23 feb. 2010

El último fantasma


Tal como comenté en días anteriores, me faltaba un poco menos de la mitad para concluir la lectura de El último fantasma. Este libro se lee cómodamente tanto por su brevedad, como por el tamaño de la letra y la disposición de sus capítulos.


Más allá de la maestría de Eduardo Liendo en su narrativa, su fino humor y la manera de desmontar el aparataje histórico que ha tenido a Lenin como icono del comunismo mundial, lo que llama la atención, al menos en lo que a mí respecta, es la originalidad de poner a conversar a Felisberto con el fantasma de Vladímir Ilich Uliánov. Esta ocurrencia sólo podía nacer de alguien que realmente estudió el comunismo, fue partidario de él e incluso vivió en Rusia, para luego, años después, despertar a la realidad y darse cuenta de la gran farsa, no tanto de la teoría comunista, sino de quienes la pusieron en práctica llevándose de por medio a miles de personas.


El fantasma de Lenin entra en dilema con Felisberto (un bibliotecario jubilado) cuando éste comienza a sacarle en cara todos sus crímenes, rememorando y haciéndole recordar, hechos que quedaron firmes en la historia no precisamente por humanitarios. A la vez Felisberto saca provecho de lo que a diario va discutiendo con el distinguido fantasma, hablándole incluso en su idioma natal, con el poco de ruso que aún recuerda y poniendo como ejemplo situaciones políticas de su entorno actual, en pleno siglo XXI: “Quizás no se trate de un hecho estrictamente personal, y su presencia en Caracas tenga relación con el desmadre generalizado que vive la ciudad en los últimos tiempos, encabezado por el locato Papa Upa”.


No resulta muy difícil identificar quién es el mencionado “locato” al cual alude Felisberto, quien por ocasiones duda de su propio estado mental, pues para nadie resultaría fácil entender cómo de buenas a primeras se instala en tu casa el fantasma de Lenin, que por cierto, no desaprovechó la trascendencia en el tiempo, para conocer un poco de las bondades del capitalismo: se envició tomando “koka-kola”, pasó horas frente al televisor, navegando por Internet y hasta hablando por celular. Si la primera cita no aclara bien a quién alude Felisberto, esta no necesita mayor explicación:

“¿Y cómo se puede ser marxista sin leer a Marx? Yo lo leí y comencé a traducirlo a los veinte años, creo que a esa edad también comencé a escribir El desarrollo del capitalismo en Rusia. Dijo el fantasma con evidente orgullo.

En mi país eso es perfectamente posible, señor Lenin. No sólo se puede ser marxista sin leer a Marx, leninista sin leer a Lenin, maoísta sin leer a Mao, sino que usted puede ser casi cualquier cosa sin haber leído nunca sobre el asunto en cuestión. Viene con nuestra idiosincrasia. Con decirle que hasta se puede ser presidente del país sin tener ni puta idea de lo que se trata…Parece que estuviéramos en víspera de octubre de 1917. ¿Setenta y un años de experimento fracasado no bastan? Repetido, además, en múltiples variantes también fracasadas.”


Grata lectura y además resultaría cruelmente esclarecedora para aquellos que creen en el comunismo como sistema de vida. Lo difícil sería convencer a algún proselitista del régimen actual para que lo lea. Por otra parte, no puedo dejar de mencionar que vi unos cuantos detalles de redacción, que por la calidad del autor y la editorial, asumo que son de tipeo. Tal vez el apuro por llevar pronto el libro a la imprenta. Al margen de este comentario, el libro es genial y no le resta en absoluto su valor literario.


PD.

Vea en el post "El fantasma a mitad de lectura" los libros que le recomienda leer Felisberto al fantasma de Lenin.

2 comentarios:

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Interesante libro, y ya en Rusia ya no el comunismo puro se vive y el leninismo es una verdadera catástrofe.

Muchos ni saben de que se habla, cuando se dice comunismo, y se usa muchas veces esa palabra para satanizar o deslegitimar a los adversarios políticos, principalmente en occidente, creando grandes miedos.

Y habrá que leer ese libro, yo en realidad no he leído a Marx, y creo que no lo leeré, no es algo que me agradaría hacer, aunque conozco ciertos pasajes de sus obras.

Buena recomendación y en realidad hasta los fantasmas hacen política, ¿qué miedo no?
Saludos

Héctor González dijo...

Buenas, llevo rato buscando este libro y no lo encuentro en ninguna librería, por casualidad ustedes conocen algún lugar donde conseguirlo? Gracias de antemano y saludos