29 feb. 2008

Que de ti se quede el verbo preñado


Que de ti se quede el verbo preñado

Mustiamente entre sus vocales azules

irán naciendo palabras de acero

las mismas que ríen

las mismas que lloran

No serás más que un amasijo de implacables segundos

¡Oh, Cannabis Sativa, a dónde le has llevado!


Descepa de su paladar cualquier rastro divino


Descorcha las estrellas y sírvele sus luces

para que iluminen su vientre


No sois más que humo raído

Lagrimeas

Gimes

Pero sigo aquí

palpando su rostro olvidado

su ficción

su estela nublada de labios

su risa endeble colgada de andamios

Esperándole

taciturno

casi fingido

con dos muros disfrazados de párpados

con dos serpientes transformadas en piernas

y un pecho cosido con arena de mar

Que de ti se quede el verbo preñado


28 feb. 2008

Falke



Confieso que se me hizo difícil la lectura de Falke de Federico Vegas. ¿Por qué? Básicamente porque soy un mal lector, desordenado en la lectura si se quiere. Cuchillo para mi garganta y más tratándose de un libro que ha sido reverenciado por grandes críticos, escritores y editores venezolanos y de otras latitudes. Pues lo leí. Hubo partes en que me perdí y otras en que me enganché con intensidad. El texto está cargado de mucha historia, más allá del cruce limítrofe entre lo verosímil y lo ficticio. En términos generales, para mí, la narrativa se reinventa, ergo las novelas, crean su propio mundo y de allí parten todos los universos posibles dentro de lo que se cuenta.

La narrativa del Falke es estupenda, como si su autor hubiera estado allí en rol protagónico. “Falke es nuestro barco. Uno se encariña con las palabras. Falke es más breve e incitante. Tiene algo de perro guardián, de halcón, de orden decisiva. Se presta mejor a nuestros ruegos y maldiciones, al grito y al recuerdo”. Lo cierto es que me sentí un poco mejor cuando en conversaciones de libros con un amigo, tocamos el tema del Falke. A considerar los años que me lleva y son bastantes, a parte de su basta preparación literaria, me dijo que el libro es bueno, que el problema es que “es muy 'literatoso’, debió ahorrarse unas cuántas páginas”. Cuestión de percepción.

En todo caso, no sé, terminé la lectura pero hubo un no sé qué que no me atrapó, pero reconozco el extraordinaria pluma de su autor. Hey, entre gustos y colores...

Poesía y verdad: mínima meditación.


Una publicación ampliamente recomendada por el Jurado del VI Concurso Anual Transgenérico en su edición del 2006, este libro está dividido en dos partes: un ensayo largo sobre el hecho poético que persigue la relación entre la verdad y la insurgencia del poema, y una lúcida reflexión final sobre la obra del célebre poeta venezolano Armando Rojas Guardia.

Esa es la referencia al libro que les sugiero hoy. Poesía y verdad, mínima meditación de mi colega, poeta y periodista Teresa Casique (su Cacique es con S). Al terminar de leer el libro me planteé la siguiente incógnita: ¿si esto fue una mínima meditación, cómo hubiera sido una máxima? En el transcurrir de la lectura tomé nota de muchos planteamientos que me parecieron más que acertados, me atrevería a decir, aforísticos. Hago cita de algunos puntos para mayor referencia:

Al lugar de la verdad no se llega, pues, por rapto divino o por azar: el camino no es fácil, antes que nada es preciso conservar las alas y esa es ya una tarea fatigosa… Pag.13

Cuando la verdad no emerge en la lectura del texto(o en su resucitación) es porque no hay nada dentro de él, es un texto vacío que es como si no existiera. Pag.37

El poema se debe únicamente a la libertad personal, individual de su autor para expandir su verdad y solicita la máxima atención. Pag. 39

La verdad mantiene en pie la difícil coherencia entre el sentir, el pensar, el hacer y el decir. Pag. 43

El poeta tiene la responsabilidad de afianzar la pulcritud de las herramientas que recibió de su patria literaria o de la tradición en que se inscribe, para legarlas “sanas” que es tanto como decir vivas, polisémicas, fecundas, a las generaciones siguientes. Pag.62

Se me ocurre que esta última cita se corresponde a estas palabras de Justo Serna: “Leer sirve para batallar verbalmente, para proferir algo más que juicios triviales”. Y es que ese “proferir” lleva implícita la lectura y la escritura en medio del campo de batalla que da el lápiz, el papel y el teclado.

27 feb. 2008

Bitácora en tu día


Por la esencia de tu cuerpo el paseo,

el caminar, el reír, el cantar.

Entre las sábanas blancas tu pecho,

caricias de aves doradas que abanican.

Cruzando el caramelo de tus ojos,

la luz del más allá en el paraíso.

En la efímera y febril voz de escarcha,

el suave despertar de los astros adormecidos.

Sobre tus piernas la codicia del hombre:

bendito sea, tengo el derecho.

Sonrisas, espumas,

vienen de tus manos el temblor asesino de la ausencia.

De la cima, sea cual sea, azules de tu espejo:

perfil de tu alma soñadora.

La travesura en puntillas descansa

sobre el nacarado vértice de tus dedos.

Y en tus hermosos y ligeros pies, el simple indicio de que existo para ti:

borrador de infértiles semillas.

En tu día, sólo una bitácora del tiempo que nace de a segundos

para crecerte en flores y caricias.

