30 jul. 2009

Andrés Eloy Vs Ramos Sucre


Hay ciudades que se niegan a morir o siendo más implacable, que nunca llegaron a serlo. Espacios que por más que se esforzaron en alcanzar cierta urbanidad, no pasaron de estar atrapados en la densa neblina de lo rural, lugares detenidos en el pasado que rememoran en el presente los pasos de un progreso que llegó torcido, que nunca se aprovechó o que pasó de largo. Esto aplica a muchas ciudades del país, y como venezolano que soy, creo que tengo le derecho de decirlo sin máscaras y con una profunda tristeza. Hablo del caso particular de Cumaná, capital del Estado Sucre para mayor referencia (de vez en cuando algún amigo de otro país me lee, por eso el comentario geográfico).


Si partimos de los elementos más fundamentales de la economía de un estado, conseguimos que en Cumaná el turismo debería ser bandera, punta de lanza y fruta madura para el consumo humano, si me permiten la imagen. Para todos los que conocemos medianamente el país, y Sucre para ser más específico, sabemos que sus playas son de las mejores del mundo. No obstante y a pesar de esta bendición de la naturaleza, el turismo no ha sido aprovechado como sí lo han hecho pequeñas islas tales como Curaçao y Aruba tan cercanas a Venezuela, en donde la atención y las infraestructuras hoteleras, entre otras, nos superan en términos escandalosos. Caemos nuevamente en el lugar común: la gente esto, la gente aquello. Es así. A nadie pareciera importarle cuidar un poco lo que tiene, aunque sea con algo tan tonto –para algunos –como recoger los restos de lo que se consume a la orilla de una playa.


Pero volvamos a la ciudad. Si esto sucede en las playas de la entidad sucrense, que se supone que son el lugar predilecto para el disfrute y esparcimiento de propios y ajenos, qué puede esperarse para otras fuentes de turismo que no impliquen bronceador, arena y agua de mar. Rodando por las calles de Cumaná se puede atestiguar, uno, el pésimo estado de la vialidad y dos, la cantidad de indigentes que pululan en las calles (ojo, y alguien que es de aquí me comentó que hay menos indigencia que antes gracias a ciertos planes aplicados por la gobernación. Bravo). Al mismo tiempo pueden verse algunas construcciones y remodelaciones que parecen perpetuarse en el tiempo, puesto que si bien es cierto que tenía más de dos años que no venía por estas tierras, nunca terminas de ver la ciudad armada, ordenada, con atisbos de un mediano progreso. Insisto que esto es lo que yo percibo y que a la vez se solapa con el comentario de habitantes de la región que opinan exactamente igual. Esto más que aliviarme por la fatídica coincidencia en el sentido de no haberme equivocado, lo que hace es causarme frustración como venezolano.


Después de los compromisos de rigor pude ir a dos lugares pendientes en mi agenda personal, por ello en parte todas las líneas anteriores. Entré a la casa natal de Andrés Eloy Blanco, uno de los mejores poetas y escritores de Venezuela. Me impresioné por la historia, por los objetos, por las estupendas fotografías como huella indeleble de lo que ha sido nuestra cultura y nuestras letras. Cómo olvidarme de esa foto en donde Andrés Eloy posaba junto a un par de amigos: Rómulo Gallegos y Mariano Picón Salas. Casi nada. Hay un largo etcétera que pudiera enumerar. No obstante, en este sentido apocalíptico con el cual me dio por escribir hoy, lo que quiero destacar es el mal estado en que está la casa, no en su fachada externa puesto que está impecable, sino en su parte interior. El piso, las paredes y un sin fin de cosas más dan lástima. Incluso observé una habitación llena de trastes, desechos, porque no tiene otro nombre, en donde había cualquier cantidad de cuadros, pinturas, que de seguro alguna vez fueron parte de la decoración. Quién controla esto, quién tiene la noble tarea de darle vida a una casa que hoy pudiera ser un lugar de interés para muchos, en términos históricos, culturales y turísticos. Por qué no se le ha dado el trato merecido a este lugar que vio nacer a un ilustre venezolano de las letras. Estas interrogantes me retumbaron mucho más en el pensamiento, cuando al lado de la casa del referido poeta, está la rimbombante gobernación del Estado, que de seguro e intuyo puesto que no entré, ha de ser una tacita de plata.

