10 mar. 2011

La revancha del silencio

En la recién terminada década pasada y en la que está comenzando, el tema político ha calado en todos los aspectos posibles del vivir y el sentir venezolano. Con añoranza, más de uno recuerda los tiempos cuando simpatizantes de los partidos políticos con mayor predominio en la escena pública, se entregaban a la beligerancia de las ideas y luego, como si nada hubiera pasado, se daban la mano y seguían siendo amigos, vecinos o familiares. El tema político da sus ventiscas en el deporte, con sus diversos y reconocidos atletas; también en talentosos músicos de talla mundial, entre otras figuras que se me escapan. Disfrutan -aunque no todos- del apoyo del estado (cosa que no tiene absolutamente nada de malo) y no obviemos a la cultura, y siendo más específico, a la literatura, que también se ha nutrido no tanto del beneficio económico que representa un patrocinante tan importante como el gobierno (ojalá este inmenso abanico rindiera una mayor sombra), sino más bien, de un gigantesco espectro de situaciones políticas, ideas, golpes, contragolpes, complots, triquiñuelas, descontentos, marchas, invasiones, conspiraciones y un sin fin de complejidades que dan a los escritores, mucha, pero mucha tela por donde hacer una inmensa cola de papagayo para mantener el rudo equilibrio que implica escribir, y escribir bien.

De allí, de esas historias que en más de diez años han traído alegrías para unos y tristezas para otros tantos, Liliana Fasciani construye La revancha del silencio. Una novela breve que se puede leer en un poco más de dos horas y que a medida que nos acercamos hacia la mitad del libro y luego a su final, colocamos freno en cada capítulo para seguir degustando de una narrativa propia de quienes escriben desde la pasión y con la consistencia verbal de una verdadera escritora. El tema central de su texto, si bien es cierto insiste en reflejar situaciones bochornosas que aún están latentes en la memoria colectiva de la sociedad, destaca por cómo está contada la historia, cómo la prosa de su autora va más allá del hecho que ha sido tomado en préstamo de una realidad para reconstruir el relato y su ficción, haciéndonos abordar en eso que llama “el esperado autobús de la bonanza” que nunca termina de llegar.

Marcela Grau, la protagonista, es juzgada en una plaza a la vista de todo el mundo. Las cámaras televisivas están en todos los ángulos posibles para llevar segundo a segundo el trascendental juicio. Ella es una mujer de armas tomar y en su propia defensa, comienza la apología en contra del desgobierno que la juzga con argumentos sólidos. Con un tono irónico (no podía ser de otra manera), Marcela desespera en más de una ocasión a su verdugo cuando repite: “En mi país, tu país, nuestro país...” pasan tales y cuales cosas, que se complementan con comentarios como “...los derechos humanos son artículos de lujo pagados precisamente por quienes no tienen derecho a utilizarlos”.

La revancha del silencio es una novela dura por lo que denuncia, pero que logra sublimarse más allá de lo fáctico por el buen manejo de la palabra de Liliana Fasciani, en donde las imágenes construidas dejan muy en claro que nuestro país es “un navajazo de fatídica hermosura... en donde la honorabilidad se vio forzada a cederle su escaño a la bellaquería”. También, y haciendo honor a la verdad, el otro lado de la moneda, el del disenso y por tanto protagonista por igual de un proceso que afecta a todos sin distinción alguna, refleja a esa “oposición dispersa y farandulera (que) puede causar mucho más daño que un gobierno con visos autocráticos”. El juicio de Marcela por el atentado simbólico se va desarrollando en un tiempo abstracto en donde caben los recuerdos que considera importantes para su defensa, memorias que se van transformando en argumentos explicativos de sus acciones. La revancha, ese aliciente que va más allá del silencio, que solivianta el conformismo dormido, le da voz a la supuesta víctima desde una perspectiva que más de uno seguramente ha imaginado, atormentándose con su propia arenga utópica y anacrónica ideología.

4 comentarios:

Icíar dijo...

Estupenda reseña, como siempre, y una de las frases escogidas "... los derechos humanos son artículos de lujo pagados precisamemte por quienes no tienen derecho a utilizarlos" es de esas que tienen que ser adoptadas.
Un abrazo bloguero.

Manuel Hernandez Muñoz dijo...

Mas que una novela me pareció un ensayo o quizá un artículo de opinión, en que muy bien se ha radiografiado a la actual Venezuela, desde la critica punzante a nuestra politíca y al lider de turno. Una amiga me la recomendó, pero del uno al diez, yo no hago el retweet.

Anónimo dijo...

¿Se puede conseguir este libro en la Ciudad de México?

J. L. Maldonado dijo...

Si es de su interés, la autora el enviará su libro con cobro a destino a la dirección que usted indique.