26 ene. 2010

TAS PONCHAO


Ser fanático es una cosa extraña. Es rebanarse las venas por un equipo y en la mayoría de los casos es totalmente irracional. Si miramos al vecino de al lado, tanto en la casa, como en la oficina o en el estadio, no entendemos por qué el hombre (o la mujer, y en este caso son hasta peores) aplaude y grita fervorosamente a favor del Real Madrid o del Barcelona, o a cualquier equipo de las Grandes Ligas.


En cuanto a nuestro béisbol no hay mucho que explicar si usted es venezolano y en caso de que no lo sea, hay que decirles que esa pasión deportiva llega a su máximo nivel entre los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes. No hay para donde coger digan lo que digan marabinos, guaros, margariteños, maracayeros, guaireños y orientales en apoyo de sus equipos. Además, cabe decir que el Magallanes juega casi como local juegue donde juegue.


Pero lo que me lleva a escribir estas breves palabras no es sobre el sentir deportivo del béisbol venezolano, que por suerte, más allá de la rivalidad deportiva que antes mencioné, los contrincantes que están en el público con sus respectivos atuendos caraquistas y magallaneros, disfrutan, se abrazan, se burlan, se mofan los unos a los otros, pero al final, hay concordia, amistad y un respeto por encima de las chanzas típicas cuando se gana un emocionante juego de pelota; no, lo que realmente quiero decir o contarles, es lo impresionante que se torna un estadio repleto con más de dieciséis mil almas coreando al unísono “1, 2, 3, Chávez tas ponchao”.


Por un instante el juego se paralizó gracias al estruendo de un público que más allá de la sana rivalidad deportiva y de la catarsis que esto representa, está harto, cansado de tanta ineptitud gobiernera. El país parece estar apunto de un ACV y paradójicamente mientras el mismo está pendiente del Best Seller venezolano estelarizado entre turcos y capitalinos, esta final de película se convierte en una divina cortina de humo que el Estado (la mayúscula le queda grande) aprovecha de maravilla para seguir hundiéndonos con sus arremetidas comunistoides: cierran por segunda vez el canal más antiguo y querido por los venezolanos gracias a leyes fabricadas ad libitum del jefazo; los policías atacan sin pudor a los estudiantes y todo esto amén de los tres strikes básicos del béisbol, que el venezolano, cual umpire, le canta al presidente a gritos: sin agua, sin luz y a merced del hampa.


Al menos sé que Lezama y Capi (en el montículo de picheo para los amigos lectores de otras latitudes) al terminar el juego se darán la mano y la patica como siempre.

¿Alguien le puede decir al inquilino de Miraflores que somos del mismo equipo y que deje de poncharse?