7 abr. 2010

Soledad intacta


Hay muchas maneras de hacer poesía o dicho de otro modo: diversos estilos poéticos. Están los que conservan aún la rima perfecta al final de cada verso, los que hallan en “puntos” y “comas” el complemento necesario para enmarcar su poeticidad, aunque estos elementos se presenten anacrónicos y obsoletos en estos tiempos. Esto lo suelo justificar diciendo “cada quien tiene su estilo”.


También están los que no echan mano del proceso decimonónico poético, es decir, los que dejan de lado tanta rima y se enfocan más en el contenido, en lo que se pretende decir, en donde la forma tiene qué ver más con la disposición de los versos, de la selección precisa de algún adjetivo (o su omisión), de los silencios que en algunos casos son más que evidentes hacerlos o que hay que estar bien conectados con la palabra poética para darle a la lectura ese necesario respiro enmudecido.


Así va la poesía de Patricia Guzmán, una de los voces poéticas llamadas a perdurar en el tiempo, tal como lo hace –que no “hiciera”– Eugenio Montejo y Rafael Cadenas en todo el continente. En Soledad intacta queda más que claro su oficio de poeta y es que si de contenido se trata, Guzmán llega aquí a ese punto en donde su trabajo es por antonomasia misticismo. Como bien lo señala en la introducción Reyna Rivas: “Yo siento tu poesía arriba, en la luz, en un vuelo ritual, ingrávida, sostenida por las alas de un ángel”. Leer este poemario es adentrarse a un estado elegíaco de la palabra y que necesariamente requiere reflexión y jamás apuro. Requiere, además, una necesaria y una casi natural demanda de relectura para alcanzar eso que la poeta quiso decir –o al menos intentarlo.


Por otra parte, esa aparente mansedumbre que a priori se percibe en sus versos, no es más que una travesura muy bien pensada, una manera muy descarnada de expresar con sencillez sus emociones, su experiencia real y simbólica frente al dolor, haciendo que la palabra se revele contumaz y la idea se apodere del lector como a través de un mantra (esto del “mantra” es una extraordinaria analogía que hace Sonia Chocrón en el apéndice de Soledad intacta).


Patricia me comentó que no tiene una técnica predeterminada para escribir su poesía, pero que esto “no quiere decir que sea ingenua a la hora de escribir”. Su Soledad intacta cobra vida y habla por sí misma en este sentido: no hay ingenuidad, todos los versos son trazos de su vida, padecimientos de su sentir humano y poético.



Mansa

cargo el derrumbe



Ya no me quedan huesos

estoy hecha de sed



http://palabrasyescombros.blogspot.com/2010/03/con-el-ala-alta.html

4 comentarios:

Gizela dijo...

Pediré que me envíen el libro..
Un abrazote

mharía vázquez benarroch dijo...

somos fans apasionados de Patricia, su grandeza es igual a su humildad...su voz resonará a través de los años, cuando ya todos seamos cenizas.

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Que terrible tener la soledad intacta jaja. Sabes yo nos e escribir poesía, nunca lo he intentado y sé que no tengo ese don, pero se oye interesante el libro.
Saludos

LuisBond dijo...

¡Hola de nuevo!

Como ves, luchando contra la rutina para no abandonar la blogsfera. Me alegro muchísimo que estés flipando con Proust. "El mundo de Guermantes" es, para mí, el más rudo de todos: si sobrevives a él, ya tienes asegurado que terminarás de leer todo "En busca del tiempo perdido". Yo hace tiempo agarré mi fiebre con Coetzee y lo amé demasiado. De hecho, ahora que lo escribo creo que debería darme una vuelta por "Foe" o "El maestro de San Petesburgo" que tengo desde hace rato esperando por mí. Te recomiendo altamente el libro que comenté en mi último post: Especies de espacios. Yo lo compré en Chile, pero si tienes a alguien que vaya y venga trayendo libros, ¡no dejes de pedirlo!

Un abrazo