16 abr. 2010

Cinceladura

No sé si por ser viernes o tal vez por la música de fondo que por razones desconocidas desde la madrugada ya sonaba en mi cabeza y justo ahora la materializo en ondas auditivas: escucho "Mother" de Pink Floyd, me he paseado por los poemas de varios amigos, y eso es literal, es un paseo leer la poesía de gente tan cercana a uno por afecto y oficio. De un tirón salió “Cinceladura”, que irónicamente, no quiero corregir ni retocar, sólo dejarla aquí como una neurona astuta que se revela contra mí mismo.

(Odalisca con pantalón rojo de Henri Matisse robado del MACC)




tu cinceladura
va dejando sobre mi cuerpo
la caparrosa que desprende la carne

no soy tu paradigma perfecto
aunque así lo creas

te esfuerzas
en escorzar mis líneas
y cada golpe aflora el capricho malva que duele



¿rezas?



pareces hacerlo
desde tu fantasmal catecismo
al cual pretendes sumarme

no soy tu esclavo
aunque de librea vista mi honra

la suavidad con que engaña tu voz
va de tersa musalina

cuelga sudoroso tu aigrette
de vanidad perpetua
y concluyes tu obra
desparramando la Apsara oculta de tu vientre

4 comentarios:

Martín Gvevara dijo...

Como siempre, es un placer leer este blog.

Saludos.

Gizela dijo...

Precioso!!!
Feliz fin de semana y un abrazo
Gizz

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Ese cincel golpeaba mi ente y me la imaginaba abriéndole surcos a la carne viva o a la misma mente.

Los años al pasar con su fino cincel van dejando la marca de los años sobre nuestro cuerpo y nuestra mente y hasta podemos ver los surcos que se abrieron sobre la piel.

Y en verdad con la suavidad que engaña, mucha veces no nos damos cuenta que nos están abriendo los surcos.
Saludos

Aramakao dijo...

Me gusta amigo =)