5 ago. 2010

Politeia


Desde el principio del libro tercero de La República se percibe el gran deseo reformador de Platón. Tanto es así, que pretende reformular numerosos pasajes de La Ilíada y La Odisea, los cuales consideró no aptos para la formación de la nación y su gente, ya que se activaban los extremos del sentir humano, bien sea en la tristeza, bien sea en la alegría.


Poco a poco va surgiendo dentro de la obra la discriminación necesaria a las distintas debilidades del hombre, las cuales se presentan como elementos enemigos del alma. La “mentira”, por ejemplo, debía ser un arma utilizada sólo por los magistrados, ya que éstos como personas eruditas, la emplearían con el único fin de preservar el bien del estado, sabiendo cuándo y cómo valerse de ella. Luego aparece la “codicia” material, la cual no se podía admitir dentro de las espectativas de los guerreros porque éstos ya poseían una riqueza mayor dentro de sí: la fortaleza y la bondad para cuidar de todos. Por último, está la eliminación de la “injuria” sobre los hombres, y sobre todo, la que pudiera cometerse en contra de los dioses, logrando mayor virtud en pro de la satisfacción espíritu/moral personal y de la república, alcanzando así "la templanza" que soporta toda adversidad.


Basados en estas debilidades del corazón humano, Platón logra extraer de los discursos realizados por Homero motivos suficientes, que a su juicio, perjudican el bienestar de la sociedad naciente además de las diferentes maneras de cómo se debía tratar el discurso narrativo. Sale a relucir nuevamente dentro del texto la polémica del supuesto carácter imitativo de Homero al realizar sus cantos poéticos, porque éste se ocultaba -según Platón- bajo otra personalidad en los momentos de la ejecución; pero a su vez, reconoce que fueron pocas las veces que se presentaron aspectos imitativos en el desarrollo del discurso.


También está presente la enseñanza musical y la gimnasia como bases fundamentales para el enriquecimiento espiritual de los hombres, los cuales deberán considerar a la "tierra en que habitan como su madre " para protegerla de todo brote enemigo.


El tercer libro de La República es estupendo (bueno todo el libro), un tratado para la formación integral de la república y su gente, incluyendo además, los principios básicos de la vida militar como punto eficaz para salvaguardar a esta y cualquier otra nación. Viendo cómo están las cosas en Venezuela –y en el mundo–, esta relectura siempre deja mucho para reflexionar.

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