23 feb. 2011

Soy el número cuatro

¿Lectura entretenida?, sí. ¿Bien manejada la entrega del clímax y el desenlace de la historia?, sí. ¿Siguen los vampiros chupasangre, colmillos afilados, cordeles de ajo y el terror a los crucifijos en la historia?, no. Y tal vez sea esta la principal razón que atraiga a más de un joven lector –y de mayor edad también, por qué no– para adentrarse en esta historia narrada por Pittacus Lore, cuyo pseudónimo para los terrícolas es James Frey.

El planeta Lorien fue devastado por una raza violenta después de que acabaran con su propio mundo, los mogadorianos. En su afán de conquista y buscando un lugar para vivir, terminan destruyendo también ese lugar perfecto y bucólico que tanto cuidaban los lorianos. Para salvar su estirpe, nueve de ellos fueron enviados en una especie de arca de Noé galáctica, al único planeta que podía ofrecerles condiciones similares a su entorno para sobrevivir: la tierra. Y es aquí donde comienza la aventura.

El número 4, que para el momento de contar la historia se llama John, tiene el compromiso de seguir con vida para que su linaje perdure en el tiempo. Después de haberse mudado más de veinte veces a lo largo de todo el país para salvarse y de haber cambiado su identificación igual número de veces junto a su protector, Henri, llegan a Paraíso, un pequeño pueblo de Ohio, en donde John con las hormonas propias de la adolescencia haciendo efervescencia, conoce el amor en Sarah Hart. Llegan las emociones y los típicos encontronazos con el fortachón Mark quien ve amenazada su popularidad con la llegada del nuevo extraño.

La tensión va en aumento cuando John empieza a descubrir sus legados, esos poderes que lo hacen un ser único y distinto a cualquier ser humano. Mientras esto va sucediendo, los mogadorianos van tras de él y la lucha por salir ileso se torna intensa. La ventaja que tienen sus enemigos sobre él es notable, ya que John no ha desarrollado a plenitud sus legados y los adversarios que reclaman su vida lo superan en cantidad. No obstante, recibe una inesperada ayuda de otra loriense, la número 6, quien no puede morir sin que lo haga primero el número 4 y un ausente número 5 gracias a un hechizo cósmico. También Bernie Kosar, un particular perro y mascota de John, juega un rol importante en la historia.

Uno de los mensajes camuflados con delicadeza en el libro, tiene que ver con la preservación del planeta, con la conservación de la casa mayor, esa que nos provee de todo lo necesario para vivir. Tal vez lo mogadorianos sean una proyección bastante futurista de cómo los humanos pueden terminar en medio de tanto caos y destrucción ecológica.

Volviendo a los extraterrestres: ya el primero murió en Malasia, el segundo en Inglaterra, el tercero en Kenia y ahora le toca a John. Como buena lectura perfilada hacia los jóvenes, Soy el número cuatro atrapará a más de uno. Ellos están entre nosotros, parecen humanos, pero no son. Aristóteles, entre otras grandes figuras de la humanidad, fue descendiente de lorienses. Descubra usted quienes otros también lo fueron. Cierro con esta última pregunta-respuesta: ¿Soy el número cuatro se presta a continuar en una saga? Sí, claro que sí.

1 comentario:

Icíar dijo...

Bueno, bueno, a pesar de sus magníficas letras, esta vez ... ¡no me pilla! :D