Más allá, en sentido hacia la iglesia Santa Inés, a penas a una cuadra de distancia, está la casa Ramos Sucre. Por fin pude entrar a la casa de nuestro ilustre suicida, poeta fundamental para la historia literaria venezolana. Aquel lugar es un oasis en medio del sofocante clima cumanés. Es perfecto para hacer memoria y cuenta de lo que fuimos y somos hoy día como venezolanos y de acercarse en un viaje imaginario al mundo que rodeó al poeta José Antonio Ramos Sucre. Esta casa, a diferencia de la de Andrés Eloy Blanco, está finamente cuidada. Cada detalle, cada baldosa en el piso, fotos, muebles y un sin fin de cosas más, están

embalsamados por la magia del lugar y el cuidado evidente de quienes allí trabajan. La cama en donde nació en la misma posición de hace más de un siglo; el closet de casi dos siglos que le perteneció a su abuela y la foto de la mujer que desbordó pasiones en el poeta y sentidos poemas están en esta casa. Esto ya justifica la visita aunque hay muchas cosas más.


Ahora, la pregunta de rigor: por qué la casa Ramos Sucre luce intachable con respecto a la de Andrés Eloy; por qué en una se nota el esfuerzo y el cariño por preservar la memoria de un poeta como elemento enriquecedor de la historia y la cultura de un país y en la otra no. Aclaro que no es que se esté cayendo a pedazos la casa del creador de Píntame angelitos negros, no. Es que después de entrar a la casa Ramos Sucre la diferencia y la comparación es inevitable. Por ello hablaba del tema turístico, puesto que son un par de lugares que aún no han sido explotados como se debería y porque en palabras de alguien que allí trabaja y que prefiero omitir su nombre, me dijo “esto se lo pasa solo”. Es decir, que casi nadie va, uno que otro estudiante y uno que otro loco como yo que viene a enterarse un poco de la historia literaria del país. Tan es así el tema de la poca planificación turística en el Estado, que un imponente castillo ubicado en las alturas de Cumaná, construido posiblemente en el siglo XVII, estaba vacío, cerrado, cadenas de por medio en plena época vacacional y ni siquiera tenía una placa que dijera el nombre del castillo, al menos no en su interior. Puede inferirse que hasta eso pudieran robarse. Por fuera se aprecian algunas ergástulas, las mismas que empleó Ramos Sucre en su imaginario poético tal vez inspirado en éstas y sentir el olor del mar mientras los viejos cañones siguen apuntándole a filibusteros ya fantasmas.


Para terminar como hecho curioso, dicen, cierto o falso pero hermoso, que todas las mañanas la cama del poeta amanece con un delicado y fresco rocío sobre las sábanas blancas como muestra de su eterna visita al lecho y a la cama que lo vio nacer. Hay muchas cosas por hacer en esta tierra, en esta ciudad, y una de ellas es rescatar la memoria de quienes fueron nuestras primeras voces universales.


A manera de post escrito, un corolario irresistible:

Todo lo anterior lo escribí la noche previa a mi retorno. Me pareció que cerrar con la frase “primeras voces universales” quedaba de perla, pero como a mí me persiguen ciertas situaciones a donde quiera que vaya, no puedo dejar de contarles que, y atendiendo al orden de ideas en el plano turístico, que en el Aeropuerto “Internacional” Antonio José de Sucre (las comillas van con la mayor sorna posible), no funciona el aire acondicionado. ¿Pueden imaginarse el deslave sudorífico que emanábamos todos los allí presentes? Sí creo, háganlo. Hay que llegar mínimo dos horas antes para hacer los respectivos chequeos y se podrán figurar aquel sauna inmenso. Qué inhumano trabajar bajo esas condiciones y ofrecer una sonrisa a los viajeros, cuando la ciudad arde a la sombra a treinta y seis grados centígrados. Lo crucial es que ya son “ventiun días sin aire acondicionado” tal como me dijo el señor que amablemente me atendió en el restorante. ¿Esto es turismo? No me joroben.