26 feb. 2008

Los cuatro cuartetos


Establecer criterios que ayuden a desempolvar las ideas de un poema no ha sido ni será tarea fácil, mucho menos cuando se intenta canalizar y descubrir el hilo conductor de un poema tan complejo como los Cuatro Cuartetos de T.S.Eliot. No quiero redundar sobre un tema en especial, es decir, sobre un tema que arbitrariamente designe por completo al mencionado poema, ya que éste, por su esencia polisémica, envuelve infinidades temáticas que a priori quizás no se perciban sencillamente. Para lograr una visión más general de esta obra intenté no analizar por separado cada uno de los cuartetos, sino por el contrario, tomarlos en su enunciación global para poder orientarme hacia los puntos en referencia comunes dentro de toda la obra. Así, como eje principal está el tema del "tiempo" que circunda en todo el poema, sin menospreciar, claro está, el tema de la musicalidad, del carácter esteticista y del simbolismo que se perfila a través de las evocaciones religioso-filosóficas de los Cuartetos.

No es tarea fácil darle un sólo sentido a una obra que exige la mayor abstracción posible para captar lo que el autor quiso decir. Posiblemente de este punto, y he aquí la riqueza del poema, surja otro tema que diversos críticos señalaron como fundamental de los Cuartetos, y es aquel que juzga la incapacidad de comunicación entre los seres humanos, víctimas de un progreso avasallante que no ha hecho más que devastar al mundo. De aquí surge esa indecisión, esa paradoja entre el principio y el fin. De donde no se sabe cuál es cuál y si uno es mejor que otro.

Tampoco pretendo coartar la multiplicidad de imágenes que puedan surgir de este texto, pues sería una manera -y creo que vale el término- egoísta de adjudicarle la simplicidad de unos cuantos temas cuando de él aún queda mucha materia por cortar.

La aparición de los Cuatro Cuartetos es en una época escindida de la cordura, pues en mitad de la Segunda Guerra Mundial (1943) se da a conocer. Cordura en el sentido literal que esta palabra designa, totalmente distinta a la que sí gobierna en la guerra: locura. Eliot, en ese "tiempo" que marcará el tema de la obra, busca una especie de redención para sí mismo y para la humanidad que se autodestruye. Halla en él -en el tiempo- un medio a través del cual reflexiona sobre su propia estabilidad emocional y espiritual que ve mermada en su prójimo, ese que se debate entre una bala asesina y entre la vida. La guerra en el correr de los años será y seguirá siendo inevitable, quizás por ello mismo para Eliot "El tiempo presente y el tiempo pasado" corren por la misma vía y en sentidos contrarios, donde en un determinado punto vuelven a converger provocando la guerra destructiva de la cual fue testigo. Esta se proyectará hacia el futuro incierto que no es mas que el presente en su continuo rodar.

En la ambivalencia de la linea temporal quizás se halla uno de los tantos temores del propio autor, que veía en el futuro un continuo descenso de la vida y en donde todo apunta a un mismo eje:

"Lo que pudo haber sido y lo que ha sido

Apuntan a un solo fin, que está siempre presente"

Ahora, por qué Eliot vio en el "tiempo" ese medio de consagración sobre el cual podía lograr la expiación de toda culpa y dolor. Posiblemente porque a través del mismo sufrimiento hallaría la respuesta a un "algo" impreciso, pero que sin duda buscó afanosamente en sus Cuatro Cuartetos. No se olvide antes que nada que la poesía es y será un medio catártico donde el poeta exitado de alegría o dolor trata de explicar y explicarse la esencia y el por qué de las cosas.

La estructura misma de los enunciados sugieren un estado de reflexión en el poeta, acompañado, además, por un tono de pasividad interna que no se insinúa con mayor o menor esfuerzo, pues da la impresión que el mismo Eliot se mantuviera al margen de lo que escribía. Aclaro que el toque de impersonalidad que logra el escritor no quiere decir estrictamente que no se identifique con aquello que expresaba, por el contrario, ese alejamiento paradójicamente lo acercaba más a lo que quería decirnos, por ello mismo él sostuvo "que el poema en primera persona del singular, poema lírico o versos meditativos, corresponde a la voz del poeta que habla consigo o con nadie"1 corroborándose con esto, que ese distanciamiento del sujeto lírico dentro de los Cuartetos adquiría el grado omnisciente que seguramente Eliot premeditó para comunicar mucho más de lo que él mismo se propuso.

El decaimiento de los valores sociales y humanos, la utopía fracasada de la industrialización en favor de la sociedad, sin duda alguna fueron unos de los tantos puntos de partida sobre los cuales Eliot formó sus Cuartetos. Ese estado apocalíptico que fermentó en la mano misma del hombre, que avanzaba hacia el pasado en vez de proyectarse hacia el futuro es lo que se cristaliza muy sutilmente en la oposición de las construcciones que el autor logró:

"En mi principio está mi fin"

"Así la oscuridad será la luz y la inmovilidad será la danza"

A lo largo de los Cuatro Cuartetos encontrarán enunciados similares a éstos. Esta constante más que contraponer sus significados, lo que logra

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1-Alvarado, Harold Tenorio: T.S.Eliot Antología poética. Editorial Tiempo Presente. Bogotá.1988. p.p7

es un perfecto equilibrio estético en su estructura formal, es decir, toda la carga semántica que genera el poema no se radicaliza hacia un punto unívoco, por el contrario, el hecho de ir de un extremo a otro demuestra la pluralidad misma que la obra encierra, y esa estética que podría ser un tema particular de ésta, se ve reforzada por la manera que el autor proyecta la antonimia de los conceptos.

