9 dic. 2010

El psicoanalista


El psicoanalista de John Katzenbach es un libro entretenido, de eso no cabe la menor duda. Imaginando la historia llevada a la gran pantalla, sería de las películas que te mantiene pegado al asiento hasta el final. En la línea de los llamados Best Sellers, me quedo con este libro y no con El símbolo perdido de Dan Brown, por ejemplo. No obstante, el desenlace de El psicoanalista, si bien es cierto fue entregado lo más tarde posible para mantener al máximo la tensión, el cierre me parece algo desesperado, es decir, como si el autor quisiera desenmarañar en último instante todos los rizomas sueltos de la historia.

El día de su cumpleaños, Rick Starks, un profesional dedicado a la terapia del psicoanálisis, recibe una carta en donde lo conminan a suicidarse en un determinado tiempo, y de no hacerlo, algunos allegados a él serán asesinados. El desconocido psicópata se encarga de hacerle la vida pedazos hasta que poco a poco el Dr. Starks sucumbe ante la terrible situación y termina arruinado, sin techo y en literal indigencia.

La presión psicológica aumenta cuando algunos personajes, la atractiva Virgil y el desagradable abogado Merlin, se le acercan para recordarle su misión de suicidarse y la situación crece en intensidad y emoción. El Dr. Starks se desdobla en otros personajes para poder combatir a los astutos contrincantes, mientras va consiguiendo pistas que lo llevan a descubrir quién es el autor intelectual y causante de sus desgracias.

Para ser un libro tan mencionado, leído y referido en el “bestsellerismo”, me llamó la atención un gazapo inmenso dentro de la historia. Traté de hallar el libro en su idioma original para ver si el error venía de origen o era en la traducción, pero no lo conseguí. Claro, si Dafoe se equivocó en Robinson Crusoe cuando desnudó por completo a su personaje principal a la orilla del mar y cuando éste llega al barco se saca algo de los bolsillos, que le pase a Katzenbach tampoco es gran cosa (ojo, suponiendo que el error sea de origen): Ricky llevó un aviso para que fuera publicado en el Times, mensaje con el cual buscaba interactuar con Rumplestiltskin, el temible psicópata: “El anuncio apareció esa mañana en la portada del Times, en la parte inferior, como Rumplestiltskin había especificado. Lo leyó varias veces y pensó, que por lo menos, daría a su torturador algo en qué pensar”.

El gazapo no le resta valor a la historia. Son de esos pequeños detalles que simplemente sorprenden, que incluso estimulan la concentración en la lectura porque al pasar la primera vista por allí, te llaman la atención al notar que algo descuadra y esto sin duda te lleva a repetir y a cerciorarte de lo que leíste. En fin, para pasar el rato se da bien, más cuando se trata de un protagonista, que en sus propias palabras, dice: “estudié mucho para salvar vidas…ahora debo aprender a acabar con una”.

PD:
La edición que leí es de Ediciones B.



2 comentarios:

Icíar dijo...

Lo malo de eso, es que yo hubiera pensado que no he entendido nada. Jamás hubiera pensado que es un gazapo, sino que no lo he "pillado".
En fin, hay que aprender, que hay errores en todo, hasta ahí.
Un abrazo

Icíar dijo...

Lo malo de eso, es que yo hubiera pensado que no he entendido nada. Jamás hubiera pensado que es un gazapo, sino que no lo he "pillado".
En fin, hay que aprender, que hay errores en todo, hasta ahí.
Un abrazo