-Consomé de guacuco y luego un pargo frito con ensalada, arroz y tajada, barato…

-Entrar a la casa Ramos Sucre, totalmente gratis…

-Vista de la bahía cumanesa desde el castillo, espectacular…

-Un aeropuerto con aire acondicionado, no tiene precio…

27 jul. 2009

10 espejos de Meneses


En el proceso de relectura que hiciera recientemente de El falso cuaderno de Narciso Espejo, me hallé con subrayados que hice hace mucho tiempo y que hoy compartiré en estos escombros. Acercarse nuevamente a la obra de Guillermo Meneses siempre deja un grato sabor en la memoria a través de su magistral narrativa. Es mantener viva la palabra de un venezolano ilustre de las letras cuya prosa desborda luminosidad y fino estilo. El trabajo de este notable narrador será siempre fundamental para todos los amantes de las letras nacidos en Venezuela y una ventana extraordinaria por medio de la cual amigos de otras latitudes puedan aproximarse al “cronista de Caracas” como también se le conoce.


Diez subrayados extraídos de El falso cuaderno de Narciso Espejo.


  1. Soy, en cierta manera, escritor. Digo en cierta manera, porque no es la literatura actividad de la cual derive mis medios de subsistencia; ni siquiera he logrado esa aldeana seguridad que produce la pequeña gloria formada por las favorables opiniones de la ciudad donde hemos nacido.

  1. He negado la imagen de Dios manchada de humanas apetencias igual que he negado el místico ímpetu de ascensión hacia lo divino apoyado en podrida materia. Temo frecuentemente que fango y misticismo continúan acompañándome.

  1. En esto me parezco a otro amigo –José Vargas– contra el cual, además, guardo definidos rencores, por actos que no tengo por qué relatar aquí.

  1. Solterón, escritor en cierta manera, comentarista de la obra ajena, los movimientos de mi razón y de mi sentimiento se corresponden en un pequeño mundo fabricado a mi medida, sin precisa relación con esa serie de apariencias a las que llaman realidad.

  1. Toda falsificación supone un original, interesante –entre otras razones– porque mereció corrección y engaño.

  1. Al menos los labios de Narciso se movían como si dijese secretos de amor sobre la piel del agua.

  1. Los sueños son los espejos del futuro.

  1. Bien podía ser lo cierto que fuera yo el chico que nació en el pesebre de Belén, con derecho a ser adorado por todas las gentes del mundo.

  1. El cambio de la palabra en los juegos de la sintaxis. Me parecía que podía tocar el fino movimiento de las preposiciones en sus ataques contra el sustantivo, cuando lo hacían cambiar de lugar, de tiempo y metían dentro de él o corrían a su lado o se apartaban en lejanía.

  1. Sí. Yo había escuchado muchas veces esos razonamientos conforme a los cuales Dios era un personaje capaz de valerse de una serie de artimañas para imponer su voluntad en el corazón del hombre y luego, cuando ya éste sentía como propios los designios divinos, el personaje sonreía sarcástico, complacido de su astucia.

