17 ene. 2011

El guardián entre el centeno

Dentro de mis lecturas pendientes estaba El guardián entre el centeno de Jerome D. Salinger. Un libro que en determinado momento fue de culto para muchos (no sé si lo sigue siendo) y de lectura obligatoria para los estudiantes de secundaria en Alemania y creo que también para los de Estados Unidos. Valga decir, además, que estuvo dos semanas consecutivas como uno de los libros más vendidos según el New York Times por los años mil novecientos cincuenta y algo.

En mi caso personal fue irremediable leer este libro y no pensar en Piedra de mar de Francisco Massiani (http://palabrasyescombros.blogspot.com/2008/05/piedra-de-mar.html), ya que ese lenguaje desenfadado y sin tapujos de la adolescencia, está allí. Frontal e impertinente como lo dicta, en la mayoría de los casos, los impulsos propios de la edad, Holden Coulfield, su protagonista, después de ser expulsado de Pencey no por ser precisamente una lumbrera, deambula por las calles de New York y comienza a conversar sobre los temas que le apasionan: alcohol, drogas y prostitución.

Holden, más virgen que una virgen y por lo cual muestra una clara obsesión, siente celos de algunos compañeros que ya se han estrenado en el arte amatorio; se reconoce como un gran mentiroso y un cobarde sin igual para enfrentar sus fracasos; “Soy un exhibicionista nato”, dice en una ocasión y “un poco ateo. Jesucristo me cae bien, pero con el resto de la Biblia no puedo. Esos discípulos por ejemplo, si quieren que les diga la verdad, no les tengo ninguna simpatía”.

El guardián entre el centeno, es un libro que tiene muchas referencias en la cultura popular. Una de las más conocidas es cuando en la película “El Resplandor” de Kubrick, la que hace de esposa de Jack Nicholson (antes de enloquecer), se le ve leyendo The catcher in the Rye. También es un libro que ha estado relacionado con algunos célebres asesinos, como por ejemplo, el que mató a John Lennon, quien lo llevaba consigo cuando la policía dio con él.

En fin, Holden es todo un personaje. Infeliz, rebelde, pero innegablemente sensible. A lo largo de la historia narrada en primera persona, dice en varias ocasiones que está “loco”, “chiflado” y “loco de remate”, con ese tono irónico que lo caracteriza. Son tres días en que va de aquí para allá por las calles de New York conteniendo las ganas de suicidarse, cosa que no hizo por no estar seguro de si lo cubrirían pronto con alguna manta al lanzarse de algún edificio: “me habría reventado que un montón de imbéciles se pararan allí a mirarme mientras yo estaba hecho un Cristo”.

Queda la duda de si Pencey era realmente una escuela o un psiquiátrico, pero lo cierto es que tengo otra lectura pendiente que a Holden Coulfield le encantaba: El gran gatsby. Dice: “¡Qué tío ese Gatsby!, ¡qué bárbaro”, me chifla la novela. Pero, como les decía, me alegro muchísimo de que hayan inventado la bomba atómica. Si hay otra guerra me sentaré justo encima de ella. Me presentaré voluntario, se lo juro”.

1 comentario:

Vero dijo...

Uno de mis libros favoritos, sin duda. Lo disfruté tanto... Holden es uno de los mejores personajes con los que me he topado en la literatura. Besos.