Ese avance hacia un descenso no ha sido tema de un solo autor en las diversas ramas del arte; en música, por ejemplo, el Blues expresaba el dolor del hombre negro por ser tratado como un animal por sus amos (entre otros temas), los cuales para sus fines económicos lo explotaban sin compasión en favor de un "progreso". Obra como Esperando a Godot de Samuel Beckett refleja el absurdo del mundo y de la indigencia misma del hombre moderno. Como dijo el mismo Eliot en el cuarteto titulado Burnt Norton:

"La especie humana

no puede soportar mucha realidad"

Quizás por no "soportar mucha realidad" es que Eliot y muchos escritores buscan zafarse de ella de una manera o de otra, alternando de la luz a lo órfico, del pasado al futuro, de lo húmedo a lo árido. Esta aplicación sinestésica posiblemente es lo que provoca esa sensación de simultaneidad, es decir, Eliot presenta en un mismo cuadro -digámosle de esta manera- imágenes que por su naturaleza se oponen, y esta aleación de sentidos opuestos garantiza el fluir musical que muchos estudiosos de la materia ven en los Cuatro Cuartetos, dicha característica estética es lo que hace que se valore a sí misma, esto es, a su forma, a la disposición métrica de los Cuartetos. Es bien conocido que para Eliot la manera como se presentaba un poema (su forma) tenía igual importancia que lo que quería transmitir (su contenido). Analizando el concepto musical de un cuarteto el cual implica la participación de cuatro voces o cuatro instrumentos, pudiera especularse que dichas voces están distribuidas equitativamente en cada uno de los Cuartetos. Resulta interesante otorgarle a cada uno de éstos un ritmo musical distinto con los cuales se pueda atribuirle un estado de ánimo diferente, pero lo curioso en esta experimentación es que la alegría en Eliot es nula o casi nula. Si intentáramos establecer alguno de los Cuartetos como un allegro cometeríamos un grave error, pues la naturaleza de todos ellos en ningún momento proyecta un aire de satisfacción hacia un allegro o allegreto. Por el contrario, los Cuartetos en todo momento redundan en un tono menor que iría muy bien acompañado con un adagio, con su lentitud característica que a la tristeza evoca. Empero, no necesariamente los adagios son tristes y oscuros, pero si vamos en tono menor -como el de los Cuartetos- lo más seguro es que el efecto sea este. Para el mismo Eliot existen en el poema "posibilidades de transición comparables a los distintos movimientos de una sinfonía o un cuarteto"2, pero en esa transición se ve marcada como una constante el tema de la obra, bien sea una obra musical o escrita.

El misticismo que se halla en esta obra ha sido también fuente de innumerables estudios, así como la carga filosófica que contiene. No resulta casual que a manera de epígrafe al comienzo de la obra, Eliot cite a Heráclito, filósofo griego que sostuvo que la mutabilidad de la materia estaba siempre en movimiento y que el fuego era el primero de los elementos generadores de esa continua mutación. Se ha señalado que la construcción de los Cuatro Cuartetos refleja la fluctuación de los elementos básicos entre sí: tierra, agua, aire y fuego, que se hace necesaria para generar una renovación purificadora.

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2- T.S.Eliot: Sobre la poesía y los poetas ("La música de la poesía"). Editorial Sur. Buenos Aires.1959. p.p.33

Así como en el Apocalipsis de La Biblia, la indicación que del cielo lloverá fuego para lograr esa purificación que la humanidad necesita, lo cual sugiere simbólicamente, que la materia debe renovarse para lograr una configuración pura en su esencia. De aquí se pueden sugerir los aspectos religiosos que se discurren en los Cuartetos que de una u otra forma insinúan el ciclo de vida del hombre, en donde éste al llegar a la muerte -punto que se convierte en un nuevo inicio- alcanza su ascendencia espiritual.

Algunos críticos han preferido ubicar a T.S.Eliot dentro de un movimiento literario que en realidad no denota la complejidad misma de su obra: anticlasicismo. Analizando los Cuatro Cuartetos en su estructura formal como están distribuidas las ideas, puede hallarse un perfecto algoritmo sobre el cual el autor desarrolló la obra. He mencionado el carácter métrico y musical que se puede dilucidar de su contenido, así como el tema o los temas principales que mantienen la conexión entre cuarteto y cuarteto. Eliot mantiene en la construcción una metodología simétrica que da una sensación circular a la obra, es decir, de ciclo, sobre la cual el final de ésta plantea en cierto modo los argumentos señalados en los primeros cuartetos. Posiblemente lo anticlásico no se encuentre en la forma en sí de la obra, sino en la dificultad de descubrir qué fue lo que Eliot quiso transmitir en ella. Esa oscuridad que se imbrica sobre cada verso es lo que precisamente torna interesante esta obra.

Ahora bien. La influencia de escritores franceses sobre Eliot, tales como Flaubert, Baudelaire, entre otros, es notable. Incluso llegó a decir que "Baudelaire fue el primer poeta moderno en todas las lenguas". No resulta curioso encontrar pasajes dentro de los Cuatro Cuartetos que guarden cierta analogía con el simbolismo del propio Baudelaire. Al ejemplo mes remito en el último cuarteto del poema "El viaje" editado dentro de Las Flores del Mal:

"¡Derrama tu veneno y que él nos reconforte!

Deseamos, tanto puede la lumbre que nos quema,

Caer en el abismo, Cielo, Infierno ¿Qué importa?

Al fondo de lo ignoto para descubrir lo nuevo!"

