16 mar. 2010

Rubayyats


Hay muchas maneras o intentos de hacer poesía, lo que nos lleva irremediablemente a decir que hay poetas con una clara definición de estilo. Están los que se apoyan en las comas y puntos para marcar silencios e intensiones; también hay los que prefieren omitir por completo estos elementos, para que sea el espacio, la distancia entre líneas, los que determinen un silencio necesario o una firme intensión de sentido; están los poetas que se apalancan en la extensión del poema, rimbombantes de retórica y sonoridad –a veces forzada– para ganarse lo más importante que al fin de cuentas es la atención lectora y, obviamente, los hay quienes se apoyan en la brevedad, bien sea del tamaño de un haikú o de métrica perfecta tal los rubayyats.

Este es el caso del libro homónimo del poeta Eleazar León, Rubayyats, lo cual me lleva a recordar, tanto de los encuentros casuales de pasillo o dentro del propio salón de clases, su palabra en muchas ocasiones rimada (asunto ya de su propia naturaleza) y la destreza con la que recitaba de memoria versos propios y ajenos. Comprendí con el tiempo que esa es la inmanencia del poeta, característica de quien se entrega a ese sagrado oficio de hacer poesía. En este poemario vemos desde el primero hasta el último rubayyat, un trabajo, una decantación de la palabra que se evidencia madura, sin ningún tipo de arrogancia. Tal vez para algunas generaciones más jóvenes que la de Eleazar, resulte algo anacrónico leer esta poesía perfectamente rimada y enmarcada en sus cuatro versos endecasílabos. No obstante, es una lectura necesaria para quienes le interesa la poesía, más allá de los muchos o pocos años que se tengan. Este poeta pertenece al panteón mayor de nuestra poesía venezolana, y Rubayyats, es un rescate, es volver a una tradición de siglos pero desde la palabra de un poeta del siglo XXI.


Leer poesía y en especial este poemario, más allá de las imágenes, metáforas y alegorías a las cuales remite, es un ejercicio de lectura que sobrepasa el necesario entendimiento para establecerse en un nivel superior al cognoscitivo. Por ello mismo, como bien dijo el propio Eleazar en la contraportada de Rubayyats, asumiendo este ejercicio poético como un “riesgo”, señala que lo hizo “…por soñar, por abandono de novedades que han extenuado las palabras…”.


Eleazar León partió físicamente en agosto de 2009, dejando un extenso legado poético que pueden hallar en medios físicos y virtuales, razón por la cual no me extiendo en recordar su bibliografía poética. No obstante, los invito a leer Rubayyats con los oídos muy abiertos, y escucharlos con ojos atentos, parafraseando a Octavio Paz en cuando a su manera de leer poesía. Son 317 rubayyats que van desde lo más delicado hasta lo más contundente de la palabra, y para aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo, es escucharlo nuevamente.


Un mínimo aperitivo de Rubayyats:


No te diré perdóname. Si callo

es por decirte, amor, donde me hallo

con los labios más mudos del suplicio

que ya perdí la guerra que batallo.

1 comentario:

Icíar dijo...

Vaya reseña. Creo que esconde una joyita. Ya lo creo que lo tendré en cuenta.