes que anochezca, Reinaldo Arenas
Rebelión en la granja, George Orwell
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez


Luego Lenin como buen lector aceleró el paso y se leyó algunos de una sentada, interesante los comentarios que hizo sobre unos cuantos. Descubra usted qué dijo, ya que a mí me toca llegar al desenlace, ya les contaré.

11 feb. 2010

Las tramas de los lectores


Volver a la historia es y será siempre necesario. De una u otra manera aquellos hechos que marcaron pauta en cualquier ámbito de la vida, repercuten hoy día en nuestro presente, tal vez de modo silente, pero contundentemente en algunos casos; y en otros, de manera evidente, como sería el caso de la ciencia desde el punto de vista farmacéutico por dar un sencillo ejemplo.


Lo que sería el aspecto cultural desde una perspectiva histórica, pero segmentando aún más lo que la cultura en sí abarca y llegando a lo que nos interesa, las lecturas y sus lectores, cómo se formaron, cuáles fueron los primeros textos en llegar a manos de la gente y todo lo que de allí se generó, está bien retratado en Las tramas de los lectores, Estrategias de la modernización cultural en Venezuela (siglo XIX), de Paulette Silva Beauregard.


En este ensayo la autora vuelve a los hechos, a las situaciones que dieron origen a los primeros lectores del país, a las estrategias que las incipientes editoriales utilizaron para llamar la atención de un público potencial que a finales del siglo XIX, aún sentía el rigor de una Venezuela post-colonial y apenas recién independizada. Nace así la inquietud de los creadores porque se les reconozca su trabajo (antes se le llamaba “Propiedad Literaria”, que no “intelectual), de los que veían en la imprenta una posibilidad para mejor la calidad de vida y, claro está, de hacer negocio, situación que sin duda alguna dio paso al proceso formador de lectores en el país.


En el mismo orden de ideas, la investigación realizada por Silva Beauregard, ofrece una mirada sobre aquellos primeros textos fundamentales para lo que fue llamado “la epidemia lectora” del momento, pasando por la emblemática Gaceta de Caracas cuyo primer redactor fue Andrés Bello, hasta pasarse por libros religiosos, tales como el Flos Sanctorum, libros que fueron prohibidos en la ciudad de Caracas, folletines y revistas ilustradas. Textos que, de una u otra manera, incentivaron la lectura y generaron un proceso de laicización de la misma, tal como la propia autora señala, en un contexto en donde hasta los obispos manejaron redes de poder en cuanto a redacción se trata, e incluso, creando redes clandestinas de poder para llevar a la imprenta determinados textos.


Las tramas de los lectores es un minucioso ensayo que se bandea en el delgado límite de lo literario con lo sociológico, tomando en cuenta las repercusiones que tuvo la llegada de la imprenta al país, en un momento en que las novelas eran consideradas –y tal vez sigan siendo– un vehículo educativo y de formación, que además, llevaron consigo una carga democratizadora en tiempos cuyo dilema fundamental fue cómo crear y estimular un público lector.


Para mayor referencia del libro, el mismo fue ganador del VII Concurso Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana del 2007. Bien merecido.

8 feb. 2010

Joyita caribeña


¿Quién vende a su patria, los que defendemos lo poco que nos van dejando en esta tierra enceguecida por ideologías arcaicas, o aquel que trae a un esbirro para recibir del mismo una supuesta asesoría en materia energética?, ¿No hay personas más capaces en todo el continente americano en esta materia?

Las siguientes líneas fueron tomadas textualmente del libro Cómo llegó la noche del comandante Húber Matos, quien para su desgracia, cayó en prisión por no estar de acuerdo con las atrocidades que comenzaron a vivirse en Cuba después del triunfo de la Revolución. Cumplió su condena de veinte años y este libro da cuenta de las aberraciones vividas en la terrible cárcel “La Cabaña”.

Es un libro autobiográfico que pasa por el sueño hecho realidad de un grupo de hombres hartos de la dictadura de Batista hasta alcanzar la victoria de la Revolución, para luego despertar de lo que fuera un sueño de libertad y ver cómo los hermanos Castro –y sus aliados –se quitaban cínicamente las máscaras que llevaban consigo. Uno de esos aliados estuvo (bueno en realidad no sé si sigue por ahí) en Venezuela, en esta tierra que llegó a reconocerse en el continente por su democracia. Apenas son unas cuantas citas que ojalá llegasen a leer los que creen irracionalmente en este proceso político. Este es el tipo de personas con la que está contando el gobierno venezolano. Qué tristeza, en honor a los nuestros y a los de cubanos que murieron en busca de un sueño, en busca de un mar de la felicidad que no es tal.

