12 mar. 2010

Suicida ¿afortunado?

El Metro de Caracas es, y será siempre, una fuente inagotable de historias, algunas conmovedoras y otras terriblemente patéticas, dignas de un orbe decadente. Por otra parte y por razones que desconozco, yo me transformo en una especie de imán que atrapa los más pintorescos episodios que se presentan cada vez que acudo a tan necesario medio de transporte citadino. Esto sucedió ayer jueves entre las 6 y 7.30 de la noche en una de las estaciones más congestionadas de la tríada de líneas subterráneas. La cosa va más o menos así:



Estaba de segundo en la cola para abordar el próximo vagón. Delante de mí había una mujer de edad madura (clasificación de amplia edad para dar rienda suelta a la imaginación). Todos esperábamos con ansiedad a ese gusano de metal que atraviesa Caracas ahora vestido con publicidad del estado. La mujer sacudía con fuerza su abanico y alguna reminiscencia de la ventisca llegaba a mi sudoroso rostro. Llega el vagón, repleto, pero llega. Abre sus puertas de par en par y justo en la entrada hay un hombre semi acostado, sí, echadote hablando con alguien vía celular. El tsunami de gente empieza a pujar hacia adentro y la mujer le da una patada y le dice “levántate abusador”, mientras el hombre hacía las veces de policía acostado por el que pasaban muchísimas piernas de adentro hacia afuera y viceversa.


Logro instalarme en la mitad del vagón y con el desafío de pasar entre la gente para ganarme un lugar, no me doy cuenta que el sofoco es peor, que el aire acondicionado está pagado. Un individuo con cara de muchacho reparte marca libros con mensajes cristianos. De pronto, el hombre que estaba acostadote, casi en la pata de mi oreja, grita “buenas noches” dejando en el ambiente una fuerte fragancia etílica, mezcla de cuanta bebida espirituosa sea posible. Nadie responde y el hombre insiste, “buenas noches”…”Gracias”… responde, cuando todos con caras largas y agotadas entran en las normativas de buena educación. “Les voy a cantar una canción de mi propia inspiración, no se crean, no es fácil, me quedé sin empleo y me veo en la necesidad de hacer esto por primera vez”.


Tremenda voz, no puedo negarlo, lo único es que la canción de “su propia inspiración” era una ranchera de Vicente Fernández. Hubo algunos aplausos, una que otra moneda y después continuó con su repertorio: “señores, yo soy salsero, así que ahí les va ésta…y un, dos, y un dos tes…La ex señorita, no ha decidido qué hacer….en su clase de geografía…” El cantante del vagón se transformó en Rubén Blades, qué maravilla, una de las personas que más respeto y admiro por razones que no vienen al caso. Todas las personas que venían en el vagón terminaron coreando: “Decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana, Ave María…”


El curioso momento se esfumó cuando de pronto el parlante del tren anunciaba la frase que a tantos aterra, prefabricada sí, pero con tan sólo escucharla, ya se sabe lo que viene: “Se les informa a los señores usuarios que …” Rubén iba a interpretar otro de sus clásicos y después de escuchar el parlante dijo: “coño, mejor me bajo aquí, buenas noches mi gente…” La frase del operador concluyó así “…por motivo de arrollamiento, la estación Chacaíto no está prestando servicio comercial…”


En resumen, esperé inútilmente en el andén; luego caminé por el iluminadísimo boulevard de Sabana Grande hasta Cacaito; ríos de gente iban en ambos sentidos. Años sin hacer ese recorrido. La Santa María de las estaciones abajo, volví a esperar. No tenía caso intentar subirse a algún autobús. Mucho tiempo después dieron acceso a la estación. Allí estaban los paramédicos, el tumulto de personas intentando ver al occiso. Alcancé oír algunos aplausos en respuesta a lo que dijo algún empleado del Metro: “Está vivo…! Dios, pobre hombre –pensé. Intentó suicidarse lanzándose a los rieles y quedó vivo, disculpen la expresión, pero qué mala leche tuvo. Hacer eso y quedar vivo, maltrecho para toda la vida, defectuoso seguramente de unas cuantas habilidades motoras y ni hablar del impacto psicológico.


En el tren, alguien que estuvo más cerca de los hechos decía: “el carajo tendrá entre 25 y 30 años, parece que tiene problemas económicos”. Imagínense ustedes, la ciudad quedaría vacía si todos sucumbiéramos por esto. No se diera abasto el Metro. Supongo que ahora el desdichado tendrá más problemas económicos, porque le tocará pagar el respectivo tratamiento que le toque, y si el problema fuese por un terrible despecho, pues peor, creo que la mujer huiría despavorida después de semejante acrobacia. Sin duda un suicida ¿afortunado?.

2 comentarios:

Gizela dijo...

Hola Maldnado.
Roy me dejo un link bajo la palabra Blog, para que lo chequeara jajaja
No imaginé que eras tú jajaja
Pero bien bueno, así disfrute de tu lectura jajaja
Me encanta como lo narraste e inevitablemente, me vi en el metro jajaja
Buenos recuerdos, con todo y mar de gente jajaja
Besossss

Gizela dijo...

Milagrosamente, ya he podido pegar tu feed a mi lista de blogs.
Lo cual me alegra horrores, ya que podré seguir tus entradas actualizadas jajaja
Le debo esta a Roy jajajaja
Besossss