17 abr. 2009

Bajo tierra


Llegó a mis manos Bajo Tierra del escritor venezolano Gustavo Valle editado por Norma. Siempre tengo un grado de reticencia cuando los textos previos a la lectura llevan los laureles de la victoria, que en este caso, eran los de la III Bienal de Novela Adriano González León 2008. Sin embargo, con el jurado calificador y con el maestro de ceremonia bautismal que tuvo el libro, era de esperarse que lo que estaba por leer iba a ser bueno. Hecha la lectura, no puedo más que decir “bien merecido”. Es el tipo de libro, de novela, que te atrapa desde el principio y no te suelta, te zarandea con la explosión imaginativa que el autor le imprimió partiendo de un hecho tan absurdo como es el de seguir por las calles caraqueñas a un mendigo para ver en dónde vive, qué hace, cuál es su verdadero nombre.


Este indigente llamado Mawari, que es una especie de proyección del padre perdido del personaje principal de la novela, Sebastián C., termina siendo el balsero que lo lleva de la mano a él y a Gloria, a través de un viaje inesperado por un mundo oscuro y subterráneo de la compungida Caracas. Mawari, a pesar de su silencio, irónicamente es un hombre que sabe contar historias, como aquella del chimpancé violinista y tras silencios, humedad, mucho fango y oscuridad, nos vamos adentrando en un viaje que rememora en varios de sus pasajes a Verne incrustado en el centro de la tierra: “Sentí que era una marioneta. Mi cuerpo estaba siendo vapuleado por una violencia desconocida…yo sólo esperaba el instante en que la ola de lodo me empujara contra una pared de piedra, contra una roca saliente y quedase aplastado como una rata”.


La prosa que Valle mantiene en Bajo Tierra, es –y tomo una espléndida imagen que va dentro del texto– un “siniestro raftin” que pasa de emoción en emoción inquietando al lector hacia un desenlace que, ya desde las primeras páginas, se hace necesario conocer. Mientras se da esa especie de delirium tremens por el final que aún no llega, la aventura bajo los cimientos de Caracas transcurre entre los más grandes nidos de cucarachas del país, miles de ratas y situaciones aún más escatológicas. Bajo Tierra tiene los elementos necesarios, por demás trepidantes, para enganchar al lector en todo momento. Como en los buenos textos de ficción, épicos y mitológicos, está la presencia de una aterradora serpiente: “Debajo de la tierra habita la serpiente con cuatro cabezas y cada cabeza apunta a un sitio y forma una cruz debajo de la tierra”; y de un extraño club de lectores en donde el más joven de ellos rememora al profeta Fineo en medio de su ceguera, el mismo que entre otros guió a Jasón a buscar el vellocino de oro, sólo que en este caso no era el preciado tesoro sino el camino hacia la luz: “Volví a donde estaba el joven lector y le pregunté si el túnel que se veía al final de la cueva era una salida a la superficie. Pero el joven lector parecía no entenderme…Tras intentarlo por última vez me di por vencido, lo agarré por los hombros y grité: -¡El túnel, hacia dónde va el túnel!-. Y cuando lo tuve frente a frente pude ver que sus ojos eran dos manchas grises”. Bajo Tierra no da tregua con su imaginería. Una lectura de ficción que pone al lector a vivir un desbocado vértigo de emociones junto a Sebastián C. transfigurado en un Jasón moderno y caraqueño.

3 comentarios:

Carla dijo...

Me dieron ganas de leerlo!
Lo contaste muy bien!

J. L. Maldonado dijo...

Saludos Carla. Gracias por tu lectura. De veras que es extraordinario. No sé si se consiga en Argentina ni si es una ventaja que el autor viva en Buenos Aires. Habrá que ver...pero sí te digo que vale la pena.

Francisco Pereira dijo...

El libro me tiene aprisionado contra la butaca, no puedo soltarme de su abrazo. Las hojas me coquetean haciendome guiños, y cada frase,cada oración me seduce.
¡Vivan los buenos escritores venezolanos!