Este es Ramiro Valdés.

Los capitanes, que no están de acuerdo con el arresto, al ver mi actitud pacífica entregan las armas. El comandante Ramiro Valdés, quien ha venido con Camilo de La Habana, se pone a mi lado en función de vigilante. Tiene fama de represivo desde los tiempos de la Sierra. Conmigo fue siempre atento hasta que supo de mis discrepancias por la desviación ideológica de la Revolución.

Media hora después del encuentro con los oficiales, Fidel sube al segundo piso. Pasa como un bólido por donde estoy, como si temiera que yo pudiera hacer o decirle algo, mientras Ramiro Valdés permanece a mi lado como un mastín…

(Fidel) Me señala como un traidor, un oportunista, un ingrato, un alto jefe que ha estado hablando en distintos actos público para sabotear la Revolución…Dice que no me atrevo a mostrar mi caso al público; que no me atrevo a ir allí a defenderme. Cuando escucho esto, le digo a Camilo que se le acerque y le comunique a Fidel mi deseo de contestarle ahí mismo, ante el público…Ramiro Valdés ha empuñado su pistola y me vigila…No hay forma de disuadirlos. Llevan presos a más oficiales en otros vehículos. Con el apoyo de una armada bastante nutrida, a cargo de Ramiro Valdés…

Me dejan solo otra vez. Enseguida, de la misma forma, llega otro personaje también amigo, o así lo creía. Es el Capitán Orlando Pantoja (murió con el Che en Bolivia, 1967), segundo de Ramiro Valdés, el hombre de Fidel para asuntos represivos…:

-Huber, sabes cómo te respeto. Eres realmente un hombre de primera en la Revolución y te estás dejando llevar por un camino que no es el correcto…


-No, Pantoja…Fidel no ha querido respetar mi actitud y ha respondido con infamias, en una forma baja y miserable. Escucha: si quieren fusilarme, deben saber que estoy dispuesto a hacerle frente a todo. Ni le tuve miedo a las balas de Batista ni le tengo miedo a las de Fidel. El mundo sabrá un día que el verdadero traidor a la Revolución es él. Díselo si quieres.


-Vea, Matos, aquí tenemos una carta suya que está llena de términos ofensivos e irrespetuosos que no podemos tolerar. Lo hemos mandado a buscar para que usted tenga la oportunidad de retractarse o retirar su carta… Se cruza mi mirada con el teniente Valdés, oficial permanente del G-2 en la prisión. Recorro los rostros ceñudos de los funcionarios del Ministerio, y finalmente miro de frente al Director…
-Lo dicho ahí –contesto y señalo con la mano la carta sobre el escritorio –es verdad y lo sostengo… Si ustedes la quieren retirar del expediente, háganlo. Es asunto de ustedes, no mío, pero lo que digo en la carta lo sostengo, no inventé nada. Si mis términos son duros, son el resultado de arbitrariedades e injusticias de las que ustedes son los responsables...

Lo que veo, entre el sopor, es que me han sacado y me tienen en el suelo. A mi alrededor están Medardo Lemus, el médico Batista y Alipio Zorrilla…Hay dos personas más: Alemán, el director y Valdés, agente del G-2 en la prisión...¿Qué es esto que me inyectan, que me punza los genitales? Lemus y Batista me pinchan por todas partes…Batista me punzonea los testículos con una jeringuilla y habla de buscar el bisturí para castrarme. Lemus dice “no, porque no está autorizado y si sobrevive es peligroso”…


-Es mejor castrarlo con esto que le estamos inyectando. Si queda vivo se matará con su propia mano –dice Lemus. Valdés y Alemán permanecen callados. Zorrilla participa del entretenimiento con los otros dos. Uno de los funcionarios del Ministerio del Interior, el oficial Valdés, que viene siguiendo el proceso del ayuno desde la misma prisión, dice:
-Bueno, está bien, lo vamos a llevar cumpliendo órdenes del Ministerio. Por mí, éste tendría que morirse; ya ha jodido mucho.