Esa necesidad de arrancarse de la futilidad del mundo puede ser una de las tantas vías para lograr la redención. Llegar a lo desconocido quizás una opción más gratificante que la misma realidad. Cito a Eliot para establecer el nexo comparativo:

"Descender más, descender sólo

Al mundo de la perpetua soledad,

Mundo que no es mundo, sino eso que no es mundo,

Oscuridad interior, privación

Y carencia de toda propiedad,

Disecación del mundo de los sentidos,

Evacuación del mundo de la fantasía,

Inoperancia del mundo del espíritu;

Este es el único camino..."

Ese descenso, ese "único camino", no es más que el mismo sentido reflexivo que Eliot buscó en sus Cuatro Cuartetos, que se asemeja en cierto modo a la inquietud de Baudelaire por llegar a lo desconocido para encontrar una salida. En los siguientes versos de Eliot el nexo con Baudelaire se hace más evidente:

"Para llegar a lo que no se conoce

Hay que ir por el camino que es el de la ignorancia.

Para poseer lo que no se posee

Hay que ir por el camino del desprendimiento.

Para llegar a lo que no se es

Hay que ir por el camino en que no se está."

Como he señalado desde el principio, el poeta ha visto dentro de su producción literaria una alternativa sobre la cual puede llegar simbólicamente a esa utopía que en la realidad es imposible alcanzar: la paz. Esta comparación que acabo de establecer entre estos dos poetas no deja de ser importante, mucho menos aún, cuando el mismo tiempo se ha encargado de demostrar la fragilidad que por antonomasia le concierne al hombre cuando éste se encamina hacia un futuro incierto, tema que sin duda alguna preocupó tanto a Baudelaire como a Eliot. En el mismo poema "El viaje", aquel señaló que hay que "burlar al vigía, al funesto enemigo, ¡El tiempo!", el cual es el mismo tiempo que Eliot transformó dentro de los Cuatro Cuartetos para canalizar al lector e incluso a sí mismo hacia la luz.

25 feb. 2008

El cuento número trece


Un libro cautivador y que te engancha desde el principio. Las historias del pasado y del presente se van imbricando para llevar al lector a un final que jamás resulta tan obvio. El Cuento número trece está lleno de misterios y logra ese efecto de viciarnos por seguir leyendo más y más para saber qué sucede con las historias y sus personajes. Otro punto interesante que merece destacarse, es el hecho de que todo comienza por la pasión literaria, por el amor a los libros que uno de sus protagonistas manifiesta a lo largo de todo el relato. El personaje incita a la lectura, provoca, da gusto ver cómo su interacción con los libros se transforma en motivo de vida. Ganas de leer es lo que nos deja El cuento número trece para revelar todos los secretos que Diane Setterfield plasma en su obra.

Yendo un poco más allá, llegué hasta www.thethirteenthtale.com y vi cómo hasta el mercadeo de un libro se ha vuelto importante para darle más información a sus potenciales lectores, no sé si logrando o no sus objetivos en el caso de este libro, pero sí al menos para hacerlo más atractivo. A mí me gustó, tanto el libro, como la web referida.

Miedo, pudor y deleite


Con un verdadero placer me devoré Miedo, pudor y deleite. Las miserias y los desencantos de una pareja como muchas otras cobran vida a través de la letra de Federico Vegas. Una novela sin máscara alguna y que nos pone en frente de nuestras narices las tristes verdades que nos deja, tanto el amor, como el desamor. Los contrastes que arquetipalmente nos diferencian a hombres y mujeres ante cualquier relación de pareja, son el sustento de cada capítulo sin mediar en sutilezas de ningún tipo para explicarlo. “Cualquier hombre que dejas solo en un apartamento, a la semana ya está mal afeitado, mal comido; unos cuantos días más y el apartamento huele a perrera. Las mujeres en cambio, somos como los gatos: sabemos cuándo y dónde lamernos”. El delicado límite entre el amor y la amistad, un viaje a la madre patria y unas cartas que se transforman en guía turística, marcan el camino de un matrimonio que desde el principio vivió entre las dudas.

Caleidoscopio de la semana pasada

Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir / la caravana en harapos de todos los pobres…

Silvio Rodríguez en Canción en harapos

El epígrafe hace eco con el final de esta crónica.

Día lunes, el vuelo 306 con destino a Porlamar parte a las 13.30 Por aquellas cosas muy caraqueñas –pensé en adjetivarlo “caraqueñiles”- parto temprano de mi casa para evitar cualquier contratiempo. En Caracas es muy normal que cuando un pájaro mea desde su vuelo, se congestiona la autopista y no aparecen nunca a tiempo los funcionarios que tendrían la noble tarea de secar el ovíparo líquido renal. Debo destacar que tuve mucha suerte de partir dicho día porque estando ya en mi destino, leí en la prensa nacional el día miércoles, que un grupo de transportistas decidieron trancar el viaducto, the reload trocha o como se le llame, que comunica a la capital con el querido estado Vargas, para reclamar ajustes tarifarios, lugar este que después de casi diez años aún se ven los vestigios de aquel nefasto desastre natural y que evidencia la ineptitud de nuestros gobernantes. La gente que debía viajar por avión desde el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, no viajó señores, así de simple.

Lo cierto es que a las 10:00 ya estaba instaladísimo en el aeropuerto, desayunado, con la prensa y un buen libro en mano para combatir a Cronos y sus maléficos segundos que se tornan horas. Veo partir un avión de Air France que minutos antes estuvo estacionado al lado del modesto DC-9 que me llevaría a Margarita. Parecía una hormiguita al lado de ese monstruo francés. Luego parte un avión que aún no está en las grandes ligas a juzgar por sus siglas “A.A.” Mi lectura es interrumpida por un niño de escasos 4 años que grita en idioma extranjero “Grandma….grandma”, mientras le arrancaba los pocos cabellos que tenía su “grandpa”, el cual hacía las veces de caballito gringo. “Que alguien calle a ese niño” dice la señora que está a mi lado. Complementa el comentario diciendo “Ya tiene más de una hora gritando”. Esto último me satisfizo, lo que quiere decir, que estuve inmerso en mi lectura, hermético a todo aquello que estuviera fuera del libro.

