26 jul. 2011

Las peripecias inéditas de Teofilus Jones

El humor, sin duda, sirve para salvaguardarse de penurias y enfrentar calamidades. Esto me hace recordar la célebre frase de Chaplin que dice: “un día sin risa es un día perdido”. Del lado de la literatura, el humor es ese aditamento que se puede transformar en exquisita herramienta, pero que no todo autor utiliza o sabe utilizar a la hora de escribir. El caso de Fedosy Santaella es todo lo contrario. Es de los que se regodea en su pericia para entretener a medida que relata una historia. Eso es lo que sucede en Las peripecias inéditas de Teofilus Jones.

Si bien es cierto que el centro de atención, el epicentro de todo, gira en torno a un gato, este elemento no debe ser tomado como trivial. Esta novela, más allá del humor que arranca desde la dedicatoria al propio gato del autor (Bastet lo tenga en la gloria), es más compleja de lo que parece. Con resonancias kafkianas y un tribuno a las novelas policíacas, Teofilus Jones toma elementos del contexto nacional, que por bizarros, calzan a las mil maravillas dentro del relato. Tenemos así a un ser todo poderoso, el que pretende controlar ese mundo distópico de la novela (¿o el mundo real?), adjetivado de muchas formas: Sabio Supremo, Sumo Sacerdote, Gran Barbado, Supremo Presidente, Gran Rector, Torbellino de Multitudes y otros más, que termina siendo parodia, caricatura, fantoche de sus anhelos desmedidos por el poder.

La ciudad que sirve de entorno a la historia, no puede ser de otra forma sino caótica. Escasea el servicio eléctrico, no hay agua y por tanto, tener mascotas es un irrespeto y un acto antirrevolucionario; pobre de aquellos que agarren con las manos en la masa y con cubitos de hielo en la nevera: prueba absoluta de ser un maquiavélico traidor. La parte dura al leer a Teofilus Jones, es conseguir tantas similitudes con la realidad del país por más jocosas y exageradas que parezcan. Aunque pudiera resultar contradictorio, si bien es cierto que el humor está de por medio, esta novela no debería catalogarse de humorística, sino más bien, como un duro desmontaje a una sociedad, que en buena parte, va cual borrego directo al matadero. De ahí ese juego que al principio y con la correspondiente y descollante ironía, dice que “ser clon, es cool”. No hay mucho qué pensar, sólo aplaudir al Gran Líder de la Teocracia Novísima.

También merecen unas breves líneas esos personajes que por extraños y quizás abominables, terminan siendo risibles, y lo que es peor aún, hallando su parecido con más de uno a tu alrededor. Están Rosita Candelaria, Alain Charleori (quien habla en perfecto caraqueño), Lenín Chifa, Ángela y ese estupendo personaje creado por Fontanarrosa: Boogie “el aceitoso”.

En Las peripecias inéditas de Teofilus Jones hay mucha tela por cortar en cuanto a lo policial que hay en el texto, hasta las alegorías con las cuales se puede especular cualquier interpretación. Aquí está el tema del poder desmedido rayando en el populismo y el de la libertad amordazada; también está lo religioso a través de unos burdeles santificados gracias a los buenos servicios de unas sacerdotisas espectaculares y para todos los gustos; contrabandistas y mafiosos hindúes. Sin dudas un libro que entretiene de principio a fin, en donde hasta el espejo del cuarto de Jones es llamado a declarar. Cuando terminé la lectura, pensé en la célebre frase del carismático Boogie: Shit.

1 comentario:

Icíar dijo...

Está bien eso de 'Shit", sobre todo si está bien pronunciado y no suena a "sábana" como criticaba una amiga americana de su madre cuando se enfadaba.
No tiene mala pinta. En realidad dan ganas de pillarlo. La última vez que un gato me sedujo, fue fatal, (el libro de Soseli "soy un gato" tuve que dejarlo finalmente).
En fin, me gusta porque está enfocado en tu país, del que tan poco sé.
Puede que elija éste. Pero voy a seguir esperando.
Abrazos