3 nov. 2010

Marketing para libros

Lo que no se exhibe no se vende, estoy de acuerdo. Viejo adagio aplicable a cualquier producto. Incluso desde tiempos inmemoriales, pero sin ir más atrás del año 0, puede decirse y así lo atestiguan millones de feligreses e iglesias en el mundo, que Jesús supo exponer muy bien sus ideas cristianas para que veintiún siglos después, sea una de las religiones más seguidas.

También puede hablarse de la carne, la que se come y la que se disfruta, perdón por el pleonasmo (si ven el punto): la primera, jugosa y apetitosa exhibida en los mercados desde todos los tiempos para capturar la atención de los compradores; la segunda, más allá de las –y “los”– mercaderes del placer (idem, desde todos los tiempos), también en la actualidad es aplicable al descomunal número de féminas que se entregan al bisturí para aumentar sus volúmenes. Inciso: ¿qué sentido tiene operarse y no mostrar, no enseñar un poquito? Lo que no se exhibe no se vende.

En cuanto a los libros, la cosa va más o menos en el mismo sentido. Usted llega a la librería y lo que está en el anaquel principal es lo que le llama la atención, más allá del género, más allá de lo que usted esté buscando. Lo ve por que está allí dándole la bienvenida y hasta –porque no– le echa un vistazo.

Cuestión de Marketing, sí señores, aplicado a esa cosa, a ese objeto que está allí como entretenimiento, como pasatiempo, como pasión, como delicado refinamiento y buen gusto. El libro, ese pequeño bloque de hojas que ahora puede verse exhibido en un estante mientras uno se entrega a la tediosa cola para pagar la compra en el supermercado y en cadenas de farmacias; también los hay en lugares menos tradicionales como peluquerías, restorantes y lobbies de hotel.

En este divagar, giro en sentido opuesto al monitor, hacia el lado en donde están apiñados mis libros (sería vulgar llamarla biblioteca) y veo el lomo de algunos libros; sin mucha escogencia y conservando el tema cabalístico que me lleva al trece, transcribo sus títulos y unas alocadas sugerencias de puntos de ventas. Quién sabe, tal vez a alguna editorial le pegue la luna y se decante por probar. Marketing, tedioso pero necesario Marketing.



Puntos de venta sugeridos para algunos libros:


1. El mundo según Cabrujas, compilación de Yoyiana Ahumada, en donde sea, lectura obligatoria.
2. La enfermedad de Alberto Barrera Tyska, hospitales públicos.
3. Crímenes (también del autor anterior), en el retén de la Planta.
4. Lluvia de Victoria de Stefano, en cualquier lugar de la ciudad.
5. Intriga en el Car Wash de Salvador Fleján, tiendas de autoperiquitos y en donde lavan carros por supuesto.
6. El último fantasma de Eduardo Liendo, sería perfecto en la entrada del Capitolio.
7. Puntos de sutura de Oscar Marcano, centros de salud y belleza.
8. Un vampiro en Maracaibo de Norberto José Olivar, en la Cruz Roja y en las iglesias.
9. Piedras lunares de Fedosy Santaella, como es algo difícil salir de la tierra, pudiera ser en el Planetario Humboldt (¿todavía existe?)
10. La gran guía ilustrada del Whisky de Alberto Soria, ¿hace falta decir en dónde?
11. La otra isla de Francisco Suniaga, en cuanto peñero sea posible y en las oficinas de Conferry.
12. La huella del bisonte de Héctor Torres, en liceos.
13. Bajo tierra de Gustavo Valle, en el Metro de Caracas.




2 comentarios:

Icíar dijo...

Muy ameno leer tus divagaciones de hoy. La foto es genial. La lista de libros con sus sitios ... me gustaría haberlos leído para entender la razón, claro, no vaya a ser que coja uno y me dé cuenta de que había ironía.
Un abrazo

mharía vázquez benarroch dijo...

Buenisimoooooooooo.