Llega la hora de la partida y el parlante “no dice na’”, “naíta”, sobre el vuelo 306. Parten aviones de otras líneas y noto que todo el grupo que está de mi lado, al cual pertenezco, mira con envidia a los pasajeros que sí parten. Son las 14:00 y nada; las 15:00 y nada. La situación comienza a ponerse intensa con los pasajeros que justamente comienzan a reclamar. Un turista argentino, con su esposa y sus dos hijas teenagers le gritan de “pelotudos” y demás a los chicos identificados con la línea aérea, no porque tengan culpa, realmente ellos no la tienen, sino por la indolencia de sus caras ante la desesperación de todos. No dicen nada, se miran, ponen caras largas y amagan hablar por el radio truncking con alguien también fantasmal.

Una señora inicia su reclamo con unos gritos fenomenales que hacen callar al gringuito de ojos azules y cabellos de sol. El barullo enmudece para darle paso a esta señora que grita “estoy perdiendo el funeral de mi sobrino”. Al menos que fuera una excelente actriz, la cosa pintaba muy real por su vestimenta: negra de cabo a rabo.

A las 16:00 se me acerca un señor de aspecto afable, portaba una boina. Me pregunta si estábamos haciendo la cola para abordar el vuelo de las 16:30 con destino a Margarita. Con lujos y detalles le explico lo que sucede y le digo que con suerte él sí partirá a su hora, puesto que desde las 14:00 nos prometieron que partiríamos a las 16:30

Pues negativo, el vuelo 306 de las 13:30 partió a las 18:00 Al mismo se unió el vuelo de las 16:30 y podrán imaginarse el berenjenal que se armó con las personas que tenían asignados los mismos puestos pero en vuelos distintos.

Ya en Margarita mientras veía cómo giraba la correa que nos traería las maletas, se acercó el señor de la boina y me dijo que al menos él no tuvo que esperar tanto. Me buscó conversación y allí nos instalamos a cuentear. El hombre resultó ser un excelente pintor que venía de Caracas con un cargamento de múltiples frasquitos de pinturas, oleos pues. No fue cuento, me lo demostró y me dio su página web, visiten www.theomora.es.tl Hasta terminó dándome la cola al hotel en donde me hospedaría. Su taxista de confianza se encargó del trayecto hasta Porlamar.

La misma dejadez de siempre, abandono, desidia, niños mendigando, borrachos a pleno medio día vomitando en la Avenida 4 de Mayo, yo lo vi, no es cuento para meterle emoción a esta crónica. Un taxista me dice que ya se acabaron las prostitutas nocturnas y demás animales sexuales que persiguen los billetes verdes, esto, gracias a un esfuerzo importante del alcalde del Municipio Mariño, pero la iluminación artificial es más ineficiente que nunca, da pánico caminar por esta avenida de noche.

Mientras hacía mi trabajo, el lugar común entre las conversaciones ajenas que se colaron a mis oídos fueron las mismas que las que oigo en Caracas: no hay leche, ¿conseguiste harina, y huevos, y aceite? “Chama, en Juan Griego parece que hay..? Hasta el director de una reconocida emisora insular me comentó que no consigue lentejas. Pero, siempre hay un pero, sobra el güisqui a buen precio, golosinas importadas para matar a un diabético, aderezos exóticos desde Seul, Arroz indú high quality, incluso hasta los perfumes tienen buen precio en comparación con al capital. Pero no hay leche coño, ni de la importada.

Vuelo número “ya ni me acuerdo” con destino a Barcelona. Sale puntual, a su hora: ¿me habré montado en el avión correcto? Este efímero vuelo es de apenas 15 minutos. Cosas de la tecnología, el Ferry Express tarda 2 horas en cruzar el charquito. Debí esperar 30 minutos para encontrarme nuevamente con mi compañera: la maleta.

Puerto La Cruz: calor del bueno, el tráfico como el de Caracas, pero el mar allí en frente, majestuoso, emanando el fragante salitre. Una inmensa cruz color azul me guiña un ojo a la distancia, mientras la veo de soslayo desde el taxi que me llevará a mi primera reunión. Todo transcurre en la más abominable normalidad –menos mal. Charlo inútilmente con el taxista para darle movilidad a mis cuerdas vocales, las distancias aquí son un poco más largas que en Margarita y las colas dan tiempo suficiente para charlar de deportes, política y corrupción, bueno es lo mismo. A nadie le gusta el fútbol, quería charlar con alguien sobre el empate entre Maracaibo y Boca. Aquí todo es béisbol, qué más da, también me gusta pero menos que el fútbol.

Por fin me voy a casa, bajo a desayunar y me consigo con un festival de camisas rojas rojitas, revolucionarias, o robolucionarias como dicen por ahí. No con asombro veo a los revolucionarios del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela). Sus contexturas no se parecen a la de los revolucionarios de la Sierra Maestra: aquellos eran famélicos, barbudos; éstos, son gordos, hinchados, turgentes, comiendo como reyes en este hotel de semi de lujo. La crítica no es por la comida, lo ideal sería que todos se sentaran a comer como ellos, como hice yo. El tema es que esa revolución de la cual tanto se ufanan en alabar es de unos pocos o de unos tantos, de los que están enchufados cual rémoras recibiendo sus favores, sus migajas tal vez. Por esto y mucho más el epígrafe.