21 jul. 2009

Presentación del poemario Skirlas


Gracias al poeta Frank Ziccarelli por darme el honor y la oportunidad de dar una breves palabras en el bautizo de su libro. Esto fue lo que dije:


Quisiera comenzar estas breves palabras haciendo un par de preguntas, incógnitas que siempre me asaltan cuando intento escribir, bien sea poesía u otra cosa: ¿Qué es aquello que diferencia a un poeta de un no poeta? ¿De qué herramientas se vale para subir un peldaño más dentro de la sensibilidad humana y conquistar con dicho avance, un verso, un poema –si no perfecto– al menos que satisfaga el propio yo poético? La primera respuesta que se me ocurre, aplicable a cualquier instancia en la vida, es la humildad, virtud que sin duda alguna le sobraba a uno de nuestros grandes poetas como lo fue Eugenio Montejo –para mayor referencia– y que es una de las características del poeta Frank Zicarelli; la segunda respuesta, la cual más de uno ya debe intuir y resulta más que obvia, es la palabra, herramienta temible, implacable, que una vez proferida no tiene reversa y en su alud de significados puede ser avalancha mortal para algunos o suave caricia para otros.


El poeta como entidad que transpira una imagen romántica de la vida, es un ser humano como cualquier otro, ni más ni menos. La única diferencia entre estos seres humanos, esto es, entre un poeta y un no poeta, es el oficio, el ejercicio temerario de no dejarse vencer por el cansancio mental, que en ocasiones, pudiera privarlo de fantásticas metáforas e imágenes. Esta labor, esta entrega del poeta, es un acto estrictamente devocional sobre el cual forma su estilo y su propio camino, en resumen, debería ser un gran disciplinado "en" y "por" la palabra.


Husmeando como siempre en una reconocida librería de la capital, conocí al poeta Zicarelli entre cafés y tertulias literarias. Nos paseamos por recomendaciones narrativas y poéticas hasta entrar en una confianza ganada por el tiempo y los gratos y repetidos encuentros en la misma librería. Llegó el momento entonces de leer su poemario Garabatos y de tenerlo como invitado el primer domingo del año 2009 en el espacio “Librería Sónica”, que valga decir, se transmite todos los domingos a las 11 de la mañana en Radio Caracas Radio 750 AM desde el año 2007. Este, su primer poemario al menos impreso, me llamó la atención por su forma y luminosidad, la misma que se evidencia en su poemario Skirlas, y es que, uno de los elementos que más desborda en ambos textos es su personalidad y su estilo bien definido, que en la gran mayoría de los casos, me resulta enigmático a través de su recurrente desacralización del lenguaje, en donde la lectura nos deja en un grato limbo irresuelto de imágenes, que resuenan y perduran en la memoria más allá de la lectura. En su poema “La epístola” incluido en sus Garabatos, dice:


Cuando tacho la palabra / queda el hueco / El vacío silente / El espacio único / queda en fuego omnisciente.


Ya lo decía Octavio Paz: “El silencio mismo está poblado de signos”. Ese tachar de palabra, ese hueco, no es más que ejercicio poético, es, y valga el término, la poeticidad del poema que busca autosatisfacerse como obra de arte, hecho sobre el cual Ziccarelli tiene un largo trecho recorrido, puesto que más allá de la poesía, su espíritu está enriquecido por la pintura, el teatro y la escultura, situación que, hace de su trabajo escritural una amalgama de herramientas artísticas. El arte, valga decir, es un misterio que ha trascendido a través de todos los tiempos y uno de sus principales atributos más allá de cualesquiera de sus representaciones, es la capacidad que tiene de ocultar y develar lo que transmite, lo que dice, y a la vez, de mantenerlo en sus entrañas como epicentro enigmático de significados. En el poema “Bahía postmortem” de Skirlas dice:


Para el poeta / que transporta su alma / con la cautela de los vientos / no está claro / cuando escribe de los tormentos / de la noche


Aquella tachadura de palabra que deja una vacío, “un hueco” y por tanto una incertidumbre, referida en su poema “La epístola”, halla su inevitable correspondencia cuando dice que el poeta "no está claro / cuando escribe de los tormentos / de la noche" en su poema “Bahía postmortem”. Asume y se responsabiliza del riesgo de su acto poético al transportar su alma “con la cautela de los vientos”. Como bien dijo otra de nuestras voces poéticas fundamentales como la de Hanni Ossott:

“La poesía es riesgo puesto que es alma…Todo en ella es aparentemente inconcluso, provisional, equívoco, sombrío. La moralidad no entra en ella. Por eso la poesía es amoral, carnal, sangrante, doliente…Quienes se entregan al alma y a la poesía trabajan desde la imagen del marinero que lucha en el mar”.


