28 dic. 2010

Sentir la sed

El 23 de diciembre, en horas de la noche, terminé de leer Sentir la sed de Gonzalo Himiob Santomé; título que me causó curiosidad desde el principio sin saber de qué iba la novela. Ustedes se dirán, “bueno, esa es la idea de un título, no? Que te llame la atención”, a lo que respondería, “es así”. Tres palabras que fluyen y te hacen intuir lo sensorial más allá de la polidipsia. Sucede en ocasiones, aunque este no es el caso, que el título no dice nada y no termina de hallar su reflejo en la obra de la cual se hace ventana. Sentir la sed, es todo lo contrario, hace honor a la historia que se va abriendo paso con el ímpetu necesario para atrapar la atención de los lectores, imbricando dos historias en tiempos distintos que al final se dan la mano en el desenlace, valga decir, de la mejor y única manera que podía ser.


El escritor Rubén Irtiago salió del ancianato para hallar un poco de aire, algo de la paz mental ya perdida y repeler un tanto su soledad. Era una tarde lluviosa y terminó sentado en una panadería junto a un extraño personaje, una mujer que parecía leerle hasta los más recónditos pensamientos: “no nos apresuremos, sólo quiero que comprendas que no quiero el mal para ti…pero debo entender algunas cosas antes de revelarte mis propósitos”, le dice. Así comienza la novela y la historia se va en una fantástica retrospectiva que lleva al lector a la época del dictador Juan Vicente Gómez y los demás protagonistas que dan vida a Sentir la sed.

Como elementos narrativos, Gonzalo Himiob Santomé echa mano de personajes y hechos políticos que van desde Cipriano Castro y su “Revolución restauradora”; pasando por la dictadura gomecista hasta llegar a la multitudinaria marcha del fatídico 11 de abril de 2002, entre otros hechos y personajes. Cada marco histórico está colocado con delicadeza de orfebre ya que Sentir la sed no es una novela histórica; pasa tangencialmente estos puntos para darle al relato el contexto necesario que justifica parte del mismo, en donde cruentos personajes como Don Críspulo González y Agostino, hombres recios y de falsa moral, se ganan el odio de todos –y el de los lectores también.

Sentir la sed es una novela llena de secretos que se van develando en el momento oportuno que el mismo ritmo de lectura impone. Ambientada en los rigores de Los Andes venezolanos, también nos trae la historia de cinco hermanas que deben luchar contra las injusticias de la época; contra el machismo exacerbado que hacía de éstas simples mandaderas en el mejor de los casos. Alfonsina, Inés, Carmen, Teresita y Ernestina, todas hermosas a su manera, consiguen en su padre, Don Críspulo, el ángel y el demonio que determinará el desenlace de sus vidas.

Sentir la sed es un texto que deja muy en claro que los destinos están marcados desde tiempos remotos. Gonzalo Himiob Santomé, hay que decirlo, es uno de los pocos autores que a través de su trabajo narrativo, deja fotografías del acontecer político que vive el país en la actualidad, de hechos no ficticios que sirven de marco referencial al mundo ficcional sobre la cual construye sus historias. Esto se puede ver también en su novela anterior Ausencias deja la noche. La portada es un buen acierto de la editorial FB Libros, casa regentada por el reconocido librero Roger Michelena, quien ya tiene entre manos un número importante de obras a publicar en el 2011. Deje un buen rato de tomar líquido alguno y prepárese a Sentir la sed.

1 comentario:

Icíar dijo...

Has hecho una reseña estupenda. Dan ganas de leerlo. Dices que no es histórica, sin embargo, las referencias históricas, y sociales como el caso de las cuatro hermanas me han llamdo la atención. Sé tan poco de Venezuela, que bien me vendrían este tipo de libros, que de pasada te llevan, además de tener la profundidad que tanto me gusta.
(Yo te vote con el Hombre lento, espero que tengas suerte)