¡Susto, entro en shock! “Jason, Jason…” Dios santo, alguien del proceso me conoce, me está llamando desde el lobby del hotel. Exhalo profundamente, no es conmigo, pero alguien que lleva franelita roja del PSUV también usa mi nombre. Como dirían algunos familiares y amigos: qué raya!

Aeropuerto Internacional General José Antonio Anzoátegui. El vuelo sale a las 10.50 haciendo escala otra vez en Porlamar. Llego a las 9.30 No hay un solo pasajero en la cola de Aeropostin (Aeropostal), no hay ni siquiera alguien del otro lado del mostrador chequeando a nadie. ¿Me equivoqué de día? No, no me equivoqué, es hoy. Pido asistencia y llaman por los parlantes a alguien de la línea aérea. Aparece una persona que me trata con cordialidad y me dice: Señor, el vuelo fue retrazado, ¿nadie lo llamó por teléfono? Saldrá a las 12.45… Y digo dentro de mí: si sale!

Heme aquí, para variar escribiendo en una sala de espera del aeropuerto y evitando que el curioso de al lado que lanza miradas a ráfagas me plagie esta fabulosa crónica –qué modestia. En fin, de aquí al posteo de este relato de seguro habrá más. Espero que no. Viernes 22 de febrero, 10.45, coffe time!

PD.

(Lunes 25/02/2008)

Pues sí hubo, y mucho más, pero en resumen: salí a las 16.30

14 feb. 2008

A reirse con Andrés Barrios




Tuvimos el gusto de tener en Librería Sónica al poeta, músico, pintor, cantante, ebanista, alfarero, caricaturista, cocinero, mecánico, buhonero y amigo Andrés Barrios. Les recomiendo leer sus Poemas Tomados. Aquí les va una muestra de su contenido.

El zancudito de ojos azules

Reía la niña en aquel rincón,
vestida de encajes y tules,
pues había estripado sin compasión
a un zancudito de ojos azules.

El pobre bichito
volaba ese día
zumabando canciones
de mil melodías.

Llevaba en su alita
un canasto de lana
con sangre fresquita
de venas humanas.

-Mi novia me espera
mi novia me ama,
le llevo tres peras
y cinco manzanas-.

Enamorado el muy pendejo,
distraído seguía volando
sin darse cuenta que, a lo lejos,
la cruel muchachita lo andaba cazando.

Y de un solo carajazo!
con sus mugrientas manecitas,
de aquel cerebrito escaso,
sólo quedaron manchitas.

13 feb. 2008

Le poète maudit



Resulta contradictorio hablar de Baudelaire como un poeta moderno. T. S. Eliot, incluso, en una oportunidad señaló que "fue el primer poeta moderno en todas las lenguas." Digo contradictorio porque es allí, en esa modernidad, de donde Baudelaire proyectó su obra y de donde sin duda alguna germinan los diversos temas que se le adjudican a su trabajo literario a pesar del rechazo que sentía por ese mundo moderno, es decir, ver al poeta inmerso en esa sociedad no implica una adhesión a ésta, sino más bien, un constante repudio hacia sus componentes. La búsqueda de una redención fue quizás el objetivo primordial que impulsó a Baudelaire a trabajar sobre temas que muchos calificaron como "macabros". Pero de esa oscuridad, de ese extraño placer por lo tenebroso, quiere llegar a la luz.

No pretendo encasillar la diversidad de temas que pudieran dilucidarse de Las Flores del mal como de los Pequeños poemas en prosa, sino más bien demostrar la capacidad polisémica que estas obras envuelven, de colocar al lector ante esa ambivalencia que sugiere una necesidad de catarsis en el poeta. Quizás en algún momento me aleje de los temas que por convención son reconocidos en la obra de Baudelaire, pero esto a su vez demostrará la variedad temática que subyace en su poética.

La imaginación que Baudelaire imprimió a su obra incita a un ir y venir de ideas, de subir a la belleza misma de la palabra, como a descender hasta lo más oscuro de un abismo. Esa combinación de sentidos se reconstruye sobre sí misma, sobre los extremos a los cuales estamos expuestos con sus obras. Podemos hablar entonces de la variedad de los temas que el poeta abordó, de esa diversidad de imágenes que produjo. Da la impresión de que Baudelaire, ya seguro de todo lo que iba a escribir, en el primer poema de Las Flores del mal ("Al lector") advierte de una manera muy abierta cuáles son los verdaderos epicentros que mueven al hombre en su interior, incluso lo presenta como un títere incapaz de moverse por sí mismo:

"¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!"

Esta imposibilidad de controlarse, de ser dueño de sí mismo, da paso a las fuerzas negativas que el mismo Baudelaire en algún momento sintió, pero él reconoce su debilidad, se incluye en ese mundo funesto que percibe a su alrededor. En este poema se inclina hacia un solo lado de la balanza: al lado negativo. Podríamos decir que hace de "Al lector" una apología de cómo las fuerzas malignas manipulan nuestros sentidos, y es quizás la franqueza misma de Baudelaire lo que le permitió llegar a tal acierto en este poema. Somos peores que esos terribles animales que señala, pero que en un determinado momento despiertan en nuestras entrañas, en la misma médula del alma:

"Lector, tú bien conoces al delicado monstruo,

-¡Hipócrita lector -mi prójimo- mi hermano!"

