17 mar. 2009

La distorsión


Notarán los seguidores de este blog, los cuales son pocos y les agradezco la valentía, que he leído todos los trabajos publicados por el escritor venezolano J. E. Chejín (tag “Lecturas”). Lo digo no por arrogante sino para que ustedes mismos corroboren que de un paso al otro, es decir, de un libro a otro, en este caso de En busca de un personaje a el Mar profundo, decía que “su última novela es un perpetuo nudo en la garganta, una obra que te lleva de la mano y te dice: «ven, lánzate conmigo»”. Este mismo efecto, este mismo despliegue de intrigas y ese nudo en la garganta continua en La distorsión. Sin embargo, debo admitir que estos elementos que son los que despiertan el interés en la lectura están a mi gusto personal mejor administrados en el trabajo anterior. Dicho de otra manera, en un libro de casi quinientas cincuenta páginas este momento cumbre me parece que tardó mucho en hacer ebullición. Un poco después de la mitad del libro es que se desata el tan necesario clímax de la historia, situación que en el Mar profundo se dio mucho antes. Salvo esto, que insisto es una opinión personalísima, todo lo demás está muy bien trazado a lo largo de la novela.

En La distorsión el autor nos da a conocer cómo es el mundo de la explotación diamantífera, en donde venezolanos, garimpeiros, colombianos y guyaneses confluyen en un medio hostil y salvaje para intentar enriquecerse de un día para otro gracias a tan preciadas piedras; en ese ambiente inhóspito, surge el amor entre el personaje principal, Frank Del Prado y una exuberante joven, Tiberia, que resulta ser hija de la dueña del burdel de la región. Frank es el tipo de personaje que parece tenerlo todo en la vida, no obstante, pasa por una de las peores situaciones que humano alguno pudiera vivir: el secuestro, y ejecutado nada más y nada menos que por la guerrilla colombiana.

Luego está el elemento sexual tan bien manejado por Chejín, a través del cual las mujeres demuestran todas sus destrezas en la cama. Por cierto, también hay una mínima entrega de lesvianismo el cual no detallaré para despertarle el morbo.

Es una novela además, donde está marcada perfectamente “la dinámica del odio…las consecuencias de la agresión que sigue a la frustración en una sociedad con pobreza y hambre, en la que hombres como Mezquino pueden tener un lugar en el poder”. Debo decirlo, esta cita es un referente constante de lo que se vive en La distorsión. El personaje Mezquino, que es la contrapartida de Frank Del Prado, es el que calza a la perfección cuando se dice “cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia” (en este caso con la lupa puesta en Venezuela). Descubra usted por qué lo digo.

También están presentes los intereses y conocimientos del autor sobre el Medio Oriente, los cuales ya eran más que evidentes desde su primera novela En busca de un personaje y que continúan en La Distorsión: “Desde Ashkelon, Dallan y Royce vieron pasar el helicóptero artillado que, bajo el factor sorpresa, iba hacia Vabátiya en busca de su objetivo. Un misil fue lanzado desde la nave y un segundo después se escuchó la explosión. Los soldados cerraron las fronteras. El escondite había sido volado”.

Así como comenté que la entrega del clímax lo sentí algo retrazado para un libro de más de quinientas páginas, admito también que hacia el final del texto las emociones vienen todas en caída libre, como en un repunte de la trama que vendría a compensar el tiempo de lectura, dándole al lector un desenlace final sumamente conmovedor ambientado en la franja de Gaza. Allí convergen la religión cristiana, musulmana y judía para alcanzar un solo objetivo: desactivar una bomba. “Lo único que pudieron encontrar fue las cadenas que pendían de sus cuellos, la de María, que tenía un crucifijo, y la de Raquel, con una estrella de David”.

Todos estos elementos y muchos más están presentes en La Distorsión, desde grupos de comandos armados y paramilitares, hasta las repetitivas elecciones que se dan en una Venezuela polarizada que no parece salir del atolladero político. Descubra quién gana los comicios electorales y devele la verdadera identidad del misterioso multimillonario Javier Lara.

Es mucho lo que pudiera decir sobre el título La distorsión, sin embargo cierro con esta cita para abrirles una pequeña ventana: “El mundo que percibimos –decía el escrito- lo recordamos no como es, sino de la forma como impresionamos nuestra mente, por ellos, con el paso del tiempo, la plasticidad de nuestra memoria va afectando nuestros recuerdos, de forma tal que se modifican su forma y contenidos, hasta el punto de guardarlos totalmente distorsionados respecto de lo que inicialmente habíamos conocido”.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de leer este libro que aunque ciertamente peca de extenso valiendose de, entre otros elementos, las discusiones y elucubraciones filosoficas de los protagonistas en plena selva sobre el tema religioso y ¨la conciencia¨, me ha parecido interesante y entretenido y por supuesto cualquier parecido con personajes de la politica que gobiernan desde 1998 es solo, coincidencia

Anónimo dijo...

Recien me tope con "La Distorsion" la narrativa fluye de manera agradable, pero me he encontrado con un detalle. El autor hace referencia al rio Cabriales en Valencia y lo pone a desembocar al mar!?

Daniel Klie dijo...

Realmente me gustó mucho el libro, sobre todo la parte filosófica y política (últimas partes) es cierto que tarda en evolucionar. Sin embargo, haber presentado también a cada personaje lleva un mérito sin duda. Tengo pendiente buscar lo demás del autor.

Saludos

@Chdnk