27 ene. 2009

El capricho de tus médanos

Tus manos

alambique voraz que destila mi cuerpo

exprime los jugos con que liba su triunfo


sacramento de hambre


cáliz irredento en cueros


inclinas la mirada

para tomar el breve sorbo de mí fecundo

y en el techo das contigo misma

soberbia

recia

casi tú


multiplicada en estos minutos arrendados


lo he logrado –piensas

y no soy más que vapor a la distancia

atravesando mil desiertos en tu nombre

ondulando sobre el capricho de tus médanos

26 ene. 2009

Vitrinas


La cirugía estética ha llegado hasta los maniquíes (¿o las maniquíes?). En un mundo efervescente en donde la belleza pareciera ser lo primordial, las pálidas chicas de vitrina que sencillamente querían mostrar al público una blusa de moda o algún traje de baño bonito, con estampados de ensueño para lucir en alguna playa, ahora también se las hacen. Me sorprendió la plástica perfección con la que ahora se asoman a un 36 o 36B (tal vez más), cuando antaño no pasaban de ser maniquíes planas, con dos pequeñas protuberancias que parecían más bien un par de espinillas. No señor! Ellas también tienen derecho! Se imaginan el bochorno que pudieran sentir si las de la tienda de al lado están repotenciadas y estas no! Ahora atrapan más miradas y –por qué no- más clientela gracias a la insinuante voluptuosidad. A este paso muchas ya no usarán sostenes sino paracaídas. Qué importa el dolor de espalda, atrapar un resfriado o la mirada libidinosa de un trasnochado sexual que vendría a reafirmar el buen trabajo del cirujano. Cuando vaya de paseo a un centro comercial fíjese bien quiénes observan con detenimiento a las maniquíes en el exhibidor, disculpen, al corte perfecto del traje de baño, a los cálidos colores que adornan la tela especial para el disfrute de un día de arena y sol en la playa, al diseño exclusivo, fíjense…
En el paraíso caben todas, eso sí, con tetas. Que lo diga Gustavo Bolívar quien se nos adelantó con semejante apotegma que quedó para la historia.

23 ene. 2009

El doble arte de morir


Cuando uno lee al maestro José Balza, se entiende realmente lo que es el oficio de escribir, el de hacer de la palabra un arte. No hay adjetivo, adverbio o sustantivo que esté colocado al azar, como si alguno de estos elementos estuviera a la espera de cobrar fuerzas de la nada. El doble arte de morir es un grupo selecto de cuentos en donde una vez más las atmósferas creadas por su autor, nos va llevando por situaciones muy humanas que se expanden desde el amor más sublime y carnal, hasta la irremediable vejez de algunos de sus personajes, el suicidio, la muerte. La descripción de los paisajes también funge como un elemento conductor que ambienta, que crea tensión, que atrapa a través de la palabra precisa. La voz narrativa juega con lo que dice, con lo que transmite, con sensualidad premeditada en algunos momentos y con crudeza en otros tantos. Imposible dejar mencionar que este compendio de cuentos hacen alarde de lo que el propio José Balza llamó como “ejercicios narrativos”, ejercicios que activan y dan profundidad al pensamiento, por tanto, a la lectura.

21 ene. 2009

Mira por dónde


Este es el tipo de libro para leer sin premura. Es un libro para degustar de la sobrada inteligencia de Savater que según él mismo no es tal. Son muchísimos los subrayados y en uno de los tantos recuerdo que dice algo así como que no le gusta trabajar, que lo que le gusta es aplicarse en una actividad que lo entretenga y le dé de comer. El hombre en algún lugar asoma que está obstinado de viajar, de chácharas y demás, quién lo diría. Se bandea en la propia dicotomía de sus emociones al necesitar del reconocimiento público y rechazarlo al mismo tiempo: “Aún hoy aspiro al reconocimiento pero detesto que me conozcan, quisiera impresionar a la multitud y desaparecer de inmediato: volver a una casa en penumbra, cuya ubicación nadie sepa, y pasear a tientas por sus habitaciones recordando los recientes vítores, en silencio y descalzo. Invulnerable.”
Su juventud con la irremediable política de por medio, Franco, algún porro de marihuana, el amor, la familia, tragos de más, los libros, la escritura, su amistad con Octavio Paz y con Ciorán, mil peripecias, como por ejemplo la de quitarse “las gafas para que no se le cayesen en la refriega…y terminar yendo hacia la policía en lugar de huir de ella”. Todo esto, entre otras cosas, está presente en Mira por dónde.
El libro llegó a mis manos gracias al librero Roger Michelena (libreriamichelana.blogspot.com) que difícilmente recomiende algo malo. Discrepamos en cuanto la imagen actual que él tiene de Savater, pues me decía que está redundando sobre lo mismo. No estuve de acuerdo puesto que como filósofo al fin en qué otro mar puede nadar. No obstante, estuvimos de acuerdo en cuanto a esa especie de humildad exacerbada que se transpira en el libro y que cada quien lo notó de igual manera (bueno, es una autobiografía, no?), hecho que no le quita lo sabroso de todo lo que cuenta, de todo lo que dice, de todo lo vivido. En esta autobiografía razonada podemos ver desde una tangente, lo que ha sido la vida de uno de los pensadores contemporáneos más formidables de la actualidad.