Ya Eliot citó estos dos últimos versos en "La tierra baldía" en donde la ciudad fue metamorfoseada como un infierno, el mismo que redunda en la enunciación total de "Al lector" .

Baudelaire buscó de una manera distinta la belleza en la poesía, por ello no resulta fortuito que los ejes temáticos de sus obras fuesen tan excéntricos. Para él la liberación del alma tenía un fin expiatorio, y para llegar a este nivel, tuvo que hallar ese carácter estético en lugares donde otros jamás habían imaginado belleza alguna. Por ello el poeta a través de sus versos logra tocarnos más adentro, en ese punto más humano. En todo caso lo que intenta es encararnos con la esencia de lo oculto.

En el poema "El albatros" Baudelaire presenta a este animal en su aspecto de ingenuidad, en su incondicionalidad por acompañar a los navegantes, para luego mostrar la inconsciencia misma del hombre al maltratar a esas aves. Del extremo de la nobleza del albatros pasamos al carácter destructivo del hombre, estableciendo con esto, una comparación simbólica entre el poeta y el ave, los cuales están a merced de las fuerzas devastadoras del mundo:

"El poeta es igual a este señor del nublo,

Que habita la tormenta y ríe del ballestero.

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío

Sus alas de gigante le impiden caminar."

La importancia que gira en torno al trabajo de Baudelaire subyace en el aspecto de la universalidad de sus obras, en esa que algunos críticos han llamado el aspecto cosmopolita de su contenido. La maldad vista desde el lado de la maldad, y ésta, vista desde el lado de la belleza, es uno de los tantos puntos que se adhiere a ese aspecto universal. Encontramos en el poema "La cabellera" la sensualidad del poeta, la belleza de la palabra que apunta a la sinestesia de los sentidos, a los aromas que embriagan al autor hasta la perdición:

"En las últimas hebras de esas crenchas rizadas

Confundidos, me embargan los ardientes olores

Del aceite de coco, del almizcle y la brea."

Esas bondades gratificantes son contrapuestas con la "mujer impura" del poema, con esa que necesita "morder un corazón". El reproche llega a su nivel más alto cuando le pregunta:

"¿Cómo no te avergüenzas? ¿Todavía no viste

En todos los espejos decrecer tus encantos?"

La belleza perdida que a ese nivel puede ser destructiva es lo que reclama el sujeto lírico del poema, indicando además, lo efímero de ella por ser "un poder prestado" que se pierde en el transcurso de los años. Es pertinente hacer el comparativo con el poema "Un hemisferio en una cabellera" incluido en los Pequeños poemas en prosa. Aquí los temas siguen siendo los mismos y las imágenes similares: el cabello, los mares, el pañuelo; además de las sensaciones aromáticas:

"(7)En la ardiente hoguera de tus cabellos, respiro el olor a tabaco mezclado con el opio y el azúcar; en la noche de tus cabellos, veo resplandecer lo infinito del azul tropical."

Las diferencias que pueden destacarse entre estos dos poemas son: en primer lugar, su estructura formal; en segundo lugar, la sonoridad de la prosa que evoca cierta construcción musical, en donde el ritmo lírico es superior al poético; y tercero, este último poema carece de esa negación que sí se marca en "La cabellera". Esa negación quizás no se siente en "Un hemisferio en una cabellera" porque ya está dada de antemano, es decir, este poema y en general los Pequeños poemas en prosa son como una extensión de Las flores del mal.

Otro aspecto que me gustaría señalar en la obra de Baudelaire y por ende en el movimiento simbolista, es el de la música o el de la musicalidad en la poesía. Dicho movimiento tenía entre sus principales objetivos, tomar de la música aquellas características incorporables a la construcción literaria, algo así como rescatar de la música lo que posiblemente también le pertenece a la poesía. Diversos autores ya han señalado la importancia y lo útil que resulta para los poetas tener ciertos conocimientos musicales, entre ellos T. S. Eliot:

"Creo que los poetas pueden beneficiarse mucho estudiando música: no sé qué nivel de conocimientos técnicos es conveniente, porque yo no poseo tales conocimientos. Pero creo que aquello que dentro de la música toca más de cerca al poeta es el sentido del ritmo y el sentido de la estructura."1

(1- T. S. Eliot: Sobre la poesía y los poetas ("La música de la poesía").Editorial Sur. Buenos Aires. 1959.p.p.32)

Para ejemplificar veamos el poema "Invitación al viaje" de los Pequeños poemas en prosa. Aquí, como en otros poemas, noto ese ritmo de vaivén que insinúa el poder métrico de los versos, en donde la significación de éstos, se van marcando equitativamente con formaciones sincopadas. Recordemos que la síncopa es un sonido que se construye en un tiempo débil y se prolonga hasta un tiempo fuerte. Esto ayuda a sentir en la prosa de Baudelaire ese fluir lírico que se va yuxtaponiendo sobre los versos como en compases musicales:

"¡(22) Sueños, siempre sueños! (23) Y cuanto más ambiciosa y delicada es el alma, más los sueños lo alejan de lo posible. (24) Cada hombre lleva en sí su dosis de opio natural, renovada y secreta

sin descanso, y, desde el nacer hasta morir, ¿cuántas horas llenas

de fruición positiva podemos contar?"

Puede notarse la melodía casi misteriosa que se sobrepone al inicio de cada verso, la cual marca un ritmo particular que se extiende después de cada punto. Es permisible señalar, además, que toda la cita anterior funciona como un todo que se reconstruye sobre sí misma. En ningún momento necesitamos de los versos anteriores para contextualizar lo que allí se expresa. A pesar de ser versos que pertenecen a un poema en prosa más amplio, captamos no algunos enunciados aislados, sino más bien, una enunciación general que se genera de la estructura misma de dichos versos.

