14 mar. 2013

¡ Todos vuelven, Joselolo !


Hay libros de libros. Eso de seguro lo sabe usted anónimo lector, anónima lectora, que dedica buena parte de su tiempo libre a ese ejercicio del alma que se llama leer; y si no tiene el tiempo, pues se lo fabrica como sea en medio de su absorbente cotidianidad. Cuando es publicada la antología de un autor, siempre es bien recibida porque supone que allí lo encontrará todo (o casi todo) lo publicado por ese constructor de imágenes llamado escritor. Tal es el caso de Todos vuelven de Ángel Gustavo Infante, que amén de esa clara estética de la palabra trabajada, como del manejo absoluto de los mundos que representa, la obra tiene un prólogo maravilloso escrito por Carlos Sandoval titulado “Las edades de una escritura”. Así que con semejante introducción a la narrativa de Infante, la cual abre con un cuento estupendo que lleva por nombre “La muerte del tío cosa”, no es mucho lo que puedo decir que ya Sandoval no haya diseccionado con quirúrgica calidad verbal.

En todo caso y para no pasar de largo con esta brevísima nota, hay libros que después de leídos uno llega a catalogarlo de “fundamentales”, tanto por lo que narra,  como por el consabido y vital “cómo lo narra”. Este es el caso de Todos vuelven, que de ahora en adelante se me antoja imprescindible dentro de nuestra literatura nacional; un rescate y relanzamiento que la Editorial Equinoccio hizo con este autor y su obra, que tal vez por estar envuelto en sus avatares académicos que no son pocos, no anda con excesos mediáticos y falsas posturas de divismo intelectual. Tuve la suerte de conocerlo hace casi dos años en un taller de narrativa y para entonces sólo había leído de su autoría “Joselolo”, así que la inquietud por leer más de él estaba latente, y más aún, cuando de manera generosa nos dio a cada uno de los talleristas, una edición del mencionado cuento (yo me hice el loco, por supuesto, como si nunca lo hubiera leído) aunque me decepcioné un tanto pues esperaba otro de sus textos.

Pero así son las cosas de la vida y cuando menos lo espera, Todos vuelven llega a mis manos y comienzo a devorarlo. El libro abre, como ya dije al principio, con el cuento “La muerte del tío cosa”, un texto hilarante —aunque les parezca irónico con esa “muerte” en la cabecera— que ya te da pistas de todo lo que está por venirse.  Como en toda antología, tengo mis textos predilectos, pero sólo mencionaré algunos de ellos, como por ejemplo “Gracias Gallegos”; “Claudia hablaba de André Breton”; “Ella vino a matarme”; “Milanesas de pollo”; del libro Cerrícolas muchos de sus textos, incluyendo “Joselolo” y el memorable libro Yo soy la rumba en toda su extensión: sencillamente genial. Aquí la cultura popular a través de la música, hace de las suyas para construir un mundo que de lo cotidiano pasa a lo épico. Y si de humor se trata, se halla la apología perfecta de este recurso en todo el texto. Como bien señala Carlos Sandoval en su encomiable prólogo: “Todos vuelven deviene poética del conjunto y quiere señalar el arraigo a un sitio simbólico del ser”, hecho inexpugnable para aquel que como Ángel Gustavo Infante, trabaja la palabra con la paciencia de un orfebre para lograr esto: una joya literaria imprescindible. 

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