22 abr. 2008

Ávila en llamas: bébeme


Bébeme

créeme agua

un sinuoso líquido de trampas


Bébeme

hazme prisionero

dame el placer de recorrer tu cuerpo

y sentir la caída libre

en el patio trasero de tu lengua


Bébeme

deglute mi alma

convéncete que sin mí

no eres nada


Bébeme

sé tierra árida y seca

yo me encargaré de humedecer tus comarcas


Bébeme

lentamente

apagaré el frío intenso

de tu fuego.

5 comentarios:

Azul... dijo...

ainsss esas humedades...
(cuál es la onomatopeya de un suspiro?)

Te dejo besotes

mi despertar dijo...

Me gustó, bien intenso
Saludos desde una noche llena de estrellas

Dakmar H. de Allueva dijo...

El sábado, hacia las nueve de la noche, no podía dejar de ver la hilera, las nubes, el rastro del fuego, las dimensiones. El fuego es un elemento fascinante y aterrador y si lo admiras en medio de la nocturnidad puede resultar incluso seductoramente siniestro.

Parecía un efecto bien logrado. Lástima la verdad que muestra el referente: ni por asomo la destrucción y el despojo nos resultan bellos. ¿Será mejor refugiarse en la poesía?

saludos,

manolito dijo...

q bueno el poema.
felicidades en lo q te toca por el día de las letras.

Rafael Urdaneta dijo...

Una elegante poesía al fuego, literal y metafórico. En ambos casos, cuando está en tierra o en el alma carcome todo, pero también nos dá pie para renacer como el fenix. Saludos Ilustre