15 sept. 2009

De los novísimos rebusques


Otro de aquellos artículos de mi vieja columna "Botando Piedra" y de cuando en Venezuela Bs.: 50.000 era bastante dinero. Como comenté en un post anterior, arrancaba mi veintena de años.


Somos creativos y lo demás es cuento. No me refiero al simple hecho de la concepción de un comercial de televisión, a la implementación de grupos policiales pitiyanquis que usan sombreritos a la tal, o al kitch insuperable del Mister Venezuela. No, no me refiero a esto, sino más bien, a los “tigritos” que cazamos en la selva de concreto para poder subsistir y a las novísimas modalidades de empleo colectivo.

Ya todos conocemos a los “perrocalenteros” –me disculpan si no se dice así– a los chicheros, a los camioneteros, a los heladeros importados de Trinidad & Tobago, a los ruleteros y a todos los sustantivos lexicalizados con el sufijo “eros”. Pero existen dos nuevas modalidades muy rentables en nuestra ciudad para ganarse la vida, las cuales se han desarrollado por lo menos de hace tres años a la fecha.

La primera modalidad, los “cargadores”: dícese de aquellos señores harapientos, mugrosos y apestosos que y que controlan el fluir de las “camionetitas”. Caracterizados por llevar en sus manos infinitos billetes de a cinco; gritar a todo gañote: “¡Atrás hay puesto, córranse pa’ tras!” y estorbar más que trabajar realmente. Ellos son como el comercial aquel que decía “En cada esquina hay uno”. Quizás hasta ya exista el sindicado de los “cargadores”. Utilizo este término porque el chofer del colectivo que me tocó enfrentar esa noche dijo: “¡Coño, cuántos cargadores hay aquí!”, ya que estos le caen como abeja a la miel o como mosca a la…, para agarrar unos cuantos centavitos. Si alguno de ustedes no ha logrado identificar a estos humildes trabajadores, les doy otra pista. Son aquellos que gritan: “Paraíso, La Vega, Redoma La India, Montalbán…”: o “¡Avenida Libertador, Los Ruices, Boleíta…!” Una pregunta que siempre me he hecho es esta: ¿Ellos nos cargan para subirnos a la “camionetica”? Qué manera tan subliminal de llamarle así a unos simples “martillos” (ojo, en el sentido del que pide y fastidia).

La segunda modalidad: “epilépticos especializados”: dícese de aquellos motorizados provistos con ciertas cantidades de “Alka-Seltzer” en los bolsillos para poner a prueba sus capacidades histriónicas en cada oficina que visitan. Caracterizador por llevar consigo, a) casco en pésimas condiciones, b) portafolio de cuero barato, c) seguro social, y d) por supuesto, sus respectivas “Alka-Seltzer”. El procedimiento consiste en hacer la mejor representación posible de un cuerpo poseído por un espíritu maligno, creerse una aspiradora humana que se arrastra por el piso y como quien no quiera la cosa, meterse en la boca, hecho el paisa, la pastilla para botar más espuma que cerveza batida. En otras palabras, montar la mamá de los paros para que le den dinero.

Una vez apaciguado el demoníaco espíritu que se apodera del pobre infeliz y rodeado éste de toda la multitud, comienza a chapear con el récipe: “El medicamento tal me cuesta, el otro tanto y el otro tanto”, logrando con ello recaudar la módica suma de Bs. 50.000 aproximadamente (nada mal para un espectáculo de escasos treinta minutos) y el muy enfermito se marcha con el dinero. Ahora tendremos que tomar clases de teatro y oratoria para poder conseguir un dinero extra que no le caen mal a nadie: ¿malo?, ¡malo no es!

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