Para terminar, debo decir que “Skirlas” es un poemario, que más allá de alcanzar contundentes imágenes poéticas, arriesgadas en la mayoría de los casos, es un hermoso homenaje que el poeta rinde a sus ancestros más cercanos a través de sus heterónimos y me llama poderosamente la atención la recurrente presencia de dos animales: Mamuts y gatos. Tal vez y asumiendo ese riesgo poético al que se refiere Hanni Ossott, me atrevo a decir que los Mamuts están presentes por la trascendencia que pretende e intenta alcanzar todo poeta al hacer su trabajo, para dejar su huella en el tiempo, tal como hicieron aquellos mastodontes; y de los gatos por su astucia, el sigilo y la osadía, la misma que Zicarelli imprime en sus versos. Frank, en su poema “Ready made exquisito”, dice que pretende ser “un duende imaginario / que reflota / x la paz de los huesos /eso sí / full equipo". Y creo que lo logró, que es duende, y va full equipo con su poesía.

Esta cosecha de labios

La poeta y amiga Mharía Vázquez Benarroch publicó en su feisbuk un poema de mi autoría, cosa que se agradece, mucho más considerando el abultado número de ¿amigos? ¿socios? ¿seguidores? de su red social, la cual valga decir, está conformada en su mayoría por personas allegadas a las letras. Para mi sorpresa, me hizo llegar un comentario que hiciera el reconocido periodista Carlos Pérez Ariza el cual transcribo a continuación:


"Mharía, leo esto y me reconforta la poesía de un joven (supongo) que crece en el marasmo venezolano, probando que nada puede extinguir el canto supremo de un poeta..."


Para mayor referencia Carlos Pérez Ariza es Periodista y Escritor. Licenciado en Comunicación Social (Universidad Católica Andrés Bello Caracas, Venezuela), Doctor en Periodismo (UEADE/ University of Wale , Málaga - España) y un largo etcétera que pueden ver en http://www.malagaes.com/carlos_ariza/index.html

Gracias a Mharía por el gesto de publicar mi poema en perfecta combinación con un Modigliani y, claro está, a Pérez Ariza por sus palabras.


ESTA COSECHA DE LABIOS


he sembrado un beso

en el patio de tu boca

en la fosa cóncava de caña brava

donde tus ebrios soldados de marfil

le sonríen al tacto

abonando caricias en el rescoldo de tu cuello

donde sumerjo la tibia y diminuta semilla del deseo

a pico y pala de gomosas lenguas

que se abrazan en la humedad de su secreto


y comienzo la cosecha de sus frutos

desconcho la tela madura que te viste

dejando a la intemperie la tersa blancura

la firme redondez

y el misterio de tu pecho

17 jul. 2009

Primavera en Baltimore


Después de muchos años de investigación llego a uno de sus poemas, y valga decir, al último poema que escribiera el poeta Neftalí Noguera Mora antes de morir. No miento cuando digo “años”, puesto que en el transcurrir del tiempo, conseguí su más hermoso libro Alegría y llanto de Europa, el cual me di a la tarea de transcribirlo por esta vía y lo pueden leer pinchando en el tag que ven a su izquierda con el nombre del autor. Me faltan pocos capítulos para terminar con esta labor, por cierto. Este libro, que contiene sus crónicas de viaje por Europa recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, va más allá de los hechos anecdóticos y se inscribe en una prosa poética inigualable y que por razones que ya no vendrían al caso, fue quedando en el olvido de nuestras letras. Aquí, en estos escombros, podrán degustar de su palabra.