Mi agradecimiento a Rayma, que por casualidades de la vida, sus dos últimas creaciones han coincidido con lo que he escrito en estos escombros.

4 feb. 2010

Día de la indignación


Es jueves en la mañana. Ya el smog se apodera de la ciudad y una tranca impertinente hace de las suyas con la paciencia de conductores y pasajeros. Qué pasará, es la pregunta obligada. La parte semi-subterránea de la Avenida Libertador se ve libre y los vehículos pasan raudos en sentido oeste. Qué pasara, se mueve muy poco la cola hasta que por fin la que fuera la gallinita de los huevos de oro del país (¿o sigue siéndolo?) aparece frente a mis ojos: PDVSA. La pregunta halla su respuesta: unos seis o siete autobuses gigantes, de esos con asientos reclinables, baños y otros beneficios, están postrados con música a todo volumen frente a la petrolera. Como hormigas van entrando las personas, unos con caras largas, otros riéndose, otros como escondiéndose la roja vestimenta rumbo a la concentración del día ¿de la dignidad? No me hagan reír –pienso (Recuerdo un numerito fatal que me confirma que de digno no hay nada: para el año 1999 el número de muertos a manos del hampa fue de 4.000, cantidad aberrante y preocupante. Diez años después, para el cierre del 2009, el número de víctimas llega a 15.000 Ese es el mar de la felicidad, sí, pero de los muertos).


Al pasar este punto el tráfico se aligera. El conductor compite con el taxista de al lado para que no le gane el puesto en la cola que ahora se desplaza velozmente a 30km. Considerando que ya estamos entrando al centro de Caracas, esto es rapidísimo.


-Conductor colectivo: sale improperio 1

-Conductor taxi: retorna improperio 2 + insulto

-Conductor colectivo: sale improperio 3 + insulto + saludos a su señora madre (la del taxista)

-Conductor taxi: retorna improperio 4 + insulto + recuerdos a la familia + insinuaciones que ponen en duda su sexualidad (la del conductor del transporte público).


El conductor del taxi se baja del vehículo y sube al colectivo. Salen improperios e insultos en cambote y luego un golpe directo al mentón. El conductor del colectivo se defiende y como puede le devuelve un derechazo. Uno de los pasajeros grita “dale su coñazo” y una señora más allá dice “pero bueno nos van a dejar aquí parados”. Yo río y lamento no tener a mano la cámara digital para tomarle una foto al “digno” espectáculo, la foto era perfecta para esta breve crónica. Pido a la corte celestial que ninguno saque un arma porque las balas siempre terminan en donde no deben. Daddy Yankke le reclamaba a una mujer insistentemente “abusadora…abusadora…abusadora…”. El fiscal que estaba como a media cuadra de los hechos estallaba de risa mientras leía mensajes de texto en su celular.


-Conductor colectivo: sale improperio 5

-Conductor taxi: retorna improperio 6 y luego a su vehículo.


El conductor del colectivo –llevaba por cierto una gorra de los Medias Blancas de Chicago– va hecho una fiera y aumenta los decibeles de la música (¿el reguetón es digno de llamarse música?), como la velocidad del destartalado minibús. Pasa el semáforo en amarillo y le toca corneta a otro conductor del gremio que va al lado. Cuando por fin frenan y quedan uno al lado del otro conversan lo siguiente de ventana a ventana:


-Conductor colectivo 1: Epa diablo, ¿vas pa’ la marcha?

Esto lo dijo con un pésimo intento de entonación cubana.

-Conductor colectivo 2: Y pa’ qué chico! Estoy más que instalao, ya no me hace fahta ir (“h”, aspiración cubana del fonema palatal “L”)

Esta frase sí salió en perfecto acento cubano.


Dignidad, vaya estulticia reconocer esta fecha, 4 de febrero, con tan hermosa palabra. Aquella intentona golpista de 1992 llega hoy a la mayoría de edad: 18 años de un mal recuerdo. Todos los muertos, propios y ajenos sin considerar antagonismos políticos, duelen, son irreparables y no tienen nada de digno. ¿Quién es el verdadero golpista en esta última década de indignación…?