15 ene. 2009

Lánguida premura


Condenado

al rosado pliegue de tu piel oculta


hechizo

magia


esta tu inmovilidad líquida

absorbe mis dedos


se agita

tiembla


y desata una cascada

de ajenos espasmos


ya mi lengua embiste

con perversa citología en tu deseo


sin treguas

ni escarmientos


no soy más que un trozo de carne

entre la viscosidad de tu oleaje


de tu derrota -así como la mía-

una tenue recompensa


lánguida premura de tus sueños.

Certeza


Debo tomarte como a uno de los rostros de la felicidad. Algo me indica que –por insignificante que yo sea- has de volver a mí, pronto o después. Así, hoy comienzo el aprendizaje de lo fugaz: estaré en ti cuando me acompañes. Te amaré en tu cuerpo, no en mi pensamiento. Estaré siempre dispuesto a recibirte y a no sufrir cuando desaparezcas.

José Balza en El doble arte de morir

12 ene. 2009

La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo


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En cuántas ocasiones los venezolanos hemos dicho “es que somos así”, o “ya estamos acostumbrados, qué más da” y un largo etcétera de frases que se supone que vienen a justificar nuestra dejadez, tal vez ineptitud, o mejor aún, la famosa “viveza criolla” de la cual muchos se sienten orgullosos. En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo hallamos algunas respuestas al “¿por qué somos así?”. Axel Capriles de una manera clara y entendible para todos los que no somos psicólogos, hurga como debe ser, desde los inicios de la conquista española y pasando por las cruentas guerras independentistas, para darnos una respuesta convincente a dicha pregunta. La imagen y el arquetipo del héroe, así como la del pícaro, han vivido con nosotros desde hace siglos y es por ello lo difícil y complejo que se hace deslastrarse de eso que ya forma del inconsciente colectivo venezolano. A medida que avanzaba en la lectura se me hizo imposible no resaltar las ideas que son una fotografía, un calco de nuestra realidad y como es natural, asociar lo leído con personajes actuales de nuestra política. Por ejemplo, hablando del héroe y de su aspecto mitológico y arquetipal, señala que el mismo “desprecia el empeño metódico y constante. Inepto para crear riqueza, se apropia de la fortuna de los otros mediante el asalto y la conquista. Su economía, como la del pirata, es la del saqueo y el botín”. Juzgue usted amable lector a quién se le parece dicha cita.

De igual modo se me hizo inevitable recordar dos cosas, la primera de ellas, la lectura reciente que hiciera del libro El venezolano feo, en donde su autora, afirma a lo largo de su trabajo que todos llevamos un “Chávez dentro”, que lo mejor que podemos hacer para erradicar tanto mal es terminar reconociéndolo. La reminiscencia me vino a cuenta de la siguiente cita: “Las personas, consumidas en una vida común y corriente, proyectan en el líder narcisista al héroe dormido que llevan dentro. La personalidad descollante se convierte así en la portadora de individualidad de quienes, incapaces de vivir su propia grandeza, lo hacen a través del carisma del dirigente; se enamoran y se identifican con él”. ¿No es acaso esto una verdad enorme por funesta que sea? ¿No es esto un retrato de la gran masa aduladora que ciegamente cree en las tropelías de quienes nos gobiernan? Repito, juzgue usted; en segunda instancia recordé al politólogo y humorista Laureano Márquez que en alguna de sus presentaciones dijo (¿o tal vez lo leí en uno de sus libros?), que “tuvimos la mala leche de ser conquistados por los españoles. Cómo era posible que un barco repleto de gallegos buscando fortuna en lo incierto pasara ileso por el triángulo de las Bermudas”. Las comillas son mías y son para referir la idea que va en ese orden, lo único textual es “la mala leche” y “un barco repleto de gallegos”. En fin.
En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo hallamos otros elementos que están a flor de piel hoy día en la actitud del venezolano, en su razón de ser para muchos como bastión de identidad cultural. El culto a Simón Bolívar, por ejemplo, en donde afirma que tal vez sea el único elemento que nos identifica como nación. El héroe como cosa, como objeto, por medio del cual se hace alarde de hazañas pasadas sin mirar al futuro inmediato para recomponer, armonizar y planificar un mejor mañana. Tal como lo indica el propio autor con palabras precisas: “La activación y manejo utilitario de los héroes muertos y del mito por medio de la figura del Libertador ha sido una de las más provechosas artimañas psicológicas utilizadas por las clases políticas para manipular y conducir a las masas”. La disonancia o incongruencia de la personalidad que se hace insostenible en el tiempo, la irreverencia como elemento identificatorio del héroe o de quien tiene el poder, entre muchos apartados para ahondar en la psicología del venezolano, están a lo largo de este libro que debería añadirse al plan de estudios del país, desde la primaria en adelante. Tío Conejo sigue más vivo que nunca cuando se cruza el semáforo en rojo, se le paga a un gestor para evitar trámites engorrosos, cuando nadie cede el paso en una cola, cuando en una feria de comida los comensales dejan la bandeja con los restos para que “el bolsa” que se siente lo recoja. El lema de preferir pasar por vivo que por pendejo está más vigente que nunca, que lo diga Tío Conejo.