Vale mencionar que dentro de sus amistades estaban las plumas más destacadas de Venezuela, hablo por allá en los cuarenta, dentro de los cuales estaban Rómulo Gallegos, Santiago Key Ayala, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Mariano Picón Salas, entre otros. Su libro insignia está prologado por Pedro Emilio Coll y esto es lo que dice:

Caracas 15 de octubre de 1946

Distinguido amigo y compatriota:

Con encanto y admiración leo las crónicas viajeras que viene publicando en El Nacional, con el título de “Alegría y llanto de Europa”. A mi entender, ninguno, en su generación, le supera hoy en ese género literario. Limpidez y gracia del estilo, fina y profunda emoción del paisaje, delicada visión de los seres que encuentra en su camino, todo ello, para mi gusto, destaca a usted entre los mejores escritores jóvenes de Venezuela.

Con tal motivo, permita que le felicite y abrace cordialmente, su viejo amigo, Pedro Emilio Coll.


A penas fue ayer cuando llegué a “Primavera en Baltimore”, que como mencioné al principio, fue el último poema que escribió. Espero poder conseguir más poesía de este venezolano conmemorado por varios países por su labor cultural y diplomática; ver su nombre dentro de su propia poética más allá del honor que le hicieron otros escritores y poetas cuando encabezaron sus trabajos –y son varios– diciendo In Memorian, Neftalí Noguera Mora.


Primavera en Baltimore


Vespertina de abril en primavera
yo tomo el sol de Baltimore enfermo.
Hospital de John Hopkins, la ventada de
tu celda también abrióme el fuego,
porque en Ménfis ayer asesinaron a Luther
King, el manso apóstol negro.
Siempre mueren heridos de violencia
los que su corazón llevan más tierno.
Miro la tarde en la muchacha rubia hundida
en la color de los cerezos, sus corolas de
rosa en primavera que mi pasión besa
de lejos.
Yo volveré al calor porque hoy se fueron
los gélidos mensajes del invierno.
¿Llora mi juventud? No he perdido.
Sólo que acaso sienta la agonía del último
crepúsculo de olvido en la materna aldea de
mi vida.
Más si aquí florecieran mis amores, mi dulce
madre, mi mujer mis hijos, mis hermanos de angustias
y pasiones, con mi savia abonara mis plantíos.
Pero hoy mi soledad es un recuerdo de pasado,
quizás nunca vivido. El sol de Baltimore y los cerezos
en flor de primavera son testigos; y hasta
la sombrade Edgar Allan Poe quien de este pueblo
fue canción y ritmo.
Hijos, esposa, madre y mis hermanos; que en esta
primavera , San Isidro haga del hijo el fruto renovado
y alegre el corazón entristecido.

Neftalí Noguera Mora
Baltimore, Maryland, U.S.A
Abril 10 de 1968

14 jul. 2009

Tu alegría en pizzicato

mañana cumples años

no sé cuántos

ni recuerdo la fecha

pero sé que es mañana


me siento en diciembre

pero el calor me invade junio


cuántas velas tendrá tu pastel

qué canción contagiará

tu alegría en pizzicato


a qué sabrán los ebrios aplausos

que celebran tu vida


cuál será el regalo inútil

que agradecerás con sonrisas


qué vestido derretirá

tu piel en las miradas


mañana cumples años


y no sé cuántos

10 jul. 2009

El niño con el pijama de rayas


En esta ocasión comencé a la inversa: vi la película y luego leí el libro. No fue adrede. El asunto es que mi país el tema de conseguir algunos libros foráneos es harto difícil. Al punto que el libro de la gráfica me lo prestaron, no vayan a creer que lo conseguí.

Si hay un libro conmovedor, tal como la película, es El niño del pijama de rayas. Salvando los ajustes evidentes que hay del traspaso del libro a la pantalla, escenas que se omiten del original, invenciones del guionista y el director para crear el ambiente en la pantalla, ambas experiencias fueron fabulosas.