Del mismo ejemplo anterior se aprecia la voz autorreflexiva del poeta, casi confesional de sus pensamientos. El alma de Baudelaire es "ambiciosa y delicada", por ello mismo ve mermadas las esperanzas de llegar a sus "sueños". De aquí surge esa insatisfacción del poeta, la cual transmite a través de sus palabras, es decir, queda una leve idea de lo que quería mostrar o por lo menos con ganas de llegar más allá de la significación que a priori se capta de tan especial "invitación". Jean Moreás indicó con mucho acierto en su Manifiesto al simbolismo que el "arte simbólico estriba en no llegar nunca hasta la concepción de la idea en sí", por ello falta algo final para concretar la idea que revoloteó en la imaginación de Baudelaire. Para llegar a ese punto hay que aceptar la propuesta que nos dejó el poema "El viaje" de Las Flores del mal:

"Al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo".

El temor a la modernidad también influyó en la obra de Baudelaire. Todos los aspectos destructivos del mundo fueron utilizados por el poeta para llegar a la pureza de sus ideas. Esa terrible ambición por la decadencia, esa negación de la belleza, no estriba directamente sobre dicho sentido, sino al que se le opone en su totalidad, por ello "al hacer el Mal conscientemente y por su consecuencia en el Mal, Baudelaire da su adhesión al bien".2 La humanidad en su totalidad va en sentido opuesto hacia el progreso, es decir, se dirige a su propia destrucción. Al poeta lo atormenta ese sentimiento de que todo está perdido, como es de notarse en el poema "Lo irreparable" :

(2- Sartre, Jean Paul (Trad.: Aurora Bernárdez): Baudelaire. Editorial Losada. Buenos Aires. 1957.p.p.49)

"¿Podemos sofocar al cruel remordimiento

Que pulula, se agita y vive

Nutriéndose en nosotros como larva en el muerto

Como hormiga en el árbol?...

Lo irreparable roe con sus dientes malditos

Nuestro mísero espíritu..."


Si bien Baudelaire sabe que es imposible escapar de esa angustiosa realidad, por lo menos trata de encontrar la manera de huir de ésta. El sabe cuál es el germen destructor que lleva la humanidad en sus adentros porque también forma parte de ella. Siento una especie de carácter confesional al identificarse el poeta mismo en el "nosotros". Dicha característica que también he señalado anteriormente como autorreflexiva se hace más evidente en los Pequeños poemas en prosa y una de las maneras que halla para escapar del exterior que lo atormenta es regodeándose en la soledad que brota "A la una de la madrugada":

"(1) ¡Por fin solo!. (2) Ya no se oye más que el rodar de algunos coches de punto rezagados y agotados. (3)Durante algunas horas,

seremos los propietarios del silencio y tal vez del descanso. (4) ¡Por fin se fue la tiranía del rostro humano, y ya no sufriré sino por mí mismo."


Ese "tal vez" ratifica el estado de insatisfacción inherente a Baudelaire, a ese espíritu insaciable que siempre buscó la paz interior. En esa hora tan avanzada de la noche, no sólo trata de evadir la realidad del mundo, del progreso, sino también, librarse de sí mismo, por eso reconoce con toda franqueza que el dolor que lo embargará a esa hora será el suyo propio y no el de los demás.

Todo el simbolismo que ofrece la obra de Baudelaire es producto de la "exteriorización unilateral del estado de ánimo interior"3 del poeta, con lo cual busca esa liberación espiritual que siempre quiso proyectar en sus poemas. Algunos estudiosos ven en ese simbolismo un estilo alegórico, que en todo caso, va en la misma dirección que aquel, la cual gira en torno a un deseo incontrolable por llegar a "lo desconocido" para poder redimirse. Sartre opinó que Baudelaire tenía un gusto inclinado por disfrazar las cosas: su espíritu, su cuerpo, todos y cada uno de los personajes y situaciones que en su poética utilizó, pero con un propósito unívoco que sugiere la purificación del mundo y del estado inconforme del poeta.


(3- Balakian, Ana: El movimiento simbolista. Ediciones Guadarrama.Madrid.1969.p.p.53)

Sé que omití poemas, que para efectos ejemplificantes, son de gran importancia en la obra de Baudelaire, bien sean de Las Flores del mal o de los Pequeños poemas en prosa, pero ello tampoco quiere decir que los poemas mencionados no tengan el mismo valor. En todo momento pretendí demostrar aspectos relevantes y característicos que me ayudara a centrarme en un mejor entendimiento de la temática que abordó Baudelaire, sin embargo, este intento por descifrar las ideas que dejó en sus obras, me comprueba una constante ambivalencia de las mismas y de la continua bifurcación que de ellas se generan.

Así, me apego a la teoría de Jean Moreás acerca del simbolismo que mencioné anteriormente, como a la analogía que Ana Balakian consigue entre la imagen mitológica de Tántalo y la insatisfacción propia del espíritu Baudelairiano, la cual es absorbida por el lector a medida que se adentra en la pluralidad de las imágenes que el poeta construyó de esa "nada", de esa oscuridad, de su constante negación hacia la sociedad, el progreso y de sí mismo.

PD. La selección de la música se la debo a mi amigo César Segovia del blog http://cesarsegovia.blogspot.com quien pudiera explicar mejor la "estridencia" que él mismo halló entre Hendrix y Baudelaire

Hoy no quise ser el eslabón perdido...


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