20 ene. 2010

Viajes por el scriptorium


Imagínense que de pronto despiertan o toman conciencia de su propio presente, y no saben en dónde están, qué hacen en una habitación rodeada de algunos objetos y que además éstos, están rotulados con sus nombres: mesa, lámpara, pared, etc. Intuyen que no han hecho cosas muy buenas en su pasado pero no tienen la certeza de ello y por tanto el presente se les torna un misterio. Sumado a ello están ya en edad avanzada, casi seniles y decrépitos.

Así es el mundo que rodea al personaje principal de Viajes por el scriptorium de Paul Auster, en donde la realidad y la ficción están solapadas una sobre otra a través de un texto que juega con la idea de ir en tono de “informe” o “reporte” de lo que está viviendo dicho personaje: Mister Blank, nombre que de por sí ya dice mucho y es más que una pista: Sr. en Blanco, pudiera traducirse, equivalente a Sr. Perdido.

Entran y salen personajes de la habitación de Mr. Blank y éste queda desconcertado pues no sabe quiénes son a priori, debe entablar conversación con ellos para entrar en la realidad y tener al menos una idea de qué hacen allí con él y qué quieren. El juego metaliterario de esta novela es fantástico, porque, sumado a la prosa desenfada de Auster la cual ya de por sí se torna adictiva, Mr. Blank descubre que sobre el escritorio hay un manuscrito que desencadena otra historia estupenda que en algún momento pareciera confundirse con la del amnésico personaje.

En la recta final de su vida, Mr. Blank vive algún momento de gloria gracias a Anna, la cual como personaje –entre otros– está retratada en unas viejas fotografías, que en vez de aclararle el pensamiento a Blank, lo inquietan y desconciertan más aún. Viajes por el scriptorium es una novela que de manera magistral linda con lo paradójico, en donde la soledad y la incertidumbre del personaje, resultan en ocasiones dolorosa y absurda al mejor estilo Beckettiano. “Sin Míster Blank no somos nada, pero la paradoja es que nosotros, seres puramente imaginarios, sobreviviremos a la mente que nos creó, porque una vez arrojados al mundo existiremos hasta el fin de los tiempos, y nuestras historias seguirán contándose incluso después de que hayamos muerto”.

Después de leer esta novela, me resultó inevitable preguntarme cuánto de Mr. Blank no habrá en el propio Paul Auster. En algún momento el mencionado personaje dice (¿o lo dice Auster?): “Si quieres contar una historia con garra, no hay que tener compasión”.

Estupenda portada. Lectura recomendada.


2 comentarios:

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Que terrible no tener compasión, lapidarias palabras y en verdad que estresante y frustrante que a alguien le pase un Déjà Vu de esa manera, pero siempre lago positive se saca de todas estas circunstancias tan traumáticas para el ser humano, verse anciano de un momento a otro, terrible paradoja e interesante novela.
Saludos

Icíar dijo...

Me habían comentado que esta y la de Tombuctú son novelas menores del autor. Sin embargo, ésta en concreto, con la reseña que acabo de leer, tiene algo que sí me interesa, y es la vejez, y ese deterioro camino al Alzaheimer (si no te he entendido mal).
Gracias a esta reseña, ya por lo menos sé en torno a qué se mueve el libro.