23 sept. 2008

El abrazo del tamarindo


Como lector consecuente que soy de su columna dominical en el diario El Nacional, en donde su mirada crítica deshilacha aún más la desidia actual del entorno político de nuestro país, me fue imposible desligar esa narrativa periodística avasallante de Milagros Socorro de El abrazo del tamarindo. A pesar de que la propia autora ha comentado en varios ocasiones que su reciente novela es de vieja data, es decir, escrita hace un buen tiempo atrás y que recibió una serie de auto-revisiones, es innegable que la vocación literaria de Socorro viene añejándose en una barrica literaria. No quiero que esta mínima reseña suene complaciente, pero mérito a quien mérito merece.

Esta breve novela, a la cual se puede llegar de una sola sentada a su final, está llena de personajes pintorescos, de situaciones propias del entorno fronterizo entre Colombia y Venezuela que delata nuestras similitudes. La joven protagonista de la novela, que curiosamente es el único personaje que no tiene nombre, cuenta su historia desde la mayor interioridad posible, desde los miedos propios de la infancia hasta su primera menstruación, hecho natural que en ninguna parte –al menos que yo conozca- ha sido sublimado como lo hace aquí la narradora: “Desde la primera vez amé la menstruación. Me hacía sentir que todos mis músculos y piel estaban allí para amurallar una fábrica de jugos…Mi primera sensación al andar con una toalla sanitaria entre las piernas era la de estar encaramada en un potro de algodón”.

El abrazo del tamarindo, está repleta de imágenes del calibre anterior y tiene la cota de dejar al lector con ganas de leer más, de desempolvar más la historia del grupo improvisado de vallenato que buscaba abrirse paso a través de las propias vicisitudes de la vida. Es una lectura más que entretenida, trabajada con mesura desde la óptica narrativa y no apta para pacatos que tropezarían entre líneas con el “murciélago enano” de su protagonista, hasta con desagradables roedores rondando la muerte. Tal como dice la propia autora, tal vez transmutada en persona principal: “la verdad no se cuenta entre las virtudes que deben acompañar a las historias”. Quieren averiguar qué es ese “murciélago enano” entre otras cosas, pues lea El abrazo del tamarindo.

1 comentario:

Azul... dijo...

Ojalá que Alfaguara la traiga a España... me acuerdo tanto de ti, J.L., he tomado por asalto la Biblioteca Pública de Córdoba (España), voy cada semana y saco libros y leo, cuando puedo y donde puedo, hasta que se me caen los ojitos... ojalá un día nustro hermoso país pueda contar con estas maravillosas bibliotecas públicas, de verdad

Vuelvo a estar por el patio, así que vendré a verte a menudo ;)

Un besote!!!