7 nov. 2011

Desde Silvio Astier hasta Houlden Caulfield.


Un rayo de sol iluminaba en lo oscuro las bestias de carne rojinegra colgadas de ganchos y de soga junto a los mostradores de estaño. El piso estaba cubierto de aserrín, en el aire flotaba el olor de sebo, enjambres negros de moscas hervían en los trozos de grasa amarilla, y el carnicero impasible aserraba los huesos, machacaba con el dorso del cuchillo las chuletas... y afuera estaba el cielo de la mañana, quieto y exquisito, dejando caer de su azulidad la infinita dulzura de la primavera.

Siempre hay alguien que te recomienda leer un libro, las razones pueden ser múltiples y los gustos más que infinitos. Claro está, hay recomendaciones que quedan y otras que pasan de largo. Pero que el ganador del Premio de Novela Rómulo Gallegos 2011, te llame a parte y te diga en tono de secreto “léete El juguete rabioso de Arlt, te va a encantar”, no es cosa de todos los días, así que emprendí su búsqueda y posterior lectura.


Me resultó inevitable hacer la comparación entre Silvio Astier en El juguete rabioso y ese entrañable personaje de Salinger, Holden Cauldfield, en El guardián entre el centeno. Más allá de los merecidos aplausos del libro de Salinger y toda la mitología que se creó alrededor del mismo, la distancia en cuanto a la publicación de uno y otro libro es notable. La novela de Roberto Arlt fue publicada en 1926 (y su primer capítulo redactado en 1920) y la obra de Salinger en 1951, haciendo también la salvedad de su publicación previa en forma de serie unos años antes.


Traigo a referencia el punto por aquello de los mundos representados en ambas obras, y sobre todo, por esa similitud que puede notarse sin mayor esfuerzo entre Astier y Cauldfield a pesar del tiempo ficcional que los separa: ambos jóvenes e irreverentes; los dos comienzan un periplo en sentido de búsqueda y reconstrucción de sus vidas; y ambos se topan con la inevitable realidad que les hace pisar tierra. Por sólo mencionar un ejemplo en cuanto a las acciones y similitudes, el tema sexual está en ambas obras cuando Astier tiene una suerte de experiencia homosexual, razón por la cual intenta suicidarse y falla, y Coulfield (también con la idea del suicido en ronda) sin ningún tipo de tapujos habla del tema sexual de manera provocativa e insinuante tan propia de los adolescentes.


El jueguete rabioso tiene la magia de la narrativa bien pensada, de esa que te deslumbra por su forma y estilo. Se dice de esta novela que en gran parte es autobiográfica, en donde Roberto Arlt está prácticamente contando episodios de su adolescencia. No obstante, el principal mérito de la misma va implícito en su contenido, en la forma como incorpora la historia para darle forma y sentido a todo el texto, sin importar o caer en la posible y extenuante reflexión de saber si esto lo vivió o no el autor. En términos de la teoría de la literatura, El juguete rabioso es un libro en donde la “verosimilitud” está por encima de todo.


También puede decirse de Silvio Astier que es un personaje con características de antihéroe, puesto que fracasa en todo lo que se propone: fracasa en el club de ladrones; fracasa al intentar quemar la librería en la cual trabaja y tampoco tiene éxito en la aviación. No obstante, tiene éxito al delatar a uno de sus amigos cuando estaba por cometer un robo, lo cual como valoración social está muy bien visto, pero que a nivel personal se ve como un traidor, por tanto, una derrota más para su psiquis.


El juguete rabioso es una novela corta, que más allá de los localismos que el autor emplea, se puede leer sin mayor tropiezo, ya que el mismo contexto de las situaciones planteadas te llevan a su entendimiento. Sin embargo, al menos en la edición del Centro Editor de Cultura (Argentina), al final hay un glosario de argentinismos que también sirven de mucha ayuda. Estupenda la recomendación de Ricardo Piglia, le paso el testigo a usted amigo lector.



1 comentario:

Icíar dijo...

¡Vaya portada y menudo párrafo de entrada!
Pero cuesta no hacer caso a una recomendación que vino de quien cuantas que vino.
Así que por supuesto que lo tengo presente (lástima que no sepa nada de Salinger).
Un abrazo