Uno de los elementos más resaltantes del texto es que John Boyne logró darle a sus personajes principales una voz propia muy particular, en especial a los dos niños protagonistas, Bruno y Shmuel (¿hace falta decirles cuál es el niño judío y cuál no?) los cuales a través de su imaginación y de sus inocentes diálogos, el lector pudiera entrar en un estado de desespero al ver la ingenuidad de Bruno, el cual ignora lo que está pasando y pareciera vivir en un mundo paralelo. Su mayor preocupación –entre otras– era que su antigua casa en Berlín era de cinco plantas, y la casa nueva, cuya vista daba a un inmenso cercado, era tan sólo de tres plantas; caso contrario a Shmuel, el niño judío que vive tras el cercado en donde el holocausto está en pleno desarrollo, que sabe lo que sucede y que halla en Bruno a un amigo junto al que emprenderá la ¿aventura? de hallar a su padre.


En esta trágica y conmovedora historia están presentes los típicos roces entre hermanos, protagonizados por Shmuel y su hermana mayor Gretel; el complejo que a tan corta edad produce la falta de estatura y ese deseo por crecer; las contradicciones y desacuerdos que hay en las familias, que en este caso, se dan entre la abuela Nathalie y su hijo Ralf, el comandante nazi, padre de Bruno: “quizás me equivoqué en eso, ¿no crees, Ralf? –le dijo–. Quizás las obras que te hacían interpretar cuando eras niño te condujeron a esto. A disfrazarte como una marioneta… cuando te veo con ese uniforme me dan ganas de arrancarme los ojos…”.


Todo lo dicho anteriormente sumado a otros elementos que les conmino a explorar, tal como haría Bruno puesto que eso era lo que más le divertía, “explorar”, hacen de esta lectura una remembranza del suceso más abominable de la humanidad, con un final espeluznante que en el libro está matizado por el tiempo y que en la película no puedo decir menos que impactante. Cierro con esta cita: “Bruno frunció el entrecejo. Pensó en la gente del pijama de rayas y se preguntó qué estaba pasando en Auchviz. A lo mejor algo no funcionaba bien, porque la gente tenía un aspecto muy poco saludable. No entendía nada, pero tampoco quería seguir mirando la mano de Shmuel…”

7 jul. 2009

Siempre fragmentos


Del poeta, librero y amigo Javier Marichal me llegó el poemario Siempre Fragmentos de Tadeusz Różewicz. Un grato hallazgo y una evocadora revelación que me hizo conocer Javier dentro de sus acostumbradas y excelentes recomendaciones de lectura.

Este escritor de origen polaco se engalana de una poesía metafórica y sobre todo dramática dada a su experiencia de vida durante la II Guerra Mundial. El estilo de sus variopintos poemas, van desde la sobriedad de su palabra para crear su imaginario poético, hasta un estado de terrible desesperación por ser testigo de los horrores de la guerra y por la propia decadencia del ser humano. Różewicz es considerando como uno de los mejores poetas polacos de la post Guerra y el año pasado estuvo nominado al NBCC (National Book Critics Circle Award) por su poemario New Poems, título nada creativo pero que lleva el peso de una vida y una trayectoria poética. Aquí una pequeña muestra.



La trenza

Cuando ya habían afeitado

a todas las mujeres del transporte

cuatro obreros barrieron

y apilaron el cabello

con unas escobas de madera de tilo


bajo los cristales limpios

yace el cabello rígido de las asfixiadas

entre las cámaras de gas

entre el cabello hay agujas para el pelo

y peines de hueso


no deja que se entrevea la luz

no lo mece el viento

no lo acaricia una mano

ni la lluvia ni unos labios


en grandes cajas

se amontona el cabello seco

de las asfixiadas

y una pequeña trenza gris

con su lazo

de la que tiran en la escuela

los chiquillos traviesos.

Museo de